lunes, noviembre 23, 2009

jueves, noviembre 19, 2009

pour la galerie...


El último domingo fue amable, aunque con incursiones en el horror, y nada vacuii, precisamente. A media mañana nos trasladamos hasta la Caixa Fòrum del Montjuich para comprobar cómo se puede hacer foto "artística" explotando sin pudor la desgracia ajena. La exposición de FotoPress muestra, incluso antes de entrar a sus salas, los rostros atrozmente mutilados de un puñado de mujeres musulmanas que han pagado de esa forma brutal supuestas desobediencias religiosas o civiles. ¿Documentos sobre la barbarie? No. Por ligereza o inconsciencia, el fotógrafo les brinda un nuevo castigo al exhibir sus rasgos desvastados en retratos de estudio similares a los de las top-models internacionales: meditada iluminación, enfoques muy cuidados, espléndido color. El resultado es desagradable hasta límites difícilmente descriptibles.
Quizás porque el género de terror está de moda y a nadie inquieta ya los despojos humanos, las vísceras derramadas, la sangre salpicándolo todo, la sala estaba atiborrada de gente "de bien" que señalaba con el índice estirado los detalles más nauseabundos. Lo hacían con el mismo desapego sensible que suelen usar para destacar un adorno especialmente llamativo en un abrigo de temporada de la tienda Chanel o el tacón espejado y vertiginoso de unas sandalias de Jimmy Choo.
Para descansar un poco los ojos, para brindarles un color diferente al del oprobio ajeno, el resto de la mañana los paseamos por los objetos que pueblan las salas donde se exhiben algunos tesoros del Islam pertenecientes a la propiedad privada del Aga Khan. Vidrio, maderas, metales, cerámicas, materiales nobles y las manos de unos artesanos sin prisa, dispuestos a ganarse ese cielo pagado minuto a minuto con la minuciosidad cariñosa de sus obras.
El resto del día fue pródigo en amigos y situaciones gratas, pero ya en casa se nos ocurrió ver por CTK Lejos de ella, un film dirigido por la canadiense Sarah Polley, actriz reincidente de Isabel Coixet.
Tristísima historia de una bella mujer (Julie Christie) atacada por el alzheimer, lo que al principio parece la descripción del amor sin límites de un profesor ya retirado por la que fue su pareja durante cuarenta y cuatro años, la película se convierte, poco a poco y de forma más o menos encubierta, en la narración de una tardía venganza femenina (desde el) inconsciente. Como era de suponer, soñé con andadores, sillas de ruedas y geriátricos algo siniestros.
A pesar de todo esto, al día siguiente me levanté con más ganas de arte.

Gracias al cambio de los tiempos, a la constante eclosión de las empresas culturales, ahora vivo en un barrio con muchísima oferta: el Eixample. Husmeando por las galerías cercanas pude ver en Joan Prats los collages sobre iconos religiosos de la artista polaca Aleksandra Mir, entre ellos el Sagrado Corazón de Jesus en la misma versión que vigilaba los sueños y vigilias de mis padres desde la cabecera de su oceánica cama de dos plazas y media. El pequeño poster promocional tiene, y ya voy encontrando natural estos encuentros nada esporádicos, un grupo de ¡ángeles! a la custodia de un artefacto espacial estadounidense.
Como la muestra no tuvo efecto colateral alguno sobre mi persona, pude aceptar la invitación de los pintores Gonzalo Elvira y Gloria Cañadó para asistir a la apertura de Casa Decor, ubicada este año en un precioso edificio modernista de la calle Aribau y Còrsega. Creo que a pesar de algunas pocas intervenciones plásticamente baratas -de plástico barato, para ser más preciso- la visita es gratificante y recomendable. Al menos yo invertí una mañana entera y no alcancé a verlo todo con el detenimiento necesario.
También por mi barrio, en la por fortuna aún inalterada Sala Dalmau, una exposición del uruguayo-catalán Joaquín Torres-García detuvo mi corto paseo flaneur de aquella misma tarde. Nunca me canso de ver sus paisajes ordenados, tiernos; ligeramente sombríos aunque sin concesiones a la tristeza.


Como La Cina é vicina , uno de estos días inauguran en el Paseo de Gracia el hotel Mandarín. Dos enormes fotos de Sigourney Weber y Liam Neeson lo anuncian desde la fachada. Realidad y ficción se confunden. ¿Vendrán como invitados especiales o simplemente como empleados de la firma?
Otra sorpresa agradable me esperaba hoy, cuando, después de un breve encuentro profesional con Antonio Travería, director de AmeriCat y editor del Diccionario del tango en Cataluña, me topé con una exposición del dúo madrileño Democracia en la galería ADN. La muestra se llama Ne vous laissez pas consoler e intenta colar en su propio ámbito, el de los estadios, y a través del tuneo artístico al merchandising habitual, consignas alternativas para los forofos, hinchas y/o ultras del fútbol.
La verdad es siempre revolucionaria, Los ídolos no existen, El dolor es la única nobleza, Lenin, Baudelaire y Leo Ferré, se mezclan alegremente con los cantitos de apoyo a los equipos propios y aquellos otros de escarnio para los once rivales. Fresca e intencionada, la exposición me alegró la mañana, así que pude recluírme un rato en casa y sentarme frente al ordenador para escribir este post "pour la galerie", algo errático y muy exhibicionista.


Fotos de Bertini: exposiciones de ADN, Joan Prats, colección Aga Khan.

sábado, noviembre 14, 2009

de Los Ángeles en Barcelona


Leonor Alazraki, tarotera mayor del reino y vieja amiga, decide visitar tan sorpresiva como inesperadamente mi casa.
L.A. -presten atención a las iniciales de su nombre- lleva en Madrid una auténtica Asociación de Ángeles inscripta como tal en los dominios pertinentes. Cuando visité el local donde suelen reunirse los fans, seguidores, adeptos o adictos a estas criaturas celestes, había un gran ramo de margaritas frescas en un rincón del salón principal. Supuse que las habían llevado aquel mismo día e hice un comentario sobre la belleza de esas flores aparentemente sencillas y la vibrante luminosidad que parecía desprender su presencia. Leonor me miró, miró el jarrón con las flores y después preguntó con cierta desgana:
-¿Quién ha traído esas margaritas?
Alguno de los que, sin ser alados, andaban revoloteando a su alrededor, le contestó con similar desinterés:
-Doña Tal y cual...pero de eso hace más de dos semanas...
Nadie pareció asombrarse por la sostenida frescura de aquellas flores mientras yo ponía en duda mi habitual incredulidad. Para acentuar su valor de metáfora las margaritas eran blancas: tanto como uno puede imaginar a los ángeles bondadosos; del mismo color no descompuesto conque suelen ser retratados por los artistas dedicados a ello.
Sin embargo esta anécdota es accesoria, irrelevante. Lo realmente notorio es que a partir de la visita de Leonor Alazraki los ángeles aparecen sobrevolando mi vida como si de mariposas primaverales se tratara. Les cuento: hace dos o tres noches tuve un larguísimo, intrincado, emocionante sueño, donde el coprotagonista resultaba ser mi más que cariñoso primo Ángel. Casi al mismo tiempo Pilar B. cuelga en su facebook el tráiler de Angels in América , declarándola la mejor serie televisiva de los últimos años, Noemí comenta con su boquita pintada una novela de Sue Grafton que trancurre en la ciudad de Los Ángeles y Taschen me envía la publicidad de uno de sus maravillosos libros gráficos en el que se narra la historia de esta ciudad californiana a través de numerosas, impactantes fotografías.

Conocí esa ciudad tan peliculera el mismo año 2000 en que Almodovar ganó el Oscar al mejor filme extranjero con Todo sobre mi madre. Por entonces Rajoy era Ministro del Interior y paraba en el mismo hotel del Hollywood Boulevard donde estábamos alojados monsieur Chapuis y yo como invitados de un premio insólito que incluía los pasajes desde Barcelona, varios días de estancia en la ciudad, traslados en limousine, comidas en los mejores restaurantes -entre ellos el Spago de Beverly Hills- y una fiesta de las muchas que se celebran la noche de entrega de los tiesos y dorados premios. A Rajoy no le permitían fumar dentro del hotel, y él, entre suaves pero constantes quejas, obedecía las estrictas ordenanzas fumando en la calle, al lado mismo de la entrada principal de aquella construcción pretendidamente afrancesada; tanto como para que el restaurante tuviera los techos decorados con falsos picassos y todas las postales existentes en su pequeña tienda de souvenirs lucieran la imagen icónica de la Tour Eiffel.
De puro curioso, porque me interesaba saber cómo era un ministro tan importante cuando se encontraba en terreno extranjero, me acerqué a Rajoy con la mano extendida.
"Señor ministro...", le dije, y después de las presentaciones pertinentes nos quedamos hablando mucho más de media hora; casi todo el tiempo que duró el cigarro que estaba fumando. A ninguno de los dos nos gustaba demasiado la película que presentaba España como candidata al Oscar, sin embargo los señores de la Academia opinaron lo contrario y aquella noche pude comprobar lo poco que importa a los estadounidenses el renglón de premios extranjeros: mientras se entregaban, casi todos los presentes en la fiesta abandonaban su ubicación frente a la enorme pantalla y aprovechaban para buscarse otra copa, comer algún bocado más de salmón o de roastbeef o acercarse corriendo hasta los particulares aseos del muy particular "House of blues" para evacuar los numerosos gin-tonics que habían tomado un momento antes.
El libro sobre Los Ángeles de Taschen ha desatado todos estos recuerdos y varios más que me guardo para otro momento. Los Estados Unidos son tan poderosos y diversos como pueden serlo las innumerables anécdotas que guardo de los viajes que hice por sus tierras.
Por si todo esto fuera poco angelical, durante los dos últimos días un angélico amigo con nombre de apóstol y residencia habitual junto a un vasto mar de plata, visitó Barcelona y se acercó hasta mi casa. No me extrañaría nada que mañana por la tarde, cuando Eugenia venga a limpiarla, se queje porque hay cantidad de plumas, tan blancas como las margaritas madrileñas, iluminando cada uno de los rincones del piso donde vivo.
Posdata: sin siquiera pensar en la coincidencia, anoche, lunes 16, fui a la presentación de una antología poética de José ANGEL García en el Aula de Escritores de ACEC. Vaya!
Posdata dos: llamo por teléfono a Taschen para hacer un pedido. "Hola, sí", dice una voz agradable de mujer desde el otro lado de la línea. "Hola, ¿con quién hablo", pregunto yo. "Soy Ángeles...", me dicen.
Sin palabras.

fotografía de Josef Koudelka

martes, noviembre 10, 2009

Soy el año que pasó, ¿acaso molesto?


Todo hace pensar que sí, que a todo el mundo le parezco un sujeto impresentable, que todos quieren olvidarse para siempre de mí como si fuera el escurridizo virus asesino de la gripe aviar.
Tanto mal hice? Tantos errores cometí? Tanto castigo merezco?
Lo digo porque el último de mis días, en lugar de hacerme un homenaje y entregarme una placa conmemorativa, me llevaron a ver una ópera polaca de Karol Szymanowsky: Rey Roger(1926), inspirada, según me dijeron, en el pensamiento de Friedrich Nietzsche. La música sonaba a gloria, el coro, como siempre en el Liceo, resultaba insuperable, y casi todas las primeras figuras tuvieron momentos de exquisita brillantez a pesar de verse obligadas a trotar por el escenario vestidas como drag queens barriobajeras, alguno con el cuerpo embadurnado de pintura plateada en la mejor tradición "disco gay ibicenca de los años ochenta", otros chorreando sangre acrílica sobre el impecable escenario blanco.
Durante todo el tercer acto yo no podía dejar de pensar en el personal de limpieza, encargado de poner la escenografía nuevamente en condiciones para la función siguiente:
-¿Alguien me puede explicar que han hecho estos pervertidos sobre el escenario? ¡Hace horas que le doy dale que te pego al Tenn con bioalcohol y no hay caso! ¡Sigo encontrando manchas rojas por todas partes!
Según parece, la crisis total, el calentamiento planetario, la extrema superpoblación, la globalización de la miseria y el terror a Bin Laden, dispararon la competencia -realmente feroz a partir del derrumbe del muro de Berlín- y alimentaron la posterior, y pacífica, invasión de artistas del Este.
La llegada de tanta espigada belleza soviética ya no permite que los divos de la ópera sean redondamente hermosos como lo fueron la Caballé o Pavarotti. Si uno de ellos se arrojara sobre las escaleras luminosas como lo hace el gimnástico barítono de este montaje, las astillas de metacrilato lechoso saltarían a la platea, formando gargantillas posmodernas alrededor del cuello de las algo aletargadas señoras de las primeras filas.
La historia, muy sencilla, basada en arquetipos que el director inglés David Pountney viste en el último acto con actitudes y atrezzo al más puro estilo Diágilev-Nijinsky, nos habla del enfrentamiento entre las fuerzas del orden, la religión, la moral, y el espíritu dionisíaco, que a juzgar por esta puesta, acarrea todas las desgracias imaginables, derramamiento de sangre incluído.
A pesar de nuestras diferencias, al final aplaudimos mucho, sobre todo a los atléticos cantantes y a los directores de la orquesta y del coro. Minutos después salíamos muy ufanos y en grupo al frío ventoso que inundaba las Ramblas.
Esperé alguna palabra de aliento frente a mi inminente partida, pero nadie decía nada amable hacia mis últimas horas, nadie se lamentaba de mi distanciamiento definitivo. Ni siquiera tuvieron la delicadeza de ocultarme la alegría que les producía mi partida.
Unos minutos antes de alejarme para nunca más volver, pude observar entristecido cómo preparaban los festejos para agasajar al nuevo tiempo: un ser iluso y anodino, sin siquiera historia ni recuerdos.

Ilustra: foto publicitaria de Rei Roger, Teatro del Liceo.

el día después...(post provisorio)
















Pasadas las fiestas conmemorativas, me he puesto las gafas de ver la realidad para comprobar que el marco dorado era en realidad un espejo y los dos portadores sólo uno reflejándose en el cristal que el barroco marco sostenía.
Mirándome en él, ya a solas, pude comprobar que un año no pasa en un solo día y mi cara sigue siendo la misma de hace unas cuantas semanas atrás...aunque un poco más feliz, ya que el aluvión de cariño recibido a través del teléfono, del blog, de los emails y sobre todo de facebook, me han dejado con carga suficiente como para afrontar este nuevo año que acabamos de iniciar, mis blogs y yo, hoy mismo.
¡GRACIAS CON MAYÚSCULAS!

ilustra: el cacho de pan de Salvador Dalí

domingo, noviembre 08, 2009

regalos y felicitaciones


Como estaba previsto, ha llegado el día 9 y mi blog y yo cumplimos años.
Un grupo de amigos muy cariñosos me ha mandado como regalo un marco dorado de estilo clásico que lamentablemente no se integra en absoluto con la decoración de mi piso.
No sé qué hacer con él. Por si alguna de mis visitas habituales tiene una idea interesante al respecto, he fotografiado el momento de la llegada del regalo junto a la simpática pareja de empleados de MRW que tuvo a bien entregármelo.

ilustra: el mes de Noviembre; David Gandy fotografiado por Mariano Vivanco.

miércoles, noviembre 04, 2009

mil noches y algunas más

Habría que llorar tantas muertes ilustres que mejor negarse a hacerlo y pasar a otras cosas.
Una de esas cosas podría ser, y finalmente será, festejar con algo de música que el día 9 de este mes se cumple un año más, ya el tercero, de este Cacho de pan, coincidiendo con un nuevo cumpleaños del autor de los textos que en él se publican.
No sé si puedo hablar de éxito, tampoco sé si era esta eventualidad, con su posible y pasajera complacencia, lo que me llevó a crearlo. En todo el tiempo transcurrido -más de mil y una noches- he recibido ciento y pico de mil visitas y unos cuantos cientos de comentarios amistosos. A pesar de las pocas trabas puestas para la edición de las opiniones ajenas, casi no recuerdo agresiones ni insultos. Tampoco censuré a nadie nunca, si bien es norma de la casa no contestar anónimos.
Seguramente no deberíamos ser tan temerosos, no estar tan asustados como a veces demostramos estar.

Tres años es una cifra demasiado redonda y por puro y necio amor a esa perfección cerrada del círculo se me ocurre pensar en la posibilidad de poner punto final a este espacio. Los hábitos hacen al monje... y por eso mismo cada cierto tiempo se hace necesario cambiarlos. Posiblemente este blog haya cumplido su ciclo; posiblemente, aunque haya sido así, yo no tenga demasiadas ganas de acabar con él definitivamente.
Veremos, o iremos viendo, como el ciego del cuento...que no veía nada en absoluto.

Esta mujer poderosa y rebelde que conocí recién hoy gracias a la bonaerense Delirium, merece convertirse en la estrella de esta semana. Es una argentina de Córdoba y vive, o ha vivido, en el Distrito Federal de México como refugiada de la dictadura militar, autora del secuestro y desaparición de su hermana y del marido de ésta.
Se llama Liliana Felipe y hay un buen puñado de sus canciones colgadas de YouTube.
Yo elegí esta porque sí. O tal vez porque no, ni siquiera lo tengo demasiado claro.
Me impresiona verla cantando y tocando el piano sin maquillajes exagerados, posturas imposibles ni looks extraños. Es como si llegara de la compra, o de pasear al perro, o de charlar un rato con alguna amiga en un café del barrio.
Si esto no es autenticidad, que alguien me explique de qué estamos hablando.



Y una más, con toda la fuerza de esta naturaleza serrana, dedicada a mi editora Beatriz de Moura, defensora del derecho a morir dignamente.

lunes, noviembre 02, 2009

los buenos deseos

Telefonean desde Francia. Un viejo amigo todavía joven me desea con bastante anticipación felicidades para mi cumpleaños. Suele pasarme habitualmente con otras personas: recuerdo el signo que las rige, aunque ni siquiera conozca la fecha exacta de sus nacimientos. Él podría haber visto la mía en el perfil de Facebook si no fuera tan fóbico a las búsquedas por Internet.
Me resultaba extraño no haber recibido todavía su postal de ¡Happy Birthday!, como cada año. Recibirla me recuerda que estoy a punto de cumplir otro más, aunque a veces me haga el distraído e intente pasarlo por alto. Él dice que ya la ha enviado, que con toda seguridad llegará en estos días. Le creo, por supuesto. Es un adorador de los papeles impresos, de los correos antiguos, de las estampillas especiales y los sobres de color pastel; un espíritu del siglo diecinueve que desembarcó por algún error de cálculo espacio-temporal en el veinte y no quiere enterarse de la llegada del ya madurito siglo veintiuno. Vive en un edificio muy antiguo del barrio de Ménilmontant, copia clónica de cualquiera de aquellos que servían como fondo escenográfico para las oscuras películas de Henri-Georges Clouzot, André Cayatte, Jean Renoir o René Clair, generalmente provistos de una concierge gruñona de origen hispano-portugués, suelos de madera crujiente y anchas escaleras enriquecidas por un camino central de alfombra en un rojo vino algo desteñido y hábilmente sujeto por varillas de bronce no siempre bien bruñidas.
Mi amigo, un hombre alto y notablemente parecido a Charles Boyer, ese actor francés que sedujo a divas algo esquivas como Greta Garbo, Marlene Dietrich, Bette Davis o Paulette Godard, suele pasarse horas enteras revolviendo librerías de viejo para volver a casa con un saco lleno de volúmenes de tripa amarillenta, cargados a su vez de múltiples colonias de ácaros, todas dispuestas a alimentar una alergia convertida en bronquitis crónica a fuerza de encierro, lecturas, abundante tabaco negro y psico-filosofía marxista-freudiana. Su piso, muy pequeño, casi podría decir mínimo, tiene todas las paredes tapizadas con estanterías rebosantes de libros e impresos de todo tipo. Como ya no sabe dónde meter tanta palabra escrita, apila los volúmenes más sólidos haciéndolos servir de mesas accesorias, y, eventualmente, también de butacas donde sentar a los pocos amigos íntimos con ingreso irrestricto a su morada; humilde, aunque no totalmente desprovista de lujos. Al margen de los libros, me atrevo a contabilizar tres muy evidentes: una cómoda Louis Philippe de madera oscura con el sobre de mármol lechoso, el pequeño balcón sobre la Avenue de la République desde donde se puede ver la entrada del cementerio de Père Lachaise y, tal vez el tesoro más auténticamente apreciado por el dueño de casa, la visión que se tiene de la lejana Tour Eiffel mientras orinas de pie en el mingitorio del minúsculo lavabo. Puedo asegurarlo: no es lo mismo desagotar tus ganas allí que hacerlo mirando unos vulgares azulejos cuadrados sin ningún adorno especial sobre sus superficies.
Si como dijo alguien que no recuerdo ahora, "Dios está en los detalles", les puedo asegurar que en el ventanuco de aquel mínimo mingitorio lo podemos encontrar de cuerpo entero.
Lo repito: ayer me telefonearon desde París. Un viejo amigo todavía joven me deseó con bastante anticipación felicidades para mi próximo cumpleaños. Fue toda una sorpresa; según él, la mitad de su regalo. Cuando finalmente llegue la postal que acostumbra enviarme en cada aniversario, podré decir en voz muy baja, sólo para corroborarlo: estimado Dante,¡muy feliz nuevo año!

Fotografía de París por Willy Ronis; Marlene Dietrich en una foto promocional.