miércoles, febrero 03, 2016

DADÁ 100 años


"En febrero de 1916 el Cabaret Voltaire (www.cabaretvoltaire.ch) de Zúrich vio nacer el dadaísmo. Aún se recuerda al "Dada, Dadá, Dadá" que ese día bailaron y cantaron Tristan Tzara, Hans Arp, Hugo Ball, Emmy Hennings, Marcel Janco, Sophie Taeuber y Richard Huelsenbeck."
Años después, a fines de los setenta del siglo veinte, Bertini y Chapuis abrieron su tienda DADÁ en la isla de Ibiza. Vendían su ropa, serigrafiada a mano con diseños propios. Vista a la distancia fue una época feliz.

Ilustra: Retrato de TRISTÁN TZARÁ, escritor rumano, con gafas de Man Ray por Dante Bertini.

martes, enero 12, 2016

DAVID BOWIE : EL FIN DE SU ODISEA.


No te mueres solo, Bowie. Con pocas horas de diferencia se han ido también Antonio Carrizo, Pierre Boulez, Silvana Pampanini, el modisto Courreges, -que no "inventó" la minifalda, pero la convirtió en una prenda de haute couture,- todos retratos cercanos de la muy ilustrada galería de mi vida; iconos inalterables de esa época especialmente brillante, la de mi juventud, a la que sin embargo los temores propios de la inexperiencia teñían de oscuridad en forma de fantasmas y presagios.
Fue en Ibiza donde aprendí a escucharte con la atención que te merecías y lo hice gracias a un amigo italiano y otro argentino. Ambos se marcharon muy pronto arrastrados por el sida. Si no hubiera sido así en este mismo instante te estarían llorando, estoy seguro.
En 1987, cuando anunciaron que ibas a actuar en Barcelona con tu Glass Spider Tour, pensé que no podía perderme un acontecimiento al que con toda seguridad podríamos haber ido juntos.
Claustrofóbico, poco afecto a las multitudes y los macroconciertos, me atreví a comprar entradas para oírte en un estadio, y una vez dentro me atreví un poco +, apretujándome con otras decenas de fans en los primeros metros cercanos al escenario. Quería verte de cerca y pude hacerlo. Un mito no tiene edad y yo ni siquiera me pregunté cuál tenías tú entonces. Ahora me entero que estabas viviendo tus 40 años y puedo asegurar que lo hacías lleno de energía, elasticidad y genio.
Ayer, como desmintiendo tu desaparición, oí tu voz por la radio. Decías que tus sonoros viajes espaciales eran sólo una excusa para volar hacia tus fantasías más íntimas; que no te interesaba lanzarte al espacio y que la idea de hacerlo, además de parecerte poco interesante te producía un insoslayable terror. También que no temías a la vejez ni te molestaban los cambios físicos que ella iba produciendo, pero que sí te asustaba, y mucho, esa otra señora + radical: la muerte.
Oyéndote comprobé que compartíamos algo + que las iniciales de nuestros nombres.
Debo confesar que ya lo suponía.



viernes, enero 01, 2016

Sueltos de fin de año.

Es fin de año y revuelves cajones. Es fin de año y decides limpiar algunos de tus rincones ocultos. Es fin de año y aparecen retazos de tu vida. Es fin de año y de pronto te das cuenta que han pasado muchos otros, tal vez demasiados. Es fin de año y un amigo te recuerda que tienes un blog algo abandonado. Se trata de otro rincón, aunque este no se encuentre nada oculto. 
Y lo sabes muy bien desde siempre: es muchísimo mejor abrir los armarios, ventilar los hábitos de uso privado.




martes, diciembre 08, 2015

AGENDA CULTURAL : CARLOS GARDEL















En los años noventa el Consulado Argentino de Barcelona tuvo la suerte de recibir a una mujer muy especial que llegaba de ocupar el puesto de cónsul cultural en Nueva York.
Se llamaba Estela Peláez y convocó por primera vez a todos los artistas y escritores argentinos residentes en la ciudad capital de Cataluña para que colaboraran en varios proyectos culturales que tenía en mente.
Uno de esos proyectos era una Agenda Cultural en la que colaboré de manera habitual con textos y dibujos como estos.

martes, octubre 20, 2015

Las Letras Gimnásticas de Joan Brossa


Aunque a simple vista no lo parezca, estas dos A pintadas de rojo conforman un poema visual del artista catalán Joan Brossa. 
Las letras, de considerable tamaño, están ubicadas en un muro de la calle Raurich, al lado mismo de El Ingenio (otro de los locales emblemáticos de la antigua Barcelona con fecha de caducidad inminente) y justo enfrente de las vidrieras laterales del estiloso Café Schilling. 
Como la chapa superior lo indica, Brossa, su autor, lo tituló Letras Gimnásticas (en un catalán muy legible que traduzco para los menos perceptivos).
Ya en la chapa, y para despejar dudas, la única A del título está patas arriba, tal como iba en su versión original la segunda A roja.
Hace varios años, cuando yo todavía vivía a cincuenta metros de allí, algún gracioso apoético la arrancó de la pared, dejándola tirada en mitad de la calle.
Los empleados municipales, comandados por algún superior ignorante o distraído, la reubicaron de la forma que les pareció correcta, destruyendo con un solo golpe de fratacho la inspiración poética del ingenioso Joan Brossa.
Espero que las nuevas autoridades municipales, tan afectas a las movidas y desplazamientos, deshagan el error ¿histórico? que convirtió a las Letras Gimnastas en dos mellizas ruborizadas e inertes, siempre a merced de las meadas poco piadosas de algunos transeúntes.
(foto de Dante Bertini / modelo: Flora CR.)

sábado, junio 06, 2015

VINÇON, ¿SE VA?

Era la primavera del año 1976 y yo llegaba a Barcelona por primera vez.
Me esperaban Daniel Melgarejo y su pareja, el psicoanalista Marcelo Puig, dispuestos a abrirme por unos días las puertas de su piso en el Paseo San Juan, por entonces una avenida de bellos edificios descuidados y locales antiguos, nada sofisticados; un barrio de clase media bien surtido de pequeñas industrias familiares, de almacenes, bares y cafeterías.
-Vení, me dijo Daniel, te voy a mostrar Barcelona.
Caminamos sin descanso por la ciudad vieja, el antiguo Borne, las Ramblas de las Flores, hasta que finalmente llegamos, conmigo bastante exhausto, a un Paseo de Gracia de otra época: una avenida provinciana con poco tránsito, escasos transeúntes, grandes baldosas con diseño de Gaudí y la extraña, escenográfica Pedrera teñida en un apalomado, sucio, melodramático gris oscuro.
Faltaban varias décadas para el desembarco en el paseo central barcelonés de esas grandes firmas internacionales que hoy muestran sus carísimos productos junto a los menos glamurosos, pero también más populares, productos de Zara, Mango o HM.
El incansable Daniel dejó para el final ("esto es muy para vos", me dijo con el convencimiento de un experto) la visita a la antigua tienda de HugoVinçon, convertida por sus herederos en un bazar de diseños clásicos y muebles especiales que convivían, sin molestarse por tanta globalizada proximidad, con las exóticas trouvailles de algún viajero inquieto: aceites hindúes para engrasarse el pelo, acartonadas muñecas de otra época, juguetes artesanales de madera y latón, cajas, recortables e impresos de todo tipo...
En aquella pueblerina Barcelona las diversiones solían ser domésticas o extraterritoriales. Internarse en los pasillos siempre asombrosos de Vinçon resultaba una diversión tan cercana y barata como estimulante. A medida que mi situación económica fue estabilizándose, pasé de ser un simple voyeur a convertirme en un cliente más de aquel bazar desprejuiciado y cosmopolita.
Por su parte, la tienda fue creciendo año tras año, ganando, de una forma silenciosa, sin alharacas ni envalentonamientos, gran parte de los locales vacíos que la rodeaban.
Cuatro décadas después, Vinçon anuncia su cierre. Habitat, Ikea, Vitra, Muji, Tiger... Si en algún momento reunía todos esos conceptos tan diversos en un solo local, parece que ahora ha perdido la batalla frente a esas otras poderosas firmas internacionales.
Una auténtica pena que convertirá en recuerdo el logotipo con la mano verde de seis dedos que les creó otro amigo argentino, el talentoso y zumbón América Sánchez.
¿Esto era todo?, me digo, repitiendo la pregunta desconsolada de una bella canción de Ornella Vanoni, aunque yo lo hago para mis adentros, sin micrófono ni acompañamiento musical alguno.
Me anega un dolor casi inexplicable, atribuible a que con la desaparición de Vinçon desaparece también el escenario central de mi primer paseo, entre inicial e  iniciático, por aquella ciudad de provincias todavía anclada en la posguerra.
La Barcelona melancólica, oscura y fatal de mi siempre añorado Daniel Melgarejo.