sábado, marzo 25, 2017

VIDELA Y DOPPO...

Me fui antes. Me salvé por los pelos. Rajé a tiempo.
Cuando le comuniqué a mis padres que me iba, mi madre lloró.
"¿En qué estás metido, mi amor?"
Contesté la verdad:
"En nada, mamá. Si estuviera metido en algo no me iría. Pero ahora estoy entre dos fuegos."
Tenía antecedentes de mi época de estudiante, trabajaba en un diario considerado de izquierda. Parecía suficiente. Trataron de secuestrarme una o dos veces. Me habían encañonado varias más desde un auto sin patente; siempre distinto, supongo, aunque a mi me parecía siempre el mismo.
Por aquellos años el terror tenía marca de fábrica, modelo y color. Adentro solían ir varios tipos con la cara semicubierta por un pañuelo. No se si los pañuelos eran siempre blancos o si se volvieron blancos de terror en mi memoria. Pañuelos de paz cubriendo caras que podías imaginar llenas de odio y violencia.
Una vez me siguieron más de quinientos metros por la calle Chacabuco, desde Avenida de Mayo hasta México. Fue un domingo a la hora de la siesta. Chacabuco es un calle suficientemente estrecha como para que el miedo te haga oírlos respirar junto a tu oreja, aunque en realidad lo que oía, sin querer oírlos, eran sus insultos y sus amenazas.
Resultaban poco imaginativos. Siempre se referían a tu vida privada, a tus apetencias sexuales, a la profesión oculta de tu madre -la más vieja del mundo-, a la falta de cojones de ese viejo pelotudo que siendo un cornudo se creía tu padre.
Uno esperaba el punto final, el disparo, la ráfaga.
¿Por qué si no iban a sacar las armas por las ventanillas? ¿Para qué mierda iban a apuntarte?
Cuando cerrabas la puerta de tu casa tras de ti, te desplomabas. Sabías que algún día la amenaza se convertiría en disparo real, en verdadera ráfaga. ¿Cuánto duraría la agonía? ¿Cómo dolería la muerte?
No me quedé para averiguarlo.
Me fui antes. Me salvé por los pelos. Rajé a tiempo.
Muchas veces, tiempo después, ya instalado en el exilio, algunos compatriotas me dijeron "¡Cómo te salvaste!".
Siempre lo sentí como un reproche.
Yo, más tarde o más temprano, sería "boleta". Lo sabía, pero rajé a tiempo.

martes, febrero 14, 2017

LA SONRISA VERTICAL ES MUY HONESTA

Reencuentros, revisiones y reediciones invernales...






El escritor Juan Marsé, autor de Rabos de lagartija, Últimas tardes con Teresa, La muchacha de las bragas de oro, El amante bilingüe, Si te dicen que caí, Esa puta tan distinguida, Encerrados con un solo juguete, fue jurado del premio La Sonrisa Vertical junto a Almudena Grandes, Beatriz de Moura y el director de la que, hasta hoy, es la más reconocida colección de novela erótica en castellano, el inolvidable cineasta Luis García Berlanga. 
El último sábado en Babelia, suplemento literario del diario El País, Marsé, jurado de varios otros premios, cuenta como abandonó esa tarea por lo poco fiables que le resultaban los jurados, y por tanto los fallos, de casi todas esas convocatorias. 
Sin embargo en España no han trascendido condenas contra fallos de los jurados, como ocurrió en 2005 en Argentina. Ricardo Piglia, su agente y la editorial Planeta Argentina fueron condenados a pagar 10.000 pesos -entonces equiparables al dólar- más los correspondientes intereses, a Gustavo Nielsen, un autor que participó en 1997 en la edición del premio en la que ganó el escritor argentino, recientemente fallecido, por su conocida novela Plata Quemada. La justicia entendió que el premio (40.000 pesos) estaba pactado.   

(Ver más en: 



Juan Marsé asegura que no despotrica contra todos los premios indiscriminadamente: 
"He sido jurado del premio La Sonrisa Vertical y del Tusquets y puedo afirmar que se otorgan honestamente". 
Gracias por lo que me toca, señor Marsé. 
Aquel día un periodista me dijo: "Por fin alguien demuestra alegría cuando le dan un premio..."

Es cierto. Estaba muy feliz.



En la fotos: 1) Beatriz de Moura, editora, Terenci Moix, escritor, Luis García Berlanga, cineasta, y yo sosteniendo el premio, otra sorpresa inesperada. Sólo esperaba un cheque. 2) Almudena Grandes, Beatriz de Moura y Dante Bertini en la rueda de prensa.



jueves, febrero 09, 2017

Adán y ELLE


Un gran film, un director enorme.
El título no es casual. Si bien se centra sobre un personaje específico (parisina madura, productora de video-juegos salvajes, divorciada con hijo veinteañero, de muy buena posición económica y social; una burguesa que ya no necesita luchar por sus derechos y lleva el mando de su vida) es evidente, al menos para el que quiera leer entre líneas, que Verhoeven ha decidido retratar a las mujeres de las clases medias acomodadas en las ciudades del primer mundo. Al hacerlo nos muestra también a "sus" hombres: poco más que unos desorientados penes con nombre y, algunas veces, hasta apellido.
Con ecos (que no falsos "homenajes a") de figuras mayestáticas del cine mundial, este auténtico holandés errante no se detiene a pensar en sus posibles influencias, dejándose ganar por ellas con una elegancia parecida al desparpajo. Verhoeven permite que Buñuel, Chabrol, Hitchcock, metan mano en su narración y, también como este último, se sirve de una novela ajena que al menos aquí no ha trascendido como best seller para tirarnos a la cara algo de su sabiduría y mucho de sus intuiciones.
Un artista de 78 años este Paul Verhoeven. Nada viejo y bastante diablo.

sábado, diciembre 31, 2016

DE GUSTOS Y SABORES



No se puede decir que no te guste...

Te gusto
cuando dibujo sobre la arena
con el dedo índice de mi mano derecha
y todos sonríen por la gracia del niño
que ya no soy, aunque a veces
sólo por jugar, intente serlo

Te gusto
cuando los espectadores eventuales de mi vida
aplauden mis torpes piruetas de amazona sin caballo
mis caras descaradas de payaso doméstico
mis intrépidos, estúpidos, asaltos al vacío

Te gusto
cuando desde la distancia real que nos separa
elogio tu sonrisa, la notable suavidad de tu piel,
la sombra alargada que nubla tu entrepierna
a través del lienzo claro de tus pantalones

No, no puedo decir que no te guste
que te desagrade, me odies o te resulte un tipo despreciable.
Te gusto, sí, te gusto
aunque con la condescendencia del que da propina
a un camarero desconocido o tira las monedas que le sobran
en la gorra boquiabierta de un desesperado

Pero, para serte sincero,
con el corazón abierto
latiendo entre mis manos
como un sexo encabritado,
para serte sincero, te repito,
la forma en que te gusto
no es la que yo esperaba
ni es siquiera la que yo deseo.

domingo, diciembre 25, 2016

SE ACABA EL 2016, COMIENZA EL 2017


JORGE LUIS BORGES, un escritor al que es imposible negarle ingenio, calidad, entrega, erudición, talento, nunca obtuvo el Premio Nobel que se otorgó, por ejemplo, al escurridizo Bob Dylan (aprovecho para agradecerte que me prestaras tu Hurricane para bailarlo hasta desfallecer en las pistas de Ibiza). Tal vez, de seguir por el mismo camino de promoción indiscriminada, de literatura popular de mercado, el algo anacrónico Nobel lo ganarán en próximas ediciones otros cantautores de la talla de Beyoncé o David Bisbal.
Borges -como Oscar Wilde, Goethe o el mismísimo Zaratustra, que tanto habló por boca de Nietzsche- nos dejó muchas frases inteligentes sobre un montón de cosas que ahora parecen interesar sobremanera a las redes sociales. Entre ellas hay una que me conforma de manera especial: "Aquel fue un hombre al que le tocó vivir una época muy difícil. Como a todos los hombres". 
Que l@s quisquillos@s no se inquieten. Se supone que Borges se refería a hombres y mujeres, pero en la época que pronunció esta frase la corrección política no existía ni siquiera como utopía. 
En un año atiborrado de noticias alarmantes, de pérdidas irreparables y asesinatos tan masivos como inexplicables, mantengamos un poquito de esperanza, mientras luchamos en nuestros terrenos más próximos para que la cordura y la paz vuelvan a ser bienes apreciables.





(En la foto, Dean Martin y Jerry Lewis amorosamente asustados)

jueves, octubre 13, 2016

CULOS (DE ANTOLOGÍA) y CASUALIDADES (ANTOLÓGICAS)


Estaba de mal humor... 
Algo tan poco eventual como mi casi total desafección por las presentaciones literarias. No es como con el verano, no. Ni las odio, ni me molestan, ni descreo de la literatura. 
El verano es inapelable: apenas si puedes escaparte de él. Un libro puedes no abrirlo, dejarlo para otro momento, olvidarte para siempre de su existencia. 
Mi creciente desamor por las presentaciones literarias se basa en  que cuando vas a uno de estos eventos todavía no has leído ni una sola línea de lo que van a presentarte y tienes que confiar en el gusto y la honestidad de los personajes que ofician de padrinos. Como si aplaudieras una película o una obra de teatro antes de su comienzo. Como si felicitaras a una futura madre por la belleza, inteligencia, simpatía, del niño que aún no ha parido:
-Se llamará Gabriel o Gabriela, aún no lo sé. Todavía desconozco su sexo.
-¡Qué importa el nombre o el sexo! Siendo un hijo tuyo será con toda seguridad precioso...¡Y mira qué bonitos los escarpines que le ha tejido la abuela!
Se supone que este diálogo podría desarrollarse con cierta intimidad, pero imaginen que la futura madre hubiera decidido presentar a su niño no nato rodeada de todos sus amigos y familiares. 
¿Qué cara le pones? 
¿Disimulas que nada de lo que pasa allí te interesa un pepino, y entonces mientes, sonríes, gesticulas lo necesario para quedar bien, para que ninguno de los presentes piense "de dónde habrá salido este friki desalmado que no se emociona con un futuro crío"? 
¿Y si para colmo de males los escarpines o la mañanita que te muestran resultan ser horrorosos y cuando decides que ya está bien, que lo mejor es escapar rápidamente de aquella encerrona, te das cuenta de que la puerta de salida está bloqueada por los parientes más cercanos?
En definitiva: no me ilusionan demasiado las presentaciones de libros y además aquella tarde estaba de mal humor. 
No por el libro, con toda seguridad magnífico, que presentaba un muy querido amigo con credibilidad asegurada. Digamos que en los últimos meses me molestan bastante las noticias y mucho más ciertas opiniones que no encuentro inteligentes y, mucho menos, ciertas. Debería haberme quedado en casa, aunque con la radio y la televisión apagadas. Sin embargo, cabezón que soy, decidí acudir al evento con toda mi acritud encima, y en medio mismo del acto, ya arrepentido por repetir una experiencia que en sí misma pocas veces me resultaba satisfactoria, apoyé la mano sobre una mesa de novedades y casi tiro al suelo un libro que, vaya por dónde, se llamaba, se llama, 
Antología del Culo. 
No conocía al autor, Adrián Melo.
Atrevido, pensé, mientras lo abría en un lugar cualquiera. Mi nombre, Dante Bertini, encabezaba, supongo que por pura casualidad, una página derecha, las que se consideran de visión obligada. El autor de la antología resultó ser argentino. La editorial, de Buenos Aires. La compañía, inmejorable. Entre otros conocidos de siempre están Bocaccio, Marco Denevi, Casanova, Hervé Guibert, Luis Cernuda, Manuel Puig, Julio Cortázar, Pasolini, Quevedo, Néstor Perlongher, Rabelais, Góngora, Sade, Esquilo, Rimbaud y Verlaine, Allen Ginsberg, Osvaldo Lamborghini, Reinaldo Arenas, Roberto Fontanarrosa... (la lista continúa)

Volví a casa de buen humor, excitado, y unos minutos después Adrián Melo y yo empezábamos a ser amigos. 
Transatlánticos y Virtuales, al menos por el momento...


jueves, octubre 06, 2016

MEMORIA DE ENRIQUE S(TURBA)



La memoria, huidiza, opaca, transitoria, 
se disfraza de sueño
para atraparme otra vez en sus mentiras.

Volverá -me dice-, volverás a verlo. 
Te reirás con él como lo hacían antes: 
un mediodía de sol y cafés a la intemperie
en una esquina cualquiera con chismes y rumores. 
Mostrando ese gesto que ahora ya no encuentras 
se acercará a tu mesa y charlará contigo. 
Habrá un cine cercano, y una pequeña pantalla donde sombras, 
no siempre de la China, 
proyectarán lucecitas de color sobre vuestras manoseadas fantasías. 
Tres pinos retorcidos por el viento, 
al lado mismo de ese mar ajeno de color turquesa, 
te verán sonreír mientras él se acerca.
¡Hola!, te dirá sin más, 
como si nunca se hubiera ido para siempre.
Llevará esa camisa sin cuello, de tela labrada y rayas finas, 
¿la recuerdas?
Y una mano en la boca con expresión de susto, 
y el cigarrillo preparándose para escapar de sus dedos, 
de la misma punta de sus dedos, 
sostenido apenas, con asco y con rencor, 
como si quisiera que un súbito milagro lo aleje de su lado. 
Sí, no lo dudes, 
lo verás frente a ti despierto y afeitado
absorbiendo distraído el humo gris hasta la última hebra de tabaco.
Volverá, ya verás. No desesperes.
Golpeará en tu puerta, te gritará desde la calle.

El sueño, de pronto, me despierta. 
Estás muerto, le digo. 
Está muerto, me repito.
Nadie me responde, por supuesto.


La memoria es, además de engañadora y turbia, 
zalamera y caótica.


Dante Bertini, 

Barcelona 2015

Ilustra : Poster de Bertini para la cafetería Marysol de Ibiza, 1982.