jueves, diciembre 31, 2009

una despedida arrebatada


Es como si estuviera saliendo de casa y justo antes de cerrar la puerta sonara el teléfono obligándome a volver.
Quería abandonar por unos días este blog y hacerlo danzando, una forma muy placentera de exorcisar dolores que pretendemos pertenezcan al pasado de este año aciago al que consideramos moribundo, pero hace unos minutos Liliana Sáez, del blog Kinéphilos, una argentina cálida y viajera con la que tuvimos un encuentro a su paso por Barcelona, colgó un post despidiéndose desde la distante Buenos Aires de Ivan Zulueta, para nosotros casi un vecino.
Maldita cosa que, a pesar del cansancio que tengo acumulado, no me permitió irme a dormir temprano. No me había enterado de su muerte hasta ese mismo momento, y aquí estoy, despidiéndolo.



Conocí a Iván en Ibiza, a fines de los setenta o principios de los ochenta. Era un tipo atractivo adicto a muchas cosas, aunque sin las alharacas propias de los glamourosos pecadores de la época. Andaba por la isla con Wilmore, su actor fetiche, su compañero de fechorías, su bello y desenfadado muñeco parlante.
En Madrid se hablaba mucho de su película Arrebato, pero nosotros, isleños de adopción sin derecho a estrenos cinematográficos, no la habíamos visto. Como una sincera demostración afectuosa, sin rasgo alguno de divismo, se ofreció a mostrarnos una serie de sus cortos caseros en el piso de un muy querido amigo florentino, muerto ya hace años. Este muchacho muy cinéfilo se llamaba Massimo y era otro heroinómano estilo Zulueta: inteligente, lúcido, tierno y afectuoso, de excesos varios y desintoxicaciones constantes.
Rodados en su casa de San Sebastián con elementos tan caseros como una televisión encendida, ese colorido y mutante moco infantil al que llamaban Blandy Bloop o los sonidos desfazados de una radio cualquiera, sus peliculitas lograban efectos que a todos sus ocasionales espectadores nos parecieron escalofriantes.
Después de aquella noche no volvimos a vernos, a pesar de que suponíamos prácticamente inevitable un reencuentro.
Poco tiempo después, en el primer viaje que hice a la península, vi Arrebato. De inmediato la coloqué en el pequeño altar donde pongo mis películas de culto, alegrándome cada vez que alguien la mencionaba como ejemplo de creación cinematográfica independiente. Pasaron los años, y a pesar de algunas noticias dispersas sobre posibles nuevos proyectos donde aparecía involucrado, no se por que extraña razón yo daba por supuesto que Iván Zulueta no haría jamás otro filme. Durante todos estos años preguntaba por él a los compañeros de sus variadas profesiones, ya que, además de cineasta, Iván era artista plástico, diseñador gráfico y espléndido ilustrador de carteles. Siempre recibía más o menos la misma respuesta:
"Parece que está bien, aunque no se deja ver demasiado. Está desenganchado, pero casi no sale de su casa. No quiere ver a nadie".
Allí, en su casa de San Sebastián -ese santo emblemático, de cuerpo ambiguo y piel horadada- ha muerto hoy, hace unos pocas horas.
Reiterativo infractor, orgulloso mal alumno, supongo que no le gustaría rozarse con el diez que solía premiar a los más aplicados, ni siquiera en las páginas impresas de los calendarios.

Ilustran: retrato de rodaje y cartel diseñado por Iván Zulueta.

miércoles, diciembre 30, 2009

2010 en danza

Un antiquísimo proverbio atribuído a los gnósticos dice:
"Quien baila conoce el significado profundo de la vida".
Pues eso:
Que el nuevo año nos encuentre en danza.

jueves, diciembre 24, 2009

¿Noche de qué?


Una ministra pájaro, esperpéntica bruja de un cuento infantil, personaje escapado de un cómic algo polvoriento de Ciudad Gótica, nos suelta a la cara y sin pudor alguno, que el gobierno no quiere ni puede intervenir en lo que las patronales decidan. La oposición opina exactamente igual, no vaya a ser que los cinco puntos ganados esforzadamente durante las últimas semanas se le escapen en algunos segundos de las urnas.
Al mismo tiempo el responsable de todo este fregado, amo y señor de la empresa Air Comet, ¡vaya nombre comiquero!, declara con espíritu marxista-grouchiano y el cuerpo muy suelto (aunque sin estar cagado: tiene todo el poder en sus manos y lo sabe muy bien), que él jamás hubiera comprado un pasaje en una compañía aérea con los problemas de financiación que mostraba, desde el mismo momento de su creación, la suya.
Frente a esto se me ocurre una pregunta: ¿este sujeto es presidente de la asociación de empresarios de España (CEOE) porque su actuación se considera modélica entre los de su gremio?
A pesar de tanto descaro, el tipo está libre y pasará la fiesta de esta noche con su familia, tal cual lo harán el responsable de los desfalcos en el Palau de la Música y el alcalde de Santa Coloma de Gramenet, que consiguió quinientos mil euros de fianza en unas cuantas horas, todos ellos supuestamente donados, uno a uno, por fantasmales munícipes a los que parece importarles poco las acusaciones de fraude que pesan sobre su edil.
Mientras tanto, decenas de personas de esas que los medios llaman anónimas porque no tienen foto personalizada en los periódicos, están presas en los aeropuertos, y varios miles más contienen la respiración desde sus casas, esperando una decisión que no depende, según parece, de tribunal alguno. No han cometido defraudaciones ni delitos, salvo, aunque suene espantosamente lacrimógeno, el de invertir dinero en sus ilusiones navideñas, domiciliadas durante estas fechas, por causa de los destinos y las necesidades, en un país lejano a este en el que están viviendo ahora.
Asistiendo horrorizado a tanta villanía, me pregunto dónde están todos esos actores concientizados, esos intelectuales progresistas, esas conciencias liberales que hasta hace pocos días se rasgaban las vestiduras por otra mujer, una sola, varada también en un aeropuerto.
Probablemente los símbolos atraigan más publicidad que las personas y finalmente sólo se trate de cuánto espacio mediático se puede ganar sin tener que rebanarse la nariz o develar en público intimidades eróticas, secretos de familia y espesos problemas conyugales.
No creo que esta sea una noche de Paz. Aún menos podrá serlo de Amor.
Ninguna de estas cosas tan importantes como intangibles son posibles sin la por momentos tan escurridiza Justicia.
POSDATA: habría querido despedir este año con el post anterior, sin embargo no ha sido posible. No pretendo deslucir la fiesta de nadie. No me creo tan infalible como para poder hacerlo. Escribir, publicar luego aquí lo antes escrito, se ha convertido en una especie de exorcismo para alejar de mí algunos dolores espirituales muy intensos. Espero sepan disculparme.

lunes, diciembre 21, 2009

de aquellos barros, estos lodos...



Quiero desearles ¡Muchas Felicidades! a mis estimados visitantes.
Está por acabar un año que nos trajo alguna que otra desgracia y, como no todo van a ser tristezas y quejíos en nuestro cotidiano devenir, también un buen número de plagas y catástrofes que nos atacaron por sorpresa, aunque ¡Aleluya! sin lograr acabar con nosotros para siempre.
Lo que acabo de escribir es una broma fácil, por supuesto. Sabéis que no soy un tipo tan pesimista.
Para que el arqueo de caja no presente fisuras, se hace necesario contabilizar cada una de las bienaventuranzas recogidas durante este 2009 que ahora se nos va. Pongo algunos ejemplos: la gripe A resultó menos dura de lo anunciado, Obama nos mostró rápidamente su calidad de ser humano normal, lleno de carencias y defectos, y "la princesa de los pobres" (Javier Vázquez dixit), Su Graciosa Majestad Belén Esteban, se ha convertido en una mujer distinta gracias al poder de la televisión española, fusionada -tanto como el Plus francés (supuestamente progresista) y la Cinco berlusconiana (marcadamente amarilla)- con la cada día más omnipresente, insoslayable, miracolosa cirugía plástica.
Todo esto, no me lo podéis negar, merece un festejo luminoso.
Recorriendo Internet a la búsqueda de alguna estrella que mereciera figurar entre las rutilantes semanales de este año casi extinto, encontré a Peter Capusotto, un actor, guionista y director argentino.
Uno de sus muchos personajes caricaturescos, todos ellos de trazo grueso y humor exageradamente violento, presenta una cantante que asegura haber inventado el rock punk en la Argentina de los años sesenta. Basándose en Violeta Rivas, ídolo juvenil de aquella época y figura fundamental de un también televisivo Club del Clan, ha creado a esta Violencia Rivas, especie de abuela sudamericana de la no menos alcoholizada, grosera y repeinada Amy Winehouse (¿por dónde andará ahora esa chica?).
Quizás Peter Capusotto hiera muchas sensibilidades, pero les aseguro que sus textos tienen poco desperdicio, mal que nos pese. Como parte de este regalito inocente de Navidad les dejo otra joya del pasado, tan estropeada como auténtica. Aunque algo borrosa y crepitante, en ella podrán ver figuras y canciones de épocas pretéritas, musas inspiradoras del Capusotto de hoy.

jueves, diciembre 17, 2009

¡FIESTA!


Mientras nos preparamos para festejar, queramos o no, las engalanadas fiestas de fin de año, algunos otros, empujados por decenas de miles de firmas ajenas a sus escaños parlamentarios -firmas que validan la opinión de gente de la calle, la mal llamada "normal y corriente"- están a punto de votar por la suspensión o no de las corridas de toros en territorio catalán.
Los partidarios de la Fiesta Nacional están que graznan, y para dar más peso a su voz acuden a la defensa de los supuestos valores ancestrales de la cultura taurina como algo propio, innegociable, representativo del pueblo español. Para ello nos recuerdan el embeleso que muchos intelectuales y artistas han sentido y sienten por los toros, indisolublemente unido, digo yo, a una atracción morbosa por la tortura sistemática y la sangre derramada.
El escritor Ernest Hemingway, un ejemplo habitual en boca de los taurinos, defendía las corridas, amaba la caza y, coherentemente, terminó suicidándose con un preciso tiro de escopeta.
Picasso representó toros y toreros con dibujos de línea grácil y movimiento suelto, pero también ilustró el desastre de Guernica y eso no valida, o no debería validar, la guerra.
"Todos somos libres de acudir o no a la plaza", dicen muy convencidos los habitués a los ruedos, sin contar con la opinión de los toros, que no tienen posibilidad de discutir nada y además, por imperativos de su especie, ni siquiera pueden aullar pidiendo clemencia.
Si al menos no nos enteráramos de que está sucediendo...
Si al menos no nos contaran cuántas orejas y rabos han cortado en una sola tarde y no nos mostraran por televisión los detalles más nauseabundos de todo aquello que nos negamos a ver en directo...
Ellos, los defensores del toreo, mienten sin más: no quieren libertad alguna, sino imposición lisa y llana de sus placeres e intereses.
"Que no te gusta la sangre, ¡pues dos tazas!"
Firmé, y me ratifico, por la anulación inmediata de las corridas sangrientas, y no existe coartada suficientemente válida como para hacerme cambiar de parecer al respecto.
¿No nos horrorizamos porque hay pueblos que, amparados en su "cultura", lapidan hasta la muerte a los infieles, mutilan sin piedad los clítoris de las niñas, castigan y encarcelan a los homosexuales o consideran que maltratar a sus mujeres es absolutamente válido porque está culturalmente establecido?
Si nos atáramos sin más a los valores del pasado, seguiríamos arrojando a los débiles y enfermos desde los altos de un monte cualquiera o zanjaríamos cualquier discusión a golpes de mazo.

La Medea de la tragedia de Eurípides, uno de los arquetipos de la cultura clásica occidental, ¿debería justificar que una madre cualquiera asesine a sus hijos?

sábado, diciembre 12, 2009

¡Rayos y Centelles!


Quizás porque esta cuestión de los derechos suele torcer demasiado las cosas, la venta de los archivos del fotógrafo valenciano Agustí Centelles al gobierno central español ha producido un desagradable escozor en los medios políticos e "intelectuales" de Cataluña. A pesar de que la transacción fue realizada por los más que adultos hijos y herederos del fotógrafo, convencidos de que estaban haciendo lo más conveniente para la difusión y cuidado de la obra paterna, la ministra González Sindes, una mujer poco hábil para la oratoria y con riesgosa propensión al exceso en lo concerniente a sus hábitos, está siendo acribillada a improperios como responsable del asunto. Si hasta ese auténtico Pilar de la democracia apellidado Rahola se atrevió a decir que la otrora cinematográfica ministra es una mujer vengativa que goza con haberles arrebatado esta propiedad a sus dueños catalanes.
Supongo que el supuesto hurto va a producir, al menos entre los que se arrogan la voz y el pensamiento de las mayorías silenciosas, aún más desafección, ese sentimiento tan en boga que el diccionario explica como falta de afecto o desapego, pero también como abierta oposición a alguna cosa, sobre todo si de un régimen político se trata.
Muy mal asunto, ya que si mezclar los sentimientos con la política es muy riesgoso, mezcarlos con los políticos puede ser directamente criminal.
Lo digo por experiencia propia. Al volver de mi corto vuelo por París encontré toda Barcelona engalanada, un intento válido de convertir esta ciudad siempre algo oscura en una de parecida luminosidad a la que me había acogido durante toda la semana anterior. Lástima que en la mayor parte de los casos las bombillas de colores barcelonesas iluminen calles destrozadas por obras que nunca se acaban, un creciente desorden visual y muchísima mugre.
Despreocupándose de todo esto, los responsables del actual ayuntamiento, además de cuadruplicar el número de bombillas, acometieron otros cambios substanciales en la decoración callejera. Este año, supongo que para no herir la sensibilidad de los marginados habituales, se ha optado por eliminar de los arreglos navideños toda alusión a las tradiciones cristianas. Ni ángeles, ni pesebres, ni estrellas guía con larga cola incorporada. Sólo formas que aluden de forma más o menos abstracta a los paquetitos de regalo de las grandes tiendas. Las tradiciones navideñas se ven convertidas finalmente en lo que vienen siendo desde hace un buen montón de años: una feria más para el consumo donde no se menosprecian razas, nacionalidades o creencias... salvo en el caso de las excepciones, que, según decían los antiguos, confirman las reglas. Me parece oírlos:
-Si usted está dispuesto a gastar su dinero, nosotros lo atiborraremos de buenos deseos luminosos en casi cualquier lengua, salvo alguna que, aunque mayoritaria, no resulte digna de nuestros afectos.
Muy mala cosa esta de la desafección, porque resulta que ese idioma ahora despreciado es para los que lo hablamos de forma habitual tan materno como cualquiera de los otros pretendidamente defendidos, y según se sabe por desgraciadas experiencias anteriores, la desafección que causa este tipo de discriminación suele alimentar desuniones, enfrentamientos, guerras.
Aquí pongo el freno y pido disculpas: estamos en vísperas de fiestas y por tanto yo debería mostrar un perfil menos depresivo y crítico, más cercano al Frank Capra de ¡Qué bello es vivir! que a un aforismo cualquiera del amargo Cioran.


Trataré de enmendarlo en un próximo post, aunque en este mismo momento se haga difícil pensar en renos simpáticos y gorditos bonachones. Las calles, reconózcanlo, no ayudan demasiado. Sobre todo durante el día, cuando las lucecitas de colores aún no relumbran. Miren si no la cara tristona del maniquí de Zara y la publicidad vegana del centro comercial L'Illa de la avenida Diagonal.
Al menos yo, este año no pienso comer ni una pizca de pavo. Estoy dispuesto a llevar adelante este propósito bajo juramento...y hacerlo en el idioma que las autoridades competentes tengan a bien permitirme usar.





Posdata: esta semana Cafè Central cumplía veinte años de existencia poética y decidió festejarlo con una fiesta en el Horiginal de la calle Ferlandina, frente al blanquísimo MACBA. Fuimos muchos más de cien los que gozamos de cariñosos encuentros, lectura de textos y poemas, auténtica magia literaria, coca de llardons, fuet y cava. Volví a casa muy contento con el precioso libro que Antoni Clapés y Víctor Sunyol editaron para celebrar este aniversario. En sus páginas 57 y 58 aparece el poema que escribí un tórrido día del último agosto en Caldetes: Playa al mediodía.
(En la foto de Bertini: Víctor Sunyol y Antoni Clapés)

lunes, diciembre 07, 2009

La ciudad iluminada (segunda parte)








Cada vez que vuelvo de un viaje trato de ver la ciudad en la que vivo (¿mi ciudad?) como si nunca la hubiera visto antes. Es un ejercicio bastante difícil, sobre todo cuando quieres hacer lo mismo con tu barrio, tu calle, tu casa, tus costumbres y todos tus objetos cotidianos. Sin embargo esta vez ha sido relativamente fácil imaginar que la ciudad era otra: los arreglos navideños cubren casi todo el paisaje urbano, cielo incluído.
Según leí ayer mismo en algunos diarios barceloneses, se ha descubierto que las luces de colores y los arreglos festivos producen una contabilizable alegría en los viandantes habitualmente cariacontecidos. Supongo que esos mismos sesudos estudios aseguran que contento y consumo son una pareja de hecho muy bien avenida.
Ahora, entre nosotros y con total sinceridad, ¿ustedes necesitan muchas más cosas de las que poseen? Tal vez una casa, un empleo decente, una cobertura sanitaria completa, con especializaciones y sin demoras, un gobierno serio, responsable, sincero, la cercanía de todos nuestro seres queridos, la felicidad sin más, pero, ¿una camisa o un pantalón parecidos a los muchos que ya cuelgan del armario? ¿Otro cedé para aumentar la colección de los que nunca llegamos a escuchar o ver del todo? ¿Un nuevo electrodoméstico para estrechar aún más el espacio de nuestra de por sí reducida cocina?
Puedo creer que el consumo desmesurado sea la única manera posible de sostener esta sociedad en la que vivimos, sin embargo, fantasioso que soy, me imagino otra donde ese sostén no fuera necesario hasta los extremos de despilfarro actuales.
Había prometido segundas partes sobre el viaje a París, pero ahora, puesto a llevar adelante esa promesa, me doy cuenta que no es mucho más lo que podría contar sobre un viaje que, como casi todos, me ha brindado diversión, entretenimiento, alguna que otra frustración inesperada y muchas alegrías imprevisibles.
He visto tanto en esta corta semana que casi no podría relatarlo y además no creo que París, una ciudad tan narrada, necesite de más relatos pormenorizados. "Ya fué", decían años atrás los adolescentes argentinos para dar por acabada alguna experiencia pasada. Pues eso mismo digo yo: ya fué. Supongo que lo mejor que pueden hacer al llegar a París es desoír a los, y las, bienintencionadas guías de viaje, para perderse por la ciudad, dejándose llevar solamente por el olfato, los ojos, los sentidos. Acompaño este texto con algunas fotos que les dirán, espero, muchas más cosas de las que yo podría decirle con palabras. Eso sí: aún sin tenerlos previstos, casi podría asegurar que no se librarán de los epígrafes.


En las fotos, todas de Bertini, toreros en la Place des Vosges, un casamiento chino en Invalides, Dante-Dantón, el Centro de Arquitectos, tres enhiestas sombras y un protector tricotado, un plátano centenario del Canal St Martin que nadie necesita cortar, escaparates varios, la librería de usados de Merci, un Léger en el espejo, severa vigilancia en el Louvre y aún más severa en una peluquería caribeña del boulevard Sebastopol.



miércoles, diciembre 02, 2009

La ciudad iluminada (primera parte)

Cuando llego desde Orly a la casa donde viviré los próximos siete días, me doy cuenta que toda la France me recibe hecha bandera. Un ayuntamiento detallista, sin ninguna duda.
¿Delirio egocéntrico? Peut-être, ¿pero verdad que suena bonito?
Detrás de las tres ventanas iluminadas, esperaba nuestro hogar provisional.
Afuera... todo París, como siempre en fiesta.


El sábado a las dos de la tarde estábamos invitados a almorzar en casa de madame M. Llegamos bajo una una llovizna persistente, fría, bastante molesta; pertrechados con abrigos, bufandas, gorros de lana y guantes de piel; cubiertos a medias por unos paraguas endebles que un viento indeciso con arrestos tangueros se empeñaba en deshacer. Mientras comíamos con apetito invernal pisto andaluz, pollo al horno con espaguetis au beurre, ensalada verde, roquefort y camembert, chocolates y café, se habló de las ventajas e inconvenientes de vivir en París.
-Si viviera aquí -dije yo- un día como este me quedaría en la cama sin asomar la nariz a la calle...Leyendo, viendo la tele, durmiendo.
-¿Y qué tiene de malo eso? -dijo mi amiga.
-Nada -le contesté.
Pero mientras lo decía tuve muy claro que, como el Bartleby de Melville, "preferiría no hacerlo".
Será porque, más que vivir en París, me gusta pasear por sus calles desorientadamente, sin meta ni rumbo fijo; perdiéndome por sus rincones, descubriéndole detalles que imagino exclusivamente míos, como si del cuerpo de un amante muy deseado, y nada esquivo, se tratara.


-¿Qué tal París? ¿Viste algo interesante?
- Sí. Las contradicciones de mi alma.


En cada viaje que hice a la Ciudad me ha tocado vivir en un barrio diferente. El Boulevard de Richard Lenoir es parte del quartier 11eme, Bastille, un barrio con su propio ángel(¡!). Caminando un rato puedes llegar sin demasiado esfuerzo al Canal Sant Martin, uno de los refugios Bobó (bo-hemian/bo-urgeois) más cotizados. Si cambias de dirección te encuentras con el Marais, antiguo barrio de comerciantes judíos que el Centre Pompidou y los homosexuales de aquella época convirtieron en el enclave alternativo urbano de los años ochenta. En el boulevard Beaumarchais, a pocas calles de donde vivimos durante este corto viaje, está la tienda Merci, todo un icono de la modernidad. Precioso y carísimo lugar, tiene un bar con estanterías de libros usados a la venta y un plantel de empleados que supera con creces el de sus exclusivos clientes.



SanTa Carne -yo lo hubiera escrito entre signos de admiración- es un restaurante que anuncia con absoluto desparpajo y estrictas letras blancas sobre un frente de color negro pizarra, sus dos emplazamientos: Buenos Aires - París.
Un casamiento con historia: al costado mismo de la tour Eiffel hay desde siempre una corta calle con el nombre de la capital argentina.
Publicidad gratuita:
Los pequeños ravioli de queso a la crema de Le Rostand, a un costado de los jardines de Luxemburgo, son verdaderamente exquisitos.
La mantequilla "a la sal de mar", para mí desconocida, tiene un sabor incomparable.

Me acerco hasta el Jeu de Paume -no confundir con el jus de pomme, siempre tan refrescante- para ver la exposición Fellini. No llego a entrar. Antes de la destrucción modernizadora, en aquel anacrónico lugar te recibía el bronce de la bailarina de Degas con su tutú de tul auténtico. Adentro bailaban, juntitos y apretados, los puntillosos impresionistas. Ahora el lugar se confunde con cualquier sucursal de un gran banco hipotecado. El rincón librería es, como siempre, exhaustivo y espléndido. Compro algunas cosas de ver y me voy hacia la Feria de Navidad que por primera, y con toda seguridad no última vez, ha sembrado de chalecitos suizos los Campos Elíseos.


Son de madera clara, pintada de blanco por fuera y en estado natural por dentro; una diferencia notable con los que habitualmente se montan por aquí, de loneta o plástico sobre armazón metálica. El contenido sin embargo es similar: muchas chucherías, muchas golosinas, muchas cosas para comer y beber. De pie, como se pueda, al paso. Apoyado a las espaldas del enérgico Charles de Gaulle, enfrentado a un más reposado Clemenceau, un trencito infantil de trocha angosta divierte mucho más a los adultos que a los niños, fans decididos del calor hogareño y la play station.
De esos laureles, estos muérdagos, me digo, y sigo mi camino, no sin antes zamparme una extravagante crepe de jamón, canela y queso.

martes, diciembre 01, 2009

intermedio


...recién llego de viaje y necesito algo de tiempo para escribir un post comme il faut...sé que algunos encontrarán desmesurada mi necesidad de reubicación, pero soy algo lento para procesar semejante caudal informativo...volver a la vida cotidiana significa, entre otras muchas cosas, aceptar que la máquina con la que escribo habitualmente puede tener un colapso repentino, un súbito síndrome abandónico, un coup de vaya a saber qué cosa incomprensible, y me niega el encendido...Federico, cariñosamente cuidado por Sigourney BCN, está tan cariñoso como siempre: enfant gâté mais pas mauvais, no tuvo necesidad de romper ninguna cosa en señal de descontento...después de la Ciudad Luz todo parece menos brillante, sin embargo sé que en unas horas mis ojos se acostumbrarán al por momentos impío sol de Barcelona y olvidarán tanta lujosa belleza imperial para concentrarse una vez más en sus imágenes domésticas...que Así Sea...
Posdata: Luc, desde un extraño lugar de Eslovaquia, me ha dedicado una blografía. Muchas gracias, estimado.
El señor de bigotes, autoretratado aquí arriba, es el mismo bebé que aparece en el post del higiénico Luc: Uno, a los pocos meses de llegar a Buenos Aires desde París, el Otro en el apartamento que lo acogió en esta bella ciudad la semana pasada...

lunes, noviembre 23, 2009

jueves, noviembre 19, 2009

pour la galerie...


El último domingo fue amable, aunque con incursiones en el horror, y nada vacuii, precisamente. A media mañana nos trasladamos hasta la Caixa Fòrum del Montjuich para comprobar cómo se puede hacer foto "artística" explotando sin pudor la desgracia ajena. La exposición de FotoPress muestra, incluso antes de entrar a sus salas, los rostros atrozmente mutilados de un puñado de mujeres musulmanas que han pagado de esa forma brutal supuestas desobediencias religiosas o civiles. ¿Documentos sobre la barbarie? No. Por ligereza o inconsciencia, el fotógrafo les brinda un nuevo castigo al exhibir sus rasgos desvastados en retratos de estudio similares a los de las top-models internacionales: meditada iluminación, enfoques muy cuidados, espléndido color. El resultado es desagradable hasta límites difícilmente descriptibles.
Quizás porque el género de terror está de moda y a nadie inquieta ya los despojos humanos, las vísceras derramadas, la sangre salpicándolo todo, la sala estaba atiborrada de gente "de bien" que señalaba con el índice estirado los detalles más nauseabundos. Lo hacían con el mismo desapego sensible que suelen usar para destacar un adorno especialmente llamativo en un abrigo de temporada de la tienda Chanel o el tacón espejado y vertiginoso de unas sandalias de Jimmy Choo.
Para descansar un poco los ojos, para brindarles un color diferente al del oprobio ajeno, el resto de la mañana los paseamos por los objetos que pueblan las salas donde se exhiben algunos tesoros del Islam pertenecientes a la propiedad privada del Aga Khan. Vidrio, maderas, metales, cerámicas, materiales nobles y las manos de unos artesanos sin prisa, dispuestos a ganarse ese cielo pagado minuto a minuto con la minuciosidad cariñosa de sus obras.
El resto del día fue pródigo en amigos y situaciones gratas, pero ya en casa se nos ocurrió ver por CTK Lejos de ella, un film dirigido por la canadiense Sarah Polley, actriz reincidente de Isabel Coixet.
Tristísima historia de una bella mujer (Julie Christie) atacada por el alzheimer, lo que al principio parece la descripción del amor sin límites de un profesor ya retirado por la que fue su pareja durante cuarenta y cuatro años, la película se convierte, poco a poco y de forma más o menos encubierta, en la narración de una tardía venganza femenina (desde el) inconsciente. Como era de suponer, soñé con andadores, sillas de ruedas y geriátricos algo siniestros.
A pesar de todo esto, al día siguiente me levanté con más ganas de arte.

Gracias al cambio de los tiempos, a la constante eclosión de las empresas culturales, ahora vivo en un barrio con muchísima oferta: el Eixample. Husmeando por las galerías cercanas pude ver en Joan Prats los collages sobre iconos religiosos de la artista polaca Aleksandra Mir, entre ellos el Sagrado Corazón de Jesus en la misma versión que vigilaba los sueños y vigilias de mis padres desde la cabecera de su oceánica cama de dos plazas y media. El pequeño poster promocional tiene, y ya voy encontrando natural estos encuentros nada esporádicos, un grupo de ¡ángeles! a la custodia de un artefacto espacial estadounidense.
Como la muestra no tuvo efecto colateral alguno sobre mi persona, pude aceptar la invitación de los pintores Gonzalo Elvira y Gloria Cañadó para asistir a la apertura de Casa Decor, ubicada este año en un precioso edificio modernista de la calle Aribau y Còrsega. Creo que a pesar de algunas pocas intervenciones plásticamente baratas -de plástico barato, para ser más preciso- la visita es gratificante y recomendable. Al menos yo invertí una mañana entera y no alcancé a verlo todo con el detenimiento necesario.
También por mi barrio, en la por fortuna aún inalterada Sala Dalmau, una exposición del uruguayo-catalán Joaquín Torres-García detuvo mi corto paseo flaneur de aquella misma tarde. Nunca me canso de ver sus paisajes ordenados, tiernos; ligeramente sombríos aunque sin concesiones a la tristeza.


Como La Cina é vicina , uno de estos días inauguran en el Paseo de Gracia el hotel Mandarín. Dos enormes fotos de Sigourney Weber y Liam Neeson lo anuncian desde la fachada. Realidad y ficción se confunden. ¿Vendrán como invitados especiales o simplemente como empleados de la firma?
Otra sorpresa agradable me esperaba hoy, cuando, después de un breve encuentro profesional con Antonio Travería, director de AmeriCat y editor del Diccionario del tango en Cataluña, me topé con una exposición del dúo madrileño Democracia en la galería ADN. La muestra se llama Ne vous laissez pas consoler e intenta colar en su propio ámbito, el de los estadios, y a través del tuneo artístico al merchandising habitual, consignas alternativas para los forofos, hinchas y/o ultras del fútbol.
La verdad es siempre revolucionaria, Los ídolos no existen, El dolor es la única nobleza, Lenin, Baudelaire y Leo Ferré, se mezclan alegremente con los cantitos de apoyo a los equipos propios y aquellos otros de escarnio para los once rivales. Fresca e intencionada, la exposición me alegró la mañana, así que pude recluírme un rato en casa y sentarme frente al ordenador para escribir este post "pour la galerie", algo errático y muy exhibicionista.


Fotos de Bertini: exposiciones de ADN, Joan Prats, colección Aga Khan.

sábado, noviembre 14, 2009

de Los Ángeles en Barcelona


Leonor Alazraki, tarotera mayor del reino y vieja amiga, decide visitar tan sorpresiva como inesperadamente mi casa.
L.A. -presten atención a las iniciales de su nombre- lleva en Madrid una auténtica Asociación de Ángeles inscripta como tal en los dominios pertinentes. Cuando visité el local donde suelen reunirse los fans, seguidores, adeptos o adictos a estas criaturas celestes, había un gran ramo de margaritas frescas en un rincón del salón principal. Supuse que las habían llevado aquel mismo día e hice un comentario sobre la belleza de esas flores aparentemente sencillas y la vibrante luminosidad que parecía desprender su presencia. Leonor me miró, miró el jarrón con las flores y después preguntó con cierta desgana:
-¿Quién ha traído esas margaritas?
Alguno de los que, sin ser alados, andaban revoloteando a su alrededor, le contestó con similar desinterés:
-Doña Tal y cual...pero de eso hace más de dos semanas...
Nadie pareció asombrarse por la sostenida frescura de aquellas flores mientras yo ponía en duda mi habitual incredulidad. Para acentuar su valor de metáfora las margaritas eran blancas: tanto como uno puede imaginar a los ángeles bondadosos; del mismo color no descompuesto conque suelen ser retratados por los artistas dedicados a ello.
Sin embargo esta anécdota es accesoria, irrelevante. Lo realmente notorio es que a partir de la visita de Leonor Alazraki los ángeles aparecen sobrevolando mi vida como si de mariposas primaverales se tratara. Les cuento: hace dos o tres noches tuve un larguísimo, intrincado, emocionante sueño, donde el coprotagonista resultaba ser mi más que cariñoso primo Ángel. Casi al mismo tiempo Pilar B. cuelga en su facebook el tráiler de Angels in América , declarándola la mejor serie televisiva de los últimos años, Noemí comenta con su boquita pintada una novela de Sue Grafton que trancurre en la ciudad de Los Ángeles y Taschen me envía la publicidad de uno de sus maravillosos libros gráficos en el que se narra la historia de esta ciudad californiana a través de numerosas, impactantes fotografías.

Conocí esa ciudad tan peliculera el mismo año 2000 en que Almodovar ganó el Oscar al mejor filme extranjero con Todo sobre mi madre. Por entonces Rajoy era Ministro del Interior y paraba en el mismo hotel del Hollywood Boulevard donde estábamos alojados monsieur Chapuis y yo como invitados de un premio insólito que incluía los pasajes desde Barcelona, varios días de estancia en la ciudad, traslados en limousine, comidas en los mejores restaurantes -entre ellos el Spago de Beverly Hills- y una fiesta de las muchas que se celebran la noche de entrega de los tiesos y dorados premios. A Rajoy no le permitían fumar dentro del hotel, y él, entre suaves pero constantes quejas, obedecía las estrictas ordenanzas fumando en la calle, al lado mismo de la entrada principal de aquella construcción pretendidamente afrancesada; tanto como para que el restaurante tuviera los techos decorados con falsos picassos y todas las postales existentes en su pequeña tienda de souvenirs lucieran la imagen icónica de la Tour Eiffel.
De puro curioso, porque me interesaba saber cómo era un ministro tan importante cuando se encontraba en terreno extranjero, me acerqué a Rajoy con la mano extendida.
"Señor ministro...", le dije, y después de las presentaciones pertinentes nos quedamos hablando mucho más de media hora; casi todo el tiempo que duró el cigarro que estaba fumando. A ninguno de los dos nos gustaba demasiado la película que presentaba España como candidata al Oscar, sin embargo los señores de la Academia opinaron lo contrario y aquella noche pude comprobar lo poco que importa a los estadounidenses el renglón de premios extranjeros: mientras se entregaban, casi todos los presentes en la fiesta abandonaban su ubicación frente a la enorme pantalla y aprovechaban para buscarse otra copa, comer algún bocado más de salmón o de roastbeef o acercarse corriendo hasta los particulares aseos del muy particular "House of blues" para evacuar los numerosos gin-tonics que habían tomado un momento antes.
El libro sobre Los Ángeles de Taschen ha desatado todos estos recuerdos y varios más que me guardo para otro momento. Los Estados Unidos son tan poderosos y diversos como pueden serlo las innumerables anécdotas que guardo de los viajes que hice por sus tierras.
Por si todo esto fuera poco angelical, durante los dos últimos días un angélico amigo con nombre de apóstol y residencia habitual junto a un vasto mar de plata, visitó Barcelona y se acercó hasta mi casa. No me extrañaría nada que mañana por la tarde, cuando Eugenia venga a limpiarla, se queje porque hay cantidad de plumas, tan blancas como las margaritas madrileñas, iluminando cada uno de los rincones del piso donde vivo.
Posdata: sin siquiera pensar en la coincidencia, anoche, lunes 16, fui a la presentación de una antología poética de José ANGEL García en el Aula de Escritores de ACEC. Vaya!
Posdata dos: llamo por teléfono a Taschen para hacer un pedido. "Hola, sí", dice una voz agradable de mujer desde el otro lado de la línea. "Hola, ¿con quién hablo", pregunto yo. "Soy Ángeles...", me dicen.
Sin palabras.

fotografía de Josef Koudelka

martes, noviembre 10, 2009

Soy el año que pasó, ¿acaso molesto?


Todo hace pensar que sí, que a todo el mundo le parezco un sujeto impresentable, que todos quieren olvidarse para siempre de mí como si fuera el escurridizo virus asesino de la gripe aviar.
Tanto mal hice? Tantos errores cometí? Tanto castigo merezco?
Lo digo porque el último de mis días, en lugar de hacerme un homenaje y entregarme una placa conmemorativa, me llevaron a ver una ópera polaca de Karol Szymanowsky: Rey Roger(1926), inspirada, según me dijeron, en el pensamiento de Friedrich Nietzsche. La música sonaba a gloria, el coro, como siempre en el Liceo, resultaba insuperable, y casi todas las primeras figuras tuvieron momentos de exquisita brillantez a pesar de verse obligadas a trotar por el escenario vestidas como drag queens barriobajeras, alguno con el cuerpo embadurnado de pintura plateada en la mejor tradición "disco gay ibicenca de los años ochenta", otros chorreando sangre acrílica sobre el impecable escenario blanco.
Durante todo el tercer acto yo no podía dejar de pensar en el personal de limpieza, encargado de poner la escenografía nuevamente en condiciones para la función siguiente:
-¿Alguien me puede explicar que han hecho estos pervertidos sobre el escenario? ¡Hace horas que le doy dale que te pego al Tenn con bioalcohol y no hay caso! ¡Sigo encontrando manchas rojas por todas partes!
Según parece, la crisis total, el calentamiento planetario, la extrema superpoblación, la globalización de la miseria y el terror a Bin Laden, dispararon la competencia -realmente feroz a partir del derrumbe del muro de Berlín- y alimentaron la posterior, y pacífica, invasión de artistas del Este.
La llegada de tanta espigada belleza soviética ya no permite que los divos de la ópera sean redondamente hermosos como lo fueron la Caballé o Pavarotti. Si uno de ellos se arrojara sobre las escaleras luminosas como lo hace el gimnástico barítono de este montaje, las astillas de metacrilato lechoso saltarían a la platea, formando gargantillas posmodernas alrededor del cuello de las algo aletargadas señoras de las primeras filas.
La historia, muy sencilla, basada en arquetipos que el director inglés David Pountney viste en el último acto con actitudes y atrezzo al más puro estilo Diágilev-Nijinsky, nos habla del enfrentamiento entre las fuerzas del orden, la religión, la moral, y el espíritu dionisíaco, que a juzgar por esta puesta, acarrea todas las desgracias imaginables, derramamiento de sangre incluído.
A pesar de nuestras diferencias, al final aplaudimos mucho, sobre todo a los atléticos cantantes y a los directores de la orquesta y del coro. Minutos después salíamos muy ufanos y en grupo al frío ventoso que inundaba las Ramblas.
Esperé alguna palabra de aliento frente a mi inminente partida, pero nadie decía nada amable hacia mis últimas horas, nadie se lamentaba de mi distanciamiento definitivo. Ni siquiera tuvieron la delicadeza de ocultarme la alegría que les producía mi partida.
Unos minutos antes de alejarme para nunca más volver, pude observar entristecido cómo preparaban los festejos para agasajar al nuevo tiempo: un ser iluso y anodino, sin siquiera historia ni recuerdos.

Ilustra: foto publicitaria de Rei Roger, Teatro del Liceo.

el día después...(post provisorio)
















Pasadas las fiestas conmemorativas, me he puesto las gafas de ver la realidad para comprobar que el marco dorado era en realidad un espejo y los dos portadores sólo uno reflejándose en el cristal que el barroco marco sostenía.
Mirándome en él, ya a solas, pude comprobar que un año no pasa en un solo día y mi cara sigue siendo la misma de hace unas cuantas semanas atrás...aunque un poco más feliz, ya que el aluvión de cariño recibido a través del teléfono, del blog, de los emails y sobre todo de facebook, me han dejado con carga suficiente como para afrontar este nuevo año que acabamos de iniciar, mis blogs y yo, hoy mismo.
¡GRACIAS CON MAYÚSCULAS!

ilustra: el cacho de pan de Salvador Dalí

domingo, noviembre 08, 2009

regalos y felicitaciones


Como estaba previsto, ha llegado el día 9 y mi blog y yo cumplimos años.
Un grupo de amigos muy cariñosos me ha mandado como regalo un marco dorado de estilo clásico que lamentablemente no se integra en absoluto con la decoración de mi piso.
No sé qué hacer con él. Por si alguna de mis visitas habituales tiene una idea interesante al respecto, he fotografiado el momento de la llegada del regalo junto a la simpática pareja de empleados de MRW que tuvo a bien entregármelo.

ilustra: el mes de Noviembre; David Gandy fotografiado por Mariano Vivanco.

miércoles, noviembre 04, 2009

mil noches y algunas más

Habría que llorar tantas muertes ilustres que mejor negarse a hacerlo y pasar a otras cosas.
Una de esas cosas podría ser, y finalmente será, festejar con algo de música que el día 9 de este mes se cumple un año más, ya el tercero, de este Cacho de pan, coincidiendo con un nuevo cumpleaños del autor de los textos que en él se publican.
No sé si puedo hablar de éxito, tampoco sé si era esta eventualidad, con su posible y pasajera complacencia, lo que me llevó a crearlo. En todo el tiempo transcurrido -más de mil y una noches- he recibido ciento y pico de mil visitas y unos cuantos cientos de comentarios amistosos. A pesar de las pocas trabas puestas para la edición de las opiniones ajenas, casi no recuerdo agresiones ni insultos. Tampoco censuré a nadie nunca, si bien es norma de la casa no contestar anónimos.
Seguramente no deberíamos ser tan temerosos, no estar tan asustados como a veces demostramos estar.

Tres años es una cifra demasiado redonda y por puro y necio amor a esa perfección cerrada del círculo se me ocurre pensar en la posibilidad de poner punto final a este espacio. Los hábitos hacen al monje... y por eso mismo cada cierto tiempo se hace necesario cambiarlos. Posiblemente este blog haya cumplido su ciclo; posiblemente, aunque haya sido así, yo no tenga demasiadas ganas de acabar con él definitivamente.
Veremos, o iremos viendo, como el ciego del cuento...que no veía nada en absoluto.

Esta mujer poderosa y rebelde que conocí recién hoy gracias a la bonaerense Delirium, merece convertirse en la estrella de esta semana. Es una argentina de Córdoba y vive, o ha vivido, en el Distrito Federal de México como refugiada de la dictadura militar, autora del secuestro y desaparición de su hermana y del marido de ésta.
Se llama Liliana Felipe y hay un buen puñado de sus canciones colgadas de YouTube.
Yo elegí esta porque sí. O tal vez porque no, ni siquiera lo tengo demasiado claro.
Me impresiona verla cantando y tocando el piano sin maquillajes exagerados, posturas imposibles ni looks extraños. Es como si llegara de la compra, o de pasear al perro, o de charlar un rato con alguna amiga en un café del barrio.
Si esto no es autenticidad, que alguien me explique de qué estamos hablando.



Y una más, con toda la fuerza de esta naturaleza serrana, dedicada a mi editora Beatriz de Moura, defensora del derecho a morir dignamente.

lunes, noviembre 02, 2009

los buenos deseos

Telefonean desde Francia. Un viejo amigo todavía joven me desea con bastante anticipación felicidades para mi cumpleaños. Suele pasarme habitualmente con otras personas: recuerdo el signo que las rige, aunque ni siquiera conozca la fecha exacta de sus nacimientos. Él podría haber visto la mía en el perfil de Facebook si no fuera tan fóbico a las búsquedas por Internet.
Me resultaba extraño no haber recibido todavía su postal de ¡Happy Birthday!, como cada año. Recibirla me recuerda que estoy a punto de cumplir otro más, aunque a veces me haga el distraído e intente pasarlo por alto. Él dice que ya la ha enviado, que con toda seguridad llegará en estos días. Le creo, por supuesto. Es un adorador de los papeles impresos, de los correos antiguos, de las estampillas especiales y los sobres de color pastel; un espíritu del siglo diecinueve que desembarcó por algún error de cálculo espacio-temporal en el veinte y no quiere enterarse de la llegada del ya madurito siglo veintiuno. Vive en un edificio muy antiguo del barrio de Ménilmontant, copia clónica de cualquiera de aquellos que servían como fondo escenográfico para las oscuras películas de Henri-Georges Clouzot, André Cayatte, Jean Renoir o René Clair, generalmente provistos de una concierge gruñona de origen hispano-portugués, suelos de madera crujiente y anchas escaleras enriquecidas por un camino central de alfombra en un rojo vino algo desteñido y hábilmente sujeto por varillas de bronce no siempre bien bruñidas.
Mi amigo, un hombre alto y notablemente parecido a Charles Boyer, ese actor francés que sedujo a divas algo esquivas como Greta Garbo, Marlene Dietrich, Bette Davis o Paulette Godard, suele pasarse horas enteras revolviendo librerías de viejo para volver a casa con un saco lleno de volúmenes de tripa amarillenta, cargados a su vez de múltiples colonias de ácaros, todas dispuestas a alimentar una alergia convertida en bronquitis crónica a fuerza de encierro, lecturas, abundante tabaco negro y psico-filosofía marxista-freudiana. Su piso, muy pequeño, casi podría decir mínimo, tiene todas las paredes tapizadas con estanterías rebosantes de libros e impresos de todo tipo. Como ya no sabe dónde meter tanta palabra escrita, apila los volúmenes más sólidos haciéndolos servir de mesas accesorias, y, eventualmente, también de butacas donde sentar a los pocos amigos íntimos con ingreso irrestricto a su morada; humilde, aunque no totalmente desprovista de lujos. Al margen de los libros, me atrevo a contabilizar tres muy evidentes: una cómoda Louis Philippe de madera oscura con el sobre de mármol lechoso, el pequeño balcón sobre la Avenue de la République desde donde se puede ver la entrada del cementerio de Père Lachaise y, tal vez el tesoro más auténticamente apreciado por el dueño de casa, la visión que se tiene de la lejana Tour Eiffel mientras orinas de pie en el mingitorio del minúsculo lavabo. Puedo asegurarlo: no es lo mismo desagotar tus ganas allí que hacerlo mirando unos vulgares azulejos cuadrados sin ningún adorno especial sobre sus superficies.
Si como dijo alguien que no recuerdo ahora, "Dios está en los detalles", les puedo asegurar que en el ventanuco de aquel mínimo mingitorio lo podemos encontrar de cuerpo entero.
Lo repito: ayer me telefonearon desde París. Un viejo amigo todavía joven me deseó con bastante anticipación felicidades para mi próximo cumpleaños. Fue toda una sorpresa; según él, la mitad de su regalo. Cuando finalmente llegue la postal que acostumbra enviarme en cada aniversario, podré decir en voz muy baja, sólo para corroborarlo: estimado Dante,¡muy feliz nuevo año!

Fotografía de París por Willy Ronis; Marlene Dietrich en una foto promocional.

martes, octubre 27, 2009

¿Simpatía por el demonio?


Otra semana trajinada a pesar de la ausencia sin preaviso de un trabajo bien remunerado.
Insoslayable exposición Mallol en La Pedrera, Trío de Tango (Bataglia, Picó, Mercadante) al alcance de la mano en la librería Martínez Pérez de la calle Valencia, comidas con risas, azucares y abundante colesterol en casa de amigos.
Hubo bastante más, aunque prefiero no comentarlo.
Si pudiera desdoblarme, ahora mismo debería estar en la presentación del nuevo Premio Anagrama: el viernes llegó una invitación para esta tarde a las 19.30, y yo, que no sabia si tendría impulso suficiente como para llegar hasta allí rebosante de Energía, Encanto, Elegancia, Envolvente Evanescencia, Erótico Envión y todas esas otras pequeñas cosas tan suplerfluas como imprescindibles para un gran Evento de estas características, dejé que el tiempo pusiera mis dubitativas ganas en su sitio. Aquí estoy, el reloj marcando la hora señalada en el tarjetón gris convite y yo aún en mi casa. Otra vez el tiempo implacable ha decidido por mí, aposentando mis asentaderas en la incómoda silla de Ofiprix, obligando a mis manos a jugar torpemente con el teclado gris y negro de Logitech en un intento posiblemente vano de elaborar otro post sin rumbo fijo y destino náufrago. Todo resulta demoníaco, como aquellos depravados rockeros que confesaban sin ningún pudor su fascinación por Belcebú. Me pregunto si los morritos de Jagger hubieran despertado la compasión del monseñor Torquemada, Tomás de, ese ínclito vallisoletano tan enemigo del diablo y el judaísmo como afecto a las carnes muy bien asadas, a fuego lento.

Leo a Foucault comentado por Miguel Morey. Nunca es tarde si la dicha es buena, decía mi madre mientras se le escapaban los ojos hacia un cielo no demasiado lejano y bastante poco angélico, con toda seguridad sensual y demoníaco.
Copio una cita de Deleuze, hasta el momento desconocida. Por extrañas razones que la razón no alcanza a descifrar del todo, describe certeramente la que pretendo sea mi posición habitual frente al mundo, el demonio y la carne:
No se trata de predecir, sino de estar atento a lo desconocido que llama a nuestra puerta.
Vamos siendo, y ese ser propio que decimos conocer, el mismo que podemos describir, definir, estereotipar, ya no es actualidad sino historia pasada. Vamos siendo, y es la acción la que nos define con más certeza que nuestros engañosos intentos hagiográficamente autodescriptivos. Satán nos confunde, haciéndonos juzgar nuestro pretérito presente desde un yo desdoblado que se supone otro.
Me levanto del asiento. Necesito música. ¿Conocen a Concha Buika, esa demonia?

Si la mayoría respondiera afirmativamente me harían pensar en luciferinas conspiraciones, ya que esta chica isleña no consigue siquiera que los noticieros nacionales de televisión (¿o debería decir los noticieros de televisión nacionales?) le dediquen tantos minutos de promoción como los que suelen dedicar, por ejemplo, a esa petarda incombustible llamada Marta Sánchez. Cierto que la Marta es rubia platino, y la Concha, con perdón, mallorquina, mulata y agitanada, pero entonces, ¿para qué sirven las campañas de discriminación positiva? ¿Acaso para el exclusivo regodeo de esas señoras ministrables de ilimitado, e indescriptible, vestuario?
Encallado en las cenagosas aguas de la duda, debatiéndome entre el proceloso mar del inconsciente y las corruptas orillas de la cotidianeidad, llego al final de este texto sin destino preciso. Mientras tanto, y como contrapartida a la insistente campaña de "Somos Iglesia Catolica"(¡SIC!), el diablo seguirá sobrevolando los posts, navegará alegremente por internet, se paseará con absoluta libertad por los sillones presidenciales, las alcaldías y los escaños.
Posdata: la curiosidad me lleva hasta la página web de Anagrama. ¿Quién habrá ganado el premio de novela de este año? No hay ninguna noticia sobre los premiados. Tampoco la he visto publicada en ningún otro medio. Extraño. Busco la invitación y la releo. La entrega es el lunes que viene, día dos de noviembre. Todavía tengo tiempo de crearme ganas. Espero que Luzbel no siga metiendo la cola también por mi casa y pueda contarles a mi regreso los pormenores de la fiesta.
Fotografía de Jamie Baldridge

viernes, octubre 23, 2009

Teatrero


El pasado lunes, a las tres en punto de la tarde, estaba citado en la cafetería del Instituto del Teatro.
Anna Caixac, organizadora del Año Jerzy Grotowski en Barcelona, cerraba una hora después los actos de homenaje al investigador teatral polaco con una mesa redonda en la que interveníamos Jordi Coca, Pere Planella, Enric Majó, Inés Castell-Branco y este Cacho de Pan memorioso y hablador.
Salvo la portuguesa Inés Castell-Branco, editora de la traducción catalana de los pocos textos existentes de Grotowski, y el que esto escribe, autor de la imagen gráfica del evento conmemorativo, todos los participantes eran reconocida gente de teatro. Yo, siempre algo outsider, había sido invitado en mi condición de ex componente de un grupo grotowskiano porteño, de corta aunque contundente vida durante los lejanísimos y revulsivos años sesenta.
No llevaba nada preparado. Ni siquiera había rebuscado demasiado en mi memoria, temeroso de perder una espontaneidad que pretendía resguardar lo máximo posible. Estaba convencido de que aquello era lo único que tenía algún valor como aportación propia a tantas experiencias teatrales de largo y exitoso recorrido.
La mesa redonda se haría en una pequeña sala ubicada en el segundo subsuelo del Instituto. Siendo el teatro de Grotowski marginal, underground, subterráneo, aquel lugar algo escondido entre salas de ensayo y talleres de escenografía y vestuario, parecía de lo más adecuado. Bautizado como sala Scanner, un instrumento más cercano a la gráfica que al teatro, el espacio está totalmente tapizado en negro. Nombre y color, dos detalles accesorios, me resultaron tan familiares como tranquilizadores. Nos ubicamos en el escenario a ras de suelo, detrás de dos largas mesas unidas por un mantel también negro e iluminadas por potentes focos teatrales. Delante de nosotros, una gradería con una decena de filas de butacas componen un aforo cercano a las ciento cincuenta personas. El espacio se llenó a medias con hombres y mujeres de diferentes edades. Un verdadero éxito, teniendo en cuenta la hora tan intempestiva y la falta casi absoluta de promoción del evento.
Anna Caixac, sonrisa cálida, voz potente, espalda recta, cabeza siempre erguida, daba paso a nuestras intervenciones. Mientras los demás hablaban de sus experiencias como espectadores o estudiosos de Grotowski, yo, sin proponérmelo, empecé a recordar hechos muy concretos y diversos personajes de aquella, la única experiencia "actoral" de mi vida. Algunos rostros, muy pocos nombres y distintas situaciones aparecían desordenadamente, acompañados por involuntarios epígrafes referentes a nuestro entorno en aquellos años.
El dinero era escaso, tirando a inexistente. No teníamos ordenador, cámaras digitales ni teléfonos móviles. Haber pensado en cualquiera de estas cosas, hoy tan cotidianas, nos hubiera parecido pura psicodelia de ciencia ficción. Una cosa era apasionarse por Bradbury, Olaf Stapledon, Theodore Sturgeon o Richard Matheson y otra muy distinta pensar en la posibilidad de comunicarse casi telepáticamente, sin cables ni enchufes por medio.
Vivíamos bajo una de las habituales dictaduras militares, encabezada en esta ocasión por un general, Juan Carlos Onganía, que tapaba su labio leporino con un bigote a lo Emiliano Zapata. A pesar del Estado de Sitio permanente, los cines estrenaban películas de la nouvelle vague francesa, del new cinema inglés, de Fellini, Antonioni, Monicelli, Francesco Rosi y todo ese potente cine italiano al que los críticos, faltos de un adjetivo mejor, también denominaban nuevo. Mis amigos y yo esperábamos cada filme de Ingmar Bergman, Hitchcock o Visconti con ansia voraz, y hablábamos de Kurosawa, Mankiewicz, Satyajit Ray, Ichikawa, Kawalerowicz, Wajda o Elia Kazan como si hubiéramos desayunado con ellos el día anterior. Los teatros llamados "independientes" estrenaban dramas de Arnold Wesker, Tennessee Williams, John Osborne, Harold Pinter y Jean Genet y el Instituto DiTella cedía su moderno y tecnificado espacio para que Marilú Marini, el Grupo Lobo o el TSE de Rodríguez Arias pusieran en escena extremados experimentos teatrales. Un arquitecto cordobés apellidado Bonino deliraba y hacía delirar al público con un idioma propio, Nacha Guevara cantaba las canciones de Brel y Boris Vian traducidas al castellano de los argentinos, Piazzolla ponía música a los poemas de Borges y el siempre tradicional Teatro Colón abría sus puertas al joven y talentoso coreógrafo Oscar Aráiz, posteriormente director del Ballet du Grand Theatre de Ginebra desde 1980 a 1988.
Para su exitoso espectáculo Crash, yo me estrenaría diseñando una serie de trajes complicadísimos: incluían centenares de pelotas de ping-pong pintadas a mano que, en medio de un desenfrenado charleston, volaban peligrosamente sobre el público.
Todo nos parecía poco. Desde el Mundo, siempre tan lejano, llegaban los ecos psicodélicamente rupestres del Flower Power entremezclándose con los ritmos glamourosos del Swinging London y el creciente ruido de rotas cadenas del muy próximo Mayo del 68. Nosotros, ingenuos jovencitos de un país perteneciente al batallón de los subdesarrollados, creíamos que en los Países Civilizados de Verdad todos llevaban flores en el pelo, considerablemente largo, y vestían cortísimas minifaldas de Mary Quant, cuando en realidad Carnaby Street era poco más que una corta calle comercial y los Beatles cuatro, sólo cuatro, muchachos de Liverpool con mucho talento y mil oportunidades.
El pasado lunes por la tarde, acicateado por la pregunta de un incisivo director de teatro ruso, ahora profesor del instituto barcelonés donde nos hallábamos, terminé contando todo esto que ahora escribo aquí. Trataba de explicar por qué razón, no siendo ni pretendiendo ser actor, me había metido en un grupo de teatro experimental liderado por un místico polaco que proponía hacer de cada intérprete un santo y de cada puesta en escena una ceremonia ritual única.
Todavía no lo sé con certeza, aunque supongo que en aquel tiempo de ilusionados, iluminados y profetas, yo también pretendía cambiar el mundo.

¿Y qué tendrá que ver un boxeador con todo esto? Esta misma semana, para mí muy teatrera, fui a ver Urtain, la obra de teatro del grupo madrileño Animalario. Un elenco de actores entregados no logra despegar del ring un texto que suena a biografía ilustrada. Demasiado humo y poca carne. A pesar de ello, algunos aciertos de montaje logran transmitir en varias escenas la mal llamada magia del teatro. No hay truco alguno en un buen espectáculo. Solamente el trabajo consciente y bien intencionado de un grupo de artistas con talento.

Ilustran: fotos promocionales del boxeador vasco Urtain y de la actriz y bailarina argentina Marilú Marini.