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lunes, enero 24, 2011

cotorras y halcones


Hace pocos días aparecía en el diario La Vanguardia un extenso artículo sobre la preocupación de algunos ayuntamientos catalanes frente a la proliferación de aves no autóctonas, entre ellas las parlanchinas, vistosas y coloridas cotorras argentinas.
Como drástico remedio a esta inmigración natural, no deseada, en la misma nota se anunciaba la reimplantación en la ciudad de Barcelona de un buen número de jóvenes halcones. Una especie autóctona esta, según parece.
¡Adiós a la hasta ahora más que evidente convivencia pacífica -basta acercarse a alguna de las escasas plazas de la ciudad para comprobarlo- entre gorriones, palomas y cotorras!
Los poderosos mandamases, tan afectos a los enfrentamientos de todo tipo, no pueden soportar que otras especies se monten una historia despojada de insultos, disparos y explosiones; una relación incruenta y muy pacífica, bien distinta a la suya.
"¡Invadidos por indignas especies foráneas, muy pronto desaparecerán todas nuestras aves!", proclaman con evidente indignación los susodichos, mientras dan por sentado que todo lo cercano les pertenece.
Para avivar cierta inquietud que ganaba mi alma, por esos mismos días Messi ganó por segunda vez un premio -tan arbitrario como todos, supongo- que lo acreditaba como el mejor jugador de fútbol del mundo y gran parte de los medios "comunicadores" españoles rasgaron sus gargantas clamando al cielo por tanta desvergüenza. Los que conceden el trofeo no habían tenido en cuenta a ninguno de los dos jugadores españoles que conformaban con Messi la terna de favoritos, eligiendo una vez más al "argentino", un tipo sin militancia "argentinista" alguna, formado desde niño en Barcelona y que desarrolla su brillante carrera goleadora en el equipo de esta ciudad, para muchos al menos, española.
Parece que el verde cotorra es inalterable, más fuerte y más "cantor" que cualquier otro.
Después de treinta y cinco años de vida europea, gran parte de ella en tierras catalanas, con un DNI español y larga militancia laboral, creativa y social en Barcelona, me pregunto si no habrá algún halcón adiestrado y hambriento esperando que mi inmigrado ser pase a su lado para demostrarme, de una buena vez y para siempre, de quien son realmente las calles, el aire, las baldosas y hasta los contaminados árboles con todas sus ramas de invernal color marrón miseria, despojadas al fin del molesto, foráneo, extranjero y por ende extraño, verde cotorra.

Posdata: cotorro es una de las palabras que el lunfardo argentino utiliza para llamar a un nidito de amor, al bulín, a la garçoniere francesa...
foto de Alastair Thain

miércoles, abril 21, 2010

Un canguro de contrabando


Soy un pecador, lo reconozco, pero la otra noche, después de tropezar con el panegírico de don Mario Vargas Llosa a favor del toreo y toda su brutal parafernalia, por pura terapia regeneradora necesité sumergirme en algo pornográfico a la antigua, con cuerpos desnudos que jadean y se entremezclan, que simulan gozar y sufrir, pero sin abrir heridas ni derramar sangres propias o ajenas.
El inflamado texto del autor de tanta novela prestigiosa, lucía bien destacado como columna central de las páginas editoriales del diario El País, y a pesar del desagrado que me producía imaginar aquella cara impávida -que alguna vez intentó ser presidencial- mientras declamaba al mundo entero las bondades de un espectáculo de tortura y muerte, fui leyendo aquel texto suyo de punta a punta. Y nunca mejor dicho, porque lo que recibí fueron puntazos que hicieron sangrar esa cosa intangible a la que algunos todavía llaman alma, otros pocos psiquis, y yo, ahora, me atrevo a llamar simplemente conciencia.
"Prohibir las corridas, además de un agravio a la libertad, es también jugar a las mentiras, negarse a ver a cara descubierta aquella verdad que es inseparable de la condición humana: que la muerte ronda a la vida y termina siempre por derrotarla. Que ambas están siempre enfrascadas en una lucha permanente y que la crueldad -lo que los creyentes llaman el pecado o el mal- forma parte de la condición humana."
También la tortura es parte de esa condición, según puede verse a través de nuestra historia, aunque sería preferible no promocionarla de la manera que don Mario lo hace, en plan espectáculo público, imperecedero legado cultural, exquisita manifestación de arte.
Para ver brillos y alamares, paquetes y culitos ceñidos, sepa usted perdonarme, señor escritor, yo sigo prefiriendo el ballet clásico.

Sin embargo, como no era mi intención contribuir a la difusión de la encendida publicidad taurina made in Vargas Llosa, sino contarles que un canguro se había metido en mi casa sin que yo lo invitara, vuelvo a la primera frase de este post, allí donde les decía que:
Soy un pecador, lo reconozco, pero la otra noche, después de encontrarme con el panegírico de don M.V.Ll. a favor del toreo y toda su brutal parafernalia, por pura terapia regeneradora necesité sumergirme en algo pornográfico a la antigua, con cuerpos desnudos que jadean y se entremezclan, que simulan gozar y sufrir pero sin abrir heridas ni derramar sangres propias o ajenas.
Resulta que no pude hacerlo.
Cuando pulsé en la dirección deseada, ejem, un cartel bicolor cubrió toda la pantalla, anunciándome que Canguro Net había decidido que aquella página no me convenía y por tanto bloqueaba la entrada a ella.
¡La mano que mece la cuna!, pensé, haciendo uso de mi memoria paranoide-cinematográfica.
Frustréme, dormíme, y a primera hora de la mañana siguiente, poco después de un frugal desayuno, llamé a Teléfonica. Tuve que pasar por tres operadoras, tres, que me pidieron tres veces, tres, los mismos datos. Al fin la tercera me pasó a la cuarta y esta resultó tener un acento diferente, con notable ritmo centroamericano. Por cuarta vez, bastante más airado que las otras tres anteriores, le dije que no quería canguros en mi ordenador. La mujer se mostró sorprendida:
-¿Por qué le molesta? Está bueno, señor...Impide la entrada de contenidos pornográficos, la publicidad de drogas o cualquier otra información malsana que podría dañar su sensibilidad o la de sus niños...
Mi cabreo iba en aumento. Le expliqué que en la casa no había niños, sólo personas mayores que podían discernir muy bien qué cosas le convenían, o no, ver.
Después de oírme, la cuarta operadora dijo "un momentito" y me dejó a la espera cerca de diez minutos. Supongo que era el precio que debía pagar por mi enfado. Una contribución más de este habitual contribuyente.
-¿Sigue allí?
Era ella, la cuarta mujer.
Conteste "sí". Tal vez esperaba haberme disuadido por cansancio.
-Bueno, señor. Ya he pasado su pedido. En tres días desactivaremos el Canguro Net.
Esta vez no recabaron, como suele ser habitual en ellos, una puntuación final sobre la atención recibida. Además, adelantándose al plazo anunciado, ese mismo día desapareció de mi ¿¡Personal Computer!? el canguro infiltrado. Temo que al mismo tiempo mi nombre haya pasado a engrosar una lista, si no negra, de tintes sumamente oscuros y vaya uno a saber bajo qué desolador epígrafe.
Como suele suceder en estos casos, ahora que ya no cuento con su silencioso control, me pregunto si entre las funciones no especificadas de este canguro subterráneo estaría también la de censurar declaraciones, para mí muy dañinas, lacerantes, como las pro-taurinas del escritor consagrado, y esas otras, no escritas aunque bien difundidas, del mandatario Evo sobre el consumo de pollos amariconadores, o al menos las de ese prelado que nos visita, dispuesto a asociar, aunque sea contra natura, la homosexualidad y el lebianismo a cualquier otra cosa de fácil combustión.
Pura obscenidad sin el más mínimo filtro.

Ilustra: Alfred Hitchcock (1898-1980) con el ave culpable de su calvicie, ejecutada. Fotografía de Albert Watson.

miércoles, febrero 24, 2010

LoS TiLoS De BaLMeS


Durante el tiempo que escribí una columna semanal en el diario El Mundo, cada martes de todo un año, siempre tenía presente en mi cabeza como un mantra pragmático lo que me había pedido, en el momento de ofrecerme el trabajo, el ya desaparecido Xavier Domingo, gastrónomo, periodista, escritor y responsable de aquel espacio. Nunca llegamos a conocernos personalmente. Todo el trato se hizo por teléfono y no hubo demasiadas explicaciones en cuanto a mi cometido allí, salvo la cantidad que me pagarían y: "debes escribir tanta cantidad de líneas, no pasarte de tantos caracteres y envíarnos el texto por fax la mañana antes de su publicación". Dije "bien, entendido" y un segundo después pregunté con una ingenuidad que supongo característica de cualquier recién llegado al circo mediático: "¿Qué se espera de mí?". Mi interlocutor teléfonico, amable y lacónico a partes iguales, respondió: "nada en especial, aunque si resulta escandaloso es mucho mejor".
Pasado un tiempo entendí mejor lo que en un primer momento me había parecido casi una proposición obscena: si quieres que alguien, aunque sea una sola persona, te lea, tienes que llamar de cualquier manera su atención. Frente a semejante desafío me sentí vencido de antemano. Se suponía que yo, un tipo que había llamado al sexo por varios de sus nombres más impúdicos en dos novelas de específico contenido erótico, sabría muy bien de qué iba el escándalo. No era en absoluto así. Soy un tímido recuperado de su adicción al ostracismo y apenas el bullicio me roza me convierto en estatua de sal o, más sencillamente, en una vulgar cacerolita. No pretendan entender esto último: es parte de una anécdota que contaré otro día.
Luchando contra aquel mantra que amenazaba con paralizarme cada lunes por la mañana, durante medio centenar de semanas escribí otra tantas columnas que hablaban de casos y cosas ciudadanas y alguna vez hasta me quejé de la fealdad de Balmes, la calle que cruza la de la esquina más cercana al piso donde vivo.
Ahora, después de varios meses de ruido, volátil polvo de cemento tiñendo nuestra ropas recién lavadas y todo otro tipo de complicaciones exasperantes, gracias al plan que lleva como nombre la E mayúscula de España tenemos una Balmes que parece nueva, con aceras más amplias salpicadas de tilos jóvenes y unas paradas con resguardo para aquellos que esperan autobuses.
Como todo no ha de ser críticas, agradezco que mis quejas del año 1996 hayan sido al fin escuchadas.
Catorce años son menos que veinte, y veinte, ¡quién no lo sabe a esta altura!, son nada.

El post anterior sobre mi presentación en un lugar llamado Nostromo era provisorio y no esperaba comentarios. Como los ha tenido y no puedo dejarlos en el aire, allí queda, como rastro de un evento plagado de dificultades que ha llegado a buen puerto por la presencia de un puñado de bloggers cariñosos que han querido asistir a él desafiando al partido diario del Barça, a mil otros eventos culturales con invitados de tanto renombre como Carmen Riera, y a las huestes obreras, magras en realidad, convocadas a movilizarse por los sindicatos.
Creo que, como lo hacía yo con mis columnas, los organizadores de estos actos se han equivocado de forma radical con las consignas desplegadas.
La gente trabajadora no teme a la jubilación sino al desempleo.

La imagen algo escandalosa (sigo los consejos de Dalí y Xavier Domingo para atraer lectores) es del descomunal fotógrafo australiano de origen alemán Helmut Newton.
Y ahora, fuera de bromas, había puesto una de tilos en la avenida Tolosa de Donosti, pero tuve problemas con el servidor y, en pleno ataque de paranoia, la cambié por esta.

martes, enero 12, 2010

¿damos gracias a la democracia?


Borges, Jorge Luis, escritor argentino al que supuestamente nunca se le otorgó un Nobel porque sus ideas distaban de ser progresistas (!), dijo alguna vez que la democracia era un abuso de las estadísticas.
Muchos intelectuales "izquierdistas" de la época se rasgaron con sus propias uñas los jerseys con coderas, para, a renglón seguido, arrojar al fuego sus pipas de madera oscura y sus gruesas gafas con armazón de pasta negra. Eran gestos -tan simbólicos como vanos- que ni siquiera pretendían exorcisar semejante pensamiento demoníaco, ya que cualquier sacrificio resultaba ínfimo ante el tamaño de la ofensa.
"¡Ese ciego de mierda, oligarca y maricón, ha vuelto a soltar una cretinada de las suyas!", exclamaban los habitués a las improvisadas tertulias de los cafés del centro. Muchos de ellos no lo habían leído nunca. Sentían que con el Songoro Cosongo de Nicolás Guillén y alguna que otra Oda Elemental de Pablo Neruda, cubrían con holgura sus poco habituales necesidades poéticas.
Visionario, o solamente bien informado, Borges se adelantaba una vez más a sus contemporáneos. Hoy todo se mueve a base de encuestas y rattings, simples variaciones formales (por lo general televisivas) de las estadísticas. Los concursos dicen depender del voto de los espectadores, y los noticieros, en lugar de explicarnos el porqué de algunos conflictos, preguntan al público su opinión sobre ellos.
Pongo un ejemplo: ¿Apoya usted la retirada de los crucifijos de los colegios? Los responsables aseguran haber contabilizado 14.000 respuestas:  entre ellas, el 17 por ciento respondió con un sí, mientras un apabullante 83 por ciento dijo que no estaba de acuerdo.
¿Se supone entonces que tendremos crucifijos instaurados en las aulas porque unas diez mil personas con tiempo, dinero, teléfono y ganas, así lo quieren? Y las otras cuatro mil, con casi todo lo anterior, salvo el extraño placer de ver a Jesús siempre colgando del madero, ¿deberán soportarlo frente a sus ojos aunque les desagrade?
Hoy mismo mostraban por la tevé otra encuesta parecida:
¿Usted cree que las fuertes nevadas de los últimos días podrían haberse gestionado mejor?
Lejos de contestar(les), yo me pregunto: ¿A quién pretenden echarle culpas por las consecuencias, bastante lógicas, de esta fuerte nevada invernal? ¿A las autoridades competentes? ¿Al clima? ¿A Dios? De ganar aquellos que consideran esta gestión deficiente, ¿darán mejores soluciones para el próximo invierno?
Empiezo a pensar que el problema mayor de estas consultas democráticas es que las minorías, aunque en cifras no lo sean tanto, siguen estando absolutamente marginadas. De allí que un libro sin rótulo de best-seller importa tan poco como un programa televisivo que sólo consigue dos millones de espectadores, y Belén Esteban, esa dichosa desgraciada con tabique biónico y mirada huidiza, tenga más difusión que cualquier pensador, científico o artista de cierta importancia.
¿O será que tal vez, ocupados con las democratizantes estadísticas, hemos dejado extinguir a toda esa especie de seres creativos, extraños, peculiares, minoritarios, con algún interés particular pero muy poco rating?
Ilustra : retrato de J.L.Borges por Diane Arbus

jueves, diciembre 24, 2009

¿Noche de qué?


Una ministra pájaro, esperpéntica bruja de un cuento infantil, personaje escapado de un cómic algo polvoriento de Ciudad Gótica, nos suelta a la cara y sin pudor alguno, que el gobierno no quiere ni puede intervenir en lo que las patronales decidan. La oposición opina exactamente igual, no vaya a ser que los cinco puntos ganados esforzadamente durante las últimas semanas se le escapen en algunos segundos de las urnas.
Al mismo tiempo el responsable de todo este fregado, amo y señor de la empresa Air Comet, ¡vaya nombre comiquero!, declara con espíritu marxista-grouchiano y el cuerpo muy suelto (aunque sin estar cagado: tiene todo el poder en sus manos y lo sabe muy bien), que él jamás hubiera comprado un pasaje en una compañía aérea con los problemas de financiación que mostraba, desde el mismo momento de su creación, la suya.
Frente a esto se me ocurre una pregunta: ¿este sujeto es presidente de la asociación de empresarios de España (CEOE) porque su actuación se considera modélica entre los de su gremio?
A pesar de tanto descaro, el tipo está libre y pasará la fiesta de esta noche con su familia, tal cual lo harán el responsable de los desfalcos en el Palau de la Música y el alcalde de Santa Coloma de Gramenet, que consiguió quinientos mil euros de fianza en unas cuantas horas, todos ellos supuestamente donados, uno a uno, por fantasmales munícipes a los que parece importarles poco las acusaciones de fraude que pesan sobre su edil.
Mientras tanto, decenas de personas de esas que los medios llaman anónimas porque no tienen foto personalizada en los periódicos, están presas en los aeropuertos, y varios miles más contienen la respiración desde sus casas, esperando una decisión que no depende, según parece, de tribunal alguno. No han cometido defraudaciones ni delitos, salvo, aunque suene espantosamente lacrimógeno, el de invertir dinero en sus ilusiones navideñas, domiciliadas durante estas fechas, por causa de los destinos y las necesidades, en un país lejano a este en el que están viviendo ahora.
Asistiendo horrorizado a tanta villanía, me pregunto dónde están todos esos actores concientizados, esos intelectuales progresistas, esas conciencias liberales que hasta hace pocos días se rasgaban las vestiduras por otra mujer, una sola, varada también en un aeropuerto.
Probablemente los símbolos atraigan más publicidad que las personas y finalmente sólo se trate de cuánto espacio mediático se puede ganar sin tener que rebanarse la nariz o develar en público intimidades eróticas, secretos de familia y espesos problemas conyugales.
No creo que esta sea una noche de Paz. Aún menos podrá serlo de Amor.
Ninguna de estas cosas tan importantes como intangibles son posibles sin la por momentos tan escurridiza Justicia.
POSDATA: habría querido despedir este año con el post anterior, sin embargo no ha sido posible. No pretendo deslucir la fiesta de nadie. No me creo tan infalible como para poder hacerlo. Escribir, publicar luego aquí lo antes escrito, se ha convertido en una especie de exorcismo para alejar de mí algunos dolores espirituales muy intensos. Espero sepan disculparme.

miércoles, octubre 14, 2009

incertezza termica


INESTABLE: ¿De dónde se parte para la confección de un post? Un visitante-comentarista de este espacio me ha escrito diciendo que de no haber tenido un mal día como el que digo tener, el post donde narro esas angustias quizás no hubiera existido. No puedo desmentirlo, aunque tampoco puedo asegurar esa ligazón tan estrecha entre la escritura y el mal sabor de espíritu. Por lo general, mientras estoy escribiendo, mi cuerpo y mi yo -¿es que acaso son indisolubles?- se sienten especialmente cómodos, más allá de las eventuales molestias que suele causarme la nada confortable silla de trabajo que compré a un emporio especializado en este tipo de artilugios.
Autocalificado como "de precios imbatibles", estos muy publicitados distribuidores de muebles de oficina con varias sucursales en todo el país, lograron convencerme de las bondades de un artefacto pesado y poco maleable que para colmo ni siquiera me resultó barato.
Entiendo que el error fue mío, pero no puedo dejar de pensar en la cerrazón y antipatía desplegadas por el supuesto encargado del comercio cuando luego de un corto tiempo de uso intenté cambiar la maldita, estúpida, inadaptada e inadaptable silla, comprada en un irracional ataque de confortabilidad el mismo día que caí en la cuenta de que me esperaba un interesante trabajo por delante, pero también un viejo e incómodo asiento por debajo.
Ahora la silla es nueva, sin embargo mi culo sigue estando mal sentado.
Tal vez los posts que escribo últimamente, cargaditos de malhumorada acidez, se deban a la maldita, a la incómoda, a la negra silla de Ofiprix.


BOCHORNOSO: Desde Argentina sugieren que me integre a un grupo especial de Facebook. Parece que un sádico malnacido prendió fuego a un perro callejero usando el mismo método utilizado por aquellos monstruosos jovencitos barceloneses con la desgraciada indigente que dormía a la entrada de un banco: abundante rociado de gasolina seguido por la llama fácil de un encendedor de bolsillo. Al menos a Benet, que así se llama el animal, lograron salvarlo de la muerte, y si bien ahora tiene quemaduras por todo el cuerpo, las orejas chamuscadas e innumerables lesiones de distinto tipo, también ha conseguido una dueña que lo quiere y lo cuida con muchísimo mimo. El inocente Benet ha pagado muy caro su lugar en el mundo, pero al menos por el momento lo ha logrado.
Esta sórdida historia podría haber terminado allí mismo si no fuera porque un nutrido grupo de gente sensible y amante de la justicia se niega a que el culpable del fallido ajusticiamiento quede impune. Han identificado al agresor con nombre y apellido, dirección y teléfonos y están programando un mutitudinario "escrache". Se trata de llegar hasta su casa en manifestación para declarar, como ya se hizo con algunos responsables de torturas y desapariciones durante el último "proceso" militar, "persona no grata" al sujeto de marras. Mientras sucede esto en la ciudad de Buenos Aires, aquí mismo, en la recién santificada Cataluña, después de un rastreo de varios días y altísimo coste, se ha comprobado que la fiera suelta, supuestamente un ejemplar de leona que tuvo aterrorizado a algunos vecinos de tierras tarragonenses, era un gran perro asalvajado de color rojizo. El animal no atacó a nadie ni demostró agresividad alguna, sin embargo los valientes cuerpos de seguridad que rastreaban la zona decidieron abatirlo a tiros. También durante estos días, otro perrito de una especie no considerada de riesgo y que permanecía atado en el jardín de un restaurante mientras sus dueños comían dentro del local, hirió en el cuello a una niña de cinco años. Nadie se preguntó siquiera qué podría haber pasado para que un animal doméstico reaccionara así. Inmediatamente se decidió ponerlo en cuarentena para sacrificarlo apenas esta cuarentena haya terminado. Hay vidas de perro y también hay muertes de perro.


HÚMEDO: Hace unos días falleció en Madrid el cantante y compositor Luis Aguilé. Autor de cuatrocientas canciones, varias de ellas tan exitosas como "Cuando salí de Cuba", había grabado más de ochocientas en una triunfante carrera musical sostenida durante cerca de sesenta años. Aguilé no me resultaba particularmente simpático; su música, indudablemente pegadiza, me parecía por momentos demasiado pringosa y nunca terminé de entender por qué al cantar lo hacía como un extranjero que debe esforzarse para pronunciar bien el castellano.
Tal vez por todo esto, sé mucho más sobre él y su historia ahora que se ha muerto. Había nacido en Argentina, pero según cuentan, una desilusión amorosa lo hizo abandonar desde muy joven su país de origen para radicarse en España. La desilusión que lo arrastró al exilio era una rubia nada natural pero muy bien formada que se hacía llamar Mariquita Gallegos. Según parece, Luis conoció entre bambalinas a esta Mariquita deseosa de hacer carrera en el mundo del espectáculo e inmediatamente se enamoró de ella. La niña, algo confundida por las luces del espectáculo, primero dijo "quizás, quizás", después esbozó un tibio tal vez y al poco tiempo decidió piantarse con un cómico y presentador uruguayo notablemente más maduro, bastante más rico y muchísimo más famoso: Juan Carlos Mareco, apodado artísticamente Pinocho, el mismo que convenció a Joan Manuel Serrat de cantar en castellano.
Para los amantes de los detalles, dejo algunos datos novelescos: Pinocho vivió y trabajó en España entre 1962 y 1965, Aguilé se radicó aquí en 1963. Pinocho murió en Buenos Aires el último 8 de octubre, meses después de cumplir los 83 años; Aguilé, diez años menor, fallecía dos días más tarde en Madrid.
Muchas veces nuestros destinos, aparentemente antagónicos, están unidos por íntimas e inescrutables coincidencias.

Ilustran fotos de Mariano Vivanco (David Gandhi) y Aníbal Greco; la tercera, de autor anónimo, es un retrato de la actriz italiana Anna Magnani acompañada por su perro.

viernes, septiembre 18, 2009

una semana más


Una semana extraña, ¿pero acaso alguna no lo es?
Siguiendo con la lengua y sus aplicaciones, corroboro que también puede usarse como "arma destructiva de amplios efectos colaterales".
Esto incluye "el ninguneo",
el "no entiendo qué mierda me quieres decir"
y
el "me hago el/la sord@, te entiendo muy, pero que muy bien, mientras simulo que no entiendo nada y al traducirlo lo convierto en mío, robándote la idea por la cara".
El folleto con las explicaciones pertinentes se vende en Shopping Barcelona, la millor botiga del món.

Llega y vuelve a irse un amigo argentino al que no veía desde hace más de treinta años. Es arquitecto y está muy feliz con su encantadora nueva mujer. Casi no hablamos del pasado. Los llevo a ver edificios emblemáticos, calles particulares, hierros y piedras antiguas. Nos sacamos fotos en el Paseo de Gracia, en la rambla del Borne y en el Fossar de les Moreres, junto al mar y en mi casa, donde cenamos productos "de la tierra" acompañándolos con buen vino francés (soy partidario de las fusiones, y además los caldos franceses se pueden comprar a muy buen precio en La part des anges, Enrique Granados casi Valencia). A los postres, entre helados y sorbetes, me pregunta si pienso volver algún día a Buenos Aires. Le contesto evasivamente. ¿Cómo puedo saberlo?

Gracias (?) a Liberation me entero de la muerte del componente femenino de Peter, Paul and Mary, un trío famoso en los primeros años del Peace and Drugs con Margaritas in the Sky. Como suelo ser muy agradecido, agradezco también a la babélica YouTube, donde puedo constatar que Mary tenía un apellido y era una hermosa mujer con una pequeña y agradable voz. Adiós Mary Travers, fue un gusto conocerte.

Y ahora otro adiós. Es lamentable tanta necrológica, lo sé, sin embargo es imposible alegrarse por el nacimiento de alguien, suponiendo que con el tiempo, quizás, sólo quizás, nos hará la vida más llevadera llenándola de sueños. Willy Ronis fotografió París de una manera única: la de mis fantasías. Gracias por tus 99 años de tiernas miradas.


Preparo para los próximos miércoles -23 y 30- dos encuentros poéticos en el ajardinado espacio de Librería Bertrand, el mismo del 3 x 3 del mes de julio. Los llamo Diálogos Poéticos e invito a dos escritores por sesión, todos de Barcelona: Pura Salceda y Enrique Badosa para el primero, Carmen Borja y José Corredor-Matheos para el segundo.

Los diarios siguen asombrándome con sus titulares. ¿Quién habló de crisis?
Nos comunican un nuevo Record Guinness, esta vez auténticamente planetario: el mundo ya cuenta con mil millones de hambrientos. ¿Por cuánto hay que multiplicar la población de toda España para llegar a esa cifra? Creo que estamos exagerando el consumo de cerveza negra.
Una de hambre y otra de voracidad. Un señor muy conocido, responsable del Palau de la Música barcelonés, se declara culpable de usar tesoros públicos para vicios privados. Caros por supuesto, ya que la malversación asciende a varios millones de euros, casi tantos como costará blanquear la fachada de la también barcelonesa basílica de Santa María del Mar. El abogado del musicólogo defraudador espera que teniendo en cuenta la confesión escrita de éste y su evidente arrepentimiento, la justicia lo absuelva sin más. Es probable que pueda conseguirlo. Algo parecido pasó con un bailarín flamenco que sigue zapateando por el mundo a cambio de abundante dinero, mientras su víctima, un hombre de treinta y pocos años, atropellado sin auxilio, ya no baila más: ahora sólo alimenta malvas en un cementerio.
Incluir con cada ejemplar del diario que leo una copia de Apocalypse Now, ¿es un ardid publicitario o un presagio encubierto?

Semidormido, escucho por la radio un tema de Joaquín Sabina. Poco después sueño que voy junto al cantante por una estrecha calle madrileña. Mientras él susurra su canción ronca bajo un sombrero negro, yo bailo alegremente con los pies descalzos. No sabía que su música me gustara tanto.

sábado, agosto 22, 2009

Delicias en el País de las Maravillas


Vivimos en él, ¿quién puede dudarlo? El Ayuntamiento de Barcelona gasta entre dos (2) y tres (3) millones de euros anuales, una bicoca, para limpiar los rastros de todos los writers y grafiteros decididos a dejar su impronta sobre cualquier superficie medianamente limpia, sea esta la fachada de piedra de una iglesia gótica, un monumento de bronce homenajeando a los caídos en no importa qué batalla, el mármol de algún edificio modernista o los enormes cristales de una boutique de lujo. No pongo en esta lista el castigado mobiliario urbano porque ya se sabe que está especialmente diseñado para el "destrúyeme y lo cambiamos, así se moviliza la economía". Ahora una empresa creada a tal efecto, ha descubierto un método "CSI-entífico" por el que puede rastrearse a los autores de los graffitis teniendo en cuenta los rasgos comunes entre unas y otras pintadas. Algo similar a esto solía llamarse en otros tiempos grafología, pero como no era costumbre hacer estos estudios sobre muros sino sobre papeles, seguramente ahora le han puesto otro nombre con muchas más equis y bastantes menos raíces etimológicas. Resulta obvio que no se trata de descubrir quién es el autor de una u otra pintada, sino cuantas realizó la misma persona. Como dijo alguna vez Jorge Luis Borges, un tipo molesto que opinaba a su manera sobre casi todo, estamos presos de las estadísticas. A partir de ahora sabremos cuántos graffitis cometió el señor equis y cuántos la señorita i griega, y, en el hipotético caso de cogerlos con el dedo en la válvula del spray, cosa harto improbable, podremos multarlos como es debido. Muchos podrán decir que a los tres millones de euros anteriores habrá que sumar a partir de ahora los que correspondan al mantenimiento de este magnífico sistema de identificación manual, pero ya sabemos que esos son daños colaterales de poca envergadura.
También en este país, aunque tirando más hacia la costa, han decidido multar a todos los señores que vayan con el torso al aire. ¡Mátate haciendo abdominales, para que luego no te permitan exhibirlos! Lo extraño es que en Barcelona se permite, y por ordenanza municipal vigente, el desnudo integral. Esta falta de entendimiento entre las diferentes alcaldías dificulta de forma notable nuestros desplazamientos veraniegos. Puedes subir desnudo a un tren en plaza Cataluña, pero deberás vestirte antes de descender de él en según qué playa hayas elegido.
A través del espejo
Aunque resulte muy fácil de creer dada la evidente pobreza de nuestras plazas y parques, esta tierra de conejos apresurados, zapateros locos y repeinadas reinas de corazones televisivos, no está particularmente arbolada, así que el gobierno de la ciudad ha decidido talar en los próximos meses el setenta y cinco (75) por ciento de los ejemplares más desarrollados de la ciudad. Parece una idea arbitraria y anti-ecológica, sin embargo deberíamos alegrarnos porque quizás de esta manera podamos conseguir un record Guinnes que nunca lograríamos con una onerosa y complicada política de forestación. Además, ciudad moderna, de vanguardia, tendremos una navidad bien servida de arbolitos navideños sostenibles. Serán de metal y plástico, es cierto, pero, ¿la alegría de la señora Inma Mayol, promotora de la idea, no es suficiente para acallar nuestras posibles discrepancias?
Después de todo, si nos resultan tan imprescindibles las naturalezas muertas con seres vivos, podremos asistir a las corridas de toros programadas por nuestro sonriente alcalde y su honorable equipo para honrar las patronales fiestas de la Mercé. A pesar de las protestas y las firmas, nuestro democrático gobierno ha decidido doblar el número de eventos taurinos, por lo cual tenemos asegurada tortura y sangre fresca al menos en cuatro ocasiones. Si bien las corridas no son un producto catalán, como todos los que se anuncian abanderada y explícitamente en los supermercados barriales, es de máxima importancia darle al pueblo un poco de jolgorio, no sea cosa de que se ponga a pensar en lo que realmente necesita.
Podrán pensar que estoy de mal humor. Supongo que es cierto. Como en estos días no he perdido ningún partido de cricket, es probable que se deba a que ayer mismo he regresado a la maravillosa Barcelona City y su eterno, polvoriento, ruidoso work in progress.

ilustra: el Sombrerero Loco según los directores artísticos de la última película de Tim Burton.

viernes, junio 19, 2009

100.000 visitas


En Argentina se han inventado un personaje televisivo al que llaman "El payaso mala onda". Me atrevería a asegurar que está inspirado en John "Pogo" Wayne, un asesino serial estadounidense de tan mediática como despreciable fama. Últimamente, entre varios amigos nos hemos apoderado del mote para definir a ciertos personajes aparentemente amistosos, aunque siempre dispuestos, cual siniestro personaje del Hamlet shakesperiano, a escanciar en los oídos de sus seres cercanos el/su amargo veneno de la mala leche.
Algunos de estos "payasitos mala onda" no son especialmente malvados, inclusive, si nos pusiéramos en perdonavidas, podríamos llamarlo "buena gente". El peligro mayor para nosotros, sus posibles e inocentes víctimas, es que están poseídos por un inconsciente algo hediondo. Es como si un adorable muñeco de ventrílocuo tuviera un amo de dudosa catadura moral; un tipo de instintos muy bajos, con inclinaciones asesinas. La Campanilla de Peter Pan dominada por la madrastra malvada de Blancanieves o el mismísimo Peter Pan movido por la mano sin gancho del vengativo capitán Garfio.
Lo del payaso mala onda y sus parientes cercanos viene a cuento porque durante estos días mi jovencísimo blog, con tan sólo dos años y medio de vida, estaba llegando a sus primeras cien mil visitas. Un hito sin mayor importancia para cualquier otro que no sea su creador-proveedor, o sea yo, sobre todo si tenemos en cuenta que la tercera parte de Millennium, ese libro más vendedor que la no menos sueca IKEA, acaba de liquidar en su primer día de venta 200.000 ejemplares de la recién aparecida versión castellana. Pero como todo es relativo y en nuestras vidas acosadas por el calor, las crisis, los taladores de árboles y los detonadores de vidas, uno no puede ni debe obviar las alegría por más ínfimas que sean, se me ocurrió dar publicidad al asunto, suponiendo que a alguno de mis lectores, encubierto o no, podía hacerle tanta gracia como a mí ser el número cien mil de algo. Muchos visitantes habituales, faceamigos bloggers, gozaron tanto o más que yo con el asunto, pero algunos payasitos mala onda, "siempre listos" -scouts pintarrajeados de la maldad para el sorpresivo ataque a la yugular-, lo tomaron como una demostración más de mi vanidoso egocentrismo. No voy a repetir las ironías nada encubiertas que me han caído encima, no me parece necesario. Sin embargo, dado que necesito una pequeña venganza para tranquilizarme, confieso a toda voz: ¡Nunca me gustaron los payasos! Siempre, hasta en la más lejana infancia, me han producido grima. Si hasta prefiero un domador de leones, un encantador de serpientes o una écuyère, y tampoco estos personajes circenses me gustan demasiado.
Ilustra: Denis Rodman como portada de la revista Rolling Stones.