viernes, octubre 23, 2009

Teatrero


El pasado lunes, a las tres en punto de la tarde, estaba citado en la cafetería del Instituto del Teatro.
Anna Caixac, organizadora del Año Jerzy Grotowski en Barcelona, cerraba una hora después los actos de homenaje al investigador teatral polaco con una mesa redonda en la que interveníamos Jordi Coca, Pere Planella, Enric Majó, Inés Castell-Branco y este Cacho de Pan memorioso y hablador.
Salvo la portuguesa Inés Castell-Branco, editora de la traducción catalana de los pocos textos existentes de Grotowski, y el que esto escribe, autor de la imagen gráfica del evento conmemorativo, todos los participantes eran reconocida gente de teatro. Yo, siempre algo outsider, había sido invitado en mi condición de ex componente de un grupo grotowskiano porteño, de corta aunque contundente vida durante los lejanísimos y revulsivos años sesenta.
No llevaba nada preparado. Ni siquiera había rebuscado demasiado en mi memoria, temeroso de perder una espontaneidad que pretendía resguardar lo máximo posible. Estaba convencido de que aquello era lo único que tenía algún valor como aportación propia a tantas experiencias teatrales de largo y exitoso recorrido.
La mesa redonda se haría en una pequeña sala ubicada en el segundo subsuelo del Instituto. Siendo el teatro de Grotowski marginal, underground, subterráneo, aquel lugar algo escondido entre salas de ensayo y talleres de escenografía y vestuario, parecía de lo más adecuado. Bautizado como sala Scanner, un instrumento más cercano a la gráfica que al teatro, el espacio está totalmente tapizado en negro. Nombre y color, dos detalles accesorios, me resultaron tan familiares como tranquilizadores. Nos ubicamos en el escenario a ras de suelo, detrás de dos largas mesas unidas por un mantel también negro e iluminadas por potentes focos teatrales. Delante de nosotros, una gradería con una decena de filas de butacas componen un aforo cercano a las ciento cincuenta personas. El espacio se llenó a medias con hombres y mujeres de diferentes edades. Un verdadero éxito, teniendo en cuenta la hora tan intempestiva y la falta casi absoluta de promoción del evento.
Anna Caixac, sonrisa cálida, voz potente, espalda recta, cabeza siempre erguida, daba paso a nuestras intervenciones. Mientras los demás hablaban de sus experiencias como espectadores o estudiosos de Grotowski, yo, sin proponérmelo, empecé a recordar hechos muy concretos y diversos personajes de aquella, la única experiencia "actoral" de mi vida. Algunos rostros, muy pocos nombres y distintas situaciones aparecían desordenadamente, acompañados por involuntarios epígrafes referentes a nuestro entorno en aquellos años.
El dinero era escaso, tirando a inexistente. No teníamos ordenador, cámaras digitales ni teléfonos móviles. Haber pensado en cualquiera de estas cosas, hoy tan cotidianas, nos hubiera parecido pura psicodelia de ciencia ficción. Una cosa era apasionarse por Bradbury, Olaf Stapledon, Theodore Sturgeon o Richard Matheson y otra muy distinta pensar en la posibilidad de comunicarse casi telepáticamente, sin cables ni enchufes por medio.
Vivíamos bajo una de las habituales dictaduras militares, encabezada en esta ocasión por un general, Juan Carlos Onganía, que tapaba su labio leporino con un bigote a lo Emiliano Zapata. A pesar del Estado de Sitio permanente, los cines estrenaban películas de la nouvelle vague francesa, del new cinema inglés, de Fellini, Antonioni, Monicelli, Francesco Rosi y todo ese potente cine italiano al que los críticos, faltos de un adjetivo mejor, también denominaban nuevo. Mis amigos y yo esperábamos cada filme de Ingmar Bergman, Hitchcock o Visconti con ansia voraz, y hablábamos de Kurosawa, Mankiewicz, Satyajit Ray, Ichikawa, Kawalerowicz, Wajda o Elia Kazan como si hubiéramos desayunado con ellos el día anterior. Los teatros llamados "independientes" estrenaban dramas de Arnold Wesker, Tennessee Williams, John Osborne, Harold Pinter y Jean Genet y el Instituto DiTella cedía su moderno y tecnificado espacio para que Marilú Marini, el Grupo Lobo o el TSE de Rodríguez Arias pusieran en escena extremados experimentos teatrales. Un arquitecto cordobés apellidado Bonino deliraba y hacía delirar al público con un idioma propio, Nacha Guevara cantaba las canciones de Brel y Boris Vian traducidas al castellano de los argentinos, Piazzolla ponía música a los poemas de Borges y el siempre tradicional Teatro Colón abría sus puertas al joven y talentoso coreógrafo Oscar Aráiz, posteriormente director del Ballet du Grand Theatre de Ginebra desde 1980 a 1988.
Para su exitoso espectáculo Crash, yo me estrenaría diseñando una serie de trajes complicadísimos: incluían centenares de pelotas de ping-pong pintadas a mano que, en medio de un desenfrenado charleston, volaban peligrosamente sobre el público.
Todo nos parecía poco. Desde el Mundo, siempre tan lejano, llegaban los ecos psicodélicamente rupestres del Flower Power entremezclándose con los ritmos glamourosos del Swinging London y el creciente ruido de rotas cadenas del muy próximo Mayo del 68. Nosotros, ingenuos jovencitos de un país perteneciente al batallón de los subdesarrollados, creíamos que en los Países Civilizados de Verdad todos llevaban flores en el pelo, considerablemente largo, y vestían cortísimas minifaldas de Mary Quant, cuando en realidad Carnaby Street era poco más que una corta calle comercial y los Beatles cuatro, sólo cuatro, muchachos de Liverpool con mucho talento y mil oportunidades.
El pasado lunes por la tarde, acicateado por la pregunta de un incisivo director de teatro ruso, ahora profesor del instituto barcelonés donde nos hallábamos, terminé contando todo esto que ahora escribo aquí. Trataba de explicar por qué razón, no siendo ni pretendiendo ser actor, me había metido en un grupo de teatro experimental liderado por un místico polaco que proponía hacer de cada intérprete un santo y de cada puesta en escena una ceremonia ritual única.
Todavía no lo sé con certeza, aunque supongo que en aquel tiempo de ilusionados, iluminados y profetas, yo también pretendía cambiar el mundo.

¿Y qué tendrá que ver un boxeador con todo esto? Esta misma semana, para mí muy teatrera, fui a ver Urtain, la obra de teatro del grupo madrileño Animalario. Un elenco de actores entregados no logra despegar del ring un texto que suena a biografía ilustrada. Demasiado humo y poca carne. A pesar de ello, algunos aciertos de montaje logran transmitir en varias escenas la mal llamada magia del teatro. No hay truco alguno en un buen espectáculo. Solamente el trabajo consciente y bien intencionado de un grupo de artistas con talento.

Ilustran: fotos promocionales del boxeador vasco Urtain y de la actriz y bailarina argentina Marilú Marini.

28 comentarios:

mi nombre es alma dijo...

Lo de intentar hacer teatro o hablar de cine (ese cine del que hablas) era en ese momento de tu/nuestra vida quizás lo único que podiamos hacer que se asemejara algo a la rebeldía.

Un abrazo

Daniel Rico dijo...

Hola cacho:

Magnifico el fresco de epoca, es como estar ahi.

Como olvidar el simpatiquisimo sketch de Olmedo y Portales, ambos leyendo gruesos volumenes mientras esperan a las puertas de un productor de television:

-¿Stanisvlaski?-
-No, Grotowski.... y usted ¿Grotowski?..-
- No, Satanisvlaski en guarani...-

Luego la puerta se habria y el productor les pedia que hicieran los mas abyectos personajes de la mas crasa television y ellos cerraban los libros y ponian manos a la obra llenos de entusiasmo... o resignacion.

Un abrazo cacho!

Beatriz dijo...

"¿te acordás hermano?
¡Qué tiempos aquellos!
Eran otros tiempos,
más tiempos los nuestros"...

Querido Dante, que nostálgico te leo en este post.
¿Acaso crees que todo tiempo pasado fué mejor?
Particularmente, tengo mis dudas.
Sin desmerecer, aclaro, todo lo que nos hicieron disfrutar aquellos genios. Pero afortunadamente, el tiempo no se queda anclado, (sólo nuestros recuerdos, a veces) y "otras aguas vemos correr"
Un beso,como siempre x2-
(Tu memoria tan exquisita, me hace disfrutar de tus post)

Dante B. dijo...

Alma:
no te creas.
Yo también activaba en política y hasta me gané dos meses de cárcel a los 18 años por ello. Enseguida me dí cuenta de cómo iban los tiros, comprendí que el único cambio posible estaba en nosotros mismos.
Un abrazo



Daniel:
magnífica la escena que contás de estos dos espléndidos actores. La vida misma, que dicen.
No la recordaba, tal vez nunca la ví. Pensá que no estoy allí desde 1975.
En nuestro grupo Grotowski estaba Víctor Laplace y hasta una chiquita vedette, Raquel, que pretendía desinhibirse. Uno se hizo actor de telenovelas, de la otra no sé nada más.
Un abrazo, memorioso Daniel.

Dante B. dijo...

Beatriz:
hummmm, no me parece que aquél sea "un tiempo mejor". Lo cuento, aunque quizás no supe transmitirlo bien, con la ternura del reencuentro y la comprensión.
Gozo de lo nuevo que me parece bueno, interesante, de calidad, para mi gusto por supuesto, aunque la vacuidad y la ignorancia del pasado más inmediato cunda por todas partes y se tape con discursos seudo intelectuales la falta total de médula.
Mis amigos y yo veíamos y leíamos todo lo que cito aquí y mucho más. Tal vez para alguien sirva como boletín informativo de una época y un lugar que en estas tierras, con Franco a la cabeza, fueron muy distintas, bastante más pobres.
Un abrazo, estimada

MGJuárez dijo...

Hola, Dante. Excelente tu "corto", es decir, esta incesante sucesión de imágenes que nos has hecho vivir de un tiempo ya alejado. Me gusta entrar y saber de tu visión sobre las actividades en esta ciudad de Barcelona; ojalá pudiera ir a muchas de las que me llegan, pero bueno he de conformarme con lo que se me acerca a través de estos medios.

¡Ups! Yo soy nativa de la ciudad de Barcelona, y aunque resido en una población en la falda de Collserola, he paseado multitud de veces desde plaza Lesseps hasta el mismo mar. Era una época en blanco/negro -pero aún, gris ceniciento-, hasta que llegó el colorido pop manoseado por una actitud burguesa y modelna, ser moderno siempre ha sido muy in (¡uf! me cuesta eso, yo soy más de francés).

Todos los que llegaron a esta Barcelona oscura, entiendo hallaron el ansia de libertad y liberación en la expresión artística, una paradoja entre tanto hollín de las fachadas (Un mate con la esfinge); no sé tanto en qué medida unos aportaron y otros recibieron, pero sí entiendo el maridaje entre dos ciudadanos de primera (los de allí que llegaban, los de aquí que los recibieron abiertamente) que eclosionaron tan felizmente.

Se puede, se debe criticar a esta ciudad, seas de aquí de allá, o del otro lado del mundo. Te anoto una frase mía, en relación al mundo de la literatura: Per que la literatura deixi les catacumbes, es precís i necessari un altre arquitectura a les ciutats. Porque aún persiste el gris tenebroso entre la piedra de muchos edificios neoclásicos. Lamentablemente, de otros edificios modernistas... hemos sabido recientemente de qué color era el dinero que transitaba por su presidencia.

Un fuerte abrazo,
Montse.

MGJuárez dijo...

Sobre el enlace...

Es un artículo de Carlos Vitale, para la revista Caravansari.

Un mate con la esfinge

Abrazos,
Montse.

carmen dijo...

Que bien y ameno cuentas todo lo que viviste y sentiste en aquellos años en los que tu tambien pretendías cambiar el mundo.
Veo que sigues pagando entrada para ir al teatro,sin saber lo que te vas a tener que tragar.
Parece que esta vez no ha sido infructuoso.
Saludicos.

Dante B. dijo...

Carmen:
siempre nos queda esa intención inocente, sobre todo cuando ves cuántas cosas funcionan de mala manera.
El teatro político está tan bien montado y los espectadores son tan pacientes que es casi imposible hacerse ilusiones.
Un abrazo
Urtain no está mal, aunque no pueda decirse que es un espectáculo deslumbrante como dijeron algunos diarios... Amiguismos, cegueras, intereses.

Dante B. dijo...

MGJuárez por dos:
si no me equivoco, por allí anda mi nombre y también alguno de mis poemas.
No sé si esa revista sigue existiendo; nunca supe más nada de ella y como las revistas de cultura suelen ser de corta vida...
Gracias por recordármelo ya que Carlos es un buen amigo; colgaré el link. El enlace no funciona bien, pero me ocuparé de buscarlo.
Barcelona era una ciudad especialmente oscura cuando llegué en 1976, tanto que parecía detenida en la posguerra. Algunos barrios ricos mostraban rastros de pasados más gloriosos y tenía el encanto añadido de un viaje al pasado, unido al mediterráneo, a sus playas, a esos pocos lugares turísticos donde se apiñaban ingleses con calcetines blancos.
Francia, a un tiro de piedra, hacía pensar que otra vida era posible, que el gris sería vencido por la cercana contemporaneidad.
Un gran abrazo y gracias

Anónimo dijo...

Dante: la Marini anda por aquí haciendo obras d eteatro vanguardistas. Diden que es muy buena .Yo nunca la ví actuar.Prefiero el cine.
Marcial.

Robërto Loigar dijo...

Recoger ideas, las memorias y los puntos sobre las íes, siempre serán
las calles por donde transitamos.

Buen paseo por el teatro.

Dante B. dijo...

Robërto L:
llama la atención la diéresis sobre la E. Se escribe así?
Gracias por la visita y también por los buenos deseos.


Marcial:
no sé quién eres.
No suelo contestar anónimos, pero al firmarlo me dejas desprovisto de excusa.
MM ha hecho una nueva película en Argentina. Si puedes verla no te la pierdas.

M. de Floresta dijo...

Fue un paneo estupendo de lo que se vivió en nuestro país. Me gustó la forma amena en que lo contaste. Muchas de esas épocas no las viví, pero las recuerdo de haberlas escuchado comentar en casa. Un relato precioso. Dejo besos!

Dante B. dijo...

M, de Floresta:
cada vez que leo un comentario tuyo recuerdo ese barrio de mi infancia, donde mi padre tenía su pequeña fábrica.
Te dejo besos yo también... y muchas gracias.

39escalones dijo...

Por lo que me toca, quién pillara ahora todos esos grandes estrenos en pantalla grande. Cinematográficamente hablando, uno no puede dejar de quejarse del tiempo que le ha tocado vivir. Incluso, a veces, padecer.
Abrazos.

Tarántula dijo...

Ya he puesto a bajar el Arpa birmana, muera o viva la piratería. Cacho, quien regresara en el tiempo y pudiera mirar por el ojo de la cerradura esos cuentos llenos de nostalgia, olía el ambiente con leerte.

Dante B. dijo...

Alfredo39:
no hay que quejarse demasiado, aunque sí un poquito. Alimenta las neuronas.
A veces, cuando voy a alguno de los pocos cines "auténticos", una sola sala y pantalla grande, pienso que esos otros tiempos eran maravillosos porque ir al cine era siempre una gran fiesta y si la película era buena la fiesta ya era completa, con postre y baile incluídos... pero no se podían ver pelis en el sillón de casa, llevar las grandes películas a tus estantes y tenerlas allí para disfrutarlas cuando se te diera la gana.
Como siempre: una de cal y otra de arena, verdad?
Un abrazo


Tarántula:
a veces olía muy bien, es verdad. Otras el hedor era insoportable. No te imaginas en qué antros nos metíamos los jovencitos argentinos...
El arpa birmana! Espero que el tiempo haya pasado piadosamente sobre ella. Ya me dirás. Un abrazo

Darth Tater dijo...

Querido Cacho, ¡qué memoria tan prodigiosa la tuya! A veces me cuesta creer que alguien pueda gozar en sus sentidos y registrar en su mente a niveles tan elevados cada vez... Admirable, realmente.

Besos mortales (por la semana previa al Día de Muertos).

rr

Dante B. dijo...

Darth T:
si supieras cuánta memoria hay en mí! Tanta como los años transcurridos desde que soy consciente de la existencia de esa cosa llamada memoria...
Que los besos (y las calaveras) sean de azúcar, por favor!!!

Mary Poppins dijo...

Que epoca, y qué Buenos Aires!!!

Cuando escribis que no llevabas nada preparado, recorde una vez que en una situacion anche laboral dije "no preparo nada voy a ser YO misma"
Al contarselo a mi amigo Juan, el respondio con un grito NOOOOOO!!!!!!!!"

PD apenas puedo escribir tengo a mi perra Balla dormidita en mis brazos

Margot dijo...

Ays, rebeldia y cultura qué tiempos aquellos!!

Sorry, me pongo abuela, me salen las canas de hastio, lo sé, ays, más.

Y malaje!, Urtain me la perdí, estuvieron poco tiempo por acá. En cualquier caso procuro no perderme los montajes de Animalario desde aquella tan divertida y malalechequetienenestoschicos de La Boda de Ana.... me pueden gustar más o menos sus montajes pero no me decepcionan.

Besos teatreros!

Dante B. dijo...

MaryP:
suelo preparar mis presentaciones cuando se trata de un tema muy concreto; en este caso todo era algo impreciso, mi charla dependía de lo que dijeran, o preguntaran, los demás.
No me arrepiento. Estuvo muy bien. Desde hace años no sufro terror escénico a lo Valdano y este lugar, los compañeros de mesa y el público asistente eran especialmente amables.
UN beso por dos



Margot:
son épocas, supongo.
Ahora parte de la rebeldía pasa por emborracharse hasta caer muerto en una esquina o por grabar con una llave los cristales de las tiendas, pintar frentes de edificios monumentales o destruir cabinas telefónicas, bancos y cajeros automáticos. Autodestrucción y vandalismo que siempre existieron, aunque ahora parecen estar más normalizados.
Hay otras rebeldías más cultas, menos destructivas, pero no le interesan a los medios.
Aquí Urtain funciona muy bien, teniendo en cuenta la noche en que estuve.
Un abrazo

Liliana dijo...

Qué épocas aquellas. El mundo era todo para nosotros!
Un abrazo y gracias por compartir tus recuerdos.

Dante B. dijo...

Liliana:
creo que estos recuerdos los compartimos cuando no lo eran, cuando ni siquiera teníamos conciencia de que el mundo podía ser todo nuestro.
Un abrazo
Gracias por la visita

dondelohabredejado dijo...

Cómo me hubiese gustado estar allí, escucharte!! Se me hace agua la boca de imaginarlo.
Nada es casual, si tuviste esta experiencia teatral es por algo, y todo suma y todo se conjuga en el artista que sos. Besitos.

Fernando dijo...

Todo un et in Arcadia ego, Bertini. Toda una especie de utopía en el pasado.
No sé si el teatro ayuda a cambiar el mundo, pero el mío sí que cambia cuando salgo de una buena representación.

Dante B. dijo...

Fernando:
entonces, ¡Arriba el telón!