
Un título sencillo, de esquizofrénica elegancia:
Christian Dior y yo. Así tituló a sus memorias el modisto francés que logró hacer de su nombre un sinónimo de la Alta Costura. El ejemplar que tengo en casa me costó dos de las hoy minusvaloradas pesetas en una mesa de saldos de la calle Aribau. Tiene mi firma en la primera página y debajo de ella una fecha también manuscrita: noviembre de 1992. La edición -tapa dura entelada en verde con una sobrecubierta en blanco, amarillo y negro, ocupada en su casi totalidad por las manos de Dior dibujando uno de sus elegantes vestidos- es del año 1957. Se hace responsable la editorial Marfil de la ciudad de Alcoy, dejando constancia de que la traductora ha sido doña Juanita Espinós Orlando.
Al escribir estas páginas empleo una forma de expresarme que no es la mía. Lo hago con un poco de inquietud y sin la menor vanidad. ¡Vanidad! Ante esta palabra algunos podrían sentir la tentación de sonreír:
-Escribe usted un libro en el que no se habla sino de usted, de su casa y de su profesión, ¡y no quiere ser tachado de vanidoso!
Pongámonos de acuerdo. En este libro hablo de lo que entiendo. Aquellos a quienes no interese la costura y lo que ella representa no lo leerán. Los demás encontrarán natural que sea yo quien lo escriba. Lo presuntuoso en mi caso consistiría en hablar de otra cosa, figurándome que por haber triunfado como modisto sería interesante mi opinión sobre el arte abstracto o sobre la reforma de la Constitución.¡Bravo, monsieur Dior! Jorge Luis Borges, ese reconocido escritor argentino enterrado en Ginebra (en el mismo pequeño cementerio donde están los restos del reformador Calvino y también las tumbas de una honorable familia Bertini, más el escultórico mausoleo de una solitaria señorita Chapuis
*), solía quejarse de que por lo habitual sus entrevistadores le hacían preguntas sobre política para luego criticar acerbamente sus opiniones.
-Siempre les digo que no es un tema que domine, pero ellos insisten hasta que logran vencer mi resistencia, -solía quejarse el escritor.
"Periodismo de investigación" llaman a esta tarea inquisitorial algunos profesionales de la pregunta.

Entre todas las delicias que podemos encontrar en el libro de Dior, hay una que toca de forma directa al corazón:
Existe una categoría de mujeres que permanecen tiernamente fuera de la moda: son las que continúan vistiéndose como en los tiempos de su última felicidad. Pero esta extravagancia no se puede consentir sin pelos blancos sobre la sien.No puedo asegurar que Carmen Dell'Orefice, chica de tapa del exquisito
Fanzine 137 en su volumen número 1 de
Ladies and Gentlemen, se permita semejante extravagancia. Con una carrera de más de medio siglo como modelo profesional de primera línea, es uno de los personajes que pueblan este nutrido volumen de tirada reducida y numerada (por mi casa deambula el 0958). Otros muchos, no menos talentosos, bellos y elegantes, -Art Hirschfeld, Alex Katz, Richard Avedon, Karen Graham, Barbra Streisand, Herb Ritts, Francesco Scavullo, Bob Colacello, Cecil Beaton- aparecen en imagen y/o en obra en esta publicación que muestra un particular cuidado en el diseño y la impresión, sin descuidar en ningún momento el interés de los abundantes textos.
Volvamos a Dior. Según él:
Todos tenemos una debilidad que constituye nuestra fuerza. Nos sostiene en el hastío de la vida diaria y da a nuestro éxito práctico su mejor justificación: haber ganado lo suficiente para satisfacerla.No develaré cuáles eran sus debilidades porque, como es de suponer, este hombre de minuciosa complejidad tenía más de una, sin embargo puedo adelantar que compartíamos las más esenciales. Entre aquellas que podríamos llamar inocentes, guardo desde muy pequeño dos que me hacen especialmente feliz: pasear la mirada por revistas de lujo como
Ladies and Gentlemen, leer las memorias de gente creativa y brillante como Christian Dior.
Encuentro que son formas divertidas, ligeras, de aprender a vivir.
(
*En algún próximo post entraré en detalles.)

Photos: Dior con una de sus modelos en los años cincuenta, autor anónimo - Carmen Dell'Orefice en la London Fashion Week, England 2008, por Tim Whitby/Getty Images - Sobre un sillón, foto de Dante Bertini.