martes, septiembre 18, 2012

NAZARIO: un artista de la desmesura.


El mundo de Nazario está dormido entre las pálidas pulpas del papel de grueso gramaje.
Sobre una mesa de cristal, junto a un manojo de lápices afilados, descansa también un puñado de lirios.
De pronto, una punta de grafito rasga el blanco, convirtiendo el silencio en desmesura.
Trescientas falsas vírgenes se lanzan a la calle, trotando por las Ramblas de Barcelona detrás de ese falso cartel de toreros sevillanos; paseantes de la villa: sin traje de luces, con cuerpos de infarto.
Jaurías de faunos rodean la Plaza Real olisqueando el sexo de los amantes machos, suspirando por ellos en un compartido, orgiástico orgasmo. Travestis negras de caderas anchas y flacos chulos pálidos, de ojeras pintadas, disputan espacios bajo las recovas, mientras gigantescas figuras de cartón coloreado lucen con orgullo portentosos falos y unos cabezudos ciegos encienden las tracas que anuncian la fiesta.

El fondo musical es vasto, complejo, electrizado. Un hombre moreno, apenas cubierto con pieles de naranja, grita “butano” como si anunciara un evento magno, mientras la Callas, vestida en rojos sangre de Merimèe, canta Puccini por peteneras, y la sobrenombrada Betty Boop, celosa, caliente, tramontana, se lanza a ladrar subida a sus tacones, volviendo a ser esa criatura que alguna vez, hace un montón de años, fuera abandonada como un perro abandonado en medio de la calle.

El pincel se hunde en el vaso y el agua transparente se convierte, apenas un instante después, en leche marmolada. El diván donde descansaba el cuerpo desnudo, terciopelo y roble, es, de pronto y sin más, un tálamo sepulcral, la losa de una tumba.

Azul ultramar, blanco de plomo: marineros náufragos cabalgan sobre brisas fúnebres.

La acuarela amarilla abre un paso de agua sobre las sombras nocturnas.

La raya que cruza el papel de lado a lado es el horizonte por donde asoma el sol, ese clavel de fuego que aromatiza el aire y despeja los temores.

La vida cruje como un sobre de carta, abriéndose paso entre los delantales almidonados de las pescaderas.

El mundo de Nazario es otro, pero sin ninguna duda pertenece a éste; el mismo que ahora, abrazándolo, lo abrasa.
 
Dante Bertini, Barcelona, 2004.
 
 
(*Este texto prologó el catálogo de la exposición Nazario, Antología erótica (diseñada y montada por mí) en el XII Festival Internacional de Cine Erótico de Barcelona (FICEB), 2004. 
Encontrado hoy por la noche, mientras hacía una limpieza de papeles virtuales.) 

4 comentarios:

Andrés Pinotti dijo...

Prólogo perturbador, fuerte como una patada en el medio del pecho. Pero aún así jamás pierde la elegancia, virtud propia de una pluma que en pocas líneas puede viajar de la finura más exquisita y sutil a la ordinariez más sucia y carnal.
Mi más sincera admiración.
Saluda,
Andrés

Dante Bertini dijo...

gracias, Andrés
un abrazo

mi nombre es alma dijo...

Un prólogo que ahora pudiera parecer un homenaje.

Dante Bertini dijo...

Alma:
en su momento lo fue, ahora no estoy tan seguro.