sábado, febrero 17, 2007

enero de este año


Él dice que no le gusta mucho España; que cuando estuvo en Cádiz le tocaron un silbato para que saliera de la playa porque llevaba un bañador pequeño de "stretch" comprado en Francia.
(En Paris supongo, porque así como Buenos Aires es para los porteños toda la Argentina, cuando decimos Francia estamos hablando siempre de la Ciudad Luz)
Sin saber qué decir, yo le digo: bueno, pero es Andalucía...ya se sabe...
Y él dice: no, que es toda España, que también me pasó algo parecido en Mallorca, que no me dejaban estar en la playa porque mi bañador -malla dice él- era escandaloso...
Entonces se me ocurre preguntarle: ¿cuándo fue eso?, a lo que él responde muy suelto de cuerpo que en los años cincuenta; "cincuenta y seis", precisa.
Frente a esta respuesta no habría que haber dicho más nada, pero como soy un bocazas que no tiene un ápice de diplomacia, voy y le suelto: ¡querido! han pasado cincuenta años ¡cinco décadas! ¡la mitad de un siglo! Me mira atónito, como si yo estuviera descubriéndole el paso del tiempo y con él los impresionantes cambios que esos tiempos pasados nos trajeron a todos.
Comemos un trozo de pizza sin intercambiar palabra, pero él parece no soportar demasiado el silencio, porque poco después habla de su madre como si estuviera viva: es escorpio como vos, me dice, ahora estaría por cumplir 107 años...
Bastantes más que yo, pienso, esta vez en silencio.
Se murió hace unos ocho, con 99, acota él, y después, sin que venga demasiado a cuento, o sí, ya se sabe que el inconsciente suele seguir caminos muy particulares, inmediatamente después, digo, me cuenta de cuando a los 9 años lo llevaron por primera vez al teatro, a ver una obra escrita, o ideada, -no lo recuerda bien, o al menos no lo precisa demasiado- por Nini Marshall, alias Catita, una conocidísima comediante argentina ya fallecida. En aquella obra la actriz, transformista excepcional, interpretaba un montón de personajes distintos, tantos que al volver a su casa, mi amigo, que había decidido transcribir todos los diálogos para no olvidar ni una frase de aquella trascendente representación, se vió en la necesidad de eliminar unos cuantos de aquellos personajes que tanto lo habían fascinado.
"Yo no tenía la capacidad interpretativa de la Marshall", me aclaró, "y como mi intención era representarla para toda mi familia... Creo que allí descubrí que el teatro era lo único que me interesaba en la vida".

Cuando lo dejo pienso que tal vez no volvamos a vernos: desde nuestro anterior encuentro en Buenos Aires habían pasado trece años. No hay ninguna seguridad de que los dos lleguemos tan lejos como su madre. También se me ocurre pensar que hace algun tiempo yo no tenía amigos de 73 años. Esa edad solían tenerla sólo los abuelos de mis amigos.
(ilustración color : niní marshall por alfredo sabat)

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Sólo te digo que me gusta, que me gusta mucho cómo lo decís.

Analy

Anónimo dijo...

conozco al tipo
un buen retrato!

juan antonio

jorgillo dijo...

chuick, chuick