jueves, febrero 09, 2017

Adán y ELLE


Un gran film, un director enorme.
El título no es casual. Si bien se centra sobre un personaje específico (parisina madura, productora de video-juegos salvajes, divorciada con hijo veinteañero, de muy buena posición económica y social; una burguesa que ya no necesita luchar por sus derechos y lleva el mando de su vida) es evidente, al menos para el que quiera leer entre líneas, que Verhoeven ha decidido retratar a las mujeres de las clases medias acomodadas en las ciudades del primer mundo. Al hacerlo nos muestra también a "sus" hombres: poco más que unos desorientados penes con nombre y, algunas veces, hasta apellido.
Con ecos (que no falsos "homenajes a") de figuras mayestáticas del cine mundial, este auténtico holandés errante no se detiene a pensar en sus posibles influencias, dejándose ganar por ellas con una elegancia parecida al desparpajo. Verhoeven permite que Buñuel, Chabrol, Hitchcock, metan mano en su narración y, también como este último, se sirve de una novela ajena que al menos aquí no ha trascendido como best seller para tirarnos a la cara algo de su sabiduría y mucho de sus intuiciones.
Un artista de 78 años este Paul Verhoeven. Nada viejo y bastante diablo.