sábado, junio 26, 2010

Los verdes jardines del Edén


El Tasquito nunca se llamó en realidad Tasquito, pero como la hermana tenía un bar- restaurante de comidas típicas argentinas que se llamaba La Tasca, mi grupo de amigos más cercano aceptó que yo lo rebautizara así para recordar sin necesidad de explicaciones de quién estábamos hablando cuando hablábamos de él.
Cosas como estas suelen ocurrir cuando eres el último en llegar a un edificio, a una escuela, a una oficina, a un grupo nuevo de cualquier tipo y calaña o a un país que no es aquel donde naciste. Pagas derecho de piso, aceptando que te traten como buena o malamente se les canta tratarte a aquellos que llegaron primero que tú.
Conozco de cerca todo esto. Soy un inmigrante algo inquieto: cambié varias veces de trabajo, de casa, de ciudad, de amigos. Una mujer desatinada y con malas intenciones que tuve como vecina en el barrio gótico de Barcelona, solía poner como excusa para sus habituales atropellos el plácet que le daba haber llegado antes que nosotros a esa calle que sin ella y con un mínimo empeño por parte del Ayuntamiento, hubiera sido una auténtica delicia.
El Tasquito -hasta ahora mismo había olvidado su nombre real, pero ahora creo recordar que se llamaba Marcelo- era un inmigrante provinciano en Buenos Aires; un tipo "del interior", como solemos decir los porteños, dando por sentado que nosotros, los de la capital, somos el punto medio perfecto, equidistante de los cabecitas negras de la provincia por el lado más oscuro y de todo el resto del mundo por ese otro costado, generalmente tan idolatrado como desconocido, al que por un sinfín de razones raciales o geopolíticas nos vimos obligados a ubicar en el mismísimo y alejado exterior.
El Tasquito era un tipo educado, suave, de pocas palabras, con unos ojos pequeños de mirada ácida y color meloso. El dibujo de su boca de labios finos no solía desmentir aquella acidez, sí cualquier tipo de dulzura. Vivía solo, sin pareja ni amante estable, rodeado de una bandada de muchachos que rozaban la minoría de edad y respetaban todos los cánones de la belleza adolescente clásica, aunque pasada por el pincel cinematográfico, tan de moda entre algunas minorías, del polifacético e iconoclasta Pier Paolo Pasolini.
En el apartamento del Tasquito, de paredes grises, despojado de muebles, de cuadros y de objetos superfluos, nunca faltaba la música de moda, las bolsas de patatas fritas, la cerveza, las botellas de cocacola familiar y dos o tres camas para que pudieran quedarse a dormir, o a retozar si les apetecía, algunos de sus muchos amigos.
Uno de ellos insistió una noche en vestirme con su ropa. Teníamos planeado ir a un cine del centro y supongo que mi estilo desaliñado -"¡de lo más neoyorkino, querido!", según Marta Minujin, la vedette platinada del arte pop argentino- no le parecería apropiado para tal evento. Maxiabrigo negro, botas con tacón, sombrero de fieltro y: ¡a la calle, mi niño, que se nos hace tarde!
Está muy bien disfrazarse cada tanto. Nos da idea de lo frágil que es esa imagen nuestra que tanto atesoramos. Te dejas un bigote o cambias el corte de pelo, te pones camisa, chaqueta y corbata y ya no eres el mismo. Nadie te reconoce, ni siquiera el espejo de cada mañana.
Aquella era una época dura para mí; necesitaba un cambio, esperaba un milagro.
No me lo trajo aquel abrigo que me llegaba hasta los tobillos, por supuesto; tampoco el borsalino de fieltro oscuro echado sobre los ojos ni las botas de cuero con alzas de varios centímetros.
Lo hizo aquel consejo que me echó a la cara una amiga eventual, de esas a las que sólo te encuentras en las fiestas o en los velatorios, el día que la encontré por casualidad en la Galería del Este de la calle Florida:
-No te preocupes más... Ocúpate.
Poco después superé aquel desaliento que me hacía ver sólo oscuridades y desastres y empecé a ocuparme con seriedad de mí. El amor llamó a mi puerta una tarde de lluvia y con la excusa de que no se le mojaran las plumas del carcaj, se quedó a vivir varios años bajo el paraguas del que esto escribe.
Fue un idilio de puertas adentro. No salíamos demasiado y rara vez nos visitaban, o visitábamos, amigos. Las calles ya no estaban seguras. Mientras grupos de mafiosos con las caras cubiertas a medias por pañuelos blancos se paseaban con total impunidad por ellas, escudándose tras premisas ideológicas de distinto signo y empuñando mortíferas armas de fuego de caño largo y gatillo fácil, por todo el país se sucedían atentados, desapariciones y secuestros.
No volví a la casa de mi amigo el Tasquito hasta mucho tiempo después y fue para despedirme, poco antes del viaje que me trajo a Europa.
Él seguía tan delgado y nervioso como siempre, con ese aire esquivo que lo hacía inasible y los mismos rasgos regulares de Jean Pierre Leaud, el actor fetiche, su Antoine Doinel, para el Francois Truffaut más autobiográfico. Nos quedamos un buen rato mirándonos sin decirnos nada y cuando finalmente me hizo pasar, encontré que en su pequeño apartamento todo estaba muy cambiado.
Ya no había jovencitos de buena hechura revoloteando por los rincones y la única cama de la casa, estrecha, de una plaza, ocupaba apenas un rincón de su dormitorio, alejado de las ventanas. Todo lo demás eran grandes macetas con plantas exóticas de diferentes especies y tamaños.
-He dejado la cerámica, -me dijo-. Quiero dedicarme a la jardinería.
Tampoco se escuchaba como fondo sonoro a Janis Joplin, Cat Stevens, los Rolling Stones, Police o The Who.
-No, no, si a mi me siguen gustando, no te creas, pero a ellas -y señaló a las plantas con un mínimo gesto de su cabeza- las pone muy nerviosas toda la música pop... Se les caen las hojas, generan pulgones... Crecen mejor con Debussy y se vuelven más verdes, se las ve más erguidas, cuando escuchan a Satie, a Cesar Frank, a Schubert... Aunque, te soy sincero, si no fuera que me agobia escucharlos una y otra vez, lo que de verdad prefieren son los Juegos de agua de Ravel tocados por la Martha Argerich.
ilustra: foto publicitaria de Jean-Pierre Léaud publicada en la revista Elle.

34 comentarios:

mary poppins dijo...

me hizo bien escuchar a Marta Argerich
Gracias Dante

Belnu dijo...

Genial retrato del Tasquito! Voy a escuchar el piano, con Gilda

DanteBertini dijo...

Isabel,
muchas gracias, que lo disfrutéis ambas. El agua refresca y además es curativa.


MaryPop:
mejor así, me alegra.
Un abrazo para hacerle compañía.

Nahahya dijo...

Es cierto que las plantas están más bonitas escuchando música clásica, new age, melódica...
La pieza de piano tocada por Marta Argerich, es la primera vez que la oigo. Me ha gustado mucho.
Qué bien describes los lugares y sus acontencimientos, las personas y sus sentimientos. ¡Cómo crfecemos y/o trasformamos con el paso de los años!


Te dejo un abrazo silencioso envuelto en dulces aromas,
achuchones a Fede.

Naia


Te dejo

dondelohabredejado dijo...

Casualidad, sincronicidad, o noséquédad... Hoy estuve recordando épocas y anécdotas que se emparentan mucho con lo que contás acá, estuve recordando un consejo que me vendría bien volver a tener en cuenta, y esrtuve viendo videos de Marta Argerich!
Este tema no lo había escuchado, así que todo redondito!
Pensá un número del 0 al 10, a ver si lo adivino!!
Besosssss

DanteBertini dijo...

Naia:
suena algo amenazador ese "te dejo" suelto al final de la página.
Lo es?
El anuncio de una despedida definitiva o solamente un salto del teclado?
Nunca vi plantas sanas en las casas de los rockeros, aunque tampoco he ido a muchas, lo reconozco...
Acepto y devuelvo achuchones, aromas y abrazos.
Saludos a Jon de Federico


Marina:
cosa de los signos?
Tal vez... son épocas nostálgicas estas, al menos aquí.
Alguna vez fuimos muy ricos y vivimos felices...
Ya pensé el número, lo tengo en mi cabeza. Cuál es?

dondelohabredejado dijo...

Ocho !!

DanteBertini dijo...

¡PLENO ABSOLUTO!

dondelohabredejado dijo...

SOMOS UNOS GENIOS!! JE JE

Caruano dijo...

Qué bonito toca los Juegos de Agua de Ravel.
Y ese Cupido llamando... (yo tenía un amigo desencantado que siempre me decía que no le abriera la puerta a Cupido si antes no me informaba por escrito y por burofax, la naturaleza de sus intenciones).
Me ha gustado mucho esta historia. Gracias por compartirla.

Un abrazo.

Beatriz dijo...

Yo no te dejo..¡jamás!. Mis ausencias son fugaces y cuando regreso me deleitas con la historia de este personaje tan entrañable, Tasquito, pleno de ternura.
Me ha gustado y además lo acompañas con buena música.
Un gusto leerte
Besos

DanteBertini dijo...

Caruano:
yo cometo el error de no pedir ni el nombre, ni hacerle mostrar la pata para ver si es cordero o lobo....
Genio y figura, hasta la sepultura, decían en mi casa, y de seguir así, conmigo se corroborará el aserto.
Abrazos

DanteBertini dijo...

Beatriz,
querida, gracias.
Supongo que nos veremos el martes, en vivo y en poético. Un abrazo

39escalones dijo...

Hubiera sido un buen punto de arranque para otro capítulo de la saga Truffaut-Doinel.
Abrazos.

Noemí Pastor dijo...

Aquí se utiliza el argumento de "esto estaba antes" para justificar horrores urbanísticos y atentados contra la estética paisajística.

carmen dijo...

Una delicia leerte.Escribes tan cercano,que parece que te escucho.
Saludicos.

mi nombre es alma dijo...

Ahora esta de moda decir lo de no te preocupes, ocupate, pero seguro que entonces llegar a decir y a hacer sería toda una revolución.

Un abrazo

DanteBertini dijo...

Alfredo,
no lo había pensado.
Una pena que don Francois ya no podría dirigirla. Abrazos de cine



Noemí:
cuántos crímenes se cometen escudándose en eso de que "lo hacemos desde siempre, es histórico, parte de nuestra idiosincrasia..."

DanteBertini dijo...

Carmen:
aunque no lo estemos, "seremos" cercanos, verdad?
Un abrazo

DanteBertini dijo...

Alma:
no se si sería revolucionaro, pero para mí, envuelto en un mundo de palabrerío trasnochado sin acciones concretas, lo fue y mucho.
Abrazo!

GUIDO FINZI dijo...

Marta Menujin; suena a rama familiar de Yehudi emigrada a la Argentina y a quienes el iletrado policía del puerto les escribió el apellido como D-os le dio a entender...
Un saludo

DanteBertini dijo...

Guido:
es, o fue, la estrella del Pop Art nacional argentino, conocida internacionalmente.
Los cambios de apellidos serían constantes con la llegada de inmigrantes centroeuropeos, así que no me extraña lo que dices, aunque si hubiera tenido parentezco se hubiera encargado de difundirlo, supongo. Saludos.

suElen dijo...

Bravísimo, Dante. Me encantó.

Carlos A. Suárez dijo...

tengo un amigo tal cual en Montevideo, acabo de mandárselo por email, gracias

Nahahya dijo...

Dante...¡no me dí cuenta!... ha sido un salto del teclado, seguramente... ¿cómo te voy a dejar? ¡hombre no! con la buena onda que tenemos..lo que si me está ocurriendo es que estoy muy cansada. Trabajar en el Spa, las clases, el calor, las preocupaciones...estoy pasando unos días cuesta arriba y lo que me queda!!!...pero a pesar de todo esto, mi cabeza está enraizada y ordenada. Estamos en contacto.

Te dejo un abrazo enorme con agradecimiento por tu bondad,
Dulces besos a los dos.

Naia

seven one dijo...

sonrisas de felicidaden mi cara,gracias

DanteBertini dijo...

Sue,
Carlos,
Sevenone:
gracias a todos por la visita.
Tengo que salir corriendo para una presentación.
Saludos, abrazos


Naia:
perfecto!
creí que te pasaba algo
abrazos

almanaque dijo...

Un retrato muy literario y muy bien escrito, Dante, como siempre. Un abrazo.

Liliana dijo...

Decías en algún comentario que quizá ofrecías una imagen fría y dura... Yo creo que no puedes ser más cálido ni más dulce con tus recuerdos. Un abrazo, Dante.

De Lirium soy dijo...

Como siempre todo lo que escribís siento que lo voy viendo, tantas imágenes surgen cuando te leo. Tus personajes y anécdotas son siempre tan pintorescos, o así lo transmitís al menos.
Hace unos días cargué en mi mp4 a Argerich, pero haciendo nuestro folklore con Mercedes Sosa. Hace unos días en otro blog hablaban del Bolero de Ravel y luego escuché Gaspar de la Noche.
En fin, uno encuentra tantas coincidencias y tantas no coincidencias, así en la vida como...
Un abrazo, espero que estés mejor.
Hacía unos días que no te leía (entre viajes y padecimientos... ufff) y no estaba enterada de que anduviste embromado.

Morí con esas fotos de Cristina Hoyos, qué bailarina por Dios! Tuve la suerte de verla en Buenos Aires hace unos años. Ella, Gades... irrepetibles esos momentos.

Un fuerte fuerte abrazo, cuidate mucho

DanteBertini dijo...

Almanaque Toribios:
gracias! Un placer verte por aquí.
Abrazos


Liliana,
querida, lo mismo puedo decir en cuanto a la alegría que me produce tu visita. Ayer mismo, escribiendo una pequeña nota para un diario, recordaba con cariño nuestros encuentros bloggeros. Besos

DanteBertini dijo...

DEli:
gracias por la preocupación. El virus fue molesto pero no mortal y supongo que tuvo que ver con los cimbronazos de mi vida, tan escorpiana como siempre.
Ahora me aclimato sin placer a este verano amenazador que entró sin anunciarse, de repente. No me gustan los climas extremos, lo siento, pero si tengo qe elegir entre el tórrido verano y días de lluvia, algo grises y fríos, me quedo con estos últimos.
Me permiten hacer algo más que estar tirado quejándome...
Gracias por pasar y coincidir, un abrazo!

Luzdeana dijo...

Cada recuerdo una historia, cada persona un personaje. Otro fresco posteo- pincelada de un momento en tu vida. El piano de Marta Argerich borbotea todavía, y acá en mi casa suena también, tocado insistentemente por mi hija. Como una continuación de tu post.
Un besote.

Dante Bertini dijo...

Diana:
gracias por esta imagen sonora de tu casa.
Paso días extraños, de inquietud extrema en medio de un calor sofocante.
Te mando un beso