
¿De qué cuatro estaremos hablando?
¿De Las cuatro estaciones de Vivaldi?
¿De los cuatro hermanos Marx?
¿De los cuatro puntos cardinales?
¿De los cuatro dedos de Mickey Mouse?
¿De Los cuatro mosqueteros?
¿De los Cuatro jinetes del Apocalipsis?
A juzgar por lo que pronostican los medios de comunicación, siempre tan propensos a los titulares catástrofe, si buscáramos un motivo representativo de este año recién comenzado, sin ninguna duda habría que optar por estos últimos caballeros de triste figura y peores intenciones. Los cuatro jinetes, digo. Sin embargo, como mi musical juego de llantos lleva una semana colgado y mis lágrimas han durado mucho, pero que muchísimo menos, he decidido dejarles un pequeño regalo -espero que realmente lo sea- para los días venideros.
Disfrútenlo... si es que les queda algo de tiempo libre entre liquidación y liquidación, entre los malestares de estómago y las gripes alfabetizadas, entre los últimos excesos y las primeras dietas.
Entre Lágrimas y sonrisas, Gritos y susurros, jadeos y suspiros.
Que sean, seamos, muy felices.
































