viernes, enero 25, 2008

Psicoanálisis y escritura

Con el mismo nombre de este post, Mesa Redonda en el Aula de Escritores del Ateneo Barcelonés. Fue ayer, a partir de las siete y media de la tarde. Participé con una ponencia junto a las escritoras Isabel Núñez e Imma Monsó. Moderó el psiquiatra y psicoanalista Manuel Baldiz. A pedido de algunos amigos que no pudieron asistir por problemas horarios, transcribo a continuación el texto que escribí para ese encuentro. Es algo largo. lo sé. Podéis pasar de él sin que me ofenda. O leer el post anterior: ¿Quién ha dicho perros?

Dialogando virtualmente con Manuel Baldiz acerca de esta charla, coloquio o mesa redonda -juro que no sé cómo llamarla y ni siquiera sé si esto importa demasiado-, aparecieron algunos temas de especial interés para nuestro estimado moderador, ya que mostraban coincidencias, paralelismos y/o puntos de contacto entre nuestras profesiones.
Afortunadamente para mí, ninguno de estos temas hacía hincapié en lo conflictivo que puede resultar escribir fuera de la tierra que nos vio nacer, algo que ronda constantemente -en forma de charla, coloquio o mesa redonda- a todos los escritores nacidos fuera de Cataluña.
Los puntos que interesaban a Manuel Baldiz, eran:
El 1º: La influencia (o no) del análisis personal del escritor en su manera de escribir, y también de la teoría psicoanalítica en la escritura en general,
El 2º: Un interrogante que Baldiz mismo considera algo tópico y de compleja resolución: ¿puede un autor escribir desligándose de los condicionantes de su propia biografía, de todos sus fantasmas?
El 3º: ¿Tienen razón los que dicen que la novela ya está “muerta”? Siendo algo que curiosamente se afirma también respecto del psicoanálisis, ¿es que psicoanalistas y escritores podemos considerarnos como parte del mundo de los muertos?

Me parece de especial importancia empezar por este último punto. Sobretodo para tranquilizar a los que están escuchándonos. Podrían pensar que sin proponérselo han adquirido ese Sexto Sentido que permite ver a los finados de cuerpo presente e inclusive socializar con ellos. Si la novela está muerta debe ser un negocio al menos tan próspero como el de las pompas fúnebres. ¿O es que las editoriales editan por puro fervor literario, por mero y trasnochado romanticismo?
Del total de títulos editados en España durante el año 2006, cerca de 57.000, casi la tercera parte corresponde a textos literarios o a volúmenes que se ocupan de su estudio y crítica.
¿Y el psicoanálisis? ¿Es que también el psicoanálisis está muerto o en vías de extinción? No puedo responder a esta pregunta. Seguramente lo harían mejor las agendas de los psicoanalistas aquí presentes. Por mi parte, y viendo el sonido y la furia conque casi todos estamos obligados a enfrentarnos cada día, minuto a minuto, en nuestra vida cotidiana, sería de rogar que el psicoanálisis siga vivo, que sigamos teniendo gente interesada en paliar algunos molestos síntomas, con algo más que cápsulas, grageas y bisturís.

Gracias a la lista de la librería Xoroi, poco antes de escribir este texto me enteré de la existencia de un medicamento muy de moda. Si mis piernas se movieran sin aparente necesidad, preferiría, antes de ensayar la ingesta más o menos controlada de Rivotril, salir a comprarme una antigua máquina de coser a pedal para sustituir al ordenador, subirme a una cinta rodante o flanear alegremente por algunas de las ciudades que me gustan.

Los otros dos ítems que proponía Manuel, deberían, supongo, poder resumirse en uno.
Tuve tres cortas experiencias psicoanalíticas en mi vida, la primera a mis enfervorizados, quijotescos, apasionados, a la distancia tiernos, diecinueve años.
Dos o tres años después, arrastrado por las nuevas corrientes terapéuticas llegadas de Londres, -no sólo nos mandaban canciones de los Rolling y los Beatles o minifaldas de Mary Quant- hice otra corta experiencia con una novia psicoanalista del inglés David Cooper, presunto inventor de la antipsiquiatría.
Todo fue relativamente bien hasta que un día ella me dijo que no debía confundirla con su novio inglés:
-Soy de la escuela freudiana. No espere de mí terapias alternativas-, y para que no quedaran dudas al respecto me invitó a recostarme en el diván.
Aquello me desilusionó bastante. Yo esperaba que saliéramos a caminar libremente por los parques y, como quien no quiere la cosa, ayudados tal vez por alguna sustancia alucinógena, ella, la novia porteña de Cooper, se atreviera a develarme la verdad de la vida.
La última experiencia analítica, por hallarse muy cercana en el tiempo pero aún más en el espacio, prefiero pasarla por alto.
Los pocos libros que tengo publicados, todos los que escribí hasta el momento, son frutos de la edad madura.
Podría decir que nací como escritor, me permití creer que podía serlo, poco antes de llegar a los cincuenta años. O sea que entre mi primer encuentro con un encantador analista freudiano argentino en la ciudad de Buenos Aires y mi primer libro escrito en un piso del Eixample en la Barcelona post-olímpica, pasaron nada menos que tres décadas. Tres décadas en las que jamás me había planteado convertirme en "escritor profesional". Tampoco hoy me planteo semejante cosa, pero como más de una vez he leído esta escueta descripción acompañando mi nombre, se hace necesario aclarar que no soy el responsable.
Fui, y esto sí puedo atribuírmelo, un lector muy precoz, pre-sicoanalítico.
Cuando agoté las clásicas lecturas infantiles de la segunda mitad del siglo pasado -Defoe, Dumas, Verne, Louise May Alcott, Mark Twain- me lancé a leer a Sartre y Camus. Lo hice apenas cumplidos los trece años y aconsejado por una profesora de lengua castellana que me consideraba suficientemente maduro como para emprender semejante tarea sin embarrancarme para siempre en la autodestrucción. Casi se equivoca, por supuesto. Dicen que el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones, aunque nadie nos aclara que estas peligrosas bondades, estas buenas intenciones, también pueden ser ajenas.
A estos, mis años "existencialistas", de cabellera revuelta y jerséis oscuros de cuello vuelto, siguieron otros muchos años en los que devoraba ansiosamente todo lo que caía en mis manos.
Este todo incluye también obras literarias, de gente tan dispar como Steinbeck, Pavese y Leon Tolstoi; Simone de Beauvoir y Francoise Sagan; Neruda, Lautreamont, Rimbaud, Oliverio Girondo y Alfonsina Storni, el teatro de "William" Shakespeare y el de Tennesssee "William(s)", el de O´Neill y el de Ionesco, ambos llamados Eugene.
Tanta literatura sin freno ni guía me arrojó a los brazos de las juventudes comunistas, que, disfrazadas de un literario marxismo leninismo, me prohibieron leer a Madame Flaubert por considerarlo burgués y decadente.
Nunca pude soportar la censura y aún menos ejercida por los que se llaman a sí mismos "progresistas".
Semejante decepción en mis convicciones político-sociales, unida a algunas otras de carácter erótico-amoroso, me hundieron en un nihilismo desesperanzado y solitario del que sólo me rescataban mis amigos de siempre: el cine y la lectura.
Más o menos por esta época, la misma en que comencé a interesarme por Freud y sus discípulos, tuve la suerte de leer al extravagante y prácticamente desconocido escritor Witold Gombrowitz. Lo hice aconsejado por un joven librero porteño convertido con los años en un reconocido sicoanalista lacaniano. En medio de una improvisada charla literaria nocturna en la librería donde trabajaba, Germán Leopoldo García extrajo de un estante semi oculto, un ejemplar amarillento de la primera edición, fechada en 1947, de Ferdidurke. Y uso el verbo extraer de forma muy deliberada, ya que el amigo que me acompañaba y yo tuvimos la sensación de haber presenciado un pase de prestidigitador, un abracadabrante truco de magia.
Devoré una y otra vez aquella particular novela, la asombrosa narración de ese misterioso polaco "anclado" durante años en una Buenos Aires que lo negaba como autor al mismo tiempo que traducía y publicaba sus escritos. Gombrowitz ganó mi razón con su aparente locura. Encontré que toda aquella invención de estructura lógica y aspecto surreal, ofrecía una coartada plausible a la forma en que yo había vivido hasta aquel momento, y, algo quizá mucho más importante, a la manera en que quería vivir en el futuro. Usando sus propias palabras, las iniciales del prólogo a esa primera edición argentina:
Los dos problemas capitales de Ferdidurke son: el de la Inmadurez y el de la Forma. Es un hecho que los hombres están obligados a ocultar su inmadurez, pues sólo se presta a la exteriorización lo que ya está maduro en nosotros. Ferdidurke plantea esta pregunta: ¿no veis que vuestra madurez exterior es una ficción y que todo lo que podéis expresar no corresponde a vuestra realidad íntima? Mientras fingís ser maduros, vivís, en realidad, en un mundo bien distinto. Si no lográis juntar de algún modo más estrecho esos dos mundos, la cultura será siempre para vosotros un instrumento de engaño.
Gombrowitz
, siempre crítico con toda forma de identidad colectiva, defendía la inmadurez, la no profesionalidad, ese libre albedrío que yo siempre he asociado con la tan seductora como displicente Pantera Rosa, un personaje que, lejos de SER definitiva y tozudamente "algo", recorriendo un camino que supone único y prefijado, se permite IR SIENDO, mientras transita ese terreno desconocido que la vida va desplegando frente a sí.
En este mundo de imágenes, espejo “Lewiscarolliano” del mundo real, el ambiguo felino de color rosado acepta hacer uso de esa natural flexibilidad que el budismo zen y el fantasma publicitario de Bruce Lee atribuyen al agua o al aire.
En definitiva: gracias a un polaco exiliado, a la librería Fausto de la porteña calle Corrientes, a un estudiante de psicología que trabajaba en ella, al dibujante Fritz Freleng y a la música de Henry Mancini, logré aceptarme como un ser moderno, un producto de mi época. Ningún libro, sin embargo, ninguna teoría política o filosófica, ningún film estadounidense, sueco o francés, respondía de forma creíble y certera a una pregunta siempre presente durante aquella época de mi vida. Y aquí -redoble de tambores- vuelve a entrar en escena mi primer analista. Aunque decirlo así es un tanto egocéntrico, bastante narcisista. En realidad fui yo quien se introdujo en su consulta para ¿atormentarlo?, exigiendo una revelación definitiva, CONCLUYENTE, para esa pregunta que podía tener todas las respuestas o no tener ninguna.

Aquí termina, debería terminar, este espiche, perorata, alocución, ponencia.
Llámese como se llame, podría seguir con ella hasta el fin de mis días. Supongo que ustedes no se quedarían para verlo, aunque nunca se sabe: a los seres humanos nos gusta ser imprevisibles. Pasa que, como se trataba de hablar de psicoanálisis y de la incidencia que éste tiene en nuestras vidas, me he dejado llevar más o menos libremente por la asociación libre, un método usado por un buen montón de gente, desde Sigmund Freud a Jack Kerouac.
Al terminar de escribirlo, por esas cosas del azar, que aún cuando no perfuma está siempre presente, apareció ante mí una cita de Michel Houellebecq, ese escritor llamado en realidad Michel Thomas. Dice así:
El humor no nos salva; no sirve prácticamente para nada. Uno puede enfrentarse a los acontecimientos de la vida con humor durante años, a veces muchos años, y en algunos casos puede mantener una actitud humorística casi hasta el final; pero la vida siempre nos rompe el corazón. Por mucho valor, sangre fría y humor que uno acumule a lo largo de su vida, siempre acaba con el corazón destrozado. Y entonces uno deja de reírse. A fin de cuentas ya sólo quedan la soledad, el frío y el silencio. A fin de cuentas, sólo queda la muerte.
Me ha hecho pensar, lo reconozco. Todo lo escrito por mí para este encuentro –y esta palabra, encuentro, me parece la más apropiada para lo que estamos haciendo aquí y ahora- tiene un tono de broma que Thomas Houellebecq encontraría inútil.
La duda abría ante mí sus temibles agujeros negros.
No tenía tiempo para escribir otra cosa. En realidad, tampoco quería hacerlo.
Apenas unos segundos después logré tranquilizarme.
No estaba de acuerdo con Michel Houellebecq Thomas.
Es tan importante no burlarse de las cosas serias como tomarse con buen humor casi todo.
Total, al fin de cuentas, sólo queda la muerte.
Ilustración anónima encontrada en la red (gracias, vanessa)

37 comentarios:

zbelnu dijo...

Me lo he vuelto a leer y me gusta mucho, ¡ya no me acordaba que hablaste de Gombrowitz! Además de Ferdidurke, hay un librito suyo que leí en francés que le hicieron escribir los amigos y consorte para que no se suicidara, por lo depre que andaba, y que respondía a su bravata de que podía explicar toda la historia de la filosofía en una hora y cuarto, y así se llama, y s genial. Por cierto, el editor Toni Clapès, de Cafè Central, que ayer vino, califica tu intervención de "brillante performance". Que lo sepas...

cacho de pan dijo...

zbelnu: gracias por las good news!!!
quiero leer ese libro, por supuesto.

zbelnu dijo...

Perdón, me equivoqué, reinicio:

Y yo que leí sin ver a ese Freud con Mac!
Gracias a ti por los deseos...

el objeto a dijo...

creo que te lo dije un poco ayer, me reconfortó mucho escucharte, verte ayer tan seductor y generoso, tan relajado y atento a todo... nada me pudo parecer más psicoanalítico (en el sentido más positivo y estimulador ) que esa especie de reconocimiento compartido de que en el fondo al otro lado de las palabras uno se enfrenta a la muerte, y hay quienes optan por hacerlo con humor, con alegría, como esa pantera rosa transitiva. Me "hizo bien" esa idea preciosa de la inmadurez de Gombrowitz, que te la tomo prestada, para no caer en la tentación de fingir ser madura y convertir la cultura en ese instrumento de engaño

gracias por la estupenda velada

nomesploraria dijo...

Tenía que haber estado allí.
en fin
:(

Después te leo
(todos de vacaciones)

Lilian dijo...

Que deleite leer tu ponencia; me imagino que in vivo tu exposicion ha tenido aun mas fuerza. Gracias por compartir tus pensamientos; agradables, divertidos, inteligentes ...

el nombre... dijo...

Bueno, Cacho, siempre tocando mis fibras más íntimas vos, che!
Lo de-vo-ré. lo releí, por supuesto, y quedé encantada como una serpiente frente al flautista.

Tus palabras me suenan y resuenan, en realidad, CON-SUENAN con tantas cosas mías!

Si la novela y el psicoanálisis están en vías de extinción, es también porque lo están las especies más preciosas, que el hombre, lobo del hombre, está destrozando (se).

Sabés que encontré en un lugar llamado "Facultad de Psicología" (digo, podría haberse llamado de cualquier manera), el lugar, un lugar para mí en este mundo, cuando todo me parecía muy oscuro.

Tu post llega a mis ojos justo el día en el que un paciente (que yo creía perdido en la vida) logró, después de mucho trabajo, desentrañar algo harto tiempo oculto y que le estuvo y estaba destrozando la vida. Y me sentí felíz. Porque el psicoanálisis latió, pegó un grito como diciendo...¿ven que estoy vivito y coleando?

Las librerías de Corrientes, especialmente una que se llama "De la Mancha", tiene como "empleado" a un ser con el que puedo hablar durante horas cuando busco un libro. Hace varios años lo descubrí, por casualidad, (??????), y forma parte de mis compañeros de ruta.
Lo recordé con tu anécdota: parece también un predisgitador!!!!


Veo que tenemos con vos lecturas "comunes"... VIVA LA CAUSALIDAD!!!!!!!

Con respecto a las preguntas 1 y 2 de Baldiz, considero que no es posible "deshacerse" del análisis personal ni de los fantasmas y ficciones que nos habitan...

Con respecto a la 3era pregunta, te contestaría con una canción que escuché en el recital: "Dos pájaros de un tiro": "No estamos muertos, estamos de parranda"

La mejor escritura, como el mejor psicoanálisis, empiezan sólo cuando empezamos a divertirnos con ellos.
Si no es así, tendríamos que replantearnos si verdaderamente lo estamos haciendo.


no sigo comentando, sino, armo otro post, dentro del comment (pero da para tanto!)


Mil pasos, al lado de los tuyos, es lo que te envío y deseo.

Mil Orillas dijo...

Gracias, Cacho, por postear esto.
Me hubiera hecho muy feliz escucharlo, eescucharte.
Asombrada con ciertas coincidencias. El salto entre sicoanalistas de diverso pelaje y Gombrowitz.
La dos primeras interrogantes de cuando en cuando me atormentan.
(aunque cada vez lo llevo mejor por via de la ¿aceptación? ¿resignación?)
Ese ser de un sitio y estar en otro...
Al final todo se mezcla y el sitio de borra.
La solución fue Bolaños cuando habló de extranjerolandia. Escuché y pensé...oh...ése es el sitio.
Me gustaría oír(te)/leer(te) más...este tema me obsesiona.

Perdona el caos del comentario.
Quise ponerlo como lo pensé...sin revisar...

un beso

MO dijo...

Y también creo que el humor salva...
La ironía...la sonrisa y la risa...

Liliana dijo...

Ha sido un placer leerte y conocerte un poco más.
Mis encuentros con la psicología han sido tan pocos y tan densos...
La calle Corrientes y Fausto...
El humor y la muerte...
¡Cuánto hay para decir, cuánto hay para reflexionar!
He disfrutado leerte, pero me has dejado pensando, tanto...

cacho de pan dijo...

liliana, mo, el nombre, lilian: gracias por aguantar tanto texto y darle algún sentido a lo que escribo.
Supongo que si coincidimos aquí es porque también lo hacemos en muchos otros lugares, físicos y/o espirituales.
Es bueno que sea así.
Afuera, por momentos, hace frío.

cacho de pan dijo...

només: sí deberías haber estado.
al rincón y cara a la pared.

Natalia Book dijo...

Me parece muy interesante todo lo que escribes. Eso sí, lo he tenido que leer tres veces.
No tengo respuesta a la primera pregunta, no sabría que decir. Pero en cuanto a la tres, la novela no está muerta. No me parece. Cada día se renueva. Aunque también es cierto que cada día se escribe más de lo mismo. La novela no está muerta pero algunos novelistas sí.
En cuanto a la segunda, Sí. Un novelista tiene que liberarse de sus fantasmas. De otra forma la novela estaría muerta.
Saludos

cacho de pan dijo...

natalia y su book:
nada menos que 3 veces? supongo que después de este esfuerzo subirás a los cielos...
difícil, incomprensible, esotérico?
si ha sido molesto, lo siento.
y te agradezco mucho la visita.

Natalia Book dijo...

En absoluto. Nada molesto. lo de las tres veces es porque andaba sin concentración.
Me ha parecido muy interesante.Y me ha dado para pensar un poco toda la tarde, lo que es muy bueno.
Saludos

Noemí Pastor dijo...

Del psicoanálisis no voy a hablar, pero la psiquiatría y la literatura tienen mucho en común. Ramón Saizarbitoria suele sacar en sus novelas a un psiquiatra que dice que un manual de psiquiatría supera a casi toda la literatura del mundo.

cacho de pan dijo...

natalia: qué alivio...

noemí: me hablas de alguien del que ni siquiera había oído su nombre, lo siento. Me pongo a la búsqueda...y gracias.

Begoña dijo...

Lo he leído entero. Con un te en la mano. Ya sabes que me encanta como escribes. Gracias por este regalito para acompañar la mañana de domingo, soleada, viva, espléndida, como tu....Copio en un posit y pego en la pared de mi estudio para tenerte cerca, aprender de ti y recordar tu espíritu: " se permite ir siendo".... !K estupenda!
Un cariño
Bg
Para que sepas: las voces ya han llegado. Solo hay elogios para tu intervención!!!!!!!!!

cacho de pan dijo...

begoña: qué puedo decir? lo guardaré para días no buenos.

zbelnu dijo...

Al pasar te releo, me gusta mucho tu final de humor frente a la muerte

3a dijo...

Que lujo escucharos el otro día en el espacio sobre "Psicoanálisis y escritura". Fue de lo más estimulante y creo que le disteis un vuelco al título que personalmente agradecí, pues esto no es fácil ni habitual en un espacio en el que abundan los psicoanalistas.

Me alivió saber que no estabas de acuerdo con Houellebecq, pues aunque es verdad que el humor no nos salva, nos ayuda a vivir y a morir, como expresa y condensa tan bien un chiste que siempre me ha gustado y con el que Freud ilustra uno de sus artículos sobre el humor. El de aquel condenado a muerte que arrastrando pesadamente los pies hacia el cadalso una mañana de lunes, masculla: vaya, empezamos bien la semana!

Me encanta leerte y me gustó mucho escucharos.

Sigo sin saber por qué no respondiste a mis gañotas de saludo, tal vez porque estabas cara a la sala? Ptons.

nomesploraria dijo...

Me llevé el texto impreso para leer el fin de semana.
No ha hecho más que aumentar mi pesadumbre por no haber asistido.

cacho de pan dijo...

3A(teresa?): gracias querida...supongo que no quería exagerar con mis caras habituales, ya de por sí "expresivas", pero te tuve presente durante toda la charla... e insisto: estás muy guapa.

només: habrá otras, espero...y allí te esperamos.

Margot dijo...

No recuerdo en dónde lo leí pero decía algo así como... "lo último que se debe perder es el humor" parafraseando a esa popular cita de la esperanza. Mucho mejor y fructífero el primero...

Así que yo también me quedo con el humor, aunque Houellebecq me guste no siempre puedo estar de acuerdo con él.

Y el psicoanálisis es otro cantar, ays, y ese nunca lo tarareo. Cuestión de escuelas y tradiciones, ya...

Un abrazo, cacho de pan.

Ajenjo dijo...

Me llegó de manera particular la cita de Michel Houellebecq Thomas y la completa perfectamente tu última frase.
Es realmente un gusto leer un blog tan bien escrito. Pasaré seguido.

saludos
A

PD: No se cuanto hace que no anda por Buenos Aires, pero la librería Fausto sigue ahí, llena de tesoros.

cacho de pan dijo...

MARGOT: me gustaría me explicaras lo del tarareo...un beso con humor

AJENJO: ayyyy buenos aires...si fuera la de aquella época tal vez todavía estaría allí... un abrazo y gracias

Anónimo dijo...

Imaginando la pareja: Literatura/psicoanálisis, se me ocurre otra: Arte. Quizás es el quid de la cuestión, y se nos escapa de la manos, su insondable significado, e inevitablemente andamos buscándolo con los medios que encontramos a nuestro alcance desde tiempos remotos...
impromptu.

Melina dijo...

Definitivamente este es un escrito salpicado de huellas rosas, Cacho. Vos sos medio Pink Panther, me parece. A la hora de escribir por lo menos. Fluís. Despreocupada, sutil y seductoramente.
Beso

karen dijo...

Si el psicoanálisis esta en vías de extinción me mandas a reconsiderar mi decisión de posgrado, la psiquiatría.....

Excelente tu participación muy interesante, me hubiera gustado leer la transcripción de todo el encuentro.....

Inmediatamente busco a Gombrowitz, me dejaste picada.....

Saludos

cacho de pan dijo...

impromptu: una síntesis perfecta que casi todos orilleamos con la certeza de su presencia cercana.
intento la aproximación, desde mis limitaciones.

melina: sonrosadas, ruborizadas gracias. un beso.

karen: como el teatro,la novela, el mundo mismo, esa agonía puede durar una eternidad.
puedes leer a isabel núñez en su blog crucigrama.
un abrazo a todos.

free mp3 downloads dijo...

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Anónimo dijo...

Lo siento por M. Houellebecq, y me divierte tu párrafo final,el contenido de tu charla fue para mi un tour por el almagro de los 60, Rimaz Las Violetas, pero te dejaste dos santuarios compartidos de la calle Corrientes el Lorraine y el kiosco-librería de Pedrito Sirera,pero este detalle nostálgico queda solo en eso por la brillantez de tu...
palabra.Al leerte por segunda vez aún tengo que resolver como disfruto mas si leyéndote o escuchándote,puestos, creo que con las dos.
Almagro

vladimir maiakovski dijo...

qué magnífica imagen! debemos agradecerle a vanesa.

Heriberto dijo...

Creo necesario ahondar más en la lectura de tu ponencia. Tengo un amigo argentino que me ha contado historias de Gombrowitz en Bs. Aires. Por cierto, me honra tu link.

cacho de pan dijo...

vladimir: ya está agradecida.

free mp3: deberías buscar un traductor más fiable.

Heriberto: espero que las cuentes en tu blog y me lo anuncies. gracias.

cacho de pan dijo...

estimado y anónimo héctor: también falta vittorio, recuerdas? pero todo eso da para una novela, no alcanzaría una ponencia.
un amigo nuevo nos quiere por la mitad. abrazo.

Nobska dijo...

Me habria gustado muchisimo tener la oportunidad de presenciar ponencia. Y eres tan excelente escritor que tus palabras ponen a rodar en mi cabeza imagenes que complementan (hasta cierto punto) la distancia. Un talento que los psicoanalistas envidian. Un abrazo.