sábado, junio 27, 2009

Vicky, Cristina, Buenos Aires


¡Ay, Lilian, estimada amiga de Baltimore!, ¿qué puedo decirte de la película "argentina" de Coppola? ¿Que es sencillamente horrible? ¿Que hacía mucho tiempo que no veía algo tan malo en una pantalla de cine? Ambas serían apreciaciones demasiado superficiales, síntesis algo facilonas de las desagradables sensaciones que dejó en mi cuerpo, en mi cerebro, en mi sensibilidad y -aún deseando que no haya llegado hasta allí, puedo temerlo- en mi ya suficientemente vapuleado inconsciente, las dos horas de sacrificada ingesta de este budín indigerible llamado Tetro. Estaba ansioso por verla, lo reconozco. Que un director al que respetas desde hace un montón de tiempo decida filmar en la que fue tu casa, tu nido, el lugar donde aprendiste a considerar al cine como una de las bellas artes, no es algo que suceda cada día. Me interesa ver los lugares propios por los ojos de gente artísticamente respetable. Fui de los primeros en zamparme el Allen de Barcelona a pesar del desagrado que me causa la señorita Pe... y esta es una ciudad en la que he vivido "apenas" durante los últimos 20 años.
Para que no pienses que soy muy negativo, trataré de salvar alguna cosa de este titánico naufragio. Despliego una pequeña lista del material flotante.
1) El joven actor de nombre impronunciable: Alden Ehrenreich. Casi un clon de Leonardo DiCaprio, conserva una tiernamente ambigua ingenuidad infantil y actúa con elegante naturalidad, a pesar del extraño enjambre de desquiciados que lo rodean durante todo el largo, inacabable, metraje del film.
2) La fotografía en blanco y negro: clásica en sus claroscuros, siempre expresiva, por momentos preciosa.
3) La música, tan bella como redundante, mezclando aires reconocibles del tango y el folclore argentino. En muchos momentos está utilizada para resaltar situaciones superfluas que, supuestamente, deberían dotar al film de ese carácter porteño que Coppola encuentra en la radio Colifata -le dedica una larga, descolgada escena casi documental dentro del film- o en el mate amargo que la fotogénica y siempre algo ajena Maribel Verdú ofrece a su joven cuñado.
¿Habría que salvar algo más? Tal vez el rostro impenetrable, cinematográficamente imprescindible, de Vincent Gallo, sin embargo me cuesta demasiado superar su pelu-peinado grasiento tapándole por completo las orejas.
Mejor olvidar la patética aparición de Carmen Maura, casi un cameo, en un remedo exasperante, gafas con montura de pasta blanca por medio, de la escritora Victoria Ocampo. ¿Cómo hubiera sido este personaje de haberlo interpretado Javier Bardem? ¿Ciego quizás?
Más preguntas: ¿Qué pretendió Coppola con este, según él su film más personal? ¿Forrarse para siempre? ¿Pasárselo "de puta madre" en esa Argentina decadente, acelerada, superficial, orgiástica, suburbialmente fellinesca? Todo hace pensar que nunca recuperó el guión que le robaron en su casa del barrio de Palermo y, con la producción ya en marcha, tuvo que inventarse este engendro de absurdos enredos familiares al más puro estilo Soap, a medida que iba filmándolo. Es triste observar cómo el creador de El padrino y One from the heart, el tipo que arriesgó varias veces su fortuna personal para hacer el cine que deseaba hacer, se vende ahora por un brillante plato de lentejas al falso lujo de Swarovski, rapiña en los cotos privados de otros directores - el último Leonardo Favio , Wong Kar Wai y Almodóvar entre los más notables- y pasea una mirada irónica y superficial por las vastas pampas argentinas, poco más que un fondo escenográfico donde él y su hija se retratan para poder vendernos, también, las icónicas maletas viajeras de monsieur Louis Vuitton.

viernes, junio 26, 2009

Farrah, Michael: buenas y malas estrellas


¡Vaya maldita buena suerte la de Farrah!
Morirse el mismo día en que el carismático Billie Jean decidió evaporarse para siempre. Y bendita mala suerte la de este muchacho especial, mezcla extraña de varias cosas diferentes, todas asombrosas, inquietantes, creativas. Tal vez debimos comprender mejor su condición camaleónica, permitirle los cambios constantes de piel sin arrojarle nuestros invasivos porqués a la cara, como si fueran piedras, tomates o trompadas. La madre naturaleza no acostumbra lanzar un producto así cada cinco segundos. Ni siquiera cada cinco años. El sobrevivió cincuenta: un contundente medio siglo. Aunque consumió casi una década del actual, posiblemente el suyo haya sido el anterior, cuando todavía la ilusión era posible. El mismo en el que Gene Kelly bailaba bajo la lluvia, Fred Astaire volaba a Río, Bill Haley cantaba rocks al compás del reloj y Bob Fosse colgaba sus zapatillas de punta para dirigir un metafórico Cabaret. Ese mismo siglo en el que algunos decidimos dejar de vivir peligrosamente para conformarnos con vivir y punto.

jueves, junio 25, 2009

de fuegos, huevos y serpientes


Revetlla de Sant Joan. Me invitan a pasarla en casa de unos amigos. Será en Vallvidrera: un sencillo y confortable edificio de tres plantas a pocos metros del centro mismo del pueblo.
Para prepararme de la mejor manera, acorde con esta fiesta donde, según palabras de Joan Manuel Serrat, se intercambian parejas y panes con total desprendimiento (siempre me pregunto qué Pueblo será ese al que nunca he llegado), decido ir al gimnasio durante la tarde. Planifico una sesión de sauna, un buen rato de solitario relax, una o dos buenas duchas, una estirada visita al sillón de masajes. Siempre incluyo en este sibarítico plan la lectura del diario La Vanguardia. Habitualmente suele estar por allí, al alcance de la mano, y enterarse de los desastres mundiales ayuda a sobrellevar con resignado estoicismo quince o veinte minutos de calor muy seco. Me paseo primero por las noticias de fondo, las que ocupan los lugares destacados en primera página, para pasar enseguida al suplemento diario de color salmón desvaído: se llama Vivir e incluye noticias del corazón, otras cuantas de interés municipal, moda, jardinería, el horóscopo, tiras cómicas a las que no presto demasiada atención y algunas columnas de opinión sobre temas presumiblemente no políticos.
Allí vamos. En la edición de ayer, martes 23 de junio, le tocaba comentar sobre "las cosas del vivir" a un tal Anton M. Espadaler. "Así está el servicio", titulaba este señor su largo artículo encolumnado de la página siete y comenzaba contándonos un diálogo con otro personaje de su amistad en el que este último atribuía a los camareros de Madrid mayor profesionalidad y simpatía en el desempeño de sus funciones que las que mostraban sus colegas de profesión en Barcelona. No voy a poner peros ni síes a esta apreciación particular, ya que cada cual elige el lugar donde toma sus cafés y es responsable de cómo permite y/o merece ser atendido, pero se me hace imposible soslayar los escozores desagradables producidos por el contenido de la nota sobre mi ya de por sí hipersensibilizada piel de gimnasio. Es que el senyor Espadaler deducía que, de seguir así el servicio en la Ciudad Condal, muy pronto, y aquí sugería un "nosotros" en el que se atribuía la representación de un colectivo al que supongo de irreprochable pureza étnica, estaríamos ubicados en los primeros lugares de un hipotético ranking mundial de antipáticos. Él ha descubierto que tal cosa sería injusta, ya que las antipatías son obra de unos "parachutados sin ningún compromiso con la ciudad, que tanto podrían estar en Barcelona como en Bariloche (¡!)".
Extraña idea esta, señor Espadaler, ya que en mi último y reciente viaje a Madrid pude comprobar que casi todos los puestos de atención al público están ocupados por no-madrileños, unos especimenes tan "parachutados" como los de nuestra estimada Ciudad Condal. Y digo nuestra, sí, mal que le pese, ya que vivo, trabajo y estoy comprometido con ella desde hace más de veinte años, tiempo suficiente como para poder asegurar que en Barcelona, como en cualquier otro lugar del mundo, la antipatía nunca necesitó de extranjeros para manifestarse a sus anchas.

domingo, junio 21, 2009

¿Qué hago yo aquí?


Posiblemente porque soy tan poco afecto a las profundidades como a las alturas excesivas -la claustrofobia y el vértigo ocupan espacios bastante notables dentro de mis síntomas- suelo saltar de tema en tema, de situación en situación, sin quedarme demasiado en ninguna.
No es algo que me preocupe.
Para decirlo de forma metafórica: si estoy mirando un cielo atardecido de incomparable belleza y un ángel se posa sin aviso previo en una rama cercana, mis ojos, y también mis pensamientos, abandonan aquellas nubes sonrosadas para ir rápidamente hacia estas alas en reposo.
La escritura y el ordenador están relacionados conmigo, y en mí, de forma muy directa.
Escribo desde siempre aunque sin pretender nada especial, perezosa y pausadamente.
La Gran Literatura exige sacrificios muy variados. No es bueno entretenerse mucho tiempo con otra gente ni acudir demasiado a saraos, vernisages y/o banquetes.
Se hace imprescindible sacrificar los vuelos innecesarios y quedarse en la jaula, picoteando teclas. No puedes bailar ni cantar mientras escribes y el simple hecho de ir al cine, ver un poco de televisión o leer novelas ajenas, puede entorpecer de manera notable tu laboriosa tarea narrativa.
Por el contrario, un post requiere el tiempo justo de tus ganas. Como no cobras entrada puedes decidir cuántas líneas durará el espectáculo. Como no tienes más patrones que tu conciencia, decides si aquel día habrá o no un nuevo escrito en tu página. Además, y esto es un verdadero lujo, puedes elegir desde el formato de tu entrada hasta quién ilustrará visualmente tus palabras. En todo este tiempo, por las mías han pasado, además de una larga lista de artistas plásticos internacionales, fotógrafos tan reconocidos como Diane Arbus, Annie Leibovitz, Irving Penn, Helmuth Newton, Horst P. Horst, Francesca Woodman, Oliverio Toscani o Jean Paul Goude.
Durante una parte de mi vida he trabajado como ilustrador de diarios. En ellos no hay tiempo para la duda ni el arrepentimiento. Te encargan un dibujo hoy y mañana mismo lo ves publicado. Me gusta afrontar ese riesgo, crecer en la acción, aprender con los aciertos y las equivocaciones. Nuestro trabajo creativo se desprende definitivamente de nosotros una vez publicado, nos obliga a verlo con ojos nuevos, ajenos, extranjeros. El blog no sólo cumple esas funciones: tiene también un contador que te dice si hay alguien al otro lado de la línea.
Y llegado a este punto, que en realidad es llegar a ninguno, tomo conciencia de que llevo escrito más texto del que nadie puede leer sin aburrirse. Me despido hasta el próximo post, no sin antes dar las gracias una vez más a todos los que pasáis por aquí, haciendo posible estos ejercicios, ni tan habituales ni tan esporádicos, de comunicación.
Posdata: No sé si este texto, extraído de uno más extenso fechado en junio del año pasado, ya fue publicado aquí. No pude encontrarlo de forma rápida entre mis archivos, tampoco puedo seguir buscándolo y un año después sigue pareciéndome válido como explicación de esta gozosa tarea de bloggear.
Fotografía: archivo Jon Bower.

viernes, junio 19, 2009

100.000 visitas


En Argentina se han inventado un personaje televisivo al que llaman "El payaso mala onda". Me atrevería a asegurar que está inspirado en John "Pogo" Wayne, un asesino serial estadounidense de tan mediática como despreciable fama. Últimamente, entre varios amigos nos hemos apoderado del mote para definir a ciertos personajes aparentemente amistosos, aunque siempre dispuestos, cual siniestro personaje del Hamlet shakesperiano, a escanciar en los oídos de sus seres cercanos el/su amargo veneno de la mala leche.
Algunos de estos "payasitos mala onda" no son especialmente malvados, inclusive, si nos pusiéramos en perdonavidas, podríamos llamarlo "buena gente". El peligro mayor para nosotros, sus posibles e inocentes víctimas, es que están poseídos por un inconsciente algo hediondo. Es como si un adorable muñeco de ventrílocuo tuviera un amo de dudosa catadura moral; un tipo de instintos muy bajos, con inclinaciones asesinas. La Campanilla de Peter Pan dominada por la madrastra malvada de Blancanieves o el mismísimo Peter Pan movido por la mano sin gancho del vengativo capitán Garfio.
Lo del payaso mala onda y sus parientes cercanos viene a cuento porque durante estos días mi jovencísimo blog, con tan sólo dos años y medio de vida, estaba llegando a sus primeras cien mil visitas. Un hito sin mayor importancia para cualquier otro que no sea su creador-proveedor, o sea yo, sobre todo si tenemos en cuenta que la tercera parte de Millennium, ese libro más vendedor que la no menos sueca IKEA, acaba de liquidar en su primer día de venta 200.000 ejemplares de la recién aparecida versión castellana. Pero como todo es relativo y en nuestras vidas acosadas por el calor, las crisis, los taladores de árboles y los detonadores de vidas, uno no puede ni debe obviar las alegría por más ínfimas que sean, se me ocurrió dar publicidad al asunto, suponiendo que a alguno de mis lectores, encubierto o no, podía hacerle tanta gracia como a mí ser el número cien mil de algo. Muchos visitantes habituales, faceamigos bloggers, gozaron tanto o más que yo con el asunto, pero algunos payasitos mala onda, "siempre listos" -scouts pintarrajeados de la maldad para el sorpresivo ataque a la yugular-, lo tomaron como una demostración más de mi vanidoso egocentrismo. No voy a repetir las ironías nada encubiertas que me han caído encima, no me parece necesario. Sin embargo, dado que necesito una pequeña venganza para tranquilizarme, confieso a toda voz: ¡Nunca me gustaron los payasos! Siempre, hasta en la más lejana infancia, me han producido grima. Si hasta prefiero un domador de leones, un encantador de serpientes o una écuyère, y tampoco estos personajes circenses me gustan demasiado.
Ilustra: Denis Rodman como portada de la revista Rolling Stones.

miércoles, junio 17, 2009

Paraísos cercanos


Durante poco más de un año, entre 1995 y 1996, escribí una columna semanal para el diario El Mundo. La que cerró aquel ciclo hablaba sobre los, algunos, paraísos particulares:
Mientras César Ochoa Diez, catalán de Barcelona, coincide con Borges, Jorge Luis, mítico argentino de Buenos Aires, en que el paraíso es una biblioteca interminable, para Paul Dutton, un holandés al que los libros le importan un pepino, no hay nada más parecido al cielo que "cogerse un colocón en Amsterdam", su ciudad natal.
Más preocupados por el bienestar de sus entrañas, el egipcio Rasha El-Saleh opina que el paraíso es "ir al w.c. después de un viaje de ocho horas en autocar", y Paul Grey, australiano de Melbourne, define al edén como "un barril de cerveza que nunca se acaba". Desde poéticos: "Una ligera brisa a través de los árboles"(Nina Vitaniemi, Finlandia), hasta pragmáticos: "Un lugar donde no hay que depilarse las piernas" (Kate Mayes, Australia) o "Un billete sólo de ida para Nueva York" (Salim Dabach, Israel), todos han sido reunidos por Colors, la revista que produce y distribuye la firma Benetton, para su número dedicado a "El Paraíso".
Allí nos enteramos que este lugar, tan cargado de literatura, no necesariamente es un ático pintado de azul celeste y con profusión de nubecitas blancas. Para alguna gente el paraíso puede ser un chalecito con jardín, una sandía, una película cualquiera de Esther Williams, un local público donde todos beben café o "el olor de las sábanas donde ha dormido mi novia". Es allí, en ese espacio sin límites donde las ideas se rozan con las entrepiernas, que los pareceres se vuelven más inquietantes ("En el paraíso la mujer debería poder penetrar al hombre mientras él está dentro de ella"), esperanzados ("Una lesbiana podrá ligarse a una heterosexual, y ésta última, a la mañana siguiente, no se sentirá obligada a fingir amnesia o echarle la culpa al alcohol") y categóricos ("El paraíso es un pene con buen sabor").
¿Y cómo sería el paisaje de ese lugar ideal? Dos cairotas contestan: "Muy blanco, siempre brilla el sol y hay rosas por todas partes"; "Un enorme agujero lleno de estrellas, montañas y árboles. Todo blanco".
"En el paraíso siempre hace buen tiempo", supone el chino Zhao Yu Jie. No opina lo mismo Cheikh Fadel, habitante de Noaudhibou, Mauritania, en la costa occidental de África, lugar que según los meteorólogos tiene el que podría considerarse un clima ideal: "¿Paraíso esto? ¡Qué va! Es aburridísimo".
Las opiniones no son menos variadas cuando se trata de definir a los habitantes de un hipotético cielo: "Todos tienen la piel blanquísima, unos 25 años y son superguapos"; "Allí no hay ninguna supermodelo"; "Todos están desnudos y comen espaguetis"; "Está lleno de monos, sólo monos"; "Está a tope de punks".

Transcribir este texto viene a cuento porque, hace ya quince años y en aquellas columnas, había pedido piedad municipal para los vecinos de la calle Balmes, a mi parecer una de las más agresivamente feas de Barcelona. Estrecha de aceras, ruidosa y despojada de árboles, caminar por ella era lo más parecido a un calvario en el que no apetecía detenerse ni siquiera para recobrar fuerzas. En estos días el ayuntamiento está ensanchando las veredas y plantando en ellas unos tilos jóvenes que alguna vez, supongo, serán preciosos ejemplares de ese árbol de tronco oscuro y flores fragantes.
Paraíso se llama en Argentina a algunas especies de acacia. Acacias son también las que este mismo ayuntamiento mandó podar hace una semana, en plena floración. Frente a aquel acto de malvada inconsciencia, mi paraíso personal se vio atacado en uno de sus flancos más preciados y me quejé aquí mismo por ello. Hoy cumplo dejando constancia de esta buena noticia, poblada de tilos y aceras transitables.
No todo verdor perecerá, según parece.
Foto propia: Drag Kong en el Paseo de Gracia.

domingo, junio 14, 2009

la importancia de llamarse John Wayne

Una semana atrás, zapeando a la hora de la siesta, me encuentro con un extraordinario western en blanco y negro de los años treinta. Euskal Telebista acostumbra emitir a esa hora verdaderas joyas del cine estadounidense, en buenas copias y sin cortes publicitarios. Pedir además que lo hicieran en versión original, sería, supongo, demasiado, así que no exijamos tanto y gocemos de este milagro mientras dure.
Enseguida quise saber más sobre aquella auténtica obra maestra, vetusta (1930) pero nada anacrónica, rodada en escenarios naturales y con una veracidad que dificílmente logran trasmitir los efectos especiales del cine actual. Vestuario y maquillaje impecables -las barbas no eran postizas, la ropa no pretendía parecer pobre, vieja y gastada: lo era- y una serie de actuaciones creíbles, sobrias, ceñidas al guión y a la historia, sin pretensiones estelares, captadas por una fotografía sensual y precisa que no necesitaba del color para mostrarnos lo que pretendía. Recién al final de la proyección me enteré que habíamos visto The Big Trail, dirigida por Raoul Walsh e interpretada por, y aquí viene para mí la sorpresa, un John Wayne jovencísimo (23 años), de rasgos refinados y andares de gacela, todo lo opuesto al macho duro que nos vendería a lo largo de su carrera, siempre con un rifle protegiendo su cara torva y su boca de hachazo, aparentemente negada para los discursos afectivos o intelectuales.
Hoy supe que en estos días se cumplían treinta años de su muerte. Si rastreas por internet buscando imágenes de este otro Wayne joven e ingenuo, te encuentras conque así como Marilyn pasó a la eternidad con la falda izada hasta su cara por un golpe de aire subterráneo, y James Dean será para siempre un chico neurótico con cara de variados complejos y poquísimos amigos, este muchacho sencillo y sensible de mirada clara, desapareció para siempre de la imaginería popular dando paso al ranchero de arma rápida y vocabulario reducido. Tristezas de la fama: requiere una inmutable personalidad fácilmente reconocible, adaptada sin resquicios ni quiebres a un arquetipo rígido, ingrediente básico para el endiosamiento popular. Posiblemente por esto la Pantera Rosa tiene bastante menos adeptos que el casi octogenario ratón de Disney.

Volviendo a John Wayne, the Duke, el Duque, fue tanto su predicamento entre algunas gentes que podemos encontrar varios famosillos que llevan como nombre el suyo artístico completo unido a otro apellido cualquiera. Uno de ellos fue el asesino en serie John Wayne Gacy, conocido también como "Pogo, el payaso asesino". Si les interesa el tema, carnaza sangrienta para estómagos fuertes, pueden buscarlo en Internet: tiene multitud de entradas.
Yo solamente me pregunto cuál hubiera sido el destino de este actor, el vaquero duro por antonomasia, si el responsable de su lanzamiento al estrellato, el prolífico y no siempre bien valorado Raoul Walsh, no hubiera decidido cambiar para su carrera cinematográfica el ambiguo nombre conque sus padres, los Morrison, habían tenido a bien bautizarlo: Marion.

viernes, junio 12, 2009

Baldío


En septiembre del 2007 publiqué este poema, Baldío, en mi blog amorimás. Aunque está guardado en la carpeta de posibles de algún editor, hasta el día de hoy nunca fue publicado en libro. El lunes de esta semana lo leí en la librería Bertrand y al final del encuentro varias personas se acercaron a preguntarme donde podían encontrarlo. Regalé las dos o tres copias que llevaba conmigo y además prometí hacerlo llegar a todos aquellos que me lo pidieron. Aquí y ahora cumplo, como es debido.

Volvería.
Si supiera que tú estás allí,
parado ante la misma puerta
y la puerta estuviera en su lugar
enmarcada en su marco
encastrada en sus goznes.
Si existiera todavía aquella casa
en la misma esquina
con la misma farola, el mismo árbol
yo volvería.

Volvería, sí
si pudiera encontrarte caminando por la misma calle
si pudiera sentarme a conversar contigo como antes
asustado yo de tu energía desbocada
cabalgando vos en ella, sin importarte nada.
Volvería, sí que volvería.
Si pudiera entrar en el portal que acogió mi infancia
si pudiera trepar por la escalera, atravesar las puertas,
encontrarme a mis padres esperando ante la mesa recién puesta.
Volvería, no lo dudes,
volvería
si la casa que fue
fuera mi casa
y no un campo yermo, desolado
donde de mí no queda nada.


En la foto -de Carlos Saevich, gracias- mi amiga Diana Godement y yo, ambos con dulces diecinueve años en la terraza de mi casa paterna: Rivadavia 3819, barrio de Almagro, Buenos Aires.

martes, junio 09, 2009

una pizca de sal, otra de aceite

Mediodía de hoy, martes 9 de junio. Salgo a la calle, todavía contento por el exitoso encuentro poético del día anterior en la nueva librería Bertrand de Rambla de Cataluña.
Necesito buscar unos impresos en la Delegación de Hacienda de Plaza Letamendi.
La que hasta ayer mismo fuera una de las plazas más verdes y bonitas de la ciudad, quizás la única agradable por esta zona, ha caido en las manos podadoras de Parcs y Jardins. Acacias y Jacarandas florecidos, con copas tan verdes y sanas como no se habían visto en años, están siendo convertidas en muñones lastimeros por una cuadrilla de hombres uniformados. Los bancos, los juegos infantiles, las zonas de recreo, no muy abundantes, quedan expuestas ahora al calcinante sol del verano.
Uno podría decir que a nuestro Ayuntamiento no le interesa que ni niños ni adultos se detengan allí, pero hace menos de una semana terminaron unas ruidosas y polvorientas "maniobras", realizadas, supuestamente, para mejorar las zonas de juegos infantiles.
¿Qué extrañas ideas tendrán nuestros ediles respecto a los árboles?
El jacaranda y todas las demás acacias pierden sus hojas en invierno. Si se las cortamos cuando están en su esplendor, ¿qué servicio prestan estos árboles?
¿Las podas no se deben hacer bastante tiempo antes de la eclosión primaveral?
Varios expertos me han dicho que con podas como estas las únicas beneficiadas son la pestes devoradoras de árboles, muy activas en épocas de calor.
¿Acaso se pretende convertir a los árboles de la ciudad en tochos molestos, sin ninguna utilidad concreta, para así contar con una razón valedera por la que eliminarlos definitivamente?

También me gustaría conocer los escrutinios finales de nuestro distrito en las elecciones del último domingo. Se me ocurre que esta poda fuera de tiempo podría ser una venganza, nada sutil, de los que salieron menos favorecidos.
Si alguien tiene respuestas, por favor, no se las calle.
POSDATA: FALTA NADA PARA QUE SUME MIS PRIMERAS CIEN MIL VISITAS!!! ¿QUIÉN SERÁ EL/LA NÚMERO 100.000?

lunes, junio 08, 2009

a vuelo de ratón


Iba a titular este post a vuelo de pluma, pero me pareció que, además de prestarse a interpretaciones sesgadas, era un título por demás anacrónico.
Ahora mismo, ya escrito y releído, resulta impresionante: me gustan poco los murciélagos,y ellos son los únicos ratones voladores que conozco.
Casi una semana sin subir un post a mi querido blog. Demasiadas incertidumbres en el entorno más próximo. Elecciones, decepciones, frustraciones. El cacho de pan nuestro de cada día. No debería inquietarme, pero hoy tengo una presentación y estoy algo nervioso. No por el evento en sí, sino por varias colateralidades de las que NO soy responsable.
Mi amiganalista me citó para mañana. Le dije: "Bueno, está bien, iré...Si el lunes no me acuchillan...". "Te vienes igual", respondió, "aunque sea arrastrándote".
Ella es así. No se corta nada por un par de tajitos.
Ayer voté, votamos.
¿Hoy deberíamos botar de contento o saltar por la ventana?
Todavía no tengo una respuesta. Como nací en un país donde las elecciones solían suspenderse por largos períodos, el solo hecho de ver una urna y pilas de papeletas con logotipos diferentes, ya me pone la mar de contento. Otro anacronismo.
Igual que Coco, la película que narra una parte de la larga y controvertida historia de la señora Chanel. Ni siquiera es un típico biopic. Tal vez los productores de la película sean tipos muy ambiciosos y hayan ideado una serie de filmes donde ir contándonos diferentes épocas en la vida de esta mujer fascinante y moderna. Coco One, Coco Two, y así hasta agotarla, y agotarnos, por completo.
No digo que la película sea mala. Solamente digo que es rácana y morosa al mismo tiempo. Veánla si quieren, no tengo muchas ganas de hablar de ella. El poster mismo, aquí arriba, parece una cubierta de Hola o de Marie Claire. Clase media con pretensiones. La Señora Chanel era más exclusiva, de Vogue International o Harper's Bazaar.
Siguiendo con este vuelo apresurado, les cuento que hoy a la mañana vi en un diario llamado El periódico una extraña publicidad de la cadena SER a favor de la tan necesaria donación de sangre. Muestra a un grupo de locutores de esa radio poniendo un brazo con el puño cerrado por delante. La otra mano aprieta ese mismo brazo un poco más arriba del codo. No se si entenderán la imagen, pero más que solidarios donantes de sangre parecen unos tipos dispuestos a hacernos un corte de manga apenas les demos la espalda.
Hay creativos publicitarios con las ideas algo confundidas.
¿Será por esto que las campañas incitando al voto "europeo" no dieron resultado?

martes, junio 02, 2009

Dior, Ladies and Gentlemen


Un título sencillo, de esquizofrénica elegancia: Christian Dior y yo. Así tituló a sus memorias el modisto francés que logró hacer de su nombre un sinónimo de la Alta Costura. El ejemplar que tengo en casa me costó dos de las hoy minusvaloradas pesetas en una mesa de saldos de la calle Aribau. Tiene mi firma en la primera página y debajo de ella una fecha también manuscrita: noviembre de 1992. La edición -tapa dura entelada en verde con una sobrecubierta en blanco, amarillo y negro, ocupada en su casi totalidad por las manos de Dior dibujando uno de sus elegantes vestidos- es del año 1957. Se hace responsable la editorial Marfil de la ciudad de Alcoy, dejando constancia de que la traductora ha sido doña Juanita Espinós Orlando.
Al escribir estas páginas empleo una forma de expresarme que no es la mía. Lo hago con un poco de inquietud y sin la menor vanidad. ¡Vanidad! Ante esta palabra algunos podrían sentir la tentación de sonreír:
-Escribe usted un libro en el que no se habla sino de usted, de su casa y de su profesión, ¡y no quiere ser tachado de vanidoso!
Pongámonos de acuerdo. En este libro hablo de lo que entiendo. Aquellos a quienes no interese la costura y lo que ella representa no lo leerán. Los demás encontrarán natural que sea yo quien lo escriba. Lo presuntuoso en mi caso consistiría en hablar de otra cosa, figurándome que por haber triunfado como modisto sería interesante mi opinión sobre el arte abstracto o sobre la reforma de la Constitución.

¡Bravo, monsieur Dior! Jorge Luis Borges, ese reconocido escritor argentino enterrado en Ginebra (en el mismo pequeño cementerio donde están los restos del reformador Calvino y también las tumbas de una honorable familia Bertini, más el escultórico mausoleo de una solitaria señorita Chapuis*), solía quejarse de que por lo habitual sus entrevistadores le hacían preguntas sobre política para luego criticar acerbamente sus opiniones.
-Siempre les digo que no es un tema que domine, pero ellos insisten hasta que logran vencer mi resistencia, -solía quejarse el escritor.
"Periodismo de investigación" llaman a esta tarea inquisitorial algunos profesionales de la pregunta.


Entre todas las delicias que podemos encontrar en el libro de Dior, hay una que toca de forma directa al corazón:
Existe una categoría de mujeres que permanecen tiernamente fuera de la moda: son las que continúan vistiéndose como en los tiempos de su última felicidad. Pero esta extravagancia no se puede consentir sin pelos blancos sobre la sien.
No puedo asegurar que Carmen Dell'Orefice, chica de tapa del exquisito Fanzine 137 en su volumen número 1 de Ladies and Gentlemen, se permita semejante extravagancia. Con una carrera de más de medio siglo como modelo profesional de primera línea, es uno de los personajes que pueblan este nutrido volumen de tirada reducida y numerada (por mi casa deambula el 0958). Otros muchos, no menos talentosos, bellos y elegantes, -Art Hirschfeld, Alex Katz, Richard Avedon, Karen Graham, Barbra Streisand, Herb Ritts, Francesco Scavullo, Bob Colacello, Cecil Beaton- aparecen en imagen y/o en obra en esta publicación que muestra un particular cuidado en el diseño y la impresión, sin descuidar en ningún momento el interés de los abundantes textos.
Volvamos a Dior. Según él:
Todos tenemos una debilidad que constituye nuestra fuerza. Nos sostiene en el hastío de la vida diaria y da a nuestro éxito práctico su mejor justificación: haber ganado lo suficiente para satisfacerla.
No develaré cuáles eran sus debilidades porque, como es de suponer, este hombre de minuciosa complejidad tenía más de una, sin embargo puedo adelantar que compartíamos las más esenciales. Entre aquellas que podríamos llamar inocentes, guardo desde muy pequeño dos que me hacen especialmente feliz: pasear la mirada por revistas de lujo como Ladies and Gentlemen, leer las memorias de gente creativa y brillante como Christian Dior.
Encuentro que son formas divertidas, ligeras, de aprender a vivir.
(*En algún próximo post entraré en detalles.)


Photos: Dior con una de sus modelos en los años cincuenta, autor anónimo - Carmen Dell'Orefice en la London Fashion Week, England 2008, por Tim Whitby/Getty Images - Sobre un sillón, foto de Dante Bertini.

viernes, mayo 29, 2009

Ella, ella, Él


Sólo una cosa no hay. Es el olvido. J.L.Borges, Everness.

Tendría seis años -o cinco, o cuatro, lo mismo da- cuando pedí a mi hermano mayor que me dejara ver, aunque fuera por un momento, sus revistas de historietas. Me dijo solamente "no", sin siquiera levantar la vista de lo que estaba haciendo, y cuando le pregunté el porqué de su negativa, me contestó que él no necesitaba razones para hacer las cosas. Compungida, a punto de llorar, dolorosamente castigada en un lugar sin nombre al que luego, con más años, bauticé como amor propio, sólo atiné a amenazarlo con contar todo aquello a nuestros padres. Logré que al menos me mirase, pero también que me hiciera una confesión desoladora: antes de dejar que tocara sus revistas él prefería romperlas. Y lo hizo frente a mi, lenta y concienzudamente; sonriendo.


Así comienza "El hombre de sus sueños", novela con la que gané el Premio Sonrisa Vertical de novela erótica de editorial Tusquets en el año 1993. Los jurados fueron el director de cine Luis García Berlanga, la editora Beatriz de Moura y los escritores Juan Marsé y Almudena Grandes. En estos días, el Circulo de Lectores de Random House Mondadori ha reeditado la novela para sus asociados. Según parece, la historia de estos tres personajes atrapados en un particular huis clos doméstico y sexual, sigue conservando interés casi dieciséis años después de su primera edición de veinticuatromil (24.000) ejemplares.
Ilustran: Adan y Eva de Tamara de Lempicka (primera edición) y una foto de la cubierta en la nueva edición del Círculo de Lectores.
Posdata: esta mañana, hojeando el Babelia, me entero de la muerte de Rafael Conte. Fue este pasado día veintidós, y yo, por vaya a saber qué triquiñuelas de mi memoria, no consigné su nombre entre los de los miembros del jurado que premió, por unanimidad, mi novela. Lo nombro ahora, compungido, cuando ya no está con nosotros.

jueves, mayo 28, 2009

¡Ganamos!


"Hace pocos días ganamos la Palma de Oro de Cannes con mi admirado Haneke. No pude soportar tanta alegría en silencio, así que salí a la calle y rompí dos farolas y me cargué un escaparate de zapatería. ¡Reaccionarios, meapilas, burgueses asquerosos! Si no hubiera sido por esa vecina de mierda tocacojones, partía en dos ese árbol raquítico que está en medio de la acera, obstruyendo el paso de mi moto. ¡Hay gente que no soporta la alegría ajena! Si tengo suerte, algún día, cuando pase con el perro, me lo cargo de una patada. ¡De sólo pensarlo ya me estoy excitando! Es lo que tienen los triunfos: te disparan la adrenalina. También lo pasamos muy bien presentando con Brad Pitt, Tarantino y toda esa panda de amigotes nuestra última peli. ¡Me sentí de puta madre cuando atravesábamos todos juntos aquella espléndida alfombra roja, aclamados por el público como auténticos dioses! Los flashes, los aplausos, el fervor de los fans...Y eso que el viaje en nuestro avión particular había sido especialmente fatigoso: meta contar chistes, comer hamburguesas y tomar cerveza. Creo que no me sentía tan bien desde que le gané a Federer en Roland Garros. Ser el número uno te fortalece el espíritu, aunque tengas que dejar en el camino alguna gente que aprecias. ¡Somos invencibles Nadal y yo! No sé que vamos a hacer con todo el dinero que nos embolsamos en el último año. Igual hasta cancelo la hipoteca del piso. Veinte años entregando medio sueldo al banco por dos ambientes miserables en un barrio cutre... ya estoy harto. La próxima vez que ganemos un Planeta me voy a las Ramblas y arraso con todo lo que encuentre. Es lo bueno de sacarse premios. Te desinhibe."

domingo, mayo 24, 2009

Lo tuyo, ¿es puro teatro?


Teníamos veintipocos años y vivíamos en una ciudad enorme y aislada que amenazaba con tragarnos despaciosamente, sin alharacas ni bambollas, sin el más mínimo estrépito. No todos éramos hijos de hogares de clase media-media, alejados de forma equidistante de solturas y apremios económicos. Algunos, y este era mi caso, chapoteábamos en una mediocre medianía mediáticamente mimada por censos y estadísticas. No lo hacíamos por auténtica pertenencia sino por pura y devota convicción espiritual, por el desesperado deseo de no caer un peldaño más abajo de aquel, absolutamente ficticio, en el que pretendíamos encontrarnos. Para que nuestra sensación de ingravidez fuera completa, y a pesar de nuestra notable juventud, de nuestra más que evidente inmadurez, se suponía que pertenecíamos a una (otra más) generación perdida. Como inútiles deshechos del mayo francés, perdedores de una lucha que en realidad nos había caído muy lejana, teníamos que mostrarnos desencantados de las militancias familiares, estudiantiles, políticas. Al mismo tiempo se nos incitaba a sospechar de que nuestros eventuales, casi siempre futuros, encuentros eróticos, las más que esporádicas y fantaseadas batallitas sexuales, jamás llegarían a satisfacernos completamente por más empeño que pusiéramos en ello. Al menos nunca tanto como desde la más tierna infancia habíamos esperado que lo harían. Arrastrados por la indomable vorágine de nuestras energías juveniles, las gubias y la carbonilla, el lápiz y el pincel, la terracota o la máquina fotográfica, -herramientas artísticas clásicas tan cuestionadas como las otrora llamadas Bellas Artes, convertidas por la sacrosanta palabra de la modernidad vanguardista en Bestias despreciables- tampoco cubrían nuestras presuntas capacidades expresivas, nuestras ansiosas necesidades de comunicación. Tal vez por eso, en el mismo momento en que Osvaldo Rao -un ser bastante extraño, alto, robusto, desgarbado, con barbada presencia de místico rasputiniano- nos invitó a integrarnos en un grupo de investigación teatral, dimos nuestro sí sin preocuparnos por pedir demasiadas explicaciones. Supongo que a muchos se nos había despertado una nueva vocación artística, menos introvertida y posiblemente mucho más rentable.
Nos equivocábamos una vez más. Este teatro negaba cualquier posibilidad de estrellato o enriquecimiento. Sus actores debían ser monjes austeros dispuestos a entregar hasta su última gota de sangre en aras de una imprecisa búsqueda interior, más cercana a la revelación mística que al conocimiento intelectual. Trabajaríamos con temas universales cargados de significados religiosos: la Pasión de Cristo, los siete pecados capitales, el Apocalipsis bíblico y la zoológicamente preservadora Arca de Noé.
Fue toda una experiencia que en poco más de medio año cambió notablemente el curso de mi vida. Del grupo original, unas veinte personas, solamente dos eran profesionales de la escena: el actor Víctor Laplace y una contundente morena con experiencias en el mundo de la revista de la que ahora no recuerdo el nombre.
Durante varios meses estuvimos acercándonos, conociéndonos, golpeándonos, sufriendo, riendo a carcajadas o llorando a lágrima viva. Finalmente decidimos hacer una función para mostrar nuestro trabajo en el mismo lugar donde nos concentrábamos varias veces por semana para sacar a la luz inhibiciones y fantasmas. Unas setenta personas pudieron ver lo que hacíamos; presenciaron, incómodamente sentados en el suelo, aquella ceremonia que se pretendía purificadora. No hubo aplausos: los habíamos prohibido terminantemente antes de comenzar la función.
Al día siguiente el grupo decidió separarse. Muchos estaban rotos psicológicamente, habían descubierto facetas de su personalidad demasiado inquietantes. Volvíamos a nuestra cotidianeidad arrastrando los restos de una vida anterior desgajada, maltrecha, puesta en discusión hasta sus últimas consecuencias. "El teatro es para los actores", predicaba el polaco Jerzy Grotowski, patriarca, ideólogo, fundador de aquella búsqueda. En aquel momento sus actores estábamos cansados, doloridos, quejosos. Queríamos abandonar esa escena demasiado intensa para refugiarnos en nuestras domésticas cuevas a lamernos solitaria y melancólicamente las heridas.
Durante décadas, hasta hace poco más de un mes, arrumbé estos recuerdos en algún rincón sombrío de mi memoria. Pasa que mañana, martes 26, comienzan las celebraciones del año Grotowski en Barcelona y, gracias a Anna Caixach, su coordinadora, nos ha tocado realizar todo el trabajo gráfico para este evento en el que se recuerda la figura del creador polaco diez años después de su muerte en Pontedera, Italia.
A veces los senderos se bifurcan para volver a encontrarse sin que podamos desentrañar su caprichoso trazado.
Foto: Grotowski frente al Teatro Polsky. Wroclew, 1966

miércoles, mayo 20, 2009

este viernes, con José Emilio Pacheco


Como los poetas no poseen un carnet especial de inmunidad -o impunidad- virósica, el reciente ganador del Premio Reina Sofía, el escritor mexicano José Emilio Pacheco(1939), no ha podido abandonar su tierra natal para acercarse hasta la semana poética de Barcelona, donde se lo esperaba con brindis y agasajos variados. Dado que la gripe porcin(A) ha imposibilitado la realización de ese programa, Casa América Catalunya ha decidido suplir la falta invitando a varios poetas latinoamericanos -Arturo Bolaños, Efi Cubero, Carlos García, Antonio Tello, Carlos Vitale-, para que el viernes próximo, a partir de las 20 horas, leamos poemas del autor ausente. Nos han permitido elegir, así que yo leeré, entre otros, el que transcribo a continuación:

ALTA TRAICIÓN

No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
fortalezas,
una ciudad deshecha,
gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
-y tres o cuatro ríos.

Casa Amèrica Catalunya, Córcega 299, entresuelo/Teléfono: 932 380 661
ilustra: imagen de la campaña de promoción de BarcelonaPoesía 2009.

lunes, mayo 18, 2009

Lorraine Hunt-Lieberson: estrella de la semana

Los que siguen esta página con cierta asiduidad saben de mi particular afección por la asociación libre, y no solamente en el terreno de las ideas. Esta mañana, nada más despertarme, escuché por primera vez a esta bella mujer cantando canciones con letra del poeta chileno Pablo Neruda. Minutos después oía la noticia de que otro sudamericano, el escritor Mario Benedetti, había muerto. Ante esta desaparición casi previsible, algunos periodistas de la nutrida estirpe "exageremos que algo queda", se han inventado titulares del estilo "hoy, con él, la poesía ha muerto". Si semejante aserto pudiera ser creíble, si la muerte de un poeta fuera la muerte de la poesía en su totalidad, ésta hubiera sido amortajada mucho antes y yacería en una abarrotada y perdida fosa común, despojada de cruces, lápidas o extravagantes monumentos funerarios. Sin retroceder demasiado en el tiempo, hace poco más de dos semanas moría la enorme poeta, también uruguaya, Idea Vilariño. Bastante menos prolífica, con una vida amorosa agitada, pasional, sombría, un carácter no precisamente fácil y un perfil muchísimo menos mediático, su desaparición no causó tanta consternación, tantos discursos, como los que hoy acompañan en su final al siempre amigable Mario Benedetti.
Vaya para ellos esta canción que habla del amor y la muerte*, dos componentes esenciales de la nada difunta poesía.


*Amor mío, si muero y tú no mueres,
no demos al dolor más territorio:
amor mío, si mueres y no muero,
no hay extensión como la que vivimos.
Polvo en el trigo, arena en las arenas
el tiempo, el agua errante, el viento vago
nos llevó como grano navegante.
Pudimos no encontrarnos en el tiempo.
Esta pradera en que nos encontramos,
oh pequeño infinito! devolvemos.
Pero este amor, amor, no ha terminado,
y así como no tuvo nacimiento
no tiene muerte, es como un largo río,
sólo cambia de tierras y de labios.

sábado, mayo 16, 2009

palabras como lágrimas

Grandes o pequeñas, mis casas han tenido siempre ambiciones de Aleph. Los objetos confluyen en ellas de forma casi espontánea y, aunque con cierto orden que nunca es producto del azar, van ganando terreno hasta ocuparlo prácticamente todo. Esta en la que vivo ahora no es una excepción a esa particular costumbre. Maru, una amiga canaria que se ha mudado a París buscando su norte, dice que en los lugares donde vivo hay demasiada información. Lo tomo como un elogio, evitando pedir más aclaraciones. No sea que me encuentre con una metáfora resbaladiza de sentido contrario a aquella de Cortázar en Historia de Cronopios y de Famas, donde a un personaje femenino, para no caer en la cursilería de decirle ánfora griega, la llamaban simplemente "la culona".
Federico el gato no se hace problemas con la falta de espacio. En realidad ese concepto no existe para él, acostumbrado a atravesar cualquier obstáculo, a trepar hasta cualquier altura, a descansar en las posiciones más extravagantes sobre los objetos más insólitos. Como si de otro gato se tratara, Eugenia, la pequeña y delicada mujer ucraniana que nos ayuda cada diez o quince días a limpiar la casa, también se mueve con soltura entre los muebles de todo tipo, entre las pilas de libros, revistas y papeles de rara vocación equilibrista y los auténticos batallones de objetos variopintos en posición de espera. Es cierto que nadie le exige obsesivas pruebas del algodón, que nadie espera limpiezas exhaustivas, pero se agradece que en todos los años de trabajo con nosotros, jamás -y aunque no me veis en este momento, estoy cruzando los dedos- haya roto ni una sola de las muchas cosas frágiles que habitan mi casa.
Les cuento todo esto porque hoy, mientras hacía un poco de orden en el Aleph horizontal que está tomando posesión de mi mesa de trabajo, apareció de forma inesperada un recorte de diario con la necrológica de Michael White, "el hombre que curaba con la escritura". Este australiano rubio, de mentón fuerte y sonrisa simpática, asistente social y terapeuta de familia, pensaba que la narración escrita de sus traumas podía ayudar a los pacientes adultos a superar muchos conflictos enraizados durante la infancia y la adolescencia. Según él, "muchas patologías encuentran su clave en el análisis de las historias vitales que contamos una y otra vez sin darles demasiada importancia". Allí estarían los nudos que nos impiden avanzar, los obstáculos que nos fijan en una determinada y repetitiva situación, muchas veces dramática. Si pudiéramos escribir un final distinto a esas historias traumatizantes, tendríamos la posibilidad de rescribir también nuestras vidas.
No puedo recordar el momento en que recorté de una página de un diario barcelonés el obituario de este personaje, sin embargo el miércoles de esta semana, durante los prolegómenos a una lectura de poemas en el Aula de Escritores de ACEC, conté cómo casi cada día me preguntaba para qué servía escribir. Un momento después, ganado por una emoción repentina que no supe ni pude contener, leí el poema dedicado a la reciente muerte de un amigo. Fue escrito pocas horas después de que su viuda me anunciara un desenlace que pretendíamos postergable, lejano. Aquel día el ordenador, la pantalla luminosa, el teclado gris de plástico, habían sido lo que solemos llamar "mi paño de lágrimas". Tuvieron que pasar más de cinco meses para que esas lágrimas virtuales metaforizadas aquel día en palabras, se hicieran realidad. Fueron necesarios más de cinco meses para que mi corazón pudiera traducir lo que supuestamente escribió mi cabeza. Tal vez Michael White tuviera razón y la escritura sea, además de otras muchas cosas, una actividad terapéutica.
ilustra: foto de Dante Bertini.
Posdata: hoy a primera hora recibí este comentario/anuncio:
Después de un minucioso estudio, STULTIFER te otorga el prestigioso galardón al MEJOR BLOG DEL DÍA correspondiente al sábado 16 de mayo de 2009 en No sin mi cámara por los contenidos y matices.
Visitanos y comenta con nosotros. Saludos cordiales.
Vamos, que nos ha gustado mucho y hemos querido acercarnos a ti.
Puedes colgar el Premio voluntariamente en tu blog.
Ya formas parte de la Orden del Stultifer de Oro.
Y si tienes una escalera, mándanosla y la publicamos inventándonos una historia.

Demás está decir que agradezco la dorada distinción a los responsables de Stultifer. Y les mandaré la escalera. Quiero ver qué se inventan con sus peldaños.

martes, mayo 12, 2009

entre Albarracín y Alga

Mañana, miércoles, a las 19.30 horas, leo poemas propios y de José Luis Giménez Frontín en un acto en su memoria organizado por la revista de poesía Alga. Será en el Aula de Escritores del Ateneo Barcelonés, calle Canuda, Nº 6.
Empiezo a reponerme del viaje a Albarracín y ya me embarco en otros. Durante junio organizaré unas jornadas poéticas en la nuevísima librería Bertrand de Rambla Cataluña: Tr3s x Tr3s, Poetas Latinoamericanos de Barcelona. Nos encontraremos los tres primeros lunes del mes próximo a las 19 horas. Estarán, entre otros, Mario Satz, Rodolfo Hasler, Cristina Peri Rossi, Edgardo Dobry, Carlos Vitale, Arturo Bolaños y Antonio Tello.
Dejo algunas imágenes de las muchas que me traje de "el pueblo más bonito de España", un calificativo que Albarracín ha ganado a fuerza de belleza. Habrá más... apenas pueda ocuparme de subirlas.
(En las fotos -todas de Dante Bertini- vemos varios detalles característicos de Albarracín; también a un dependiente de tienda con camiseta sugerente y a Gonzalo Elvira delante de una de sus obras, parte de la serie expuesta en el Museo)

domingo, mayo 10, 2009

una semana en otro lugar


Hace casi una semana que falto del blog y no puedo ni quiero permitírmelo. Pido disculpas por este silencio, pero recién llego de mi navegación por tierras aragonesas. Debo decirles que de amantes nada: ni siquiera me acerqué a Teruel. Estuve todo el tiempo en Albarracín, rodeado de sierras, silencio, entrecruzados cantos de pájaros y casas pintadas en distintos tonos de tierra arcillosa, con vigas gruesas y oscuras, pesadas puertas de madera y herrajes de inspiración múdejar. El tiempo pasa menos abruptamente cuando estás acompañado de gente amable, inteligente y respetuosa, así que nunca escribiré -ya que en ningún momento lo he pensado- que estos pocos e intensos días se pasaron volando.
Anoto, sin buscarles explicación lógica, varias coincidencias:
1) La misma noche del día en que viajé hacia Teruel, Moreno Veloso, hijo de Caetano, cantaba en Barcelona. No lo sabía cuando colgué el post anterior a este.
2) Albarracín era uno de los apellidos de la madre de Domingo Faustino Sarmiento, prócer, escritor, maestro; emblemático y discutido defensor de la educación en Argentina.
3) Antes de llegar al pueblo mismo, en medio de un paisaje natural que por su sencillez y belleza produjo en mí una sensación casi angustiosa, prácticamente incontrolable, de plenitud, vimos un viejo cartel que anunciaba: Palazzo de la Santa Croce, el mismo nombre de la calle toscana donde nació mi padre.
4) Nada más llegar al museo donde dos días después expondría sus pinturas Gonzalo Elvira, el amigo que nos había invitado a este viaje, me enteré que el alma mater de la Fundación Santa María, patrocinadora de todas las empresas culturales de Albarracín, llevaba como primer apellido el mismo Almagro que da nombre al barrio porteño donde nací y viví toda mi adolescencia.

Ahora estoy cansado. Necesito dormir, reubicarme en la vida cotidiana, volver a ocupar mi cama. Muy buenas noches. Que todos durmamos bien. Hasta mañana.

martes, mayo 05, 2009

¿Navegar es preciso?

Navegar é preciso viver nao é preciso...
Lo dice Caetano Veloso en su canción Os Argonautas.
Aunque sin alejarme demasiado de la casa en que vivo, siempre tan acogedora, voy a dar una vuelta por tierras desconocidas.
Quiero comprobar que hay de verdad en eso tan bien cantado por el artista brasileño. Por si no recuerdan o no conocen la canción, pueden oírla pulsando sobre su nombre. El video no es para rasgarse las vestiduras, pero la voz de Caetano conmueve más allá de la piel.
Ilustran dos cubiertas de sus primeros discos. Una le va a gustar muy especialmente a Fanmakimaki, navegante empedernido, amante del naranja y la estética entre Liberty y psicodélica de los ses(t)enta.

Posdata en color: Jorge Sarraute, compositor, músico y artista plástico, inaugura exposición este viernes en Argentona.
Entre sus obras, un retrato de Dante Bertini con el pelo largo (Ayer Nomás).
¡Música, maestro... y pinturas también!