Ayer al mediodía me hicieron una entrevista para un programa de Radio Exterior de España. También estaba Cristina Peri Rossi, que salió disparada apenas acabaron con ella, supongo que poco contenta con todo el desarrollo de la historia. Nos otorgaron algo así como cinco minutos para contestar unas preguntas algo erráticas sobre la celebración de Sant Jordi y el efecto que esto produce en los escritores latinoamericanos que tienen la osadía de escribir en Barcelona. Tardaron mucho más en recordar a los que lo hicieron hace más de veinticinco años, pero es que se trataba de nombres poderosos como García Márquez y Vargas Llosa. En aquella época yo ni siquiera soñaba con escribir y tampoco había invitaciones discriminadas para la Feria de Franckfurt. Fue demasiado fugaz. Apenas tuve tiempo de aclarar que no tenía un libro recién aparecido para publicitar (tampoco tengo ninguno esperando a ser editado en los cajones) y el porqué de tan desaprovechada oportunidad : no me creo un profesional de nada, y aunque esto no resulta un impedimento para hacer todo lo que hago de la mejor manera posible, me permite escapar de las presiones conque debería cargar si creyera que realmente lo soy. Pretendo ser sólo un aficionado, o sea alguien que produce por gusto, por placer, por pura afición. Quizás por esto no tengo biografía acreditada en la web de editorial Tusquets, aunque sí en las solapas de sus/mis libros. Acabaron mi entrevista con una cortinilla musical del tipo "El cóndor pasa" -si me lo hubieran dicho podría haberles alcanzado algún cedé con mi música preferida- y como despedida nos regalaron una lapicera-linterna con el logotipo de la radio Nacional de España. Gracias. Me acordaré de vosotros cuando se me pierda algo en medio de la noche. Cuando salí de allí las calles estaban rebosantes de gente con rosas o libros en las manos y de mesas cubiertas con la bandera catalana donde se acumulaban los best sellers en lengua castellana.
En su "Invierno en Mallorca", George Sand lanza pestes sobre los habitantes de la isla, sin embargo las tiendas de souvenirs tienen pilas y pilas del libro en todos los idiomas posibles. "Se vende muy bien", me dijo un amigo psicoanalista de origen mallorquí, y en seguida agregó: "Lo demás a quién le importa". Yo sigo con el corazón preso por la Mostra de Lleida, entre otras cosas porque allí se oían lenguas de toda la América hispanoparlante en sus diversas variaciones del castellano materno. Lamentablemente esas voces llegan casi siempre en forma de grito desgarrador, de queja sin esperanza, de llanto amordazado. Gran parte de los documentales que se pasaron en Lleida mostraban los tan diversos como similares infortunios de esos pueblos tan sufridos. Y digo "gran parte" porque entre ellos había uno de homenaje al bandoneonista argentino Rodolfo Mederos -nos conocimos en la adolescencia, cuando el "noviaba" con una amiga mía llamada Noemí- y otro, con buen montaje y un material de archivo excelente, contando la historia del Doctor Muñiz, un anarquista español de principios del siglo pasado. De los largos prefiero no hablar porque apenas vi dos o tres de ellos. Estaba muy ocupado cada día con las películas que debíamos juzgar, la mayor parte del tiempo entre lágrimas y bramidos de indignación, junto a mis cuatro (deliciosas) compañeras femeninas de jurado: Airy Maragall, Lola Mayo, Fernanda del Nido y Pastora Delgado. Y ya no sigo más: debo preparar mi texto para la presentación del último libro de poemas de Zulema Moret, el próximo lunes al atardecer en la sede de ACEC. Tal vez uno de estos días continúe con la Mostra de Lleida. Será cuando la memoria, aún caliente y revuelta, vaya sedimentándose hasta aclarar la superficie. 
fotos (Dante Bertini) tomadas durante la proyección de los filmes. Mostra de Lleida 2008








