
Un amigo cónsul me comunica la desagradable noticia, y yo, algo incrédulo, introduzco la misma frase que uso para titular este post en el buscador de Google, que con su rapidez habitual, sin dudar ni un instante, me confirma el suceso a través de varios recortes y comentarios periodísticos.
Efectivamente: un ignoto autor chileno de 72 años, de apellido Labarca -yo creo que con esto te has hundido, muchacho-, acaba de publicar un libro de su autoría ilustrando la cubierta con un retrato en el que podemos verlo descargando orina sobre la tumba del autor de El Aleph y tantos otros magníficos libros.
Exhibicionista, iluso, poco ambicioso, este solitario navegante de letrinas eligió mostrar al mismo tiempo su pequeño miembro encogido, en lo que supongo una exhibición de hombría que, a juzgar por lo visto, produce más repulsión que gracia.
"¿Quién se va a ofender? Si se ofenden es porque tienen una visión muy corta, no creo que se ofendan”, dijo en declaraciones publicadas por el diario Perfil, de Buenos Aires. En la misma entrevista confiesa que le copió la idea a Jean Paul Sartre, quien en su momento orinó sobre la tumba del Vizconde de Chauteabriand; “Se me prendió la ampolleta y quise hacer lo mismo pero con un doble sentido. Mi acto tiene dos significados: homenaje al maestro Borges y repudio al Borges ciudadano”, señaló.
El incontinente Labarca, que trabaja como traductor de las Naciones Unidas, añadió que espera que la familia del creador de Ficciones -sepultado en Ginebra, en el mismo pequeño y exclusivo Cementerio de Notables de Plainpalais donde se supone están los restos de Calvino- “se tome el asunto” de la polémica portada “con humor borgiano”.
Tal vez a don Jorge Luis, el Grande, podría haberlo divertido esta anécdota de mingitorio. El escritor y traductor Thomas di Giovanni, introductor de Borges en el mundo anglosajón, me contó que alguna vez, mientras acompañaba al anciano ciego para que hiciera sus necesidades en la "toilette" de un céntrico bar porteño, este le pidió que le leyera los escritos "sucios" de las paredes porque aseguraba divertirse mucho con ellos.
Sin embargo yo creo que quien siembra meadas sólo puede cosechar mierda y es probable que a partir de ahora más de uno se cague hasta en los muertos del susodicho Labarca.

