Mostrando entradas con la etiqueta erotismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta erotismo. Mostrar todas las entradas

jueves, septiembre 30, 2010

Love con V


Me encuentro con un amigo adorable y me cuenta una brevísima y divertida historia en forma de diálogo.
Como además de ponerme al día con los trabajos habituales -bastante descuidados durante casi dos meses- estoy escribiendo para una charla sobre Argentina, el mundo gay porteño, antes, durante y después del kafkiano Proceso militar, y los cambios sociales producidos a partir de la nueva ley de Igualdad Matrimonial promovida por el gobierno de Cristina Kirchner (viernes del casal Lambda, el 15 de octubre a las 19.30 horas) no puedo detenerme demasiado tiempo en un post más sustancioso. Por tanto transcribo, con el permiso de mi, lo repito, adorable amigo, las dos líneas de diálogo que lo tuvieron como protagonista secundario.
Sabrán perdonar... Ustedes, no menos adorables, siempre lo hacen.

- Dime que me quieres...Nunca me lo dices. Me gustaría saber si realmente estás enamorado de mí. ¿Me amas de verdad?
- Sabes que odio las declaraciones de amor. Prefiero demostrártelo con hechos. Dame unos minutos... Tomo una Viagra y vuelvo.


ilustra: foto del actor Burt Lancaster en su juventud, mostrando alegremente las pelotas. Autor desconocido.

viernes, agosto 28, 2009

Ventanas Indiscretas


Junto a nuestro edificio modernista hay otro más grande de oficinas: poco destacable diseño arquitectónico de los años setenta, ocupado en los bajos por una importante caja de ahorros catalana. Compartimos con ellos un ángulo del patio de manzana, magnífica idea urbanística de Ildefonso Cerdá que la especulación del siglo pasado modificó a su antojo.
En el proyecto original se pretendía crear en estos amplios huecos de aire y luz, espacios comunes ajardinados para uso y disfrute de los vecinos de los inmuebles colindantes. Cada manzana lograría así una cómoda plaza propia provista de árboles y bancos, de civilizadas zonas de reunión y esparcimiento. Muy alejados en espíritu de esta idea moderna, socializadora, buena parte de los dueños de estos inmuebles construyeron en los terrenos vacíos naves y locales de todo tipo, acrecentando notablemente sus ya de por sí desahogadas recaudaciones mensuales.
Sin ninguna duda afortunados, en nuestra manzana se conservan algunos jardines originales y varios de esos bajos se han recuperado a medias. Escenografía espléndida para una versión actualizada de La ventana indiscreta -¡que a nadie se le ocurra perpetrar semejante sacrilegio!- no quiero pensar en el cotilleo bullicioso que provocaría una edificación semejante en cualquier otro lugar que no estuviera habitado por gente tan ensimismada y respetuosa como la que ocupa los pisos de nuestra manzana. En ella nunca se escuchan gritos extemporáneos, aparatos de música desaforados o televisores con el volumen a su máxima potencia, y, verdaderos ángeles sin alas, es casi imposible ver a algún vecino ocupado en espiar al prójimo más próximo. Siempre que no haya obras de rehabilitación -los antiguos pisos burgueses de ciento cincuenta metros o más se están (re)convirtiendo en dos apartamentos más "democráticos" de alrededor de setenta metros- podemos gozar de silencio suficiente como para contrapesar el ruidoso trajín del frente de la finca, muy cercana a la confluencia de Balmes con Mallorca. Como las ordenanzas municipales no permiten que los edificios superen los cinco o seis pisos de altura y en los jardines hay algunos árboles de notable envergadura, también solemos disfrutar de un buen retazo de cielo sobre el que casi todo el año se ven pájaros de diverso tipo, garabateando el aire con sus acrobacias y sus vuelos.
A la altura de nuestra galería acristalada, convertida por el uso y los años en un alargado invernadero copado casi totalmente por las plantas, están los amplios ventanales del edificio de oficinas de la esquina. No digo que alcancemos a darnos las manos de ventana a ventana, pero la cercanía es suficiente como para que, de proponérnoslo y con sólo asomar un poco el cuerpo, podamos observar claramente todo lo que sucede en el interior de los despachos. Hace algunos años habían montado allí un presunto salón de masajes atendido por jóvenes y voluptuosas señoritas a las que les gustaba descansar entre uno y otro cliente sin cubrirse ni un solo centímetro de piel. Sí, lo sé; suena algo cursi. Podría haber eludido el circunloquio, haber puesto directamente "en pelota viva", pero siempre temo que algunos censores sin rostro ni nombre superpongan a mi post una indeleble cruz en rojo.
Durante los meses en que las desprejuiciadas masajistas se paseaban en cueros por las dependencias del salón vecino, nos visitó el hijo adolescente de un amigo porteño. Alto, moreno, cariñoso, simpático, "muy bien hecho" que dirían algunos, el joven visitante descubrió a poco de instalarse en casa la presencia cercana de las relajantes nudistas. Se hacía tan difícil sacarlo de allí como fácil de encontrar cuando no podías hallarlo a simple vista. Cuando algunos años después se convirtió en cocinero erótico seudo italiano para la cadena de televisión Playboy en su versión latina, yo me pregunté si aquel desfile barcelonés de turgencias desnudas había despertado sus posteriores voracidades.
Hace ya algún tiempo que no sé nada de su vida. Las oficinas del costado izquierdo se han convertido en un centro de rehabilitación dependiente de la seguridad social. Solo se ven máquinas con resortes y contrapesos, circunspectas enfermeras de uniforme blanco y pacientes con caras de sufrido esfuerzo. Ni rastro de los antiguos esplendores físicos.
Tal vez los ángeles escenifican metáforas para despertar nuestras, en muchos momentos, aletargadas conciencias.

Ilustra: Carla Bruni fotografiada por Michel Comte

Posdata: golpea mi puerta una muy mala noticia. Ha muerto Mario Merlino, un mago.Decir que lo lamento es poco. Desearle un descanso en paz es desearle algo que él jamás deseó para sí. Chau, Mario.

domingo, agosto 16, 2009

¿erotismo o pornografía?


-¿Cuál sería para usted la diferencia entre erotismo y pornografía?

En muchas ocasiones la pregunta estuvo dirigida a mí, un tipo sin antecedentes literarios que había ganado de forma absolutamente inesperada el Premio de Novela Erótica La Sonrisa Vertical de editorial Tusquets. Debo decir que el primer sorprendido por aquel premio fuí yo, aunque enseguida se unieron a esa primera sorpresa personal una larga lista de escritores "profesionales", todos ellos algo heridos en vaya a saber qué lugar de su geografía por mi incalificable intrusismo.
Un compatriota tan antipático como pedante llegó a decirme: "Todos nos preguntamos de dónde habías salido".
"¿De mi casa?", dije yo, sin preguntarle a qué colectivo estaba él representando. Si todo esto hubiera sucedido entre dentistas, seguramente yo estaría empastando muelas a los leones de algún zológico africano. Como no fue así, durante varios meses me convertí en un objetivo periodístico de relativo interés. A medio camino entre la cultura y el escándalo, mi libro y yo cubríamos por igual las necesidades de los suplementos culturales ilustrados y no resultábamos desdeñables para las revistas de tirada masiva con chicas semivestidas ilustrando la cubierta. Tal vez porque muchos de los periodistas profesionales que me entrevistaban habían leído de la novela poco más que el título, la que inicia este post fue la pregunta que más veces me han hecho durante mi particular, bastante extendido, reinado literario. En este sentido tuve más suerte que muchas misses. El año siguiente al de mi premio la editorial decidió dejarlo desierto aduciendo falta de calidad en los originales presentados y yo continué siendo Mr. Novela Erótica durante 365 días más. A través de muchas entrevistas he llegado a comprobar que los que se interesan por las diferencias entre erotismo y pornografía dan siempre por seguro que estas diferencias existen y nunca dejan en buena posición a la segunda nominada.
La cuestión ya no era demasiado original en los noventa, pero aunque pasaron más de quince años, cada vez que acudo a alguna cita con los medios en la que sale a relucir mi pasado sonriente y verticalista, la preguntita surge nuevamente, como si del acierto de mi respuesta dependiera el futuro sexual de toda la humanidad. Contesté alguna vez que la pornografía era el erotismo sobre un jergón de paja, y no había en mi respuesta ningún doble sentido. Ahora que he tenido tiempo suficiente para pensarlo con más distancia y menos acaloramiento, diría que se llama pornográfico a aquello que muchos desearían hacer si tuvieran las posibibilidades y las proporciones necesarias para hacerlo.
El sexo es siempre una representación; de no serlo es, o sería, un completo aburrimiento. Aterradora posibilidad, máxime cuando se trata de presentarlo en público y cobrando por ello. ¿O acaso es divertido ver aparearse a una pareja cualquiera de animales, repitiendo una y otra vez la misma, o muy similar, ceremonia procreativa? ¿Quién puede dudar que la mayor o menor satisfacción de un encuentro sexual depende en gran medida de la imaginación, inteligencia y entrega de los participantes? Doy por sentado que no hablamos de amor, sino del sexo como un deporte divertido entre dos -o más- personas que desean practicarlo. Entonces, ¿por qué todos aquellos que encuentran la pornografía menospreciable no encuentran también menospreciable un partido de fútbol, una carrera de obstáculos, un concurso de halterofilia o una maratón multitudinaria? La gente no suele pelearse por la posesión de una pelota ni corre de manera desaforada y pasándose testigos en su, ya bastante trajinada, vida cotidiana. Tampoco, salvo que se trate de un muchachote vasco, levanta semejantes pesos por el simple placer de levantarlos, ¿por qué asombra entonces la representación pública del sexo si no deja de ser algo más de lo que todos hacemos, o deseamos hacer, en los ámbitos privados de nuestra vida cotidiana? Tal vez sólo se trate de envidia, un pecado tan capital como el de la lujuria. Deberíamos tomarlo con mayor sabiduría: muchos de nosotros tampoco podemos correr como un campeón olímpico para alcanzar el autobús que se nos escapa, ni tenemos la gracia, la elegancia y la precisión que le sobra a un as de la natación cuando nos arrojamos, escondiendo la panza y sacando pecho, a la piscina climatizada de nuestro club.

(Dedicado a Lokita, que ha cumplido tres años durante este tórrido verano.)