jueves, febrero 28, 2008

¡No quiero ser una estrella! (cuarta y ¿última? entrega)

(para Pilar, con año recién cumplido)
Abrió la nevera y se dirigió directamente al congelador. Allí, tras varios envases plásticos con tapas semitransparentes que albergaban diversas salsas para los tallarines, pequeños trozos de tarta de alguna fruta de estación y otros de de tortillas de diferentes vegetales, sobras de purés, macedonia y sopas de colorida apariencia, todo un surtido variopinto de restos que después de un tiempo considerable de hibernación irían a parar sin la más mínima piedad al cubo de la basura, estaban los papelitos arrugados conteniendo los nombres de todos aquellos que habían osado menospreciarla, atacarla o simplemente contradecirla en alguna de las cuestiones consideradas esenciales por Amalia López Winocourt.
Llevaba en la mano, apretándolo con fuerza, como si temiera que pudiera cobrar vida y escaparse entre sus dedos, un nuevo papel amarillo estrujado en donde había escrito el nombre de su extravagante compañera de trabajo, la tan insólita como reiterativa Celia Cecilia Etchepareborde. Iba decidida a colocarlo en "el nicho de hielo" -también aquel nombre era creación de la octogenaria vidente serrana- junto a los de todos los otros traidores de su vida. "¡Que se le caiga la lengua! ¡Ojalá que se le caiga!" Nunca iba a perdonarle aquello. ¡Si al menos se lo hubiera dicho cuando estaban solas! ¡Si al menos no hubiera habido dos indeseables testigos de toda aquella ignominia! No era la primera vez que discutían por alguna noticia leída en las numerosas revistas del corazón que la dueña del Moona Lysa compraba para entretener a las clientas, pero nunca aquellas discusiones excedían ciertos límites considerados normales, respetuosos y de buen gusto, por las personas educadas.
-Te estás equivocando, Celia Cecilia. Estoy convencida de que a la princesa le queda mucho mejor el pelo suelto.
-Perdona que te contradiga, Amalia, pero el otro actor, aquel que la acompañaba en la fiesta de los Grammy, parecía muchísimo mejor persona...¡y que pedazo de tío!
-¿Rojo? ¿A tí te parece que se puede llevar un vestido rojo brillante a su edad?
-¡Me dices que no está operada! Querida mía: te estás volviendo ciega... ¡No puedo creer que pienses que esas tetas tan grandes como melones puedan ser naturales!
A la habitualmente parca Amalia le divertían muchísimo aquellas discusiones. Con su madre, la otra cotidiana interlocutora de la improvisada congeladora de lenguas, era imposible polémica alguna. Siempre estaba de acuerdo con todo lo que opinaba su pequeña y adorada hija.
-Es que tú sales más que yo, queridita mía... ¿Qué puede opinar tu pobre madre sobre cosas tan especiales si casi no se mueve de casa?
Amalia terminaba no oyéndola, ya que, como era imposible no sentir el reproche implícito en las palabras de su madre, aquello transformaba lo que debería haber sido una charla superficial, entretenida y sin mayor trascendencia, en un rosario de culpas, quejas y descalificaciones de todo tipo.
Abrió poco a poco los dedos y se quedó mirando la bola de papel amarillo que parecía refulgir sobre la palma de su mano, interrumpiendo las profundas y bien dibujadas líneas del corazón, del amor, de la vida.
-Que no quieres ser una estrella!!! ¿Qué me estás diciendo, pringadilla?
Era como si Celia Cecilia estuviera nuevamente frente a ella, moviendo los labios muy rojos de forma exagerada, articulando minuciosamente cada palabra que decía. Amalia podía reconstruir la escena en su totalidad, desde el mismo momento en que por pura diversión contestó en voz alta la quinta pregunta de un horrible formulario, por el cual, se supone, sabría reconocer al hombre de su vida apenas se cruzara en su camino.
-¿Cómo dices eso, Amalia? Y yo que te tenía por una mujer inteligente. ¿Me quieres decir que pierdes tu tiempo con esta mierda de revistas para ampliar tu mente? ¿O es que acaso lo haces para refinar tu espíritu? No, ya sé. Es una penitencia que junto a la castidad y el rosario cotidiano te ayudará a entrar en la Tierra Prometida. ¡No me hagas reír! ¿De verdad te interesa si la Condesa del Madroño se tira al Duque del Felpudo? Y todas esas putitas mostrándonos los interiores de sus casas sin imaginación ni vida, ¿te parecen verdaderamente imprescindibles? ¿Necesitas saber si Doña Perfecta sigue enamorada del Señor Maravillas? ¿Te ayuda en algo enterarte de los extravagantes caprichos sexuales de ese imbécil presentador de televisión con cara de macaco recién nacido?
Amalia estaba impresionada. Como no sabía qué contestar, contestó lo primero que se le pasó por la cabeza:
-Bueno...Igual que a tí. Tú también te zampas de lo más complacida todas esas revistas que ahora te parecen pura mierda.
-¡Sí, claro, pero lo único que yo quiero ser en esta vida es una gran estrella! ¡La más grande! ¡Quiero conocer gente interesante que diga y haga cosas interesantes! ¡Quiero vestirme maravillosamente bien, de lujo, con ropa cara y de la mejor calidad! ¡Olvidarme de las fibras sintéticas! ¡Que la lana sea lana y la seda seda! ¿Te crees que soy feliz tomando el metro cada mañana y cada tarde, rodeada de gente como yo, harta de hacer lo mismo cada día? ¡No, decididamente no! Yo quiero viajar en mi avión privado a una isla donde me esté esperando una preciosa casa junto al mar, con sombrillas y reposeras de bambú, cortinas blancas movidas por una suave brisa y una mesa servida con todo tipo de manjares. Y que al llegar me llamen por mi nombre, respetuosamente. No miro estas revistas para salir de mí, no curioseo en sus esplendorosas vidas para olvidarme por un rato de la mía, tan simple y repetitiva. No los admiro en absoluto: solamente los envidio... Trato de conocer ese secreto milagroso, ese embrujo mágico que puede convertirme en uno más de ellos. ¡Yo sí quiero ser una estrella, brillar más que ninguna! Y no pongas esa cara de incredulidad. Si al menos no lo sueño, jamás, ¿me oyes?, jamás podré conseguirlo.
Montse y Erica, las otras dos peluqueras, andaban por allí, haciendo como que ordenaban botes de suavizante y cajas de tintura. Cuando Amalia vio que se intercambiaban rápidas miradas cargadas de burlona complicidad no quiso oír más:
-¡Vete a la mierda, Cecé! ¿Acaso no te has mirado nunca a un puto espejo? Además de varios cirujanos plásticos, necesitarías al hada madrina de Cenicienta con todos sus pájaros y ratoncitos como ayudantes. ¿Me quieres decir de qué manera te vas a convertir en una estrella mediática, pedazo de idiota?
Celia Cecilia la miró a unos segundos a los ojos y después lanzó una única y amenazadora palabra en forma de pregunta:
-¿Matándote?
(¿continuará?)
ilustra : Audrey Hepburn por Irving Penn

lunes, febrero 25, 2008

Un intermedio antes del gran final del culebrón (estrella de la semana)

porque François Truffaut, esta adorable película, ella, me ayudaron a no sentirme demasiado solo, demasiado especial, casi monstruoso... porque esta canción es preciosa y ella la canta particularmente bien... porque no soy el único a quien le gusta muchísimo... porque internet existe y me permite disfrutarla otra vez con sólo picar sobre su nombre:
para los amantes de las comparaciones, podemos verla muchos años después junto a Vanessa Paradis y meditar sobre las diversas formas de seducción posibles

viernes, febrero 22, 2008

¡No quiero ser una estrella! (tercera entrega)

-Que no quieres ser una estrella!!! ¿Qué me estás diciendo, pringadilla?
Si algo odiaba la joven Amalia López -aún más que las zapatillas de punta o el cocido de callos con garbanzos- eran, sin ninguna duda, los abusos de confianza. Por cosas como esta era tan reacia a entablar amistad con las dependientas de los comercios cercanos y nunca se paraba a conversar, como lo hacía su siempre expansiva madre, con las entrometidas porteras de las casas vecinas. Entablabas relación con la gente del barrio y un día cualquiera, cuando lo único que necesitabas era un pan de molde o media docena de pastas surtidas, Paty, la pecosa desbordada de "La flor del centeno", te despachaba una pregunta desagradable delante de todas las otras clientas:
-¡Qué afortunada Amalia! ¿El rubio alto que te acompañaba ayer era tu primo Juanca o acaso es un noviete nuevo que te has echado?
"Ni lo uno ni lo otro, pedazo de hortera", pensaba en aquellas situaciones Amalia. "Ese rubio alto y fornido que te ha humedecido el chocho es el tipo que va a pagar mi próximo fin de semana en Londres". Sin embargo, como sabía muy bien qué tipo de cosas debía callarse para que la dejaran vivir en paz, Amalia contestaba con un tópico, muy ambivalente, "¡Cómo eres, Patricia!" acompañado de una gran sonrisa, mientras alcanzaba el dinero exacto a la entrometida vendedora y salía apresurada, aunque dignamente, de la tienda.
-Que no quieres ser una estrella!!! ¿Qué me estás diciendo, pringadilla?
"¡Vaya tipa borde, estúpida, insoportable! No hay duda: Celia Cecilia es una grasa, una cutre de lo último. Jamás tendría que haberle hecho saber nada de mi vida." Cada vez que recordaba aquella escena la indignación subía hasta su garganta como un picor alérgico, haciéndola toser hasta el desgarro. Habían tenido que pasar varios meses de convivencia cotidiana, es verdad, pero al fin Celia Cecilia, "la redundante" para Amalia y su madre, había terminado por mostrar la hilacha. Como siempre que se enfrentaba a una situación incómoda, Amalia había preferido callar "haciendo mutis por el foro", según ella misma decía. No soportaba los insultos ni las descalificaciones. Tenía el congelador lleno de bollitos de papel con los nombres de todos los que se atrevían a menospreciarla. Una vieja vidente de la localidad serrana de Mataró Chipá le había transmitido el secreto. "Se les va a enfriar su puta lengua cada vez que te nombren", dijo aquella extraña mujer con acento extranjero, mientras acariciaba delicadamente el collar de una amiga, supuestamente traidora, de Amalia. Esta no preguntó si aquel enfriamiento llegaría hasta la congelación, pero con el paso del tiempo fue comprobando que a ninguno de los amigos y conocidos invitados a su freezer se les caía, o al menos amorataba, la lengua.
-Puede ser que ninguno de ellos haya vuelto a hablar mal de ti, cariñito mío-, dedujo la madre de Amalia, para quien su hija, una mujer robusta de casi treinta años, seguía siendo una niña. Amalia le había pedido opinión en uno de sus recreos del trabajo, pensando que tal vez, sólo por más vieja, tuviera la respuesta adecuada. A ella ni siquiera se le hubiera ocurrido la posibilidad que barajaba su madre. Pensaba que la gente era mala por naturaleza y no existía ningún conjuro con fuerza suficiente como para cambiar aquel rasgo tan característico de los seres humanos. (continuará)
ilustra : Barbie según Byron Lars

miércoles, febrero 20, 2008

¡No quiero ser una estrella! (segunda entrega)

Las cosas siguieron exactamente igual en la vida de Amalia hasta la llegada de una nueva empleada al salón de belleza Moona Lysa. Si las trombas suelen ser de agua, podríamos decir que esta venía directamente de algún río cercano a una tintorería industrial, tal era la sinfonía de colores que arrastraba consigo. Se llamaba, según ella misma dijo, "Celia Cecilia Etchepareborde, encantada". Y, sin dar a Amalia la más mínima posibilidad de presentarse o emitir al menos una interjección que corroborara su presencia en aquel lugar, la nueva añadió: "Soy especialista en tinturas y extensiones y estoy convencida de que esta que hoy comienza será poco más que una breve etapa en mi carrera". Su siguiente frase, lanzada como un proyectil explosivo de considerable envergadura hacia la redondeada, y en ese momento estupefacta, cara de Amalia, fue: "Te lo digo para que no te sientas amenazada. No vine a quitarte el puesto. Soy un pájaro de paso y no me interesa hacer nido en un sitio como este... Tengo ambiciones mucho más elevadas." A todo esto Amalia ni había abierto la boca. Seguía impactada por la presencia de la nueva empleada, tanto como para que su discurso fuera poco más que un susurro incomprensible al que ni siquiera podía prestar atención. Si la ropa de Celia Cecilia era inenarrable -una audaz fantasía futurista en negro y grises, con profusión de ojales, hebillas y hombreras-, su peinado entraba en la categoría A de alucinatorio. Un cardado en color fucsia estridente servía de soporte a un sinfín de trenzas multicolores de grosores diferentes que caían por la espalda hasta casi tocar la cintura, de considerable circunferencia y envuelta por tres cinturones distintos: uno de cadena color cobre, otro de falsa piel de leopardo y un tercero de charol negro. "A esta mujer le gustan las reiteraciones", pensó Amalia, mientras, en señal de amistad, le acercaba un paquete de cigarrillos Marlboro a la nueva especialista en tintes. "Gracias querida", dijo la mujer, "te lo agradezco de verdad y entiendo tu buena intención, pero no tengo entre mis futuros proyectos el suicidarme. No sé si lo sabes, pero eso que me estás ofreciendo es puro veneno".
No había sido un comienzo fácil para la relación de las dos mujeres, sin embargo estaban casi obligadas a superarlo para poder entenderse. Trabajar en un espacio como aquél, bastante estrecho y concurrido, no admitía distanciamientos de ningún tipo. Es de suponer que las dos mujeres tuvieron claro que nunca llegarían a ser amigas, así que ni siquiera perdieron tiempo en intentos condenados de antemano al más desolador fracaso. Era mucho más fácil ser cómplices: para ello no hacía falta esforzarse demasiado. Bastaba con reírse del comportamiento y las costumbres de la dueña del Instituto, una mujer sesentona de pocas palabras que se hacía llamar Perla, a pesar de que en todos sus documentos de identidad figuraba como María de las Mercedes Piquer.
"Es tan burra", decía Celia Cecilia, "que no sabe que Mona Lisa se escribe tal cual suena".
Amalia se reía sin contradecirla, aunque sabía muy bien que la realidad era otra. Ella y su madre habían visto como el salón de belleza cambiaba el rótulo luminoso del frente del local a los pocos meses de su inauguración. Amonestada por el Patronato Municipal de las Artes, la falsa Perla se vió obligada a variar la grafía del nombre porque el original que hacía mención a la famosa pintura de Leonardo estaba registrado por una prestigiosa dentista de la zona. (continuará)
ilustra : Barbie Kidman según la revista Radar.

lunes, febrero 18, 2008

¡No quiero ser una estrella!

Desde muy pequeña, Amalita había repudiado los intentos de su madre por convertirla en una estrella de la danza. Odiaba con todo su corazón las zapatillas de media punta, y ni qué decir de las de punta, auténticos instrumentos de tortura para sus delicados pies. Aborrecía también las redecillas en el pelo, las mallas enterizas de tela sintética y los arrepollados tutús rosa que debía llevar en los Festivales Artísticos Integrados de Final de Curso -FAIFICUR, según el algo arbitrario anagrama del evento-, donde, indefectiblemente, a Amalita le tocaba bailar el pas de deux de "El Corsario" junto a su compañera de curso Miryam Esther Zarudiansky, disfrazada año tras año de niña pirata con pretensiones: raso rojo para la camisa deshilachada y el pañuelo anudado en la nuca, terciopelo verde cotorra para los pantalones de pescador bien pegados al cuerpo y un cinturón ancho de cuerina dorada para "hacer efecto". Por suerte para Amalita, una semana antes de empezar su cuarto año de curso, la profesora de Danzas Clásicas y Folklóricas, doña Bebita Lofiego de Seguí, decidió mudarse a otro barrio con más posibilidades en la zona alta de la ciudad, y a la madre de Amalita, Raquel Winocourt de López, le pareció que llevar a la niña hasta el nuevo estudio significaba demasiado esfuerzo y un incremento más que considerable en su ya muy abultada lista de gastos mensuales.
Fue así que Amalita abandonó la danza para siempre y se convirtió en Amalia López, estudiando sin demasiadas ganas las materias exigidas por el Liceo Nº 4 de la calle Rivadavia. Salió de alli convertida en maestra, pero como no había plazas disponibles para los colegios de la Capital y su madre jamás hubiera permitido que se mudara a Curuzú Cuatiá, Corrientes, donde le ofrecían la dirección de un parvulario para infantes de ambos sexos con problemas de integración social, ni siquiera tuvo necesidad de confesar que siempre había odiado a los niños conflictivos y se buscó un empleo como ayudante de peluquería en el Instituto de Belleza Integral Moona Lysa, enfrente mismo de su casa. Allí lavaba cabezas y barría suelos, intentaba convertirse en manicura y aplicaba cremas suavizantes y sprays fijadores a las clientas menos exigentes. No era un trabajo muy pesado. Tenía suficiente tiempo libre como para cambiar algunas palabras con la otras empleadas, generalmente eventuales, cruzarse hasta su casa para tomar un café recién hecho por su madre, o fumar un cigarrillo tras otro en la trastienda, mientras leía sin perderse ni una línea todas las revistas femeninas que la dueña de la peluquería compraba para entretener a la, según sus propias palabras: "distinguida clientela".
Amalia nunca se había parado a pensar si su vida era divertida o no lo era en absoluto, si aquel trabajo le gustaba de verdad o simplemente era una forma como cualquier otra de pagarse algunas necesidades, muy pocos caprichos y, con el plus de las propinas, poder ayudar a su madre, ya viuda, con algunos gastos de la casa. (continuará)
ilustra : la efímera estrella Karen Black en el cartel de Family Plot, último film de Hitchcock.

miércoles, febrero 13, 2008

estrellas de la semana: Spandau Ballet, La Edad de Oro, Paloma Chamorro

Planear por Internet es como abrir un álbum de fotos semioculto, polvoriento, astutamente traspapelado. Un día vuelves a encontrarlo por casualidad, te pones a hojearlo y, sin preaviso alguno, te lanza a la cara un montón de imágenes de tu vida pasada. Con ellas, quieras o no, se desata la siempre acechante, escocedora nostalgia. Un puñado creciente de amigos desaparecidos, aquella camisa que tanto quisiste, ese rincón perdido con una mudanza, todas esas caras sonrientes de destino impreciso, eventuales compañeras de alguna noche en la que creíamos haber tocado el cielo con las manos, están allí, al alcance de tus ojos y de tu partío corazón.
Spandau Ballet* fue un grupo inglés de fines de los setenta con estética mod o new romantic y un repertorio de canciones pegadizas, sin complicaciones. Alguna vez coincidí con ellos en el hamman del club Ahmara de Ibiza. Era invierno y las posibilidades de diversión isleña muy reducidas. Cuando entraron, guapos, altos, muy relajados, pensé que algún día recordaría esta anécdota sin importancia con especial ternura. "Sólo falta que canten", nos dijimos con Jorge, compañero habitual en aquellas jornadas de relajantes sudores. Tuvimos suerte. Lo hizo el solista del grupo, un muchachote moreno, siempre algo excedido de peso, al meterse en la piscina de agua helada. Era una manera elegante, muy profesional, de esconder el shock producido por el repentino, y brutal, cambio de temperatura
Palomo Chamorro, un clon maduro de la Mafalda de Quino, con su misma melena cardada negra y parecida visión de la realidad, tuvo por esos mismos años dos o tres programas de televisión -La realidad inventada, La estación de Perpignan, La edad de oro- en los que intentaba acercar al gran público, para ella siempre minoritario, algunos eventos de calidad artística y varios grupos musicales emergentes. Mientras en toda Europa y Estados Unidos las fotos de Robert Mapplethorpe (ver autorretrato) eran parcialmente censuradas, semiocultas tras bandas adhesivas de color amarillo vergüenza, o directamente descolgadas de las salas de exposición por supuestas ofensas al pudor, Paloma Chamorro (¿por dónde andas, nena?) dedicaba dos largos programas, en prime time y por la segunda cadena, a entrevistar al tan exquisito como rompedor fotógrafo neoyorkino -ya herido de muerte- en su taller vivienda de Manhattan. Sin pelos en la lengua ni velos en la mirada, Paloma preguntaba todo lo que todos queríamos saber sobre la obra de RM (ver autorretrato), al mismo tiempo que la mostraba sin cortes y (a)morosamente, cosa de que nadie perdiera detalles de aquel vendaval de imágenes rescatadas de las miserables catacumbas a las que habían sido condenadas por los nuevos y viejos inquisidores, presumibles guardianes de nuestra inocencia.
Si pican en la dirección siguiente:
http://it.youtube.com/watch?v=YPEsfBCYv8Y
podrán ver y oír a los Spandau Ballet* cantando en directo desde Zaragoza (1983) para el programa La edad de oro de doña Paloma Chamorro. Que les aproveche.
*(La prisión de Spandau fue construida al occidente de Berlín en 1876 como centro penitenciario militar. Los edificios eran de diseño medieval, a modo de fortaleza de ladrillo rojo. Fue proyectada para albergar a 500 prisioneros. Después de la Segunda Guerra Mundial, sirvió para recluir a muchos líderes nazis sentenciados en los Juicios de Nuremberg. El control rotaba cada mes entre una de las cuatro potencias vencedoras: Británicos, Americanos, Franceses y Soviéticos. A partir de 1966, el único prisionero nazi que quedaba era Rudolf Hess, que falleció en prisión el 17 de agosto de 1987. Tras su muerte, las fuerzas británicas decidieron destruir por completo el complejo carcelario para evitar que se convirtiera en un símbolo nazi. El ballet del nombre refiere a la danza de los ahorcados pendiendo de la soga.)
photo : Paloma en su programa.

lunes, febrero 11, 2008

recocido de trapo

(para Begoña M., que acostumbra leerme mientras desayuna...)
-Espero que todo esto aparezca en tu blog la semana que viene...
La dueña de casa ha decidido no cortarse nada, pedir claramente lo que desea. Como ese otro psicoanalista amigo, también lacaniano, que fue a nuestra charla en el Ateneo sobre Psicoanálisis y escritura y al terminar me dijo:
-Como verás he venido a escucharte. Si faltas a mi presentación de esta semana ya nunca más te dirigiré la palabra.
Fuí, por supuesto. No me gusta perder amigos porque sí. Además hubiera ido de cualquier forma, aún sin tiernas amenazas de por medio. A.C. suele presentar personajes e historias interesantes y yo quería enterarme qué cosas nos iba a contar, o recitar, un poeta concreto uruguayo de gira por Barcelona. Aquello terminó con un sácame de aquí estos poemas. Suelo aguantar mientras aguanto, pero en ciertos aspectos me parezco a un personaje de historieta argentino, un secundario de Don Fulgencio -si no se equivoca monsieur Ch.-, al que llamaban Leche Hervida. En un momento dado, ya sobre las diez de la noche, treinta minutos después de la que se había anunciado como hora de cierre, me pareció oportuno preguntar si esta poesía de signos y caligramas era un juego exclusivo para entendidos, una poesía sólo accesible a otros iniciados en esa disciplina, equivalente al teatro pobre del polaco Jerzy Grotowski, que en los años sesenta del siglo pasado revolucionaba a las vanguardias dramáticas de Buenos Aires con su consigna de "el teatro es para los actores". Al poeta-conferenciante rioplatense no le gustó aquella pregunta, aunque no entiendo muy bien por qué. Creo que apenas escuchó mi mención al siglo veinte supuso que yo lo estaba tratando de anticuado y decidió contestarme de mala manera. Como el que escribe estaba en primerísima fila, al lado mismo del poeta-ponente, mi acelerada huída, acompañada de un "Es muy tarde y no estoy dispuesto a aguantar agresiones injustificadas, sobre todo teniendo en cuenta que esto debería haber terminado hace media hora y tengo otra cita prevista para dentro de diez minutos", fue un mutis digno de un escenario más iluminado.
Por suerte, esta ha sido la única nota algo trepi-dante en una semana por demás afectuosa y de variadísimo espectro gastronómico. A saber:
Sábado noche en casa de la psicoanalista cordobesa (de Córdoba, Argentina) E.W.: animada charla, salmón ahumado, ensaladas y tartas de verduras. El postre fue un flan realmente memorable "realizado" por una elegante funcionaria de Hacienda.
Domingo al mediodía: antiguos afectos reencontrados y deliciosas empanadas caseras en casa de la escritora tucumana Marta Belluscio.
Lunes noche, doble conmemoración del año nuevo chino y del cumpleaños de la pequeña V.; esperanzador año de la rata el primero, orgullosa ratita la segunda. Se comió una tradicional y socializante cazuela china: bullente caldo en medio de la mesa del que se van rescatando apenas cocidos los diversos ingredientes -verduras, huesos con carne, pescados, algunos frutos de azufaifo- sumergidos un momento antes en el caldo por los mismos comensales. Algo asustado por aquel exotismo asiático, preferí tallarines chinos con tropezones verdes, aunque pesqué algún trozo de tofu de la cacerola general. Mientras la pequeña V. deslumbraba con su conocimiento del idioma a los jóvenes chinos de ambos sexos que rodeaban las mesas que al mismo tiempo nos rodeaban a nosotros, yo no podía despegar los ojos de los videos musicales exhibidos desde un gran monitor colgado en lo alto de una pared del no excesivamente espacioso salón comedor donde nos habían ubicado. Fuimos ocho a la mesa, un número chulísimo, redondo. Hubo risas a granel y litchis de postre. También mandarinas, según mandan los cánones del festejo mandarín.
Jueves noche: Inauguración de la muestra ARTEcontraGUERRA en la sala El Refugi del Honorable Ayuntamiento de Badalona. Copas de cava, ambiente relajado y algún que otro croque monsieur en un bar cercano.
Viernes noche: mesa de cinco en casa. Conversaciones intimistas y cazuela de pollo con verduras. Profiteroles de nata y chocolate. Yo comí una manzana Fuji, por eso de conservar la línea y no soñar con dinosaurios color malva.
Ayer por la noche, nuevamente sábado:
deliciosa cena en el cálido y elegante tríplex de otros dos buenos amigos psicoanalistas, B.M. y R.R., con la presencia de otra antigua Sonrisa Vertical, la tan afectuosa como giocondesca M.A. Todos hablábamos castellano y/o catalán, menos un señor alemán muy simpático con el que nos entendíamos un poco en francés y otro poco en el lenguaje universal de las señas, tan caro a nuestro actual presidente de gobierno. Foie con membrillo acompañado de ensalada verde, merluza fresca al horno con patatas y lo que para mí fue un auténtico descubrimiento sensual: ¡el recuit de drap! Tantos años en Barcelona y recién este sábado por la noche me enteré de su existencia. Lo traduje inmediatamente como "recocido de trapo", aunque en castellano resulta tan poco apetitoso al oído como ese otro plato cubano-canario al que llaman ropa vieja. No hablaré demasiado de este manjar de ángeles porque temo que se agoten las, según me dijeron, reducidas existencias. Sólo puedo decirles que por una vez desprecié el helado de dulce de leche tan argentino y me dediqué con devoción casi eucarística al exquisito trapo catalán.
Domingo al mediodía: brunch-desayuno con diamantes. Encuentro con tres buenos amigos en Caixa Forum. Como fondo una pequeña y revitalizante instalación (Petra Mrzyk y Jean-Francois Moriceau) con look setentero en blanco y negro, de dibujos rebosantes de ideas y contenido. Una sabrosa guinda para la exposición sobre los Príncipes Etruscos, tan toscanos como mi padre. ¿Quién no quiere una casa diseñada al estilo del palacio principesco etrusco, con su patio central rodeado de porches y columnas? Allí, en alguno de los textos explicativos que guían nuestro peregrinaje por las diferentes salas, se habla de la raíz griega de la palabra simposio (sympósion). Su significado: comer y beber juntos, festín. Tal cual la agorrionada Edith Piaf de mis nostalgias, yo podría cantar aquello de "no, la verdad, no, no me puedo quejar". Esta semana me la he pasado de simposio en simposio.
ilustra : Mrzyk et Moriceau, Untitled, courtesy Air de Paris, Paris, 2004

jueves, febrero 07, 2008

tatuajes

Me gusta caminar por las ciudades solitarias cuando los escaparates tienen las luces apagadas y los maniquíes semejan fantasmas de ellos mismos, sin el brillo glamuroso que les otorga la mirada ajena. Me gusta inquietarme con los ruidos extraños; soportar una presencia que se acerca haciendo sonar sus pasos sobre la acera y contener el deseo de dar vuelta la cabeza para comprobar si ese alguien me está siguiendo. Estirar mi ansiedad hasta el último segundo, mientras fantaseo conque el brazo extraño podría alargarse hasta tocar, golpear, herir de muerte. Esta noche, como tantas otras, voy conmigo a solas. Sin distracciones exteriores, sin intenciones extrañas a las mías; escudado en mi cuerpo, protegido por mi piel. Hoy, como casi cada día, he salido a la calle escapando del clima agobiante de mi dormitorio. La ventana abierta de par en par sólo dejaba entrar oleadas de humedad pringosa, olor a desagües estancados y el ruido insoportable de las ambulancias, abriéndose paso entre alaridos desaforados para transportar a los que ya no quieren aguantar ni un segundo más y, en un último instante decisivo, exageran la dosis de droga o la de medicamentos, se lanzan al vacío como si fuera una piscina olímpica, abren sus venas con un trozo de vidrio o se cuelgan de una viga del techo, imaginándose que tal vez después de muerto puedan encenderse y brillar, como una araña versallesca. Como soy un transeúnte, ni siquiera me preocupan los suicidas rodados, esos que estrellan sus vehículos contra los árboles y las farolas, contra los afilados quitamiedos de metal, contra los otros desgraciados conductores.
En según qué lugar corre alguna brisa leve: podemos fantasear conque aún respiramos. Empiezo a pensarme como el único habitante de la tierra. De pronto se rompe el ensueño. Oigo unos pasos indudablemente femeninos -tacón muy fino de metal, pasos cortos de falda estrecha- viniendo a mi encuentro desde la vuelta de la esquina. Me detengo en un escaparate mirando nada. Quiero verla aparecer, esperarla allí donde estoy. No me interesa tropezar con ella. Un instante después la veo acercarse, marcando el ritmo de sus pasos como si atravesara una pasarela rodeada de admiradores curiosos. Llega envuelta en aromas de perfumes dulces; también en su egocentrismo, en su levedad, en su más que notable tontería. Rubia artificial, de mediocre peluquería de barrio, las largas extensiones bailan sobre el escote pronunciado, acarician ese canal profundo que forman sus senos demasiado grandes, demasiado redondos, demasiado idénticos. No soy quien para asegurar que es una obra de alta cirugía, pero sin embargo me atrevería a decirlo sin demasiado temor a equivocarme. Pasa a mi lado sin siquiera dirigirme una mirada. No pretende ignorarme; ya me ha visto antes. Posiblemente sea una tasadora nata, posiblemente haya aprendido a serlo noche tras noche en la misma calle. Da igual. No encuentra nada de interés en mi persona. Tengo pinta de viandante sin dinero, de turista pobre de fin de semana. Encajo mal el desprecio. Empiezo a seguirla. Llevo suelas de goma. Me veo obligado a arrastrar los pies de forma exagerada para hacer notar que voy tras ella. Puedo oler su intranquilidad a la distancia: el miedo perfuma aún más que sus cosméticos. Dicen que la venganza es un placer de dioses. Me miro de perfil en el cristal oscuro de un escaparate para ver cuánto he cambiado con mi repentino endiosamiento. Otra vez la desilusión llama a mi puerta. El tipo que me mira desde el vidrio es un viejo conocido: sigo siendo yo, el mismo. Ni siquiera me han crecido cuernos de luz, crines de caballo, prietas nalgas de efebo o de doncella. A pesar de ello, mi hipotética víctima recibe el mensaje y gira un poco la cabeza. Ya puedo sentirme satisfecho. He movido ficha, la he convertido en una presa acorralada. En sólo unos segundos, mil fantasmas infantiles se han encarnado en mí, en este oscuro hombre que la sigue. Ahora está siendo ella la que espera el golpe, el ataque artero, la mortal puñalada.
No quiero que el juego llegue demasiado lejos. La miro por última vez y un tatuaje mal hecho asoma entre el cinturón de símil cuero y la blusa corta y estampada. Un vulgar corazón de repostería con dos flechas cruzadas. Giro sobre mis pasos, abandono la persecución.
Dejo que siga buscando al amor de su vida.
photo : dante bertini

martes, febrero 05, 2008

rojo sangre/arte contra guerra

A partir del día siete de febrero, de martes a sábado de 17 a 20.30 horas, en la sala de exposiciones del Ayuntamiento de Badalona. Finaliza el 5 de marzo.
Más información en:


El texto que acompaña mi parte de la exposición (23 pequeños trabajos con técnica mixta), dice:

La guerra es un juego de niños.
No debería ser un juego para los adultos.
De niños jugamos con armas supuestamente inofensivas
que luego, ya mayores, carga con municiones auténticas el diablo que llevamos dentro.
Hasta que un día, ese Otro siempre sospechoso pasa a ser nuestro enemigo.
Diferente color, diferente bandera, diferente lenguaje, diferente religión, diferente ideología. Las diferencias nos enfrentan.
La violencia, que no es juego de niños, nos desangra.
El rojo sangre de los cómics, de las películas, de los disfraces infantiles, rojo de pintura fresca, se convierte en sangre de verdad; sangre no virtual, sangre derramada.
Rojo sangre de los poetas masacrados.
Rojo sangre de los crímenes domésticos.
Rojo en la piel de los animales salvajemente torturados.
Rojo en los restos de las víctimas inocentes.
Rojo de sangre verdadera.
Un color que duele.

sábado, febrero 02, 2008

estrellas de la semana : Pedro y Pablo

A mediados de los setenta, poco antes de que casi todos abandonáramos Argentina, mis amigos más cercanos y yo cantábamos, medio en serio, medio en broma, esta marcha inocentemente reivindicativa. Era una forma algo ingenua de darnos ánimos frente al horror que crecía sin remedio. Más de treinta años después muchas cosas siguen igual. Otras han cambiado, aunque no sé con certeza si ha sido para mejor.
Pongo dos versiones de Youtube. En una podemos ver el poder de convocatoria de Pedro y Pablo en noviembre -mes de mi cumpleaños- del año 1982.
Yo ya estaba en Ibiza, con el corazón y el pelo en absoluta libertad.
Ilustra la cubierta de uno de sus discos con la sombra culpable de un dedo.

miércoles, enero 30, 2008

El valle de Elah

oh sí, lo confieso: estoy super adherido a esto de los blogs... como un colgado a su droga, como un ludópata a su bingo, como un teleadicto a su telemierda, como un enamorado a su objeto amado, odiado, envilecido, despreciado, glorificado y enaltecido... y es que la calle está peor, y el mundo en sí, il mooondoooo, Jimmy Fontana says, se ha puesto de lo más difícil, tan duro como un campo de batalla... y entonces te dices (yo me digo): mejor arréglate con lo poco que tienes, pide sólo para tus adentros, porque si pides algo para afuera lo más probable es que te digan ¡No! o ni siquiera te escuchen...
llegado a este punto, te sientas nuevamente frente a la máquina todopoderosa y ni te preguntas qué quieres contar: va saliendo solo... es que hay un montón de cosas esperando ser dichas por todos los rincones... y eso que de la Política has decidido pasar, es tan opaca, tan sucia, tan ajena; y de la Religión y los Curas ya has dicho todo lo que debías y un poco más en su momento, ¿recuerdas?, cuando todavía creías en ellos, cuando pensabas que en sus manos podía estar la palanca para el cambio... como ahora ya no escuchas sus monsergas ni temes sus anatemas ni siquiera pretendes rebatirlos: que cada uno haga su camino y a ti te encontré en la calle... y vas al cine también, de pantalla en pantalla, porque allí pagas la entrada, y te sientas, y si quieres te comunicas con la historia que te cuentan, y si no, te quedas quietecito como un idiota, con los ojos bien abiertos y la mente en otra cosa, que para eso tu cabeza va sobre tus hombros y no sobre los hombros de otros, y te encuentras con gente, sí, buena gente amistosa y simpática, y aún sabiendo que las posibilidades de entenderte están limitadas por las diferentes necesidades, intentas pasártelo bien y hay momentos en que inclusive lo consigues...
¡Ah sí! Ya que hablé de cine, recomiendo sin más El valle de Elah. Tiene unas interpretaciones modélicas (Tommy Lee Jones, Charlize Theron y Susan Sarandon) y nos habla sobre la violencia desde el único lugar posible: el de la profunda y desenmascaradora reflexión.
Aclaración Urgente (y posterior) : "No trabajo en la peli", dice Jack, "sólo ilustro este post con mi cara de ¿qué está diciendo este tipo?".
retrato de jack nicholson por alastair thain

viernes, enero 25, 2008

Psicoanálisis y escritura

Con el mismo nombre de este post, Mesa Redonda en el Aula de Escritores del Ateneo Barcelonés. Fue ayer, a partir de las siete y media de la tarde. Participé con una ponencia junto a las escritoras Isabel Núñez e Imma Monsó. Moderó el psiquiatra y psicoanalista Manuel Baldiz. A pedido de algunos amigos que no pudieron asistir por problemas horarios, transcribo a continuación el texto que escribí para ese encuentro. Es algo largo. lo sé. Podéis pasar de él sin que me ofenda. O leer el post anterior: ¿Quién ha dicho perros?

Dialogando virtualmente con Manuel Baldiz acerca de esta charla, coloquio o mesa redonda -juro que no sé cómo llamarla y ni siquiera sé si esto importa demasiado-, aparecieron algunos temas de especial interés para nuestro estimado moderador, ya que mostraban coincidencias, paralelismos y/o puntos de contacto entre nuestras profesiones.
Afortunadamente para mí, ninguno de estos temas hacía hincapié en lo conflictivo que puede resultar escribir fuera de la tierra que nos vio nacer, algo que ronda constantemente -en forma de charla, coloquio o mesa redonda- a todos los escritores nacidos fuera de Cataluña.
Los puntos que interesaban a Manuel Baldiz, eran:
El 1º: La influencia (o no) del análisis personal del escritor en su manera de escribir, y también de la teoría psicoanalítica en la escritura en general,
El 2º: Un interrogante que Baldiz mismo considera algo tópico y de compleja resolución: ¿puede un autor escribir desligándose de los condicionantes de su propia biografía, de todos sus fantasmas?
El 3º: ¿Tienen razón los que dicen que la novela ya está “muerta”? Siendo algo que curiosamente se afirma también respecto del psicoanálisis, ¿es que psicoanalistas y escritores podemos considerarnos como parte del mundo de los muertos?

Me parece de especial importancia empezar por este último punto. Sobretodo para tranquilizar a los que están escuchándonos. Podrían pensar que sin proponérselo han adquirido ese Sexto Sentido que permite ver a los finados de cuerpo presente e inclusive socializar con ellos. Si la novela está muerta debe ser un negocio al menos tan próspero como el de las pompas fúnebres. ¿O es que las editoriales editan por puro fervor literario, por mero y trasnochado romanticismo?
Del total de títulos editados en España durante el año 2006, cerca de 57.000, casi la tercera parte corresponde a textos literarios o a volúmenes que se ocupan de su estudio y crítica.
¿Y el psicoanálisis? ¿Es que también el psicoanálisis está muerto o en vías de extinción? No puedo responder a esta pregunta. Seguramente lo harían mejor las agendas de los psicoanalistas aquí presentes. Por mi parte, y viendo el sonido y la furia conque casi todos estamos obligados a enfrentarnos cada día, minuto a minuto, en nuestra vida cotidiana, sería de rogar que el psicoanálisis siga vivo, que sigamos teniendo gente interesada en paliar algunos molestos síntomas, con algo más que cápsulas, grageas y bisturís.

Gracias a la lista de la librería Xoroi, poco antes de escribir este texto me enteré de la existencia de un medicamento muy de moda. Si mis piernas se movieran sin aparente necesidad, preferiría, antes de ensayar la ingesta más o menos controlada de Rivotril, salir a comprarme una antigua máquina de coser a pedal para sustituir al ordenador, subirme a una cinta rodante o flanear alegremente por algunas de las ciudades que me gustan.

Los otros dos ítems que proponía Manuel, deberían, supongo, poder resumirse en uno.
Tuve tres cortas experiencias psicoanalíticas en mi vida, la primera a mis enfervorizados, quijotescos, apasionados, a la distancia tiernos, diecinueve años.
Dos o tres años después, arrastrado por las nuevas corrientes terapéuticas llegadas de Londres, -no sólo nos mandaban canciones de los Rolling y los Beatles o minifaldas de Mary Quant- hice otra corta experiencia con una novia psicoanalista del inglés David Cooper, presunto inventor de la antipsiquiatría.
Todo fue relativamente bien hasta que un día ella me dijo que no debía confundirla con su novio inglés:
-Soy de la escuela freudiana. No espere de mí terapias alternativas-, y para que no quedaran dudas al respecto me invitó a recostarme en el diván.
Aquello me desilusionó bastante. Yo esperaba que saliéramos a caminar libremente por los parques y, como quien no quiere la cosa, ayudados tal vez por alguna sustancia alucinógena, ella, la novia porteña de Cooper, se atreviera a develarme la verdad de la vida.
La última experiencia analítica, por hallarse muy cercana en el tiempo pero aún más en el espacio, prefiero pasarla por alto.
Los pocos libros que tengo publicados, todos los que escribí hasta el momento, son frutos de la edad madura.
Podría decir que nací como escritor, me permití creer que podía serlo, poco antes de llegar a los cincuenta años. O sea que entre mi primer encuentro con un encantador analista freudiano argentino en la ciudad de Buenos Aires y mi primer libro escrito en un piso del Eixample en la Barcelona post-olímpica, pasaron nada menos que tres décadas. Tres décadas en las que jamás me había planteado convertirme en "escritor profesional". Tampoco hoy me planteo semejante cosa, pero como más de una vez he leído esta escueta descripción acompañando mi nombre, se hace necesario aclarar que no soy el responsable.
Fui, y esto sí puedo atribuírmelo, un lector muy precoz, pre-sicoanalítico.
Cuando agoté las clásicas lecturas infantiles de la segunda mitad del siglo pasado -Defoe, Dumas, Verne, Louise May Alcott, Mark Twain- me lancé a leer a Sartre y Camus. Lo hice apenas cumplidos los trece años y aconsejado por una profesora de lengua castellana que me consideraba suficientemente maduro como para emprender semejante tarea sin embarrancarme para siempre en la autodestrucción. Casi se equivoca, por supuesto. Dicen que el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones, aunque nadie nos aclara que estas peligrosas bondades, estas buenas intenciones, también pueden ser ajenas.
A estos, mis años "existencialistas", de cabellera revuelta y jerséis oscuros de cuello vuelto, siguieron otros muchos años en los que devoraba ansiosamente todo lo que caía en mis manos.
Este todo incluye también obras literarias, de gente tan dispar como Steinbeck, Pavese y Leon Tolstoi; Simone de Beauvoir y Francoise Sagan; Neruda, Lautreamont, Rimbaud, Oliverio Girondo y Alfonsina Storni, el teatro de "William" Shakespeare y el de Tennesssee "William(s)", el de O´Neill y el de Ionesco, ambos llamados Eugene.
Tanta literatura sin freno ni guía me arrojó a los brazos de las juventudes comunistas, que, disfrazadas de un literario marxismo leninismo, me prohibieron leer a Madame Flaubert por considerarlo burgués y decadente.
Nunca pude soportar la censura y aún menos ejercida por los que se llaman a sí mismos "progresistas".
Semejante decepción en mis convicciones político-sociales, unida a algunas otras de carácter erótico-amoroso, me hundieron en un nihilismo desesperanzado y solitario del que sólo me rescataban mis amigos de siempre: el cine y la lectura.
Más o menos por esta época, la misma en que comencé a interesarme por Freud y sus discípulos, tuve la suerte de leer al extravagante y prácticamente desconocido escritor Witold Gombrowitz. Lo hice aconsejado por un joven librero porteño convertido con los años en un reconocido sicoanalista lacaniano. En medio de una improvisada charla literaria nocturna en la librería donde trabajaba, Germán Leopoldo García extrajo de un estante semi oculto, un ejemplar amarillento de la primera edición, fechada en 1947, de Ferdidurke. Y uso el verbo extraer de forma muy deliberada, ya que el amigo que me acompañaba y yo tuvimos la sensación de haber presenciado un pase de prestidigitador, un abracadabrante truco de magia.
Devoré una y otra vez aquella particular novela, la asombrosa narración de ese misterioso polaco "anclado" durante años en una Buenos Aires que lo negaba como autor al mismo tiempo que traducía y publicaba sus escritos. Gombrowitz ganó mi razón con su aparente locura. Encontré que toda aquella invención de estructura lógica y aspecto surreal, ofrecía una coartada plausible a la forma en que yo había vivido hasta aquel momento, y, algo quizá mucho más importante, a la manera en que quería vivir en el futuro. Usando sus propias palabras, las iniciales del prólogo a esa primera edición argentina:
Los dos problemas capitales de Ferdidurke son: el de la Inmadurez y el de la Forma. Es un hecho que los hombres están obligados a ocultar su inmadurez, pues sólo se presta a la exteriorización lo que ya está maduro en nosotros. Ferdidurke plantea esta pregunta: ¿no veis que vuestra madurez exterior es una ficción y que todo lo que podéis expresar no corresponde a vuestra realidad íntima? Mientras fingís ser maduros, vivís, en realidad, en un mundo bien distinto. Si no lográis juntar de algún modo más estrecho esos dos mundos, la cultura será siempre para vosotros un instrumento de engaño.
Gombrowitz
, siempre crítico con toda forma de identidad colectiva, defendía la inmadurez, la no profesionalidad, ese libre albedrío que yo siempre he asociado con la tan seductora como displicente Pantera Rosa, un personaje que, lejos de SER definitiva y tozudamente "algo", recorriendo un camino que supone único y prefijado, se permite IR SIENDO, mientras transita ese terreno desconocido que la vida va desplegando frente a sí.
En este mundo de imágenes, espejo “Lewiscarolliano” del mundo real, el ambiguo felino de color rosado acepta hacer uso de esa natural flexibilidad que el budismo zen y el fantasma publicitario de Bruce Lee atribuyen al agua o al aire.
En definitiva: gracias a un polaco exiliado, a la librería Fausto de la porteña calle Corrientes, a un estudiante de psicología que trabajaba en ella, al dibujante Fritz Freleng y a la música de Henry Mancini, logré aceptarme como un ser moderno, un producto de mi época. Ningún libro, sin embargo, ninguna teoría política o filosófica, ningún film estadounidense, sueco o francés, respondía de forma creíble y certera a una pregunta siempre presente durante aquella época de mi vida. Y aquí -redoble de tambores- vuelve a entrar en escena mi primer analista. Aunque decirlo así es un tanto egocéntrico, bastante narcisista. En realidad fui yo quien se introdujo en su consulta para ¿atormentarlo?, exigiendo una revelación definitiva, CONCLUYENTE, para esa pregunta que podía tener todas las respuestas o no tener ninguna.

Aquí termina, debería terminar, este espiche, perorata, alocución, ponencia.
Llámese como se llame, podría seguir con ella hasta el fin de mis días. Supongo que ustedes no se quedarían para verlo, aunque nunca se sabe: a los seres humanos nos gusta ser imprevisibles. Pasa que, como se trataba de hablar de psicoanálisis y de la incidencia que éste tiene en nuestras vidas, me he dejado llevar más o menos libremente por la asociación libre, un método usado por un buen montón de gente, desde Sigmund Freud a Jack Kerouac.
Al terminar de escribirlo, por esas cosas del azar, que aún cuando no perfuma está siempre presente, apareció ante mí una cita de Michel Houellebecq, ese escritor llamado en realidad Michel Thomas. Dice así:
El humor no nos salva; no sirve prácticamente para nada. Uno puede enfrentarse a los acontecimientos de la vida con humor durante años, a veces muchos años, y en algunos casos puede mantener una actitud humorística casi hasta el final; pero la vida siempre nos rompe el corazón. Por mucho valor, sangre fría y humor que uno acumule a lo largo de su vida, siempre acaba con el corazón destrozado. Y entonces uno deja de reírse. A fin de cuentas ya sólo quedan la soledad, el frío y el silencio. A fin de cuentas, sólo queda la muerte.
Me ha hecho pensar, lo reconozco. Todo lo escrito por mí para este encuentro –y esta palabra, encuentro, me parece la más apropiada para lo que estamos haciendo aquí y ahora- tiene un tono de broma que Thomas Houellebecq encontraría inútil.
La duda abría ante mí sus temibles agujeros negros.
No tenía tiempo para escribir otra cosa. En realidad, tampoco quería hacerlo.
Apenas unos segundos después logré tranquilizarme.
No estaba de acuerdo con Michel Houellebecq Thomas.
Es tan importante no burlarse de las cosas serias como tomarse con buen humor casi todo.
Total, al fin de cuentas, sólo queda la muerte.
Ilustración anónima encontrada en la red (gracias, vanessa)

jueves, enero 24, 2008

¿Quién ha dicho perros?

El diario La Vanguardia de hoy da cuenta de una noticia muy desagradable.
En un refugio de perros abandonados de Lleida, la Lérida castellana, han aparecido dos ejemplares muertos de forma violenta. En realidad habría que decir ejecutados, ya que uno de ellos estaba estrangulado con la cuerda que lo ataba y otro había sido apaleado hasta la muerte.
Se me hace imposible hacer literatura con todo esto.
Perro, perra, animal, bestia, bicho, fiera, son palabras que se han usado y se usan despectivamente. Entre los sinónimos de animal podemos encontrar alimaña, irracional, torpe, grosero, ignorante, zopenco, mentecato, lerdo, negado, bruto.
O sea: no tengo palabras para definir a este/os desgraciado/s asesinos. Posiblemente sean gente como nosotros, que se mueven sobre sus dos piernas, miran por un par de ojos y hasta son capaces de articular palabras.
No me cago en sus muertos. No sirve de nada.
Quisiera que la naturaleza entera caiga sobre ellos.
Quisiera que mis pensamientos hieran, dañen, produzcan tanto dolor como sea posible.
Quisiera que en el momento de su muerte, deseándola más temprano que tarde, no tengan a su lado ni un perro que les ladre.
Photo : Dana, por Héctor Zampaglione

domingo, enero 20, 2008

problemas de comunicación

El día 30 de diciembre dejé caer mi móvil, o celular, dentro de un cubo, o balde, con agua y detergente. Detergente sí, no lavandina o lejía.
Jorge Ch., que tiene una especial predisposición para la enfermería de urgencia, corrió con mi celular o móvil hacia el cuarto de baño, servicio, aseo, o, meridional y simplemente, baño, y cogiendo, tomando, agarrando o asiendo el celular o móvil con una mano, tomó, asió, agarró o empuñó en la otra el secador capilar, de pelo o cabello, y luego, o después, de encenderlo o prenderlo, dirigió su chorro de aire caliente hacia el celular o móvil mojado.
-A lo mejor, tal vez, quizá, si logramos secarlo, pueda seguir funcionando... o andando.
No fue así. El primer día se quedó absolutamente mudo, ciego y sordo, como los tres monitos célebres. Había ahogado a mi guapo, lindo, bárbaro, estupendo, servicial Motorola, en un vulgar cubo, o balde, de agua con detergente. Decidí que, perdido por perdido, no estaría mal probar una solución más contundente. Lo puse sobre el calefactor o estufa eléctrica y esperé un rato a su lado para ver si reaccionaba. No lo hizo. El segundo día, después de pasarme horas y horas intentando que Orange me solucionara el problema de una forma práctica, como podría ser permitirme que retire un nuevo celular móvil en una tienda negocio boutique de las/los mucha/os que tiene en Barcelona, volví mi vista hacia el ahogado y decidí encenderlo, prenderlo, ponerlo en funcionamiento nuevamente. Andó, o anduvo, como si nada hubiera pasado, sólo que un pequeño letrero luminoso decía que la batería, o cargador, era inadecuada/o.
Me gustaría comprobar mediante los lectores habituales de este blog si lo que cuento es comprensible. Ninguno de los muchísimos contestadores robóticos, gestores comerciales o empleados rasos -con nombre, apellido y muy variadas nacionalidades- que tuvieron la deferencia de atenderme, por teléfono o personalmente, durante los dos o tres días que duró esta recherche del celular perdu, parecía comprender lo que les explicaba. Aunque nadie pueda asegurarme que esto sea una solución a futuros problemas de comunicación, con el nuevo año me he pasado a otra compañía que me ofreció un nuevo Motorola sumergible.
photo : anónima, de la red.

viernes, enero 18, 2008

Annie Lennox, estrella de la semana

Quizás la estrella de esta semana haya sido Matilde Horne y su sonrisa de casi cien años (ver post anterior). Sin embargo, sin que yo lo buscara, reapareció por aquí un video de 1990 al que sigo encontrando muy especial diecisiete años después. La canción fue escrita por uno de mis autores preferidos, Cole Porter, y se incluyó en un álbum, Red, Hot and Blue, que, además de ser un tributo al compositor estadounidense en el centenario de su nacimiento, pretendía recaudar fondos para la lucha contra el SIDA.
http://it.youtube.com/watch?v=ON0qcXzuUYU
El corto, donde se narra con ternura y nostalgia la dolorosa pérdida de un hermano (¿el de la misma Annie?) a partir de filmaciones domésticas, fue dirigido por Ed Lachman. De regalo un vídeo más, por si alguien tiene dudas sobre la calidad interpretativa de esta particular ratoncita.
Y para los infatigables, AN en versión minimal: piano, gafas oscuras y una pregunta bastante habitual: ¿Why?
El retrato de Annie Lennox es del fotógrafo Alastair Thain

miércoles, enero 16, 2008

el Cedro de Matilde Horne

Sinceramente, no sé cómo empezar a contarles esta historia. Tal vez por el final, cuando durante la tarde de ayer recibí la llamada de un amigo vallisoletano y discutimos sobre mi apoyo y su rechazo al canon para los soportes digitales. Hoy, como si todos los vientos estuvieran soplando para el mismo lado, me llega un comunicado de Cedro que muestra el tema desde varios ángulos diferentes, tantos como escritores y periodistas han decidido tratarlo en los últimos meses para diversos medios de comunicación. Cedro no es sólo un árbol, por si no lo saben. Son también las siglas del Centro Español de Derechos Reprográficos, la asociación que se ocupa de proteger los derechos autorales de los creadores españoles. Hace varios años, cuando me enteré que mi ya octogenaria amiga Matilde Horne, traductora de Tolkien, Ray Bradbury, Ursula K. LeGuin, Stanislav Lem, Angela Carter, Brian Aldiss, Christopher Priest y Doris Lessing, había sufrido un accidente en su apartamento de Ibiza, lo cual hacía imposible que siguiera trabajando y por tanto la hundía económicamente hasta límites realmente preocupantes, comenté el asunto en la asociación de escritores a la que pertenezco (ACEC). A pesar de todo el trabajo realizado, Matilde, como muchos otros exiliados, no tenía derecho a una jubilación. "Tenemos que hacer algo por ella", me dijo la siempre sensible secretaria de la asociación, Pilar Brea. "Es socia nuestra, pero no sé si tiene papeles de residencia permanente y dudo que tenga posibilidades de jubilarse", me lamentaba yo, convencido de que con tantos impedimentos legales de por medio cualquier ayuda oficial sería imposible. "¿No me dices que es la traductora de El señor de los anillos? Un libro que ha vendido miles y miles de ejemplares... Sólo por eso debería estar cubierta frente a estas eventualidades. Hablaré hoy mismo con la gente de CEDRO". Lo hizo y desde aquel momento ellos decidieron ocuparse de la suerte de esta mujer inteligente y encantadora, pequeña como una cría de pájaro, sonriente como una gioconda, dulce y delicada como una geisha. Un tiempo después vinieron las tratativas de la asociación de traductores y el acuerdo con los editores de sus libros. Ahora Matilde, con 94 años, vive bien, sin apuros económicos, protegida y cuidada. Creo que aunque sólo sea por cosas como esta importa que paguemos derechos reprográficos. Si no protegemos a nuestros creadores, a nuestros artistas, más temprano que tarde nos quedaremos sin ellos, y entonces, como dice una vieja canción sudamericana: ¡Ay, qué gran tristeza!
Para los que puedan estar interesados en conocer otros comentarios sobre el tan discutido canon:
- Vicente Molina Foix:
El canon cerrado y sus enemigos (El País, 8 de enero del 2008)
- Javier Marías:
Tiempos saqueadores (El País Semanal, 6 de enero del 2008)
http://www.larazon.es/8573/noticia/2/Y_un_rbano)
- Vicente Molina Foix:
Manteca y canon (El País, 21 de diciembre del 2007)
- Arcadi Espada:
Canon (El Mundo, 21 de marzo del 2007)

retrato de Matilde : Vicent Marí, El País.

domingo, enero 13, 2008

wag the dog

Tal vez deba agradecer a mi estado post-gripal haberme enterado de la existencia de esta película. Ahora sólo queda hacerme con ella para verla en mejor estado del que lo hice el sábado por la tarde, a la hora de la siesta. Comida, más que sobria, escueta, acorde con mi "pasesca" convalescencia, y un segundo después esa no decisión -dado mi estado de decaimiento no había otra elección posible- que llevé a cabo sin demora y con absoluta entrega: tirarme en el sofá para tragarme como postre cualquier cosa que pasaran por el canal Hollywood. Esa cosa de ayer a la tarde resultó ser Wag the dog (1997), un film espléndido que, vaya a saber por qué, no sólo nunca había visto sino que desconocía en absoluto. Distribuída en España como Cortinas de humo y en Argentina como Mentiras que matan, tiene guión de David Mamet (!) y Hilary Henkin, música de Mark Knopfler y dirección de Barry Levinson, un hombre inquieto que también se ha desempeñado como actor, guionista y productor en diversas películas (Tootsie, Quiz Show, Sleepers, Donnie Brasco). En Wag the dog, Robert De Niro, Dustin Hoffman, Anne Heche, Woody Harrelson y Denis Leary interpretan a una serie de mafiosos, freakies y descerebrados que deberán encargarse de distraer la atención de sus conciudadanos con temas de hondo calado sentimental y patrótico para hacerlos olvidar que su presidente ha sido acusado, a tan sólo 2 semanas de las elecciones, de acosar sexualmente a una joven becaria. ¿Os suena? Frente a un guión tan entretenido, lleno de hallazgos y sorpresas, y unos diálogos que no desperdician una sola posibilidad de ser brillantes, te preguntas si la huelga de guionistas no habrá comenzado hace ya muchísimo tiempo.
Una auténtica perla es el fondo sonoro del escandaloso desliz presidencial: el chansonnier francés Maurice Chevalier canta Thank heaven for little girls -un himno de la incorrección política- tal cual lo hiciera en la adaptación cinematográfica de la "joyeux" comedia musical Gigi (Vincent Minelli, 1958).
Ahora mismo me pasaré por la casa de los 39 escalones para ver qué opinión tienen de ella.
Photo : Elliot Herwitt

viernes, enero 11, 2008

chismes y cuchicheos

La resaca de la pasa no me deja en paz. Mi cuerpo quiere dormir, estar tirado, holgazanear, dormir, estar tirado, no hacer nada, volver a tirarse, dormir un rato más y, muy de tanto en tanto, acercarse al ordenador para ver si algún mensaje requiere respuesta inmediata.
Mi cabecita, mientras tanto, teje y desteje historias, se queda con un tema que hasta hoy mismo parecía no preocuparle nada, paladea los entresijos más rebuscados de mis sueños. En medio de la pasa -que se niega a pasar de una buena vez, la muy guarra- he tenido tres visitas médicas (3), un chequeo general, análisis completos de sangre y un desayuno también completo -café con leche, dos cruasanes y zumo de naranja- en un Farggi de Paseo de Gracia. Entiendo que este desayuno puede ser poco indicado para una convalescencia de pasa, pero es que esta mañana, después del trámite "jeringuilla en ayunas", necesitaba una gratificación algo insana, bien alejada de las prescripciones médicas. Mañana lloraré, que diría la pobre Susan Hayward, pero hoy, ¡quién me quita lo bailado! Algún listillo, presto a corregirme, dirá: "querrás decir lo saboreado". Va a ser que no, porque después del desayuno me vine a casa, me senté al ordenador y busqué el último video de Gossip. Allí estaba la chica redondeada, Beth Ditto, mostrándonos sus preferencias sin preocuparse por el qué dirán. ¡Transamérica, Transamérica! Muy cerca de su espacio en Youtube aunque con veintitrés años de separación por medio, el bueno de George Michael trataba de parecer un semental sin mácula, disputado servidor de dos patronas. Imposible creérselo, sobre todo cuando en otro video vemos su inquieto culito respingón sirviendo de peana para ese REVENGE (se necesita estar atento para verlo) que, casi con seguridad, tenía un destinatario muy preciso. De cualquier manera, ¿a mí qué me importa? Con resaca o sin resaca el George me hizo bailar su Careless Whisper durante un buen rato. Para ser más exacto: seis veces, a algo menos de cinco minutos por vez... ¡casi media hora! Mucho macho o mucho menos: ¡Bendito seas, Georgie!

miércoles, enero 09, 2008

Marianne Faithfull, estrella de esta semana

Fiel a Tope, tan quebradiza como inquebrantable, esta dulce y sensual musa del Swinging London cumplió sesenta y un años el último 29 de diciembre. Si bien ha perdido algunas batallas es evidente que continúa dando guerra: ahora gana premios con su interpretación de una abuela descarriada en la película Irina Palm, recientemente estrenada en España. Tiene en su haber adictivas relaciones con Mick Jagger Stones y con muchas otras drogas de semejante peligrosidad. Tal vez por ello fue la primera persona que dijo "fuck" frente a una cámara de cine. Alguna vez, hace muchos veranos, se paseó por las calles de Ibiza vestida de blanco de pies a cabeza. Por allí andaba también -jugando a ser su negativo, montada en una bicicleta que la llevaría de forma prematura a la muerte- una Nico enlutada por su propia vida.
Podemos verla muy joven y con un presentador excepcional:
http://es.youtube.com/watch?v=44qEgxRn1AU&feature=related
o algo más madura, la voz quebrada y el corazón vagabundo:
http://es.youtube.com/watch?v=eWT23s94Eqo&feature=related
Personajes como ella nos demuestran que puede haber vida, y mucha, después de los sesenta.

lunes, enero 07, 2008

Los 3 Reyes (a)Ma(r)gos



"Los reyes son los padres". Lo siento mucho pero tenía que decirlo. Me sentía obligado a acabar con tanto ocultamiento, con tanta mentira, con tanto negocio montado alrededor de una patraña. Frente a esta inesperada revelación, alguno de ustedes podrá preguntarse:
-¿Este tipo me está diciendo que soy el descendiente directo de unos auténticos monarcas? ¿Es que acaso he vivido todo este montón de años como un paria, sin enterarme de que algún día puedo optar a un trono? Si es así, si dentro de nada podré vivir en un palacio de puta madre y viajaré en avión privado y tendré mi propio yate y tres hermanos altísimos y un montón de sobrinos rubios como soles... ¿para qué preocuparme por seguir pagando la hipoteca de un piso de mierda?
Lo temo, sí, lo temo de verdad. Es que hay gente muy ansiosa. Tan ansiosa como ilusionada. Adelantándome a posibles confusiones, me veo obligado a aclarar un poco más la cosa:
-No, no. No te equivoques. Cuando digo que los Reyes son los padres no estoy diciendo que tú eres una princesa. O un príncipe, que lo mismo da. No estoy hablando de reinos reales, valga la redundancia, sino de reinos míticos, de leyenda. Estoy diciendo que los Reyes de Oriente, los Tres Reyes Magos, Melchor, Gaspar y Baltasar, son los padres.
-¿Los padres de quién? ¿Me vas a decir que hay algunos padres tan inmensamente ricos como para ser los Reyes Magos de todo el mundo?
Si por desgracia fuerais tan obtusos, me vería obligado a ahondar aún más en esta dolorosa verdad:
-No, no hay en el mundo entero padres tan ricos ni tan generosos. Olvídalo. Sólo digo que "tus" reyes magos han sido siempre "tus" padres. En cada casa de cada persona, los reyes magos son simplemente los padres, tutores o encargados de esa persona.
-Imposible. Los he visto en El Corte Inglés ayer nomás. No eran mis viejos. Por más disfrazados que estén, te aseguro que los reconocería apenas verlos.
A este ni siquiera voy a prestarle atención. Podrán llamarme blando, pringado o tikismikis, pero me sentiría fatal tirando abajo semejante cacho de ilusión. Y a los demás, aquellos que humilde y saludablemente han podido aceptar esta terrible verdad, les adelanto que dentro de nada voy a develarles otra verdad tan fundamental como la anterior.
La cigüeña no existe.
Pero mejor lo dejo para otro día. Yo me enteré de todo esto en medio mismo de una encantadora reunión familiar y estuve vomitando cocacola y sándwiches de miga hasta el día siguiente.
Buscando ilustración para este post me encontré con otra versión de lo mismo: