[image: Dancing About Architecture: Liminal]Dancing About Architecture:
Liminal
Shot in an unfinished Brutalist building in Accra, the short movement fil...
Hace 1 día.
Alimento para corazones desesperados : el blog de DANTE BERTINI ダンテ ベルティニ -
Un sentimiento, unos instantes; poco más que un pequeño trocito de mi vida.
Recibo un email desde Francia. Llegó ayer, y supongo que ha sido enviado por los productores de este hombre joven con cara de lobezno, amante de los tonos oscuros, las ruinas de una historia reciente, los fotogénicos techos parisinos y, más que nada y sobre todo, de las historias románticas envueltas en melodías hipnóticas. Compositor y cantante, Benjamin Biolay aparece por segunda o tercera vez en este espacio. Cuando años atrás supe de su existencia, me llamó la atención ese nombre que para mí -e insisto a pesar de la oposición de algunos amigos franceses que se niegan a aceptar esta lectura- refiere, con un ligero, casi imperceptible matiz en su pronunciación, a jovencitos violentados sexualmente, aunque no me asombró menos la apropiación de esa sigla, BB, que parecía de propiedad absoluta de la gran, inolvidable Bardot, la actual Santa Brigitte de los Animales.
Ahora él como compositor y cantante, su último álbum y este tema que le da nombre, están entre los favoritos de los premios Victoires de la Musique que se entregarán el 6 de marzo próximo. En el email se pide apoyo a esta candidatura, y como creo que se lo merece, les dejo su precioso video junto a mis deseos de un ¡superbe fin de semana!.
Habría que llorar tantas muertes ilustres que mejor negarse a hacerlo y pasar a otras cosas.
Los que siguen esta página con cierta asiduidad saben de mi particular afección por la asociación libre, y no solamente en el terreno de las ideas. Esta mañana, nada más despertarme, escuché por primera vez a esta bella mujer cantando canciones con letra del poeta chileno Pablo Neruda. Minutos después oía la noticia de que otro sudamericano, el escritor Mario Benedetti, había muerto. Ante esta desaparición casi previsible, algunos periodistas de la nutrida estirpe "exageremos que algo queda", se han inventado titulares del estilo "hoy, con él, la poesía ha muerto". Si semejante aserto pudiera ser creíble, si la muerte de un poeta fuera la muerte de la poesía en su totalidad, ésta hubiera sido amortajada mucho antes y yacería en una abarrotada y perdida fosa común, despojada de cruces, lápidas o extravagantes monumentos funerarios. Sin retroceder demasiado en el tiempo, hace poco más de dos semanas moría la enorme poeta, también uruguaya, Idea Vilariño. Bastante menos prolífica, con una vida amorosa agitada, pasional, sombría, un carácter no precisamente fácil y un perfil muchísimo menos mediático, su desaparición no causó tanta consternación, tantos discursos, como los que hoy acompañan en su final al siempre amigable Mario Benedetti.
Navegar é preciso viver nao é preciso...
Por si no recuerdan o no conocen la canción, pueden oírla pulsando sobre su nombre. El video no es para rasgarse las vestiduras, pero la voz de Caetano conmueve más allá de la piel.
Cabalgando sobre su blanco, impoluto corcel, se acerca como cada año nuestro santo patrono, vencedor de fogosos dragones analfabetos, defensor de libros y literatos, repartidor, a ratos libres, de multicolores, y muy rara vez fragantes, rosas. 
Gracias.
Cuando le hicieron esta foto (¿alguien sabe quién?) las calles de París festejaban un mayo que cambiaría las siguientes décadas del mundo. Recién llegada a la Ciudad Luz y ya con un matrimonio roto a sus espaldas, Jane conocería a su Tarzán particular, Serge Gainsbourg, y él, rey de la jungla rockera-intelectual parisina, se prendaría de su cara de muñeca carnal, de su cuerpo flexible y desmadrado de veinteañera sin remilgos. Esta semana, el jueves para ser más preciso, presenta en el Auditorio de Barcelona su nuevo disco: Enfants d'hiver. Lleva en sus maletas más de seis décadas de vida muy vivida. Que los dioses te sean propicios, mi muy estimada Jane. Te lo mereces.
A poco de llegar a Barcelona, su canción Layetana abajo sonaba constantemente en las radios españolas. Me gustaba su voz adolescente, menos grave e impostada que las de otros cantautores del momento. También, y mucho más, que la ciudad en la que yo había recalado casi por casualidad tuviera una canción para hacerla sonar en mi cabeza mientras la caminaba.
Pueden envidiarme si quieren. Anoche pude oír, y ver, a la imponente Jessye Norman desde una distancia de pocos metros, dos o tres a lo sumo. Cantaba en el Auditorium, y gracias a unos amigos -qué sería de nuestras vidas sin ellos-, pude asistir a este recital que posiblemente no vuelva a repetirse, con una primera parte dedicada a la ópera europea y una segunda a compositores estadounidenses tan conocidos como Leonard Bernstein, Rodgers y Hammerstein, Morton Gould y George Gershwin. La acompañaba la orquesta sinfónica del Teatro Liceo bajo la dirección de otra estadounidense: Rachael Worby. Tan histriónica como eficaz, la delgada, elegante y carismática directora neoyorkina -casi un clon de la Mónica de Friends interpretada por Courteney Cox Arquette- logró sacar pompa, brillos y sutilezas a una orquesta de más de ochenta excelentes músicos. Con un aforo que se anunciaba completo, tuvimos la suerte de conseguir pocos días antes unas entradas que temíamos fueran las peores: primera fila de un lateral sobre la orquesta. Resultó ser una magnífica ubicación, ya que era el lugar por donde entraban y salían las divas y, repito, las teníamos casi al alcance de las manos. Jessye Norman logró una primera parte insuperable. Vestida de gasa rojo fucsia de pies a cabeza, sólo al caminar deja entrever los muchos años que lleva vividos. Diosa, vestal, símbolo, icono, cualquier apelativo grandilocuente calza a la perfección con su imagen espectacular, con la belleza de sus rasgos y la maravillosa, yo diría acuosa, calidad de su voz.
La cumbre de su actuación fue sin duda alguna el final de la primera parte: un aria de la ópera Sansón y Dalila de Camille Saint-Saëns, Mon coeur s'ouvre à ta voix. No sé si todos los espectadores abrieron sus corazones a la voz de Jessye Dalila, pero puedo asegurar que al que esto escribe casi se le paraliza el propio cuando la soprano alzó la mirada para dirigirla hacia donde estábamos. Hummmmm.... a no dudar, señores, que tengo tres testigos. Desde mi probada inmodestia, consideré que estaba devolviéndome las palabras de amor que le había dedicado en uno de mis libros. En la segunda parte, que todos suponíamos aún más espectacular, la cantante apareció vestida en gris y negro, con un extraño atuendo de plisado Fortuny y reminiscencias japonesas que yo atribuiría sin dudar a Issey Miyake. Para mi desconcierto, también llevaba un micrófono no inalámbrico en la mano. Algún percance del que no tuvimos conocimiento o simplemente el resultado de un esfuerzo excesivo en las primeras arias, hizo que su voz sonara menos potente en el repertorio estadounidense. El segundo bis, obligado por un público que no quería abandonar la sala, fue de auténtico regalo: un negro spiritual tradicional con aires de canción de cuna que Jessye Norman cantó a capella y con los ojos cerrados. Sentada en primera línea del escenario, con la orquesta y su directora espectantes y el público sobrecogido por ese inesperado soliloquio susurrado con emotiva y contenida sensibilidad, la soprano se despedía contándonos una historia íntima cargada de contenidos raciales, de dolor, tristeza y laceraciones. Tal vez por eso una voz se alzó entre los aplausos, los vivas y los bravos para gritar solamente un nombre: ¡Obama! Es evidente que los seres humanos no podemos vivir sin ilusiones. Creo que tampoco podríamos soportar vivir sin música.
Posdata: lo de Jessye Norman como orquídea no es un invento mío. Hace muchos años pusieron su nombre a una variedad de esa flor.
Esta noche, Lou Reed, caminante de oscuridades e incertidumbres, recitará poemas de autores catalanes traducidos al inglés. Lo acompaña la compositora y performer Laurie Anderson, otro must de la vanguardia neoyorkina. Cuando los periodistas españoles le preguntaron si votará por Obama, Reed decidió cantar zumbonamente su respuesta afirmativa, para después agregar: "si no gana, tendremos que venirnos todos a vivir a Barcelona". Don Lou, usted nos pone muy difícil los deseos. 
Más silenciosamente, aunque con igual espectacularidad, la Obra Social de Caixa Catalunya muestra en las salas de exposición de la Pedrera, cerca de 250 obras de Alexander Ródchenko (1891/1956), otro vanguardista a ultranza. Pintor, diseñador gráfico, fotógrafo, exhaustivo investigador de las artes visuales, fue además diseñador de ropa revolucionaria, y, como sofisticado y certero publicista, ilustrador de los textos del poeta suicida Vladimir Maiakovski (ver dibujo de David Levine). Recomiendo ir sin prisas y con zapatos cómodos. Hay mucho para ver, dos interesantes documentales incluídos. Sin embargo no es necesario entrar en pánicos ni ansiedades incontrolables: tenéis tiempo hasta el 5 de enero -fecha de clausura de la muestra-, aunque yo aconsejaría no dejar para mañana lo que te pueda sorprender hoy.
Es hora de que el arte se funda de manera organizada con la vida. ¡Abajo el arte como medio de alejarse de la vida!
Nacida con un nombre que en japonés significa “flor de orquídea en el lago de las glicinas”, se dedicó al estudio de canto y piano hasta los 18 años, ya que sus padres querían que fuese cantante lírica. Durante la guerra tuvo que huir con su familia a Manchuria. A su regreso, una vez firmada la paz, los Fujisawa debieron afrontar tiempos difíciles, de verdadera miseria.
Se llama Park Hwayobi y me encontré con ella por casualidad, como se encuentran muchas de las cosas que nos sorprenden. ¿Alguien duda de su calidad de estrella?