martes, junio 12, 2007

l'esprit vacances


Llego de la calle algo acalorado. El cielo está tan azul, los árboles tan verdes, la gente tan suelta de cuerpo y tan ligera de ropa, que cuando en un kiosco del Paseo de Gracia veo la portada de la revista Côté Sud con mucho azul mediterráneo y este título, l'esprit vacances, flotando sobre el agua como si fuera un balandro de bambú y papel -la idílica imagen de un sueño- no puedo dejar de pensar que quizá no sea éste el lugar donde debiera estar ahora. Me pasa siempre que el verano estalla. Empiezo a sentir cómo crece en mí una inquietud muy especial, un mal de espíritu que no tiene nada que ver con la angustia, la depresión o el hastío. Es como si el alma me quedara grande o el cuerpo hubiera encogido y ya no pudiera contenerla. Pienso en Ibiza, por supuesto. En días como este nos largábamos a la playa de Es Cavallet cargados de desmesurados bocadillos recién hechos - crocante pan fresco con jamón del país, queso manchego y tomate maduro restregado-, un remix de frutas frescas de todos los colores, algún lungui hindú anudado alrededor de la cintura y la tan insoslayable como tonificante compañía de nuestras propias juventudes en plena efervescencia. Y cuando hablo en plural no estoy refiriéndome a ninguna liaison en especial; en este caso el nosotros no encubre a una pareja específica, sino a un grupo bastante numeroso de gente muy diversa que parecía entonar la misma melodía. Lo cierto es que llegada cierta hora de la mañana, generalmente más allá del mezzo giorno, Jorge o yo cargábamos el capazo al hombro sin preguntarnos nada. Sabíamos que las posibilidades de ser feliz estaban junto al mar y los amigos, que aunque no lo fueran tanto servían para hacer olvidar nuestra por momentos desprotegida situación de inmigrantes recién llegados. Había que caminar bastante para llegar hasta el lugar donde solíamos reunirnos, sin cita previa por supuesto, con los habituales compañeros de sol y playa. Como en ese cafetín de tango donde se mezclaban sabiondos y suicidas, por aquellas arenas se paseaban un montón de personajes diversos sin un destino común, náufragos de un mismo barco con forma de país lejano. Por allí andaban Tina Noguera, la desmesurada, y Néstor Quartino, el viejo, luciendo con la misma displicencia la sonrisa plácida de alguien que está donde realmente quiere estar y su imponente collar de corales y turquesas. Enrique Sturba, siempre algo pampeano, taciturno, descontento, y Massimo Gelli, un florentino que apuraba la vida como si fuera un refresco chutado en vena, eran nuestros amigos-vecinos más cercanos. Guillermo, Ivanna, Patricio, Robustiano y Rodolfo, imposible separar este duetto, Osvaldo, Xonia, Juan Antonio, uno de los pocos naturales de la tierra, aunque con alma de jardinero errante, Daniela H., la inmortal Tatiana, ojalá lo fuera, Diego, Alain, Alex, Pelito Gálvez, Sarita Bosch y "la Sarita", confundiéndonos los géneros, Florence, Lluisa, Andrea, unos fugaces Pichón y Diana, más decenas de otros que prefiero no recordar para que el alma no me duela tanto. En aquellos días de muchísimo sol y muy pocas palabras no aprendí filosofía, sino sencilla y simplemente a vivir en plenitud, despojándome de un buen montón de prejuicios y culpas.
No sé si Ibiza era una fiesta, pero casi podría asegurar que nosotros vivíamos como si lo fuera.
photo : la playa de es cavallet desde el aire

domingo, junio 10, 2007

Domenica de la corriente.

Después de un sábado complicado aunque con un final bastante relajado y amistoso, hoy ya es domingo. No hay nada extraño en este último hecho: suele suceder cada semana. Me levanto a las nueve, dedico un buen rato a la jardinería de apartamento (las plantas van ganado espacio a casi todo lo demás, que es mucho: parte de mi batalla particular contra unas autoridades más preocupadas en dividir para reinar que en plantar para reverdecer). Bastante antes de que den las doce salgo a tomar cafés con una amiga en el Hábaluc nuestro de casi cada día. Hablamos de perros, gatos, personas y árboles. Cuento las últimas novedades en la cada día más trepi-Dante guerra de la Azufaifa entablada por mi apreciada Zbelnu, a la que con absoluto atrevimiento y acertado humor (no tengo abuelas) he rebautizado como San Tita (Can) Cervera de la Bonnemaison. A los posibles difusores de gualichos les digo que lo hemos pasado bien sin exagerar, interesados por lo que nos contábamos aunque sin perder de vista, al menos yo, el variopinto paisaje urbano con su no menos variados especímenes. Entre los más interesantes estuvieron la siempre presurosa azafata de Jesus Christ Airlines, vestida en una gama de azules muy acorde con su ocupación virtual, y una señora mayor de acento murciano y peinado aventado hacia su derecha que llevaba sujeta con la obligatoria cuerda a una perrita caniche de nombre Dana. Según su dueña: "Con dos años es todavía virgen. Yo creo que tiene un problema psíquico... que en realidad es fóbica a los machos". Me atreví a preguntarle si eso a ella le resultaba satisfactorio. "¡Qué va!", contestó. "Yo quiero que lo pruebe todo, como hice yo cuando era joven".
Volví a casa pasando antes por el Palau Robert. En sus jardines hay una exposición homenaje a los diez años de la siempre interesante y muy cosmopolitizada Contra de La Vanguardia. Han reproducido las cabeceras propias de ese espacio del diario, con la foto de los entrevistados más mediáticos y alguna frase que sintetiza toda la entrevista, pero usando un criterio divulgativo realmente digno de mención: por si alguno de los transeúntes, en un alto porcentaje turistas extranjeros, desea enterarse de qué va la historia, los textos fueron traducidos exclusivamente al catalán.

Sigo mi camino por el Paseo de Gracia y al pasar por la calle Roselló instintivamente giro la cabeza para cerciorarme de que ningún vehículo despistado me pase por encima. En todo lo largo de la calle, desde donde estoy hasta la mismísima Rambla Catalunya, no han dejado un sólo árbol. Una muestra del paisaje ciudadano que algunos de nuestros alternativos dirigentes pretenden. Tendrán que mejorar los edificios, porque la caritativa labor encubridora de los antiguos, ya fenecidos, plátanos, ha dejado paso a la visión descarnada de más de un edificio "moderno", no Modernista, que debería avergonzar muy mucho a los desvergonzados arquitectos que los firma(ro)n.

Finalmente llego a casa,"...micaasaaa...", y me encuentro con algunos mails de ese mundo exterior al que muchos de nuestros preclaros próceres actuales parecen no querer asomarse. Desde Australia, una siempre cariñosa Martha Herrera me envía fotos de las inundaciones que devastan actualmente una parte considerable de su país de adopción y la privan de luz eléctrica media hora de cada una. ¿Tendremos tiempo de fabricarnos un bote salvavidas?

martes, junio 05, 2007

gualicho!

Alguien lanzó la palabra mientras veíamos el amistoso partido de fútbol entre las selecciones de Argentina y Suiza. Empataron uno a uno. De ser una telenovela podría haberse llamado "Las amistades aburridas", para qué vamos a ocultarlo. Sin embargo allí estábamos todos, intentando apasionarnos, aunque ellos, los 22 del césped, no lo hacían. También nosotros nos sentíamos entre amigos; cebándonos sin mate, pero sí con choripanes a la brasa, ensaladas criollas -discutimos si además de tomate y lechuga llevaban o no cebolla sin llegar a ponernos de acuerdo: ¡cada hogar es un mundo!- y caseros budines de pan con pasas. De ser suizos habríamos comido otras cosas. Chocolate con leche, vaquitas azules, repostería fina, relojes de treinta euros. Y hablábamos mucho, como solemos hacer los argentinos. Asociando libremente, que por algo en aquel país los psicoanalistan crecen, y se multiplican, de forma más notable que las buenas intenciones. De pronto alguno de los presentes, refiriéndose a un tiro a puerta frustrado, lanzó al aire la palabra "gualicho". Hacía años que no la escuchaba, muchísimos. Para los que no la conocen, desde ya les digo que es inútil buscarla en el Diccionario de la Lengua porque no la recoge. (Me rectifico: está, aunque yo no la había encontrado. Ver comments.) Posiblemente sea de origen guaraní o quechua, rastros de un pasado indígena que los nativos de las pampas húmedas argentinas decidimos no tener. Entrando a Google encontré hoteles y cuevas que llevan ese nombre, pero no una definición coherente. Para que no se queden en ayunas, les acerco la que yo conozco: un gualicho es un encantamiento, una brujería. Se hace un gualicho para enamorar a alguien o simplemente para hacerle mal, y sé que más de un escéptico pensará que son la misma cosa. Lo engualichado del asunto es que después de décadas de no oír siquiera esta palabra, en sólo dos días la oí tres veces por boca de tres personas diferentes. Ahora la pongo aquí por dos razones: recordarla y darla a conocer a aquellos que no sabían de su existencia. Aunque también, lo confieso, es una forma de aventar posibles maleficios, ya que en estos días casi se inunda mi casa, se me aflojó un viejo implante dental pocas horas antes de una cita de importancia y los sangrientos terroristas de ETA anunciaron el fin de esa tregua criminal que nunca existió.
photo : elliot erwitt

viernes, junio 01, 2007

¡lo ganamos!

Ayer se entregaron en la sede de la FAD los Premios Junceda que concede la APIC (Asociación Profesional de Ilustradores de Cataluña).
Loser, flotando con pies de plomo estaba nominada por el excelente trabajo gráfico de Ed sobre un texto del que escribe este blog. Nos dieron el premio (una indudable alegría) y Ed, atento a mi pedido, dejó que me llevara a casa el elefantrofeo azul celeste (creación de Meritxell Durán). Él tiene otro que ganó el año pasado por El pulpo, con texto de Andreu Martin.
Ambos cómics fueron publicados por Bang ediciones en España y por Seis pieds sous terre en Francia.

jueves, mayo 31, 2007

emergency poncho

Atacado por un virus primaveral de orden y limpieza (el mónica's simplex friendly), revuelvo cajones rebosantes de papelería variada. Como si de publicidad subliminal se tratara, tropiezo con la etiqueta de este otro diseño de refuge wear (ver post anterior) de claras connotaciones gauchescas, aunque producido en China por una empresa vasca con sede en Santa Ana de Bolueta.
¡Aleluya las colinas! Ya podemos sortear todo tipo de emergencias sin preocuparnos por los posibles resultados colaterales.

martes, mayo 29, 2007

refuge wear

Siguiendo los sanísimos consejos de la petite v, ayer por la tarde corrí hasta la esquina deportiva de Decatlon y Balmes a comprarme un traje de la diseñadora transvanguardista Lucy Orta. No son baratos, desde ya les digo, aunque vale la pena tener alguno en épocas tan inciertas como estas. El que suscribe, hombre afortunado, encontró uno que le iba bastante bien de sisa y tenía una rebaja considerable sobre el precio de salida. Fechado en 1994, parece que a muchísima gente le da un cierto yoquesé la cifra que aparece en el apartado suma cuando se contabilizan los años transcurridos desde la edición-hechura. Por suerte yo no tengo esa manía. Será porque mi madre política siempre pensó que el trece era su cifra de la buena fortuna y una noche de excesos y confesiones, a fines del siglo pasado, en una pequeña cala de Ibiza, en medio de una Fiesta de la Luna Nueva con Camiseta Mojada y Daikiris de ron jamaiquino, presos ambos de una desorientación cósmica, producto a su vez de un psicodélico viaje astral con escala en Saturno y aterrizaje forzoso en el chiringuito "GG" (glamour gay) de la playa de Es Cavallet (nadie se podrá quejar de toda la información que estoy dándole), logró convencerme de que era mucho mejor tenerlo como amigo, al trece, digo, dado que cada mes de cada año tiene algún día llamado así y a pesar de sus malos antecedentes a nadie se le ha ocurrido borrarlo del puesto que siempre ha ocupado entre el doce y el catorce.
Para simplificar: me compré el Pink Flamingo Refuge Wear de Lucy Orta 1994 en cómodas cuotas mensuales pagaderas a partir del próximo septiembre.
-¿Se lo envuelvo para regalo?-, me preguntó la vendedora con una sonrisa de lo más Kemphor.
Le dije que no era necesario, que prefería llevármelo puesto.
Más que aliviada, la simpática mujer me dió una serie de consejos para el cuidado del titanio cementado y yo salí de la tienda tan ufano como si me hubiera comprado unas gafas Armani de última generación.
No puedo decir que sea cómodo. Tengo alguna dificultad para doblar en las esquinas y la gente se enfada cuando rasguño sus piernas con los cantos algo afilados de los dobladillos inferiores. Lo bueno es que desde que me lo puse dejé de tragarme el polvo y oír el ruido de las obras que rodean mi barrio, mi manzana, mi casa, ya no escucho el escape libre de las motos tuneadas ni el claxon fácil de los conductores ansiosos, y, ¡auténtico gran alivio!, ni siquiera me entero de cómo los políticos se reparten a su gusto y sin el más mínimo pudor los pocos votos que han logrado extraer a sus electores, conciudadanos, súbditos.
ilustración : diseño de Lucy Orta

domingo, mayo 27, 2007

acentos

Hace unos días colgué en otro de mis blogs, amorimás, un post que se llama "pérdidas". Cada vez que entro para ver qué dicen los amigos en sus comentarios, pienso que sin el acento mi texto hablaría de otras cosas y la ilustración daría pié a extrañas interpretaciones. Doy gracias al idioma, a mi idioma, que me permite aproximarme a las cosas con la ilusión de que estoy nombrando aquello que quiero nombrar. Y el inconsciente que haga su trabajo. Para eso está, el muy artero.
ilustración : anónima, extraída de la web

viernes, mayo 25, 2007

un elefante en la cristalería

No se trata del Hombre Elefante de David Lynch, con aquellas deformidades físicas difíciles de soportar; un producto monstruoso de la naturaleza para el que los únicos ámbitos posibles parecían ser los laboratorios de investigación científica o un menos prestigiado, aunque más popular, tenderete de feria.
Los protagonistas de esta película son adolescentes americanos de clase media relativamente acomodada, estudiantes de un centro educativo amplio, limpio y aparentemente bien organizado.
Sin embargo se supone que hay que contar una historia de tintes dramáticos, sangrienta y sensacionalista: la matanza de Columbine, de la que se cumplieron 8 años el día 20 de abril pasado. Será el ojo de la cámara, sin narradores en off ni explicaciones accesorias de ningún tipo la que se ocupe de hacerlo. Hay diálogos, sí, pero en ningún momento se escuchan frases trascendentes o diálogos que intenten desenmarañar la psicología de los personajes. La cámara es poco más que una mirada sin conciencia que sigue muy de cerca a los protagonistas involuntarios de esta nueva tragedia americana, desencadenada por motivos aún más difusos que los de la obra de Dreiser. Convertida en un testigo tan curioso como invisible, la cámara de Gus Van Sant no tiene las pretensiones de un dios inaccesible dispuesto a repartir premios y castigos, bendiciones y culpas. Desde la misma dimensión humana de sus protagonistas, con la casi tangible proximidad de un semejante, los sigue por interminables pasillos, recorre aulas, comedores y bibliotecas y hasta se atreve a entrar en sus casas, en sus habitaciones privadas, en su intimidad, para mostrarnos que aquí no hay fenómenos de feria con apariencia monstruosa ni desdoblamientos de personalidad al estilo del Doctor Jeckill y Mister Hyde, sí tal vez tortuosos espíritus sin piedad, productos insensibles de una sociedad equivocada.
BSO : the cars
coup d'oeil : el toro de osborne sobre la t-shirt amarilla

domingo, mayo 20, 2007

de doctores y melancolías























Hoy ví por el canal Cosmopolitan algunos minutos de una nueva versión de Doctor Zhivago. Está fechada en el 2002 y en ella Keira Knightley demuestra tener más morros que la anterior Lara, esa actriz, también inglesa, llamada Julie Christie. Cuando estrenaron la larga película de David Lean en Argentina ya era el siglo pasado y el que escribe estaba más preocupado por Bergman y sus dudas metafísicas que por los amores de aquel abnegado House de las estepas rusas. Era muy jovencito yo. Tanto como para creer que las posibilidades de una vida útil ya habían acabado para mí y sólo restaba hundirse en el oprobio, la decadencia y la muerte. De allí lo del interés por aquel Ingmar sueco con sus dioses y demonios. Una amiga vitalista de algo menos de setenta años, Bebita Ferreira, mujer de exquisita cultura, mente abierta y dulcísimo trato, me obligó a ver la macropelícula de Lean. Era amiga del director, había asistido a su estreno neoyorkino y estaba convencida de que en aquel film había una lección de vida que su "Dante, mi amor", debía aprender. A pesar de ser un jovencito "airado", un típico "contestario" de la época, yo estaba fascinado por aquella mujer que hablaba un montón de idiomas extranjeros con la misma soltura de su lengua materna, conocía todos los movimientos y pensadores más avanzados y se preocupaba por mirar cómo caminaba la gente para poder dividirlos, por la flexibilidad o la rigidez de sus caderas, en "divinos" y "sexofóbicos". En esta segunda categoría tenía ubicada a Julie Christie, porque según ella "nadie que tenga la mandibula inferior tan rígida puede ser una buena amante". Me molestaba aquella opinión porque todos veíamos a la Julie como un "sex simbol" desprejuiciado y "swinging". "No se equivoque mi amor", insistía mi amiga, "la pobrecita es un típico producto de la educación inglesa, y si se lo digo es porque yo sufrí en carne propia esa educación castradora. Pero hágame caso: a pesar de ese lamentable error de casting, usted no puede perderse esta película". Por supuesto que fuí a verla, aunque a regañadientes. ¿No era una película esencialmente anticomunista? Me equivocaba otra vez. Pasaron varios años, y ya algo liberado de las influencias de mis compañeros bolcheviques del colegio, descubrí que el pobre Boris Pasternak, autor del libro original y Premio Nobel en 1958, se había muerto bastante triste, dos años después de que el gobierno de su país no le permitiera recoger este prestigioso premio, tan sueco como Bergman (¡vaya coincidencia!), por considerarlo fruto de una hábil maniobra política de la CIA estadounidense. En suma: un capítulo más, y de más que relativa importancia, en la larga y copiosa historia de la "guerra fría". Lo privado frente a lo público; las pequeñas historias íntimas enfrentándose a la arrasadora realidad social. Precisamente de cosas como esta habla la película que yo me negaba a ver. ¿A qué viene todo esto? No lo sé realmente, pero por estas fechas cumplía años mi queridísima amiga Bebita Ferreyra y en cada aniversario algún hecho tan casual como el pase de un nuevo o viejo film por televisión, hace que yo, habitualmente tan desmemoriado para los cumpleaños, la recuerde con especial melancolía y mucho, muchísimo agradecimiento.
BSO : Maurice Jarre
Photo : retrato de Boris Pasternak

martes, mayo 15, 2007

era esto?


Después de un día de migrañas no esperas nada bueno. O lo esperas, pero ni siquiera te atreves a desearlo. Te levantas temiendo lo peor, entonces sales de entre las sábanas arrugadas de esta noche inquieta, pesadillesca, de forma muy lenta y sosegada; sin alharacas, sin pretender hacerte el jovencito ese que todavía puede saltar alegremente de la misma cama que lo recibió varias horas atrás envuelto en sus achaques y dolores, negado pá la vida.
Y esta misma mañana tienes un cita que alguno podría llamar "de negocios": vas hablar de precios y trabajos, aunque resulta que tu interlocutor, que empezó siendo cliente, se ha ido convirtiendo poco a poco en un amigo. Pero mientras desayunas y cuelgas la colada y cepillas a tu gato, todo al mismo tiempo, suena el teléfono y una amiga te pide que tomes un café con ella, que necesita hablar contigo, así que sales un rato antes y la encuentras; y luego llega Jorge, y Ana con su perro Rasputín, y Marta con buenas noticias, y Matías con su portafolio para las entrevistas... La mesa de negocios se ha convertido en una distendida mesa de amigos y hasta el señor Hidalgo, que siempre está ocupado, se une un ratito a la fiesta. El marco no es nada despreciable: hay un sol que no achicharra, el cielo está azul y transparente, los árboles se ven muy verdes, mucha gente bella pasa por la calle y alguna hasta se aposenta cerca. Los chicos del café como siempre: cariñosos y abiertos. Me acerco hasta el quiosco de revistas y me encuentro el Ludwig de Visconti en su versión completa de cuatro horas emparejado con el Napoleón de Abel Gance en versión Scorsese, las dos por unos más que módicos diez euros.
Vuelvo a casa después del mediodía. La máquina de ordenar me espera. Trabajo sin descanso hasta que cae la tarde. La cabeza no me duele.
Tanto darle vueltas a la remanida palabrita y a veces la felicidad es algo tan sencillo y leve como todo esto.

sábado, mayo 12, 2007

Chou out

Chou vivía muy feliz en su país oriental, pero un día conoció a un extranjero que entre tango y mates la alzó de Pekín.
Chou aprendió otro idioma, otras costumbres.
Su boca, pequeña como una cereza, resultaba poco sensual en su nuevo país.
El Doctor Amílcar Aníbal Thordo-Bistourí, eminente cirujano plástico, tuvo a bien recomponerla de acuerdo a los cánones glamourosos actuales.
Ahora Chou se llama Chuchi y trabaja de azafata en un programa de televisión.
No sabemos si seguirá siendo feliz, pero al menos sonríe unas cuantas horas al día.
photo : retrato de Chuchi por Dante Bertini

miércoles, mayo 09, 2007

escribo, luego no existo

Quiero decir que para escribir se necesita No Ser, al menos socialmente.
Se hace necesario estar con uno mismo, con sus palabras, con sus ideas. Acompañarse sólo de Memoria, Imaginario, Concentración y Ganas, unas cuatrillizas de lo más exigentes que no dejan tiempo para cosas ajenas a sus intereses (tienen primas, hermanas y primas hermanas, pero por suerte no siempre acuden a la cita juntas)
Escribo y mientras lo hago no existo para un montón de cosas cotidianas que me hacen inmensamente feliz.
Pero es que el goce exige su tributo de sufrimiento, y si ser feliz es maravilloso, gozar es el colmo de la plenitud.
ilustración : fernando vicente
BSO : jessye norman, arias ; collateral bso; michel legrand antologique

miércoles, mayo 02, 2007

el Zorro, con ese...


Conocí a un paracaidista murciano que andaba dando saltos al vacío por la ya saturada Ibiza de los tardíos ochenta.
"¿De dónde eres?", le pregunté.
"De Huerva", me respondió.
"¿De Huerva?, dije yo extrañado.
"No, hombre. De Huerva. Con ele", dijo mi interlocutor con más que evidente orgullo. Diferencia de acentos y pronunciaciones.
El otro día, viendo el noticiero del mediodía en Antena 3 desde mi muy confortable sofá de Habitat, me quedé dormido entre los sucesos de sangre y los deportes de hierba. Desperté con los gritos de una mujer que juraba vengar a sus familiares muertos. No era una nueva invasión de los ultracuerpos ni un apéndice sobre conflictos bélicos del telediario. Se trataba de la telenovela de sobremesa Zorro, una espectacular producción colombiana que abre insospechados caminos en lo que a melodramas se refiere. ¿Por qué? Porque los personajes principales, sean padres, hijos o entenados, gozan todos por igual de una belleza notable, además de, y aquí viene lo realmente revolucionario, mostrar edades sospechosamente cercanas. Milagro de la nueva medicina holística, del extracto de vayasaberqué o de la cirugía estética más avanzada, es indudable que un mundo como el de Sorro - a pesar de los variados, tan cálidos como expresivos acentos latinoamericanos, nadie parece preocupado por pronunciar esa Zeta tan castiZa del título- es de un resultón muy apreciable. Las edades provectas sólo aparecen en algún personaje malvado, marginal, en el cura que se lo sabe todo o en alguna criada negra que, por razones de raza, también queda fuera de los cánones protagonistas. Las niñas lucen todas un escote en plan bandeja de Santa Olalla, y aunque algún amargado pueda decir que son guapas porque han pasado por el quirófano, después de algunos visionados de nuestro Cambio radical se hace más que evidente el aserto de aquel viejo refrán de los dones naturales y la universidad salmantina.

Y hay más. Todo lo bueno de esta novela viene de a pares, sean ojos, músculos, labios o pectorales, y el argumento, sembrado de pasión, sexo y lágrimas, está plagado de referencias literarias, cinematográficas y hasta mitológicas. Maravilloso ejemplo de posmodernidad, ejemplar producto de las artes preapocalípticas, el Zorro (con ese) se hace acreedora a una visión desprejuiciada y valiente; a unos espectadores inquietos, curiosos, poseedores de un buen par de ojos.
photo : Marlene Favela x Dante Bertini

sábado, abril 28, 2007

danzad, danzad, benditos




Me apresuro a colgar este post porque queda muy poco tiempo, sólo dos funciones, para que podáis ver este nuevo(?) espectáculo (spiegel) de Win Vandekeybus... El signo de pregunta está allí, dudando de lo novedoso del asunto, porque su creador lo describe como una revisión antológica de sus trabajos anteriores. Yo he visto los otros -los sigo desde fines de los ochenta, cuando se presentaron en Barcelona por primera vez- y puedo asegurarles que esta gente vive, y danza, aquí y ahora. El ritmo y las luchas de la gente de hoy, con sus tensiones, encuentros y desencuentros, la tontería repetitiva de nuestros actos cotidianos y las grandezas y miserias de nuestros sentimientos, todo está allí, sobre ese amplio y despojado escenario que se ve rebasado por la fuerza, la entrega, la preparación y sensibilidad de un grupo de jóvenes bailarines especialmente dotados. No hay seducción ni flirteo: sólo libido en estado puro; sexualidad competitiva y descarnada, sin tapujos ni miramientos.
Anoche un Mercat lleno a tope se quedó pegado a sus butacas aplaudiendo, y aullando, cuando ellos dieron por terminada su actuación con ese número final que presagia y retrata un cataclismo que ya nos parece inevitable.
Photo : Dante Bertini

miércoles, abril 25, 2007

red, hot and annie

Una imagen lleva a otra y una palabra cualquiera (?) acelera el recuerdo. Paseando por la red en busca de un fotógrafo, encuentro por casualidad a este otro que no conocía: Alastair Thain. Entre sus trabajos están algunos retratos escalofriantes de Annie Lennox. Hace muchos años, ella y otros cantantes de primera línea -k.d.lang, Lisa Stansfield, Tom Waits, Erasure, Debbie Harry, U2, Sinead O'Connor, David Byrne, Aztec Camera-hicieron un homenaje a mi muy estimado Cole Porter. Red, Hot and Blue era, además, un álbum benéfico para la lucha contra el SIDA. Los video-clips estaban firmados por importantes y talentosos directores de cine y televisión. Every time we say goodbye fue el tema elegido por la que alguna vez fuera componente de Eurytmics. Está ilustrado por una triste historia familiar: la pérdida de su muy querido hermano mayor. Se los dejo como regalo de este día primaveral.

sábado, abril 21, 2007

lee friedlander







"Yo quería sacar sólo al tío Vern al lado de su coche nuevo (un Hudson), con el fondo de un día despejado. Salieron el coche y él. Y también parte de la colada de la tía Mary, y Beau Jack, el perro haciendo pis ante una valla, y una hilera de tiestos de begonias tuberosas del porche, y 78 árboles, y un millón de guijarros del camino de acceso a la casa, y más cosas. Qué medio tan generoso es la fotografía."
Generosidad la suya, señor Friedlander, y la de su ojo infatigable, perspicaz y preciso. No hay un solo rincón desaprovechado, no hay un solo lugar, objeto o personaje al que no sepa extraer interés, historia, contenido. Me siento muy cercano a su forma de mirar. Sin haberlo conocido hasta esta exposición, siempre me gustaron las imágenes superpuestas, los reflejos, los autorretratos que la cámara me brinda como regalo sorpresa, imprevistamente. Como a él, me seducen los escaparates, los maniquíes, la vida detenida, simulada. El surrealista collage de la realidad visto a través de los espejos. Los brillos inesperados que iluminan de pronto, y tal vez para siempre, nuestra habitual oscuridad.
En Caixa Forum de Barcelona hasta el 24 de junio

lunes, abril 16, 2007

Ego: te absolvo


No me queda otra posibilidad: debo perdonar a mi ego, y con él a todo ese enorme cacho de egocentrismo del que suele acusarme algún que otro comentarista anónimo.
Es que si no lo hago estoy desperdiciando la posibilidad de hablar de algunos amigos a los que, además de querer como tales, también respeto como artistas.
La semana pasada presenté en Casa América Cataluña un libro de fotos (Héctor Zampaglione) y poemas (Gabriel Jacovkis), pero, atacado de un repentino pudor antiegocéntrico, preferí no publicitar el acto desde este blog. El libro se llama Del alba al ocaso y algunos medios dieron cuenta del hecho. La pasamos bien, entre sonrisas y lágrimas, cual réplicas clonadas de Julie Andrews y su austríaca familia adoptiva, y pude conocer de cerca al actor Jordi Dauder, que leyó, con absoluta profesionalidad aunque sin un ápice de divismo, algunos poemas del libro.
Mañana, martes 17, me toca hacer otra presentación. Se trata de un catálogo que recoge la obra del joven pintor -y queridísimo amigo- Gonzalo Elvira. Será a las 19.30 horas en el local de La Cerería, baixada de Sant Miquel 3-5, a pasos de la plaza Sant Jaume. La entrada es libre, el acto absolutamente informal y los abrazos y sonrisas totalmente gratuitos.
photo : callejeros lisboetas, por Héctor Zampaglione.

viernes, abril 13, 2007

una bella bestia


Con el pase de su film La bella y la bestia (1945), el Instituto Francés de Barcelona continúa un ciclo de homenaje a Jean Cocteau (1889-1963), un homosexual no encubierto, bastante anterior al manoseado invento del Armario de Babel, ese mueble de macrodimensiones al que se supone atiborrado de gays entre indecisos y temerosos.
Aunque mimado por ciertos sectores de la alta sociedad internacional, su vida no fue fácil (¿Hay alguna que lo sea?) En uno de sus libros, Journal d’un inconnu, Jean Cocteau escribió: Si j’écris, je dérange. Si je tourne un film, je dérange. Si je peins, je dérange. Si je montre ma peinture, je dérange et je dérange si je ne la montre pas. J’ai la faculté de dérangement. Je m’y résigne, car j’aimerais convaincre. Je dérangerai après ma mort. No traduciré todo, pero si les digo que déranger es molestar, incomodar, ya sabrán apañárselas solos.
Para los amantes del detalle puedo agregar que:
1) el actor principal del film, Jean Marais, la bestia, fue durante muchísimos años amante del señor Cocteau
2) varias décadas después los decorados sirvieron de inspiración a los artistas de la versión Disney
3) la película es en blanco y negro, la entrada cuesta 2 euros y los pases serán el 16 de abril a las 20.30 y el 17 de abril a las 21 en la sede de la entidad.
ilustración : retratos de Jean Cocteau por Amedeo Modigliani e Irving Penn
BSO : Lakmé, de Delibes

lunes, abril 09, 2007

+ paternidad

13 horas del día sábado en Caixa Forum.
Una niña de unos doce años intenta entrar al "bookshop", repleto de libros y gadgets más que apetecibles. Su padre, calvo, barbado, con gafas y "trenka" oscura, la detiene:

-Lo que pasa es que llevas el consumismo en tu ADN...

domingo, abril 08, 2007

el corazón sagrado

Siempre estuvo allí, sobre la cama de mis padres. Supongo que también estaba cuando me concibieron. Estoy convencido de que por aquella época, con varios años de casados, ya no la veían. Era como una mancha en la pared, o como una imagen borrosa que no les decía demasiado. Algo parecido a las leyendas atemorizadoras de los paquetes de cigarrillos. Cualquiera fuma al lado tuyo negando la presencia, allí mismo, sobre la mesa, al alcance de la mano, de esas advertencias terroríficas: "usted se está enfermando de cáncer de pulmón, está quedándose impotente, está haciendo daño a todos los que lo rodean, inclusive a sus pequeños hijos, nietos, gatos, plantas y cortinados". Muchos fumadores no las ven, o al menos pretenden no verlas. Tomábamos un cafe con una conocida, y mientras ella fumaba echando el humo hacia adelante, que era el exacto lugar donde estaba mi cara, yo no paraba de toser. "Te estoy matando, ¿verdad?", me preguntó en cierto momento. "Sí", dije yo, para ser lo más sincero posible. Ella siguió fumando como si nada y a partir de aquel día dejé de verla. No suelo departir con asesinos sin corazón. ¿Exagero? Un poquito tal vez, aunque me sirve para volver al tema del Sagrado Corazón de Jesús, colgado sobre la cabecera de la gran cama paterna. Acabo de encontrar esa imagen mientras paseaba por otros blogs amigos y, cual la tan manoseada madalena de Proust, ha despertado en mí una cantidad de recuerdos que andaban escondidos por allí, en vaya a saber qué pliegue de mi memoria. Mi padre, que era un ser ensimismado, un extranjero inadaptado, tan cálido como esquivo, solía festejar conmigo el Sábado de Gloria. Consciente o inconscientemente querría asociar su presencia, poco habitual junto a mí, con la felicidad, los cánticos, el despertar después de la tristeza. Ha quedado allí, sin duda, con su impermeable color beis oscuro y su sombrero gris marengo de ala quebrada sobre la cara, un poco a la Humphrey. El efecto no era el mismo, desde ya, y no creo que ni siquiera él lo pretendiera. Mi padre, al contrario de Bogart, era un hombre claro, relativamente alto y que caminaba muy erguido. Lo recuerdo andando por la vida sin vergüenzas ni arrepentimientos; ajeno a la prepotencia, pero sin lamentarse ni pedir permiso por ocupar un lugar considerable sobre la tierra.
Sábado de Gloria, Domingo de Resurrección. Hoy estaríamos reunidos alrededor de la mesa familiar, y mi madre, algo más descansada después de su peregrinar con mis tías por la Siete Iglesias, tendría preparado un pantagruélico festín pagano, orgullosa de la gran palma bendecida que su hijo pequeño le había regalado el día anterior. Pagada, por supuesto, por mi padre, ese señor serio y de pocas palabras que siempre presidía nuestra mesa, y al que, por un año entero, no volvería a tener a mi lado.

BSO : Luigi Tenco, Dalida, Domenico Modugno, Mina, Ornella Vanoni, Nino Rota.

lunes, abril 02, 2007

espacio publicitario

quería leer Sobre la fotografía, de Susan Sontag. Me cruzo hasta Kowasa para ver si lo tienen y me dicen que la edición de bolsillo -ocho euros de nada- está exhaurida -agotada- y que suponen que habrá alguna nueva que a ellos todavía no les ha llegado. Es comprensible: lo suyo es la fotografía en sí misma, las imágenes propiamente dichas, no la teoría sobre este arte secular de reciente aceptación museística. Camino diez pasos hasta La Central -¿por qué son tan "seriosos" todos sus dependientes?- y encuentro una nueva edición a casi veinte euros.
-Es que la Susan se nos ha muerto, sabes, y hay que subir los precios por eso del tirón post mortem de ventas.
Me lo digo a mi mismo, ya que los muy concentrados vendedores de esa bien surtida librería de mi barrio, no gastan más que monosílabos.
-Pues no lo compro, sabes. No quiero tapa dura ni papel cuché. Sólo me interesan sus palabras.
Si hasta Sanctorum, el libro de los santos y vírgenes haciendo pecado al "va-por todo lo que nos hemos cortado antes", ha pasado de sus originales veinte euros a unos más redondeados treinta. Tampoco lo compré, que diez euros son un menú de mediodía en cualquiera de los amorosos restaurantes del barrio, y a tí, Montoya, ni siquiera te encontré en la calle.
Una frustración total, dirán los pocos que me estén leyendo. Pues va a ser que no, porque el corto y humedecido paseo me sirvió para ver mis Salvajes Mimosas, segunda edición, nuevamente en la mesa de novedades. ¿Orgulloso? No, no es ese el sentimiento. Habría que ser algo idiota teniendo en cuenta que a su alrededor hay centenares, miles de libros, y algunos tienen decenas de ediciones en su haber. Lo cuento porque tampoco me pasan tantas cosas que pueda contar(les). También porque -de una manera imprecisa, sin demasiado énfasis- me gustaría que muchísima gente corriera a comprarlo y el éxito fuera tal como para empujarme a escribir una nueva novela y esta tuviera aún más éxito que las dos anteriores, y entonces, finalmente acobardado ante tanta popularidad, me viera obligado a recluírme en algún palacete junto al lago Leman, en una casona frente al lago di Como o en un amplio penthouse sobre el Central Park.
Aunque es probable que también lo haga, sería idiota no reconocerlo, para darle un pequeño disgusto a mi anónimo lector, ese que se disgusta tanto porque soy egocéntrico.

viernes, marzo 30, 2007

Autor

Gracias a un blog amigo -iluminaciones- (re)descubrí a un autor que había olvidado. Y digo autor y no poeta, que lo fue prolíficamente, porque también se dedicó a las artes plásticas, y supongo que de haber vivido más, de haber deseado vivir más, nos hubiera seguido sorprendiendo con extrañas y talentosas creaciones de cualquier otro tipo.
Pedro Casariego Córdoba -"Pe Cas Cor"- se definía como "ese hombre delgado que no flaqueará jamás". Escritor, dibujante, ilustrador, decidió no vivir más de treinta y siete años, aunque dejando tras de sí una obra suficientemente cuantiosa como para hacernos dudar de la duración y calidad de nuestro tiempo, siempre tan estrecho y rácano.
photo : zac - BSO : gymnopédies de erik satie
posdata : a los que quieran liarse un cigarrillo o pasar saludablemente de él, pueden entrar a los comentarios-discusión del último post de mi amiga crucigramera: "humo, lecturas y traiciones".

lunes, marzo 26, 2007

Porcile


¿Alguien tiene el número telefónico de la Santa Inquisición? ¿Y su email? Es que quiero denunciar al Beckham por una foto donde incita a la perversa práctica de la homosexualidad. Una calenturienta imagen donde el hasta hace nada jugador del Real Madrid aparece como protagonista de una escena que induce al más absoluto descalabro moral. La foto no es nueva, lo sé, pero es que yo acabo de verla. Me saltó a los ojos sin aviso previo, sin banda alguna de (en)cubrimiento de las zonas más escabrosas, sin la faja de rigor con las tres equis negras sobre fondo rojo. Sí, cuanto más lo pienso más claro lo tengo: quiero denunciar al depravado futbolista inglés. Aunque se haya escondido en Beverly Hills o se escude tras las enormes gafas negras de su más que amarga Victoria. Creo que este es el momento oportuno, ya que ahora mismo gozamos de una especial sensibilidad frente a todo lo que pueda dañar el espíritu de los pobres e indefensos seres humanos. Debemos arremeter contra la indecencia de la misma manera que lo hemos hecho contra esas modelos, generalmente extranjeras, que con su falta de gordura en los sitios adecuados incitan a la delgadez extrema, la bulimia y la anorexia. ¿Qué se creen estas guarras? ¿No saben acaso que los azúcares y las grasas saturadas producen más felicidad que la muerte? ¡Todas a engordar!, que para eso somos democráticos, libres y siempre vivimos del lado de aquí -exactamente el de los desinteresados, al mismo tiempo que conmovidos espectadores- de lo que alguna vez fue el telón de acero. Y si estas niñatas no quieren engordar, dando un buen ejemplo a nuestras hijas, nietas y protegidas, pues que vayan al paro o entreguen sus patéticos cuerpos desnatados a los estudiantes de Osteología de cualquier Facultad de Medicina.
BSO : tom waits y chrystal gayle : one from the heart

viernes, marzo 23, 2007

club de lectura

te invitan a hablar de un libro que ya creías muerto (con catorce años de nada: un adolescente apenas)...
te invitan a hablar de erotismo, el tuyo finalmente, a una biblioteca popular...
te invitan sin explicarte demasiado, y tú piensas: igual me tiran piedras (mi costado melodramático, operístico, mi cincuenta por ciento italiano)...
aceptas porque pretendes vivir de lo que haces, te gusta el contacto con la gente, y es tu forma, doméstica y urbana, de ser aventurero...
decides que no vas a prepararte; para qué, si sólo se trata, supones, de contestar preguntas...
llegas a las seis y media porque el evento está anunciado a las siete y quieres conocer el terreno en el que habrás de moverte...
te encuentras con un lugar vacío, un tipo con la cabeza rasurada que te ladra como si fuerais perros: uno de gran tamaño, él, y tú, uno faldero...
cuando finalmente deja de ladrar consigues sacarle la información que necesitas: "la biblioteca está en el tercer piso, subiendo a mano izquierda".
sin decirle gracias (no las merece) subes hasta allí con un ascensor sonoro: canta su canción quejosa con voz de coplera antigua...
allí está finalmente tu terreno: centenares de libros en las que supones muy bien ordenadas estanterías, y además, al alcance de tus ojos, dándote una sonriente bienvenida, la cubierta que alguna vez contuvo Serenata Argentina, ese estrafalario film que en 1940 lanzó al estrellato a Carmen Miranda, la brasileña de los tocados frutales en plan castellet de dotze...
dos horas de hablar-dialogar sobre mi libro, y desde allí sobre la vida misma...
un grupo de personas que usaban el bilingüismo sin prejuicios ni exclusiones ante un autor fascinado porque aquellos, sus momentáneos lectores, habían ocupado un mes de su tiempo en leer -y discutir, desmenuzar, digerir- lo que él había escrito un montón de años antes...
Me fui de allí contento, llevándome como regalo de la sonriente bibliotecaria la cubierta de la película seudo-argentina con Betty Grable y la Carmen Miranda. El recuerdo de un momento especialmente agradable.
Y hasta el día de hoy, hasta este mismo momento, no he encontrado ninguna razón valedera para arrojarme desde la cúspide de mi ego.
BSO : Les pêcheurs de perles, de Bizet / ilustración : birlada (?)

domingo, marzo 18, 2007

modelos















soy cómodo, me cuesta moverme de casa, no sé conducir... tres confesiones que no son tales para los que me conocen al menos un poquito. Sin embargo voy a casi todos los lugares donde haya fiesta, amigos, cariño, música, té y simpatía... Ayer sábado se festejaba el sesenta cumpleaños de Jorge Klein en un restaurante-masía de Sant Cugat. La invitación era para las 13 horas. Nuestra amiga Joyce B., que es una mujer muy organizada, meticulosa, extremadamente limpia y a pesar de todo esto guapa, pasó a buscarnos con su poderoso todoterreno a las doce del mediodía. Todo el mundo sabe que a Sant Cugat se llega en menos de media hora, pero a Joyce no le gusta nada ser impuntual y suponía con toda razón que íbamos a perdernos por el camino. A pesar de haber cumplido con su fantasía menos optimista, a la una en punto entrábamos a la fiesta. Mucho árbol, mucho verde, muchas mesas con manteles blancos, un sol casi veraniego y una treintena de los setenta invitados previstos que ya estaban esperando con ganas de festejo. Yo llevaba un regalo de terracota y la cámara de fotos lista para disparar sobre los invitados. Jorge, el del cumpleaños, es, además de arquitecto, padre de Martina Klein, la modelo. Ella, siento decirlo, es muchísimo más guapa que la que solemos ver en las fotos. Y lo es siempre: embarazada, madre reciente, en plan tejanos y camiseta o, como hoy, de supertacón y vestido de cóctel azul "dèlavè". Su madre, Adriana, es el patrón básico de tan glamouroso resultado. Hay otro Klein, Tomi, altísimo muchacho de ojos melosos y sonrisa abierta, que podría haber sido modelo de ese Calvin que ni siquiera es pariente, pero prefirió mostrarse en calzoncillos sólo en la intimidad y para quien intimamente le apetezca. Todos -los cuatro- llegaron aquí ya nacidos en otro país, la Argentina. De allí siempre llegan, me llegan, sonrisas y lágrimas*. A veces en la misma semana y sin darme descanso. "Pues chico", dirán algunos, "¿qué quieres?, eres argentino". Sí, pero hace 31 años que vivo en Europa y casi quince que no piso aquella tierra de, según dicen algunos, ególatras insufribles. "¿Sabes como se suicida un argentino? Tirándose del ego."
La fiesta de ayer, al margen de la comida acertada, el cante jondo y el tango en directo, el clima perfecto, el servicio eficaz, los invitados interesantes, fue una demostración de que algunos argentinos pueden ser protagonistas de historias menos egocéntricas. ¡Qué cálidos son los Klein cuando te quieren! ¡Y cómo se quieren entre ellos! Pensar que en Argentina nos preguntábamos dónde estaba nuestra identidad nacional. Muchos tuvimos que salir de allí para encontrarla.

*(no esperen un link a Julie Andrews y la familia Trapp; no voy a ponerlo)

banda sonora : Gotan Project, el Cigala, Serrat, "el Barrococó"
photo : (tomi, martina, adriana, jorge) D'Bertini

jueves, marzo 15, 2007

"cuatro pasos en las nubes"

fue el título en castellano de una pelicula neorrealista italiana que mi memoria atribuye a Vittorio de Sica. (La de Beatriz Doumerc, más memoriosa, me corrige: "Alejandro Blasetti". Gracias.) No la encuentro como tal por ningún lado, pero como la ví hace un montón de tiempo en Buenos Aires, vaya a saber qué habrán imaginado los distribuidores argentinos de la época, la mayoría de las veces poco sensibles a los títulos originales. Tanto como para haber rebautizado de "Atavismo impúdico" a "Vaghe stelle dell'Orso", el "incestuoso" film de Luchino Visconti, con un sugerente título extraído de un verso de Leopardi.
Pero no debía andar por ese camino. Me perdería. En realidad, ya casi lo he hecho. Así que giramos en la rotonda y cogemos, o tomamos, hacia la primera línea, la que da título a este post.
Sólo quería hablar de algo más ligero. Cuatro pasos en las nubes y con un par de zapa/to/tillas suficientemente cómodas. ¿Camper? ¿Puma? ¿Cutrelux? ¿AlpargaStar? Has de usar la que puedas... y tengas, obviamente. Yo me pongo unas -no diré la marca por eso de la publicidad encubierta, aunque dejo abierta la posibilidad de ser sponsoreado por quien quiera hacerlo (depredadores abstenerse)- y salgo a caminar por mi barrio. Y cuando digo barrio digo en realidad manzana: "mi" manzana y sus más cercanos aledaños. Por allí tengo una buena librería "generalista", La Central del ensanche -que tiene algunos de mis libros- y al lado mismo otra especializada en todo tipo de publicaciones sobre fotografía, una de mis grandes debilidades. Se llama Kowasa, está muy bien surtida y te atienden con simpática eficiencia. A pasos de allí puedo pasearme entre los muebles y objetos de Indian Islands o sumergirme en La Compagnie Francaise de l'Orient et de la Chine, otra debilidad, lo reconozco. (Si alguien me lee, pensará "¿qué se le ha dado a este tío por hablar de tiendas?". Necesitaba aligerar los pies y la cabeza, dar un pequeño recreo a mi espíritu. Seguiré mañana.)
Pues no, me desdigo. Este mañana será un hoy mismo para mí. Quiero decir que dado que son las 0.24 del sábado, lo anterior lo escribí ayer, pero como no me fui a la cama todavía, este día sigue siendo el mismo, no hubo descanso horizontal ni sueños compensatorios ni necesario corte reparador. Vengo de comer con unos amigos en el José Luis de Diagonal: caro, sabroso, fresco. No podía irme a la cama sin más. Me remordería la conciencia si no nombrara en este hoy que es ayer a algunos de los otros reductos que más me gustan de los alrededores de mi cueva. El Hábaluc, con sus camareros adorables -una pena: Cinthia se nos fue a Ibiza-, Au nom de la rose y sus pétalos multicolores iluminando la calzada -imprescindible probar su confitura, de rosa por supuesto- las comidas argentinas del Pampero y Vientos del Sur, Fins de Siecles y sus impecables muebles decó... Tal vez esté posteando una tontería, pero es que doy sólo cuatro pasos y todos mis sentidos lo agradecen.
photo : Alberich Mathews
banda sonora : Umo Jazz Orchestra desde finlandia
filmografía : notting hill, siete novias para siete hermanos, cantando bajo la lluvia, mejor imposible, fama, cualquier comedia musical de donen-kelly-astaire; nunca jamás la talentosa, original y demoledora pennies from heaven...

martes, marzo 13, 2007

la vida por delante


(Texto de presentación para la conferencia de la periodista argentina Ana Mariani sobre su libro "La vida por delante". Aula de Escritores de la ACEC, el lunes 12 de marzo de 2007)
Si uno contara la historia que nos narra este libro sin decir demasiado sobre la autenticidad de sus anécdotas, sobre su lugar de procedencia, sobre su desgraciada génesis, cualquiera podría pensar que estamos contando el argumento de una película de terror adolescente, de esas ya clásicas, exageradas, escalofriantes películas “gore” que despliegan, sin ninguna piedad y con muchísimo y detallado horror, un variadísimo catálogo de torturas, asesinatos y desapariciones.
Pero, para nuestra desgracia, en el libro de Ana Mariani no hay ni atrezzos teatrales, ni efectos especiales ni monstruos producidos por el buen hacer de un equipo de especialistas cinematográficos.
Tanto los asesinos como sus víctimas tienen nombre y apellido, son, o han sido, gente de carne y hueso, tan frágil y palpable como cualquiera de nosotros.
En su libro,-una narración cercana, descarnada y al mismo tiempo poco efectista de los hechos- Ana Mariani nos habla de 11 adolescentes “chupados” por el régimen de terror que instaurara el golpe militar argentino de marzo de 1976.
Todos ellos eran alumnos de segunda enseñanza del Colegio Comercial Manuel Belgrano de la ciudad de Córdoba, una de las ciudades más pobladas, y cultas, de Argentina.
A todos ellos –Gustavo Torres, Claudio Román, Pablo Schmucler, Silvina Parodi, Graciela Vitale, Daniel Bacchetti, Jorge Nadra, Oscar Liñeira, Fernando Ávila, Raúl Castellano y Walter Magallanes- , se les suponía, y auguraba, “una larga y productiva vida por delante”.
No fue así, ya que casi ninguno de los once llegó a cumplir los dieciocho años.
Lo impidió un régimen brutal que auspiciaba y encubría a la más que siniestra Triple A, con sus amenazadoras listas negras y sus comandos de extorsión, secuestro y ejecución.
La desaparición y muerte de estos once adolescentes, como la de muchos otros obreros, artistas e intelectuales que no pertenecían a ningún grupo armado revolucionario específico, era usada para escarmentar a los individuos más politizados, y, al mismo tiempo y tal vez en mayor medida, para amedrentar a todos aquellos que pudieran fantasear con un cambio del sistema sociopolítico imperante o, simplemente, con una práctica más democrática del sistema ya existente.

Antes de dar paso a Ana Mariani, autora de “La vida por delante”, me gustaría leerles la lista de libros eliminados de la biblioteca del colegio Manuel Belgrano por una resolución que consta en acta con fecha de 2 de abril de 1976 y está firmada por las autoridades golpistas.
En esta misma resolución se daba cuenta de la inmediata incineración de todos los volúmenes requisados.
Estos títulos eran: (la lista es larga e incluye biografías de Pablo Neruda, Hitler, José Martí y Mussolini, escritos sobre literatura y materialismo histórico de Marx y Engels y diversos ensayos sobre el movimiento obrero internacional, las luchas independentistas en África y Asia, la reforma agraria o la doctrina social del cristianismo)
(photo : Eduardo Longoni : el general Videla espera turno para comulgar)

sábado, marzo 10, 2007

la felicidad de Agnès Varda

Agnès Varda es belga y el año que viene cumplirá ochenta años. Estuvo casada con Jacques Demy, un director de dos películas melancólicamente felices, con diálogos cantados -toda una inovación- sobre música original de Michel Legrand. Ambos, Demy y Varda, investigaban el color en el cine de una manera que muchos críticos tildaban de decadente y que ella llevó a su punto máximo en una película de 1965: Le bonheur.
La medianoche del viernes, recién llegado del Teatro Nacional -Don Gil de las calzas verdes, de Tirso de Molina- pude ver -es un decir- Les glaneurs et la glanesse (2000), según la versión que tuvo a bien "echarnos" la segunda cadena de Televisión Española. Y digo esto porque la película, un particularísimo documental sobre los desperdicios de la sociedad de consumo y la gente que vive de ellos, parecía "tunizada" en plan obra conceptual de última generación: las voces de los "no" actores, gente de la calle, trabajadores de la tierra, homeless y desheredados de todo tipo, estaban dobladas al español por los habituales actores de doblaje. O sea que un marginado alcohólico contaba sus esperiencias con la misma voz del tipo que nos vendía detergentes, coches o pasta envasada en los larguísimos cortes publicitarios que mecharon la proyección del film. A pesar de esto, la obra de Varda, que estaba descubriendo las posibilidades de una cámara digital a los setenta y pico de años, mantuvo una potencia expositiva y una calidad estética casi nunca presentes en otros documentales televisivos.
La mano que aparece en el fotograma que ilustra esta entrada es de Agnès; la otra está sosteniendo la cámara que filma la secuencia. Al principio del film había mostrado ambas para explicar uno de los porqués de su película: "Mis manos no me engañan. Me niego a llamarlas viejas, aunque no puedo negar que me muestran la cercanía del final." Espero que ese final esté lejos, Agnès, y mientras tanto tú continúes con tantas ganas de hacer cine.

viernes, marzo 09, 2007

el asesinato del Capitán América

NUEVA YORK (AP).- El legendario superhéroe de 66 años ha emprendido su última misión. El Capitán América murió hoy en el más reciente número de la tira cómica, reportó el New York Daily News . Un francotirador le disparó bajo su escudo mientras salía de un juzgado. El asesinato pone fin a la larga vida del personaje, creado en 1941. A través de los años se han vendido unos 210 millones de ejemplares de la historieta, publicada por Marvel Entertainment Inc., en 75 países. La muerte del personaje de 66 años resultó un golpe duro para uno de sus creadores, Joe Simon.
“Realmente lo necesitamos ahora”, dijo el artista de 93 años, quien trabajó con Jack Kirby en la creación del Capitán América como un enemigo de Adolfo Hitler.


Primer día en New York. Daniel Melgarejo, gran amigo, mejor dibujante, nos invita a ir esa misma tarde-noche a una fiesta del King Features Syndicate en el Saint Regis Hotel de la Second Avenue con la 55. Construído en 1904, es una "Luxury Property In The Heart Of 5th Avenue's Shopping District". Llegamos caminando al hotel cuando ya caía la tarde. Atravesamos el hall de entrada -con empleados de impecable uniforme y un brillante piano de cola negro en el que un señor canoso de aire aristocrático "desgranaba" melodias jazzísticas de los años cuarenta-subimos amplias escaleras alfombradas y nos encontramos con unos espaciosos salones decorados "a la europea" por donde deambulaban decenas de invitados en traje de noche, civilizadamente mezclados con algunos que, como nosotros, iban vestidos con tejanos y ropa informal: un muy aceptable y moderno "casual wear". Moviéndose con más soltura que los camareros y los invitados, había también una docena de personajes de historieta oficiando de anfitriones: Olivia y Popeye, Goofie, Cat Woman, más otros que yo no conocía y hasta el día de hoy sigo sin conocer. "El Melga" me hace notar que también anda por allí una celebridad de la televisión de aquellos años: la doctora Ruth, experta en todos los sexos. Como le pasaba a Karen Black con Julie Christie en "Nashville", no puedo entender que una persona tan baja y escuálida pueda ser una estrella de televisión. Un minuto después de llegar, el Capitán América se acerca a saludarme. Primero me da la mano, finalmente un cálido beso en la mejilla. La cara está oculta por la máscara del personaje, pero el cuerpo es, sin ninguna duda, atlético y joven. Daniel me agarra con fuerza de un brazo y me lleva aparte. "Sos una bruja. No se te puede llevar a ningún lado". El tono es socarrón, irónico. "Hace años que vengo a esta fiesta y nunca logré que el Capitán América me saludara. ¡Te das cuenta cómo te recibe New York!." No, yo no me daba cuenta, pero ayer, cuando me enteré de que algún desalmado pistolero había matado al superhéroe, la memoria, tan traicionera como intermitente, me hizo recordar lo que pasó aquel día.

jueves, marzo 08, 2007

"la voluntad de crear














es la misma de sobrevivir." La frase está escrita sobre un falso muro de la Pedrera, en la misma sala donde se "expone" La música en los campos. Si este título ha evocado en ustedes imágenes idílicas, amplios prados de avena, trigo, margaritas o cebada, despejen la mente y revisen el concepto. Estos campos, de estar sembrados, lo estuvieron de sangre, lágrimas, sufrimiento, desesperación, cadáveres. Si os cuesta mucho borrar de un plumazo toda la imagen anterior, podéis conservar los alambres de púa, quizás también unas altas chimeneas de ladrillo echando humo.

Esta mañana las salas de exposición de La música y el III Reich estaban llenas de señores y señoras septuagenarias. Ellas -y no me equivoco: lo hacían varias a la vez- cantaban siguiendo la música que oían por los auriculares. En una pantalla, ajena a los carteles que prohibían bailar, una Dietrich poco azul y nada angélica mostraba las piernas, atormentando para toda la eternidad al rubicundo y sudoroso profesor Emil Jannings.
Por algún rincón se podía escuchar también la música de Richard Wagner, sólida y brillante como el bronce que usaron para retratar su imponente cabeza.
"Música degenerada, arte degenerado", palabras críticas usadas más que ligeramente por críticos que desconocen el profundo valor de la palabra.
¿Devolvemos la censura, rebotamos todo aquel oprobio? ¿Encerramos en campos de exterminio la prodigiosa música de este hombre equivocado? ¿Destruímos sus invenciones, las lanzamos a los mismos hornos crematorios?
(photo : dante bertini)

miércoles, marzo 07, 2007

exponer(se)

con Laurent "Lo" nos veíamos, estrecho patio de manzana por medio, mientras regábamos las plantas de nuestros balcones en Ciutat Vella. Tenía la cabeza rasurada, una mujer española muy hermosa, un hijo de una relación anterior y un restaurante de sushi glamouroso al lado del Centro de Arte Santa Mónica. De todas esas cosas conserva el hijo y la cabeza, esta última especialmente inquieta, creativa, muy bien amueblada.
Gonzalo Elvira tiene muy claro que la pintura es su destino en la vida. Trabaja para ello cada día, amasando con la misma seriedad y dedicación harinas y pigmentos. Su obra crece en todos los sentidos, quizás al mismo ritmo que su hija Julia, una bellísima coproducción con Anita García, diseñadora de lámparas "rampicantes" y objetos extraños.
Mañana (se) exponen ambos. Las obras de Laurent parecen diseñadas por el viento. Las de Gonzalo surgen de una tierra en convulsión, sombría y áspera. Yo que ustedes no me las perdería.

(ilustra : móvil de bambú de laurent "lo")

lunes, marzo 05, 2007

cuadernos y misales (segunda parte)

No sé cuánto tiempo nos quedamos allí, enceguecidos por el sol que golpeba nuestras caras con la misma intensidad conque convertía el plano metálico de la mesa en un reflector incandescente. A pesar de lo difícil que parecía resultarle esta labor, mi amigo estaba empeñado en sopesar cuán derechista era el diario ABC. Yo lo había comprado por segunda vez en mi vida porque venía acompañado de una espléndida versión del Rigoleto verdiano -grabación de Deutsche Grammophon, con Carlo Bergonzi, Dietrich Fischer-Dieskau y Renata Scotto- por la módica suma de un (1) euro. La primera vez, tres años antes, quería saber cómo habían publicado dos dibujos míos en un suplemento a color ya desaparecido.
La cuestión es que entre deslumbramientos solares, cafés do Brasil y diestros alfabetizados, los minutos pasaron hasta convertirse en una hora hecha y derecha. Cada tanto yo giraba la cabeza para cerciorarme de que la escritora seguía allí, afanada en su labor de letras. No me decepcionaba, no: veía su brazo moverse con ligereza, ajeno a la pesadez de aquella cara ensombrecida desde adentro. El resto del cuerpo simulaba no existir. Envuelto en abrigos y echarpes, descansaba sobre la silla, mientras el cuello largo y tieso y la testa pequeña de negra melena descuidada, se asomaban al espejado plano de la mesa, casi cubierto por el cuaderno de tapas amarillas y espiral metálica, la taza de café con leche ya vacía y una pila de tres o cuatro libros de distinto tamaño. En un momento dado me entretuve unos minutos con un llamado teléfonico. Cuando finalmente pude colgar y volví a girar la cabeza hacia la mujer de los escritos, ella ya había abandonado la mesa y en su lugar se sentaba un señor canoso con gafas de sol algo anticuadas.
Un instante después pagábamos para reiniciar nuestra marcha hasta el Paseo San Juan. Cincuenta metros más adelante escuchamos un órgano tocando música religiosa.
-Nunca entré a esta iglesia-, dije yo
-Yo tampoco-, dijo mi amigo.
Y los dos, sin decir nada más, subimos los cuatro o cinco escalones que elevan el templo sobre la calle y nos internamos llenos de curiosidad en aquel lugar desconocido.
La mujer del café estaba allí mismo, sentada en una de las primeras filas. Tenía los libros y el cuaderno amarillo descansando a su lado, sobre el largo banco de madera lustrosa. Con los ojos cerrados y la cabeza algo echada hacia atrás, cantaba con voz clara y fuerte acompañando al organista. No puedo decir que se la viera más feliz que antes. Tampoco lloraba.

domingo, marzo 04, 2007

cuadernos y misales

Aragón es una calle ancha y ruidosa con pocos árboles y demasiados negocios de cosas que no me interesan. No suelo transitarla nunca. Ayer sin embargo, un amigo y yo decidimos ir caminando por ella hasta el Paseo San Juan. Pensábamos desayunar en algún bar con terraza para poder gozar a pleno del sol primaveral que nos había tocado en suerte. Recién ahora, en estos últimos meses, puedo volver por alli. Durante años preferí no asomarme a ese calle, la de la casa que me alojó recién llegado a Barcelona. Demasiados recuerdos, demasiadas ausencias, demasiada nostalgia. El viejo edificio donde vivían Daniel y Marcelo fue sustituído hace unos años por otro más moderno. Supongo que aquellos espaciosos pisos de techos altos y amplios ventanales, se habrán convertido en una infinidad de apartamentos escuálidos con parqué flotante de falsa madera, mesadas de fórmica brillante y luces alógenas de todo a cien.
Esta vez, al llegar a la esquina de Roger de Flor, por primera vez presté atención a un pequeño Bracafé del chaflán. No lo hice por el local en sí mismo, ya que he pasado por allí un millar de veces sin detenerme ninguna. ¿Por qué? En gran medida porque adentro permiten fumar, y desde que dejé de hacerlo, quince años largos, no soporto el humo del cigarrillo y mucho menos todos los olores que el supuesto olor a tabaco encubre. Vade retro, entonces, aunque esta vez frené la marcha, deteniéndome el tiempo suficiente como para ver que el pequeño bar tiene afuera una terraza "chaflanera" con cuatro mesas metálicas donde el sol pega de lleno. Sin embargo lo que más llamó mi atención, lo que imantó mi cuerpo a aquella esquina, fue otra mesa pegada al cristal que da a la calle. En ella había una mujer de unos cincuenta años bien cumplidos con la cara derrumbada por la tristeza que escribía aceleradamente, con letra clara y de gran tamaño, sobre un cuaderno de hojas blancas y lomo con espiral metálica. Creo que fue esa imagen devastada de náufraga que en un último intento de salvación se ase desesperadamente a la palabra, la que hizo que me quedara, nos quedáramos allí, y, casi como excusa, ambos pidiéramos una taza de café americano para beber en la terraza. (continuará)

sábado, marzo 03, 2007

tristán y sus amigos

Eran unos tipos inocentes: se conformaban con ponerle bigotes a la mona lisa, forraban de piel animal una taza de café, agregaban clavos a una plancha o exponían en una galería de arte un mingitorio en desuso rescatado de la calle. Si pudieran volver de su silencio se encontrarían conque los engendros de su imaginación han sido superados ampliamente en cualquier espacio de nuestra surreal vida cotidiana.
Sin ir más lejos, según algunos titulares del diario La Vanguardia: "Los jabalíes se comen el césped", "Degusta exhibe vajillas de hielo", "La unión europea busca glamour", ¿Quién retirará el respirador artificial de Inmaculada?", "Bosque de la calma: un entorno natural para las cenizas de la persona amada", "Un filme retrata al abuelo Munster como un disidente antisistema", "Josep Font combina folklore castellano y futurismo en París"...
Lo dicho: si Tristán y sus amigos dadaístas pudieran volver de donde están se encontrarían conque el surrealismo ha ganado la batalla.

jueves, marzo 01, 2007

¡Humpty Dante Welcome!

Hace un momento, carteándome con Isabel de las maravillas, salió a relucir (¡vaya expresión de fregona!) el señor Lewis Carroll. Ella convive cotidianamente con sus personajes, y yo -que los tenía un poco olvidados- he decidido apropiarme de uno de ellos: a partir de ahora seré también Humpty Dante, el huevito malhumorado y glotón.

la vida de los otros

amo el buen cine americano ( si hace falta que dé nombres estoy dispuesto a hacerlo) y aunque también tengo en mi lista de pasiones algunos directores, actores y películas de otras procedencias, soy algo reacio a ver según qué cine considerado "de calidad". Me gusta la síntesis del cine estadounidense, su uso del montaje, su maestría para contar sin aburrir ni subestimar al espectador. Para cine literario, prefiero la literatura, para cine de tesis, los ensayos literarios. El cine de pantalla, el dirigido al gran público, es un arte que requiere lenguajes específicos. La misma película pasada a soporte video o cedé se convierte en un producto diferente, más cercano al libro. Puedo acelerar o detener, pasar capítulo o repetir una escena, un diálogo, una imagen, hasta que mis neuronas se queden satisfechas.
Todo esto viene a raíz de que esta misma noche cometí el error de no seguir mis intuiciones y creer en los comentarios de algunos amigos. Fui a ver La vida de los otros, Oscar a la mejor película extranjera de 2006. También ganó ese premio Todo sobre mi madre y yo estaba en una multitudinaria fiesta en Los Ángeles la noche que lo entregaron. Allí ví cómo la gente aprovecha esos minutos -los de los premios a las pelis foráneas- para ir al aseo o salir al jardín a fumarse un pitillo. Supongo que los jurados harán lo mismo cuando se las proyectan en privado.
Me estoy yendo lejos. Estaba hablando de La vida de los otros y vuelvo a ella. ¡Que mala es, San Hitchcock de mis amores! Y lo cito a él porque fue autor de algunas pelis de comunistas malísimos, con cara de hielo y sentimientos de bisturí. En ellas al menos los buenos eran carismáticos, te daban ganas de esconderlos en tu casa. Paul Newman con los ojos color cielo, o Julie Andrews, que siempre será nuestro Victor/Victoria. Esta, La vida de..., es malísima de verdad, inaguantable. Menos mal que la noche anterior cumplía años mi querida Pilar Brea y nos invitó a comer a El Jardinetto. Una reunión encantadora: seis amigos, buena comida, excelente humor. En una mesa cercana estaba Boris Izaguirre, pero esa es otra historia. También en el hotel de Los Ángeles paraba Rajoy, por entonces ministro del gobierno, y no les conté nada sobre la larga charla que mantuvimos una mañana a las puertas del hotel.