Después de la última floración -que no desfloración, no confundir- vuelvo a mis habituales elucubraciones. Uso esta palabra algo rimbombante -vaya querida: ¡rimbombante!, ¿de qué te asombras tú?-, con absoluta conciencia de las dos (2) acepciones habitualmente presentes en los diccionarios castellanos para definir a la palabra elucubración. Una de esas acepciones habla de la reflexión, del pensamiento, del trabajo llevado a cabo durante la creación intelectual. La otra, de la fantasía sin demasiado fundamento. Ambas son válidas para este espacio sin retribución económica ni compensación aparente. Si no hubiera presencias amigas interesándose por lo que escribo, ¿todo esto tendría algún sentido? Sinceramente, no puedo dar una respuesta categórica, así que por el momento, y mientras haya alguien del otro lado de la línea, seguiré con ello.Estos últimos han sido días de gloria para mí. El sol ha atemperado sus rayos y una brisa fresca entra por balcones y ventanas agitándolo todo. Las plantas ronronean, mimosas, y yo me tiro a descansar junto a ellas, adormeciéndome.
Me regalan libros. Uno bilingüe, de la Poesía Completa de Joan Salvat-Papasseit (gracias Juan Ramón). Otro, también de bellísima edición, con cuentos de sabiduría taoísta, (editado por Paidós) llega acompañado por Literatura Ilustrada del dibujante Fernando Vicente. Gracias, Leonor Alazraki. Finalmente, Amazonas y modelos, recopilación de un ciclo de charlas promovidas por la Fundación Mapfre, donde, entre otras conferenciantes, Isabel Núñez y Lydia Oliva recordaron cariñosamente a escritoras y fotógrafas olvidadas, aparece junto a El corazón perdido de Asia (RBA editores), escrito por Colin Thubron y traducido también por I.N., amable y bien calzada portadora de los dos últimos (Gracias Zbelnu).
Con absoluto placer, veo por segunda vez Gods and Monsters (1998), la sensible película de Bill Condon sobre los últimos días de James Whale, mítico director del primer Frankenstein. Leyendo algunas notas sobre el film y sus intérpretes, me entero que Condon ha dirigido también Kinsey (2004), donde narra la vida del que yo suponía (re)conocidísimo biólogo e investigador estadounidense. Ahora mismo podría contarles quién era este tipo y hablarles también de la importancia de sus estudios sobre sexualidad humana, pero no tengo ganas. Cuando tomo conciencia de cómo se silencian, nada inocentemente, algunas cosas de suma importancia, suelo ser presa, o preso, del escepticismo. Desde que ví la película insisto en recomendársela a los amigos. "Es sobre Alfred Kinsey", les digo, "el del célebre Informe Kinsey". Parece que nadie había oído hablar nunca antes de él y de su archiconocido Informe, fundamental para la concepción que tenemos de la sexualidad en las últimas décadas. Cuando en la segunda mitad del siglo veinte se hablaba de revolución sexual, siempre se mencionaba a este señor, llave imprescindible para la apertura definitiva de esos diversos armarios que nos servían de guarida y calabozo al mismo tiempo. Vean la película, lean sobre él en la red y después recuérdenlo, agradecidos, el día 23 de este mismo mes. Se cumplirá un año más de su muerte, acaecida en 1956, a poco de cumplir sus 62 años de vida.
Y con esto y una buena taza de té, mañana ya veré.

Esta misma semana, Taschen, la editorial de los libros deseados, me mandaba un email anunciando la aparición de
Hace cuarenta años ese título sonaba a boutade, a juego intelectual sin asideros reales ni consecuencias prácticas. Parecía el deseo inalcanzable de un maoísta iluso o el delirio terminal de un paranoico de derechas. Hoy, después de haber visto lo que vimos, podemos decir que ahora sí la Cina è vicina. Y esto sin parecer mesiánicos, dementes o simplemente necios ilusionados.


Posdata: ¿Por qué los medios periodísticos españoles se asombran tanto de que China esconda sus vergüenzas (leáse pobreza y marginalidad)? He vivido de cerca Barcelona 92 y a casi todo el mundo le pareció normal que se pagara pasajes hacia otras comunidades a la gente que vivía en las calles. Si recibimos visitas, siempre tratamos de que el cuarto de baño esté limpio y la toalla de mano sin usar. Otrosí: los comentaristas de la cadena Euro Sport, faltos de argumentos más válidos, se burlaban abiertamente del vestuario de algunas delegaciones extranjeras. Un tipo sin nombre, riéndose de la ropa floreada de los húngaros y de algunos coloridos atuendos africanos, se atrevió a decir: "Bueno, pobres, se nota que no tienen a mano los diseñadores de moda españoles..." Y unamás: el suplemento Babelia del diario El País de hoy, sábado 9, trae un artículo que lleva el mismo título de este post publicado ayer. Sin embargo parece que el autor da por sentado, o no sabe, que perteneció a la película de Marco Bellochio y mucho antes a un libro del escritor y periodista Enrico Emanuelli, editado por Mondadori diez años antes del estreno del filme. ¿Será una frase histórica y yo no estoy enterado? ¡Y otra!: Me había olvidado de unos de mis links, aquí al lado nomás... ¡qué chorizos! Perdónalos señor, no saben lo que hacen... 




La segunda cadena de televisión española, supuestamente alternativa(?), pasó 







-Hay cosas que no se deben decir.
Gracias a 
Me gustan las imágenes, extrañas en una cinematografía generalmente abocada al realismo y la cotidianeidad. Con reminiscencias de



Una imagen oblicua y fragmentada gira delante de mis ojos desde hace dos noches. Podría haber escrito: una imagen me mira sin que yo pueda hacer nada para evitarlo. Sería igualmente válido. El viernes, sin haberlo previsto anticipadamente, acabé en un cine donde proyectaban una película sin especiales atractivos para mí. (Dos veces "sin" suena a pecado, a reiteración injustificada, a una cárcel donde cumplir penas lingüísticas. Hace calor, mucho calor. No es tiempo para escrituras refinadas.)
Viene a cuento, porque tanto ésta como la película de Wayne Wang intentan romper con los cánones cinematográficos clásicos. La de la Duras, olvidándose del cine como un arte visual con lenguaje propio; logrando que la puesta en escena sea poco más que una ilustración pedante, superficial, falsamente sofisticada de unos textos de por sí pretenciosos. La de Wayne Wang, de profunda concepción cinematográfica, intentando desprenderse lo máximo posible de toda apoyatura ajena a la narración en imágenes. 




Mayo glorioso, junio fatigoso. Al menos mis sentimientos podrían describir estos meses así. Mi razón, siempre más lenta, necesita un poquito de tiempo para llegar a definir de manera relativamente precisa todo lo que está pasando. Estos últimos días la realidad ¿exterior? se abalanzó sobre mí con una prepotencia bastante desagradable. Tomé conciencia de muchas cosas que prefiero no contar aquí. Sería verme obligado a poner nuevamente debajo de este post, como etiqueta, "la horrible realidad".



Después de una pérdida dolorosa, ¿puede haber algo mejor que una sesión con el dentista? Ayer al mediodía, mientras otros abrían la boca para zamparse un bocado, yo mostraba mis muelas al siempre agradable e impoluto doctor M... Al menos no se había programado una jornada de dolor, solamente una revisión de rutina. Como había llegado algo tarde, la enfermera más joven del consultorio me introdujo rápidamente en uno de los pequeños boxes decorados en tono verde desvaído, sin siquiera darme tiempo a hojear los ¡Hola! de la salita de espera.

