sábado, marzo 10, 2007

la felicidad de Agnès Varda

Agnès Varda es belga y el año que viene cumplirá ochenta años. Estuvo casada con Jacques Demy, un director de dos películas melancólicamente felices, con diálogos cantados -toda una inovación- sobre música original de Michel Legrand. Ambos, Demy y Varda, investigaban el color en el cine de una manera que muchos críticos tildaban de decadente y que ella llevó a su punto máximo en una película de 1965: Le bonheur.
La medianoche del viernes, recién llegado del Teatro Nacional -Don Gil de las calzas verdes, de Tirso de Molina- pude ver -es un decir- Les glaneurs et la glanesse (2000), según la versión que tuvo a bien "echarnos" la segunda cadena de Televisión Española. Y digo esto porque la película, un particularísimo documental sobre los desperdicios de la sociedad de consumo y la gente que vive de ellos, parecía "tunizada" en plan obra conceptual de última generación: las voces de los "no" actores, gente de la calle, trabajadores de la tierra, homeless y desheredados de todo tipo, estaban dobladas al español por los habituales actores de doblaje. O sea que un marginado alcohólico contaba sus esperiencias con la misma voz del tipo que nos vendía detergentes, coches o pasta envasada en los larguísimos cortes publicitarios que mecharon la proyección del film. A pesar de esto, la obra de Varda, que estaba descubriendo las posibilidades de una cámara digital a los setenta y pico de años, mantuvo una potencia expositiva y una calidad estética casi nunca presentes en otros documentales televisivos.
La mano que aparece en el fotograma que ilustra esta entrada es de Agnès; la otra está sosteniendo la cámara que filma la secuencia. Al principio del film había mostrado ambas para explicar uno de los porqués de su película: "Mis manos no me engañan. Me niego a llamarlas viejas, aunque no puedo negar que me muestran la cercanía del final." Espero que ese final esté lejos, Agnès, y mientras tanto tú continúes con tantas ganas de hacer cine.

viernes, marzo 09, 2007

el asesinato del Capitán América

NUEVA YORK (AP).- El legendario superhéroe de 66 años ha emprendido su última misión. El Capitán América murió hoy en el más reciente número de la tira cómica, reportó el New York Daily News . Un francotirador le disparó bajo su escudo mientras salía de un juzgado. El asesinato pone fin a la larga vida del personaje, creado en 1941. A través de los años se han vendido unos 210 millones de ejemplares de la historieta, publicada por Marvel Entertainment Inc., en 75 países. La muerte del personaje de 66 años resultó un golpe duro para uno de sus creadores, Joe Simon.
“Realmente lo necesitamos ahora”, dijo el artista de 93 años, quien trabajó con Jack Kirby en la creación del Capitán América como un enemigo de Adolfo Hitler.


Primer día en New York. Daniel Melgarejo, gran amigo, mejor dibujante, nos invita a ir esa misma tarde-noche a una fiesta del King Features Syndicate en el Saint Regis Hotel de la Second Avenue con la 55. Construído en 1904, es una "Luxury Property In The Heart Of 5th Avenue's Shopping District". Llegamos caminando al hotel cuando ya caía la tarde. Atravesamos el hall de entrada -con empleados de impecable uniforme y un brillante piano de cola negro en el que un señor canoso de aire aristocrático "desgranaba" melodias jazzísticas de los años cuarenta-subimos amplias escaleras alfombradas y nos encontramos con unos espaciosos salones decorados "a la europea" por donde deambulaban decenas de invitados en traje de noche, civilizadamente mezclados con algunos que, como nosotros, iban vestidos con tejanos y ropa informal: un muy aceptable y moderno "casual wear". Moviéndose con más soltura que los camareros y los invitados, había también una docena de personajes de historieta oficiando de anfitriones: Olivia y Popeye, Goofie, Cat Woman, más otros que yo no conocía y hasta el día de hoy sigo sin conocer. "El Melga" me hace notar que también anda por allí una celebridad de la televisión de aquellos años: la doctora Ruth, experta en todos los sexos. Como le pasaba a Karen Black con Julie Christie en "Nashville", no puedo entender que una persona tan baja y escuálida pueda ser una estrella de televisión. Un minuto después de llegar, el Capitán América se acerca a saludarme. Primero me da la mano, finalmente un cálido beso en la mejilla. La cara está oculta por la máscara del personaje, pero el cuerpo es, sin ninguna duda, atlético y joven. Daniel me agarra con fuerza de un brazo y me lleva aparte. "Sos una bruja. No se te puede llevar a ningún lado". El tono es socarrón, irónico. "Hace años que vengo a esta fiesta y nunca logré que el Capitán América me saludara. ¡Te das cuenta cómo te recibe New York!." No, yo no me daba cuenta, pero ayer, cuando me enteré de que algún desalmado pistolero había matado al superhéroe, la memoria, tan traicionera como intermitente, me hizo recordar lo que pasó aquel día.

jueves, marzo 08, 2007

"la voluntad de crear














es la misma de sobrevivir." La frase está escrita sobre un falso muro de la Pedrera, en la misma sala donde se "expone" La música en los campos. Si este título ha evocado en ustedes imágenes idílicas, amplios prados de avena, trigo, margaritas o cebada, despejen la mente y revisen el concepto. Estos campos, de estar sembrados, lo estuvieron de sangre, lágrimas, sufrimiento, desesperación, cadáveres. Si os cuesta mucho borrar de un plumazo toda la imagen anterior, podéis conservar los alambres de púa, quizás también unas altas chimeneas de ladrillo echando humo.

Esta mañana las salas de exposición de La música y el III Reich estaban llenas de señores y señoras septuagenarias. Ellas -y no me equivoco: lo hacían varias a la vez- cantaban siguiendo la música que oían por los auriculares. En una pantalla, ajena a los carteles que prohibían bailar, una Dietrich poco azul y nada angélica mostraba las piernas, atormentando para toda la eternidad al rubicundo y sudoroso profesor Emil Jannings.
Por algún rincón se podía escuchar también la música de Richard Wagner, sólida y brillante como el bronce que usaron para retratar su imponente cabeza.
"Música degenerada, arte degenerado", palabras críticas usadas más que ligeramente por críticos que desconocen el profundo valor de la palabra.
¿Devolvemos la censura, rebotamos todo aquel oprobio? ¿Encerramos en campos de exterminio la prodigiosa música de este hombre equivocado? ¿Destruímos sus invenciones, las lanzamos a los mismos hornos crematorios?
(photo : dante bertini)

miércoles, marzo 07, 2007

exponer(se)

con Laurent "Lo" nos veíamos, estrecho patio de manzana por medio, mientras regábamos las plantas de nuestros balcones en Ciutat Vella. Tenía la cabeza rasurada, una mujer española muy hermosa, un hijo de una relación anterior y un restaurante de sushi glamouroso al lado del Centro de Arte Santa Mónica. De todas esas cosas conserva el hijo y la cabeza, esta última especialmente inquieta, creativa, muy bien amueblada.
Gonzalo Elvira tiene muy claro que la pintura es su destino en la vida. Trabaja para ello cada día, amasando con la misma seriedad y dedicación harinas y pigmentos. Su obra crece en todos los sentidos, quizás al mismo ritmo que su hija Julia, una bellísima coproducción con Anita García, diseñadora de lámparas "rampicantes" y objetos extraños.
Mañana (se) exponen ambos. Las obras de Laurent parecen diseñadas por el viento. Las de Gonzalo surgen de una tierra en convulsión, sombría y áspera. Yo que ustedes no me las perdería.

(ilustra : móvil de bambú de laurent "lo")

lunes, marzo 05, 2007

cuadernos y misales (segunda parte)

No sé cuánto tiempo nos quedamos allí, enceguecidos por el sol que golpeba nuestras caras con la misma intensidad conque convertía el plano metálico de la mesa en un reflector incandescente. A pesar de lo difícil que parecía resultarle esta labor, mi amigo estaba empeñado en sopesar cuán derechista era el diario ABC. Yo lo había comprado por segunda vez en mi vida porque venía acompañado de una espléndida versión del Rigoleto verdiano -grabación de Deutsche Grammophon, con Carlo Bergonzi, Dietrich Fischer-Dieskau y Renata Scotto- por la módica suma de un (1) euro. La primera vez, tres años antes, quería saber cómo habían publicado dos dibujos míos en un suplemento a color ya desaparecido.
La cuestión es que entre deslumbramientos solares, cafés do Brasil y diestros alfabetizados, los minutos pasaron hasta convertirse en una hora hecha y derecha. Cada tanto yo giraba la cabeza para cerciorarme de que la escritora seguía allí, afanada en su labor de letras. No me decepcionaba, no: veía su brazo moverse con ligereza, ajeno a la pesadez de aquella cara ensombrecida desde adentro. El resto del cuerpo simulaba no existir. Envuelto en abrigos y echarpes, descansaba sobre la silla, mientras el cuello largo y tieso y la testa pequeña de negra melena descuidada, se asomaban al espejado plano de la mesa, casi cubierto por el cuaderno de tapas amarillas y espiral metálica, la taza de café con leche ya vacía y una pila de tres o cuatro libros de distinto tamaño. En un momento dado me entretuve unos minutos con un llamado teléfonico. Cuando finalmente pude colgar y volví a girar la cabeza hacia la mujer de los escritos, ella ya había abandonado la mesa y en su lugar se sentaba un señor canoso con gafas de sol algo anticuadas.
Un instante después pagábamos para reiniciar nuestra marcha hasta el Paseo San Juan. Cincuenta metros más adelante escuchamos un órgano tocando música religiosa.
-Nunca entré a esta iglesia-, dije yo
-Yo tampoco-, dijo mi amigo.
Y los dos, sin decir nada más, subimos los cuatro o cinco escalones que elevan el templo sobre la calle y nos internamos llenos de curiosidad en aquel lugar desconocido.
La mujer del café estaba allí mismo, sentada en una de las primeras filas. Tenía los libros y el cuaderno amarillo descansando a su lado, sobre el largo banco de madera lustrosa. Con los ojos cerrados y la cabeza algo echada hacia atrás, cantaba con voz clara y fuerte acompañando al organista. No puedo decir que se la viera más feliz que antes. Tampoco lloraba.

domingo, marzo 04, 2007

cuadernos y misales

Aragón es una calle ancha y ruidosa con pocos árboles y demasiados negocios de cosas que no me interesan. No suelo transitarla nunca. Ayer sin embargo, un amigo y yo decidimos ir caminando por ella hasta el Paseo San Juan. Pensábamos desayunar en algún bar con terraza para poder gozar a pleno del sol primaveral que nos había tocado en suerte. Recién ahora, en estos últimos meses, puedo volver por alli. Durante años preferí no asomarme a ese calle, la de la casa que me alojó recién llegado a Barcelona. Demasiados recuerdos, demasiadas ausencias, demasiada nostalgia. El viejo edificio donde vivían Daniel y Marcelo fue sustituído hace unos años por otro más moderno. Supongo que aquellos espaciosos pisos de techos altos y amplios ventanales, se habrán convertido en una infinidad de apartamentos escuálidos con parqué flotante de falsa madera, mesadas de fórmica brillante y luces alógenas de todo a cien.
Esta vez, al llegar a la esquina de Roger de Flor, por primera vez presté atención a un pequeño Bracafé del chaflán. No lo hice por el local en sí mismo, ya que he pasado por allí un millar de veces sin detenerme ninguna. ¿Por qué? En gran medida porque adentro permiten fumar, y desde que dejé de hacerlo, quince años largos, no soporto el humo del cigarrillo y mucho menos todos los olores que el supuesto olor a tabaco encubre. Vade retro, entonces, aunque esta vez frené la marcha, deteniéndome el tiempo suficiente como para ver que el pequeño bar tiene afuera una terraza "chaflanera" con cuatro mesas metálicas donde el sol pega de lleno. Sin embargo lo que más llamó mi atención, lo que imantó mi cuerpo a aquella esquina, fue otra mesa pegada al cristal que da a la calle. En ella había una mujer de unos cincuenta años bien cumplidos con la cara derrumbada por la tristeza que escribía aceleradamente, con letra clara y de gran tamaño, sobre un cuaderno de hojas blancas y lomo con espiral metálica. Creo que fue esa imagen devastada de náufraga que en un último intento de salvación se ase desesperadamente a la palabra, la que hizo que me quedara, nos quedáramos allí, y, casi como excusa, ambos pidiéramos una taza de café americano para beber en la terraza. (continuará)

sábado, marzo 03, 2007

tristán y sus amigos

Eran unos tipos inocentes: se conformaban con ponerle bigotes a la mona lisa, forraban de piel animal una taza de café, agregaban clavos a una plancha o exponían en una galería de arte un mingitorio en desuso rescatado de la calle. Si pudieran volver de su silencio se encontrarían conque los engendros de su imaginación han sido superados ampliamente en cualquier espacio de nuestra surreal vida cotidiana.
Sin ir más lejos, según algunos titulares del diario La Vanguardia: "Los jabalíes se comen el césped", "Degusta exhibe vajillas de hielo", "La unión europea busca glamour", ¿Quién retirará el respirador artificial de Inmaculada?", "Bosque de la calma: un entorno natural para las cenizas de la persona amada", "Un filme retrata al abuelo Munster como un disidente antisistema", "Josep Font combina folklore castellano y futurismo en París"...
Lo dicho: si Tristán y sus amigos dadaístas pudieran volver de donde están se encontrarían conque el surrealismo ha ganado la batalla.

jueves, marzo 01, 2007

¡Humpty Dante Welcome!

Hace un momento, carteándome con Isabel de las maravillas, salió a relucir (¡vaya expresión de fregona!) el señor Lewis Carroll. Ella convive cotidianamente con sus personajes, y yo -que los tenía un poco olvidados- he decidido apropiarme de uno de ellos: a partir de ahora seré también Humpty Dante, el huevito malhumorado y glotón.

la vida de los otros

amo el buen cine americano ( si hace falta que dé nombres estoy dispuesto a hacerlo) y aunque también tengo en mi lista de pasiones algunos directores, actores y películas de otras procedencias, soy algo reacio a ver según qué cine considerado "de calidad". Me gusta la síntesis del cine estadounidense, su uso del montaje, su maestría para contar sin aburrir ni subestimar al espectador. Para cine literario, prefiero la literatura, para cine de tesis, los ensayos literarios. El cine de pantalla, el dirigido al gran público, es un arte que requiere lenguajes específicos. La misma película pasada a soporte video o cedé se convierte en un producto diferente, más cercano al libro. Puedo acelerar o detener, pasar capítulo o repetir una escena, un diálogo, una imagen, hasta que mis neuronas se queden satisfechas.
Todo esto viene a raíz de que esta misma noche cometí el error de no seguir mis intuiciones y creer en los comentarios de algunos amigos. Fui a ver La vida de los otros, Oscar a la mejor película extranjera de 2006. También ganó ese premio Todo sobre mi madre y yo estaba en una multitudinaria fiesta en Los Ángeles la noche que lo entregaron. Allí ví cómo la gente aprovecha esos minutos -los de los premios a las pelis foráneas- para ir al aseo o salir al jardín a fumarse un pitillo. Supongo que los jurados harán lo mismo cuando se las proyectan en privado.
Me estoy yendo lejos. Estaba hablando de La vida de los otros y vuelvo a ella. ¡Que mala es, San Hitchcock de mis amores! Y lo cito a él porque fue autor de algunas pelis de comunistas malísimos, con cara de hielo y sentimientos de bisturí. En ellas al menos los buenos eran carismáticos, te daban ganas de esconderlos en tu casa. Paul Newman con los ojos color cielo, o Julie Andrews, que siempre será nuestro Victor/Victoria. Esta, La vida de..., es malísima de verdad, inaguantable. Menos mal que la noche anterior cumplía años mi querida Pilar Brea y nos invitó a comer a El Jardinetto. Una reunión encantadora: seis amigos, buena comida, excelente humor. En una mesa cercana estaba Boris Izaguirre, pero esa es otra historia. También en el hotel de Los Ángeles paraba Rajoy, por entonces ministro del gobierno, y no les conté nada sobre la larga charla que mantuvimos una mañana a las puertas del hotel.

lunes, febrero 26, 2007

infiltrados en babel

estoy contento por los oscars de don scorsese...
amé The Departed, Infiltrados, (ver posts de noviembre) a pesar de sus notables fallos de guión o montaje (no puedo asegurar de qué se trata en realidad) y aunque Babel me pareció una gran película, una bella invención, me atrapó más el mundo terrible y cerrado de MS que el revoltijo angustiosamente oscuro de Iñárritu...

posdata: ¿nadie dirá nada sobre el espléndido trabajo de Adriana Barraza -Amelia, la criada mexicana- en Babel?

domingo, febrero 25, 2007

buenos aires



Fue "La Reina del Plata", "La Capital de las Américas", "La París del Cono Sur".

Presa de la Gran Conspiración Babélica, del crecimiento sin planificación, de la hiperpoblación y la miseria; cautiva de la furia especulativa, los políticos corruptos y la inmigración desesperada, hay zonas donde comienza a confundirse con el escenario de un film catastrofista, parece el pavoroso engendro de una imaginación morbosamente desbordada.


"Mi Buenos Aires querido , cuando yo te vuelva a ver..."
¿Podré reconocerte?
(photos : hernán zenteno, diario la nación)

jueves, febrero 22, 2007

Perdón...¿Enrique?

Hago una dieta que me obliga a comer varias veces al día. Poco cada vez, pero varias veces. Según dicen los que saben es la forma de entretener el hambre, no sentir la necesidad de atiborrarse apenas te sientas frente a un plato de comida, no importa qué o cuánto tenga dentro. Cerca del mediodía me toca una ración de algo y yo he decidido que ese algo tiene que resultarme lo más gratificante posible, así que lo consumo en un lugar que me sea particularmente grato. A la vuelta de mi casa tengo el Hábaluc y enfrente "el hotel tanatorio"; si decido ir un poco más lejos la lista de cafeterías y bares se hace casi interminable.
Sin embargo, y a pesar de que no todos sus camareros son especialmente simpáticos, voy bastante a un Farggi que está flanqueado por dos edificios emblemáticos: la Pedrera y Vinçon. Puedo tomarme un café corto acompañado de un integral de queso fresco sin salirme del régimen, y después trotar, un poco más contento, hasta las cintas y aparatos del gimnasio donde me castigo por haber sido glotón durante los tres o cuatro últimos años. Eso sí, no miro los exquisitos cruasanes de mantequilla porque me producen una forma especial de vértigo que me hace caer de cuerpo entero en la obesidad.
Hoy estaba allí, tomando mi ración de pie junto a la barra para no perder demasiado tiempo, cuando de pronto escuché una voz femenina a mis espaldas que decía algo de un tal Enrique. Me dí la vuelta para enterarme de qué se trataba y encontré muy cerca de mí a una señora de gafas con el cabello entre rubio y canoso recogido sobre la nuca. Llevaba un sombrero de fieltro pequeño color verde musgo y un abrigo del mismo color, todo nuevo, limpio, bien cortado. Sobre el pecho, entre cariñosa y precavida, apretaba una cartera de color marrón más varios periódicos y publicaciones de distinto tipo.
"Perdón", me dijo, "¿usted es Enrique?".
"No", le contesté, mientras recordaba a uno de mis amigos del alma, muerto hace varios años.
La mujer movió la cabeza como si negara algo.
"Siento molestarlo, pero es que quedé en encontrarme aquí con una persona a la que no veo desde hace treinta años. No sé si lo reconoceré... Lo dudo muchísimo. Y yo he cambiado tanto que supongo que él no sabrá que soy la misma de aquella época. Lo siento de verdad, señor. Me da tanta vergüenza molestar a la gente..."
Mientras pensaba "mejor no lo hagas" me ofrecí a preguntar mesa por mesa. No había demasiados señores maduros y entre ellos no encontré a ningún Enrique.
Cuando volvía hacia el lugar donde me esperaba la mujer del sombrero de musgo, una de las camareras me detuvo y llevándome hacia un rincón, al costado mismo del aparador de las comandas, me dijo en voz muy baja:
"No se tome ese trabajo, señor. No encontrará a ningún Enrique, y si lo encuentra no será el que ella espera. Esa vieja viene cada tanto, desde hace muchos años. Siempre con la misma historia. Suponemos que no está muy bien, la pobre."
"Gracias", le dije por pura cortesía. En realidad no me caía nada bien lo que me había contado.
Cuando me acerqué nuevamente a la mujer que esperaba a Enrique ví que llevaba chanclas de andar por casa. "Un detalle doméstico", pensé, y enseguida: "¡Dios mío, qué siniestro!"
Aproveché que miraba hacia otro lado para pasar a su lado sin detenerme.
"¡Suerte señora! Espero que lo encuentre."
Estuve quince minutos pedaleando en la bicicleta estática, pero no pude alejarme de la mujer que esperaba a Enrique.
(photo : richard avedon)

domingo, febrero 18, 2007

Domingueros


-¡Qué duro es vivir!
-Y sí, sobre todo porque estar muerto no es ni siquiera semiblando... ¡Como no te enteras! Aunque te diré: si piensas en los detalles y te imaginas -un absoluto delirio, por supuesto-, que como finado podrías darte cuenta de todo lo que está pasando a tu alrededor, ¡vaya mal rollo!
-No entiendo demasiado bien qué me quieres decir...
-Es que, bueno, tú sabes que yo soy algo agnóstico, bastante poco creyente... Quiero decir que para mí los hombres son como los gatos o los cocodrilos: puede ser que tengan alma, ni siquiera entro a discutir semejante cosa, pero en general no se manifiesta una vez sus dueños, tutores o arrendatarios han estirado la pata. Muerto el perro se acabó la rabia... Y muerto el cuerpo, diría yo, se acabó lo blando y lo duro, lo salado y lo dulce, lo negro y lo blanco...más todos los demás matices.
-Hablando de otra cosa: ¿viste el último episodio de "Anatomía de Grey"?
(ilustración : john baldessari)

sábado, febrero 17, 2007

enero de este año


Él dice que no le gusta mucho España; que cuando estuvo en Cádiz le tocaron un silbato para que saliera de la playa porque llevaba un bañador pequeño de "stretch" comprado en Francia.
(En Paris supongo, porque así como Buenos Aires es para los porteños toda la Argentina, cuando decimos Francia estamos hablando siempre de la Ciudad Luz)
Sin saber qué decir, yo le digo: bueno, pero es Andalucía...ya se sabe...
Y él dice: no, que es toda España, que también me pasó algo parecido en Mallorca, que no me dejaban estar en la playa porque mi bañador -malla dice él- era escandaloso...
Entonces se me ocurre preguntarle: ¿cuándo fue eso?, a lo que él responde muy suelto de cuerpo que en los años cincuenta; "cincuenta y seis", precisa.
Frente a esta respuesta no habría que haber dicho más nada, pero como soy un bocazas que no tiene un ápice de diplomacia, voy y le suelto: ¡querido! han pasado cincuenta años ¡cinco décadas! ¡la mitad de un siglo! Me mira atónito, como si yo estuviera descubriéndole el paso del tiempo y con él los impresionantes cambios que esos tiempos pasados nos trajeron a todos.
Comemos un trozo de pizza sin intercambiar palabra, pero él parece no soportar demasiado el silencio, porque poco después habla de su madre como si estuviera viva: es escorpio como vos, me dice, ahora estaría por cumplir 107 años...
Bastantes más que yo, pienso, esta vez en silencio.
Se murió hace unos ocho, con 99, acota él, y después, sin que venga demasiado a cuento, o sí, ya se sabe que el inconsciente suele seguir caminos muy particulares, inmediatamente después, digo, me cuenta de cuando a los 9 años lo llevaron por primera vez al teatro, a ver una obra escrita, o ideada, -no lo recuerda bien, o al menos no lo precisa demasiado- por Nini Marshall, alias Catita, una conocidísima comediante argentina ya fallecida. En aquella obra la actriz, transformista excepcional, interpretaba un montón de personajes distintos, tantos que al volver a su casa, mi amigo, que había decidido transcribir todos los diálogos para no olvidar ni una frase de aquella trascendente representación, se vió en la necesidad de eliminar unos cuantos de aquellos personajes que tanto lo habían fascinado.
"Yo no tenía la capacidad interpretativa de la Marshall", me aclaró, "y como mi intención era representarla para toda mi familia... Creo que allí descubrí que el teatro era lo único que me interesaba en la vida".

Cuando lo dejo pienso que tal vez no volvamos a vernos: desde nuestro anterior encuentro en Buenos Aires habían pasado trece años. No hay ninguna seguridad de que los dos lleguemos tan lejos como su madre. También se me ocurre pensar que hace algun tiempo yo no tenía amigos de 73 años. Esa edad solían tenerla sólo los abuelos de mis amigos.
(ilustración color : niní marshall por alfredo sabat)

viernes, febrero 16, 2007

partid@s


Ayer por la mañana el sobrino de Jorge volvió a alejarse de nosotros...
Los puntos suspensivos indican que detrás de la frase hay un silencio, una pausa, una circunstancia atenuante, la sombra de una duda, una nube pasajera que en muchos casos se queda allí mismo, sobre, dentro, en medio de nuestra cabeza, sin permitirnos acabar la idea que empezamos a enunciar (enunciar es una palabra idiota, una equivocación del diccionario: "venga, vamos, en lugar de borrarla, que me cuesta un verdadero huevo, ¿qué te parece si te inventas una acepción y la dejamos como está?" Y el otro, el semántico, se dijo "le diría que no, sólo para joderlo al muy cabrón, perezozo de mierda, pero en realidad es una buena forma de alimentar las neuronas, un reto para mi inteligencia" y, sin pensar más de un instante, se sacó de la manga algo bien diferente a aquella otra, "anunciar", aunque con parecidos razonables: "Enunciar es expresar una idea de forma breve y sencilla". "Joer, tío", dijo el que escribía, llamado también Escriba, "si has sido más rápido tú que la tinta. Eya entuavía no sea secao". Al día siguiente los bandos municipales anunciaron con bombos y platillos la creación de una nueva palabra, y el edil, entrevistado por la cadena de radio "ToBe", la más oída del reino, dijo estar orgulloso de que entre sus conciudanos hubiera gente tan capacitada y sensible como el lingüista Fulano, "que nos ha legado una palabra super necesaria para el desarrollo social y síquico de cualquier persona medianamente alfabetizada". Los programas televisivos de la tarde parecían haberse puesto de acuerdo. Ana Marirosa, Veronica Ladeada, Virgencita Subidón y el inigualable Igor Delaburra comentaron las palabras del edil diciendo cosas como: "un cálido y democrático enunciado", "un enunciado sensible como la mismísima nueva palabra", "¿has visto qué enunciado tan majo el del edil?" y "¡vaya pedazo de enunciado!.
No lejos de allí, Al Ërgis de Betún, semántico también, aunque menos carismático y más lento que las tortugas del Titicaca (sí, aunque no lo creáis, las tortugas son plaga en ese recóndito lugar de Sudamérica), se vió corroído por la envidia, y después de romper todos los espejos, se dedicó a pensar una palabra que pudiera hacer sombra a esa que todo el mundo encontraba tan inspirada. Ni onunciado, ni inunciado, ni ununciado tuvieron el más mínimo éxito, a pesar de que el mismo Al Ërgis se ocupó de escribirlas por todas las paredes de la ciudad con gruesos caracteres negros. Fue tal su desazón -bonita palabra de ambiguo sabor- que decidió hacerse analfabeto. Pocos años después ganó las elecciones para ponerse al frente del joven Ministerio de Cultura.


¿Y el sobrino de Jorge? Ya está en su pueblo, contando acaloradamente sus andanzas europeas. A nosotros nos dejó un pedazo de ausencia sobre el viejo sillón de pana marrón chocolate que yace semi abandonado en el vestíbulo de casa.


jueves, febrero 15, 2007

dreams and nightmares

hay quienes sueñan con paraísos y príncipes encorcelados y quienes sueñan con viajes a lugares exóticos en compañía de yates, aviones y coches de lujo, cargados a rebosar de turgentes bellezas internacionales... yo sueño con lugares horribles de los que me cuesta salir, habitados por gente indiferente que parece no verme ni oír mis pedidos de auxilio y otra aún más monstruosa que sólo pretende hacerme daño...
los que saben de esas cosas del alma aseguran que los sueños suelen ser compensatorios, por tanto me despreocupo, abrazo mi almohada más mullida y me introduzco de un salto en las profundas y oscuras aguas de morfeo.

mañana será otro hermoso día.

lunes, febrero 12, 2007

shakespeare, prada y la hathaway







no sé si debiera publicar esta entrada... me criticarán, lo sé... yo fui un devoto del cine de autor -Dreyer, Bergman, la nouvelle vague, Bresson, Wajda y todos los polacos de los sesenta, El arpa birmana y Rashomon, Lars von Trier y Marayamoto Chiang-, entonces, ¿cómo he podido caer tan bajo?
¿Acaso alguno de ustedes ha oído hablar de "El demonio, o el diablo, viste de Prada"? Pues la ví anoche en el salón de casa. Es un cuento de hadas con un final amargamente feliz, al menos para los que ya sabemos de qué va el mundo "literario". Por allí anda esa gran antipática y mejor actriz, la muy oscarizada Meryl Streep, en plan diosa del periodismo de modas: ácidos diálogos y ropita de gran estilo, buenas vistas de Nuyork y París y un Stanley Tucci de mis amores haciendo de gay a lo Boris I... Ningún conflicto étnico ni parental, sólo un planteo sobre la ética en el trabajo que se resuelve en plan bondad y nos hace pensar qué hubiéramos hecho nosotros frente a tamaña disyuntiva... y un hallazgo que espero dé para más: Anne Hathaway(photos), lo mejor para quedarse colgado mirando desde la (des)aparición de Audrey Hepburn. Esta chica americana se llama como otra inglesa a la que según parece amó Shakespeare; tanto como para dedicarle alguno de sus preciosos sonetos. Sus compatriotas, tan conservadores ellos, conservan de forma impecable su precioso cottage (photo).

También ví "The Queen", pero no me interesó nada lo que le pasa a toda esa gente tan atildada.

viernes, febrero 09, 2007

caminito

Me encuentro a tomar café con mi buena amiga Pilar en lo que he bautizado "el tanatorio": el aterciopelado bar de un hotel cercano a casa donde te atienden muy bien y no cobran con exceso; son buena gente, aunque han errado muchísimo con la decoración, una extraña mixtura de Tim Burton navideño con Courtney Love-viuda reciente y París Hilton en rebajas de otoño-invierno.
La Sigurny de los Pilares me dice que soy muy egocéntrico, que en mis blogs sólo hablo de mí, que generalmente se va de ellos furiosa, escapando con un golpe de tecla de mis reiterativas historias concéntricas...¿qué puedo hacer? ¿dolerme por las desgracias de este mundo? ya pagué mi cuota karmática de amor al prójimo hace unos cuantos años, cuando todavía tenía fuerzas suficientes como para hacerlo... ¿podría interesarme por los vaivenes políticos o los desastres ecológicos? hay tantos haciéndolo con más o menos fortuna, con mayor o menor interés, que no me atrevo a incluír mi voz, tan poco correcta hasta para mí mismo, entre el chirriante vocerío general... ¿debería hablar de los amigos? a veces lo hago, aunque debo reconocer que siempre desde mi visión personal -¿qué otra puedo tener?-, teñida de subjetividad y a(hu)mores momentáneos...

Por tanto seguiré como hasta ahora, fantaseando con caminar junto a Lou Reed por el lado salvaje de la vida, aunque con el fondo musical de Frank Sinatra y Robbie Williams susurrándome, uno en cada oreja, el My Way de toda la, mi, vida.

domingo, febrero 04, 2007

puccini en girona


nos invitan a pasar el fin de semana en una masía de Girona, muy cercana a un pueblo de piedra que se llama Monells...vamos en coche, y para hacer camino compramos la versión de La Bohème de Puccini -paisano de mi padre, nativo de Lucca- que acababa de poner a la venta el diario La Vanguardia en su colección de óperas famosas: diez euros de nada...

todo el camino escuchando a Victoria de los Ángeles cantando el rol de la frágil Mimí como se supone deberían hacerlo sus homónimos; ¡una joya!, no taxi, que diría el, en estos momentos parisino, sobrino de las pampas...


y Monells? un pueblito medieval donde la gente parece relajada y tranquila, con una plaza muy bien diseñada y perfectamente conservada/restaurada: piedra, luz y verde, perros y gatos paseándose al sol, café con leche (riquísimo!!!) y delicioso pan entomatado con queso y jamón del país...


estoy disfrutando todavía de tanta belleza, así que más tarde, cuando haya digerido bien lo que he devorado con todos los sentidos, seguiré contando cómo se puede ser feliz sin recorrer largos caminos...


aunque no espero ni un segundo más para darle las gracias a Joan S.-inteligente, gran conversador, inagotable anfitrión- por enseñarnos con tanto afecto el lugar que lo acoge.
(photo : bertini)

viernes, febrero 02, 2007

otro diálogo

Eres una parte tan importante de mí, que cada vez que digo "te quiero" mi vanidad se estremece.

(del libro amorimás, ed. emboscall, 2005 / photo : rudolf nureyev y cecil beaton por david bayley)