Agnès Varda es belga y el año que viene cumplirá ochenta años. Estuvo casada con Jacques Demy, un director de dos películas melancólicamente felices, con diálogos cantados -toda una inovación- sobre música original de Michel Legrand. Ambos, Demy y Varda, investigaban el color en el cine de una manera que muchos críticos tildaban de decadente y que ella llevó a su punto máximo en una película de 1965: Le bonheur.La medianoche del viernes, recién llegado del Teatro Nacional -Don Gil de las calzas verdes, de Tirso de Molina- pude ver -es un decir- Les glaneurs et la glanesse (2000), según la versión que tuvo a bien "echarnos" la segunda cadena de Televisión Española. Y digo esto porque la película, un particularísimo documental sobre los desperdicios de la sociedad de consumo y la gente que vive de ellos, parecía "tunizada" en plan obra conceptual de última generación: las voces de los "no" actores, gente de la calle, trabajadores de la tierra, homeless y desheredados de todo tipo, estaban dobladas al español por los habituales actores de doblaje. O sea que un marginado alcohólico contaba sus esperiencias con la misma voz del tipo que nos vendía detergentes, coches o pasta envasada en los larguísimos cortes publicitarios que mecharon la proyección del film. A pesar de esto, la obra de Varda, que estaba descubriendo las posibilidades de una cámara digital a los setenta y pico de años, mantuvo una potencia expositiva y una calidad estética casi nunca presentes en otros documentales televisivos.
La mano que aparece en el fotograma que ilustra esta entrada es de Agnès; la otra está sosteniendo la cámara que filma la secuencia. Al principio del film había mostrado ambas para explicar uno de los porqués de su película: "Mis manos no me engañan. Me niego a llamarlas viejas, aunque no puedo negar que me muestran la cercanía del final." Espero que ese final esté lejos, Agnès, y mientras tanto tú continúes con tantas ganas de hacer cine.
NUEVA YORK (AP).- El legendario superhéroe de 66 años ha emprendido su última misión. El Capitán América murió hoy en el más reciente número de la tira cómica, reportó el New York Daily News . Un francotirador le disparó bajo su escudo mientras salía de un juzgado. El asesinato pone fin a la larga vida del personaje, creado en 1941. A través de los años se han vendido unos 210 millones de ejemplares de la historieta, publicada por Marvel Entertainment Inc., en 75 países. La muerte del personaje de 66 años resultó un golpe duro para uno de sus creadores,

No sé cuánto tiempo nos quedamos allí, enceguecidos por el sol que golpeba nuestras caras con la misma intensidad conque convertía el plano metálico de la mesa en un reflector incandescente. A pesar de lo difícil que parecía resultarle esta labor, mi amigo estaba empeñado en sopesar cuán derechista era el diario ABC. Yo lo había comprado por segunda vez en mi vida porque venía acompañado de una espléndida versión del Rigoleto verdiano -grabación de Deutsche Grammophon, con Carlo Bergonzi, Dietrich Fischer-Dieskau y Renata Scotto- por la módica suma de un (1) euro. La primera vez, tres años antes, quería saber cómo habían publicado dos dibujos míos en un suplemento a color ya desaparecido.
Aragón es una calle ancha y ruidosa con pocos árboles y demasiados negocios de cosas que no me interesan. No suelo transitarla nunca. Ayer sin embargo, un amigo y yo decidimos ir caminando por ella hasta el Paseo San Juan. Pensábamos desayunar en algún bar con terraza para poder gozar a pleno del sol primaveral que nos había tocado en suerte. Recién ahora, en estos últimos meses, puedo volver por alli. Durante años preferí no asomarme a ese calle, la de la casa que me alojó recién llegado a Barcelona. Demasiados recuerdos, demasiadas ausencias, demasiada nostalgia. El viejo edificio donde vivían Daniel y Marcelo fue sustituído hace unos años por otro más moderno. Supongo que aquellos espaciosos pisos de techos altos y amplios ventanales, se habrán convertido en una infinidad de apartamentos escuálidos con parqué flotante de falsa madera, mesadas de fórmica brillante y luces alógenas de todo a cien.
Hace un momento, carteándome con
amo el buen cine americano ( si hace falta que dé nombres estoy dispuesto a hacerlo) y aunque también tengo en mi lista de pasiones algunos directores, actores y películas de otras procedencias, soy algo reacio a ver según qué cine considerado "de calidad". Me gusta la síntesis del cine estadounidense, su uso del montaje, su maestría para contar sin aburrir ni subestimar al espectador. Para cine literario, prefiero la literatura, para cine de tesis, los ensayos literarios. El cine de pantalla, el dirigido al gran público, es un arte que requiere lenguajes específicos. La misma película pasada a soporte video o cedé se convierte en un producto diferente, más cercano al libro. Puedo acelerar o detener, pasar capítulo o repetir una escena, un diálogo, una imagen, hasta que mis neuronas se queden satisfechas.
estoy contento por los oscars de don scorsese...




Él dice que no le gusta mucho España; que cuando estuvo en Cádiz le tocaron un silbato para que saliera de la playa porque llevaba un bañador pequeño de "stretch" comprado en Francia. 








