sábado, agosto 13, 2011

puntos en suspensión...


...hacer sonar palabrotas en tu cabeza no es la mejor manera de ahuyentar a los fantasmas que te acechan a cada instante, esos mismos fantasmas que amenazan con arrojarte por el balcón cuando riegas tus macetas, que distraen tu atención con un sinfín de tonterías -sonidos, presencias, imágenes antiguas, rememoraciones edulcoradas que poco tienen que ver con esa realidad que de cualquier manera siempre es inventada: una fantasía más de tus deseos...
...distraen tu atención los fantasmas, decía, para que no mires la luz del semáforo antes de atravesar la calle; o manipulan los cuchillos más afilados de tu cocina, intentando que en lugar de cortar al medio un tomate, tan rojo como nunca podría ser tu sangre, lo claves de un solo golpe en tu corazón...
...y vas al teatro para entretener tus horas y te emocionas hasta las lágrimas con la historia que se teje en tu cabeza, mucho más, en primerísima y personal instancia, que con aquella que te cuenta Arthur Miller, un escritor cercano, antipático, seco, relativamente amistoso, en absoluto enemigo; muchacho alto, gafas de superhéroe miope con armazón de pasta, intelectual comprometido, pedrusco en los zapatos de una sociedad muy bien calzada, que se casó por y para las revistas -cuánta Life hubo en nuestras vidas- con una mujer-símbolo del siglo pasado: Marilyn Monroe, una depresiva de ternura sexy, una minusválida que buscaba en él, al menos eso es lo que nos cuentan las leyendas mediáticas, un pene bastón, una polla remedio, una pija incisiva que cortara de un solo golpe las raíces de su desventura, y, al mismo tiempo, e inclusive unos cuantos minutos antes, una cabeza refugio que la salvara de su irreversible (y esto se demostró después, cuando la escena final con barbitúricos, cama deshecha y sabana arrugada, dejó claras las cosas), quizás innata, propensión a la autodestrucción y la locura...


Mira si al final de la historia resulta que no hay otra lectura sino esta lineal, sin encubrimientos ni conspiraciones, y Amy Wine-house somos todos: borrachos de desesperación, atrapados en nuestros desgraciados síntomas y drogados de ensimismamiento.
¿Y si también fuéramos Janis Joplin, y Kurt Cobain, y el pobre tipo "anónimo" -nadie lo es en realidad para su familia y sus amigos- que salta sin necesidad de fotógrafo dándole la orden, desde la terraza de la pedregosa y misteriosa Pedrera para estrellarse contra los catacumbas epidérmicas de un deconstruído emblema turístico que recauda millones de euros y muy pocas, casi ninguna sonrisa. Un edificio escenográfico, dramático, oscuro. El escenario perfecto para cualquier tipo de crimen, muy parecido al que montaste en tu cabeza, aunque este lo hayas levantado sin cimientos sólidos, por pura necesidad, por puro, maduro y letal aburrimiento.
Antes de morir, prefiero la muerte.
Arrepiéntete por lo que has hecho, pecador, y no por lo que puedes hacer y no haces
. Frases de mingitorio, de chasis de autobús antiguo, de gurú de feria.
Aprendiendo a vivir se va la vida. Palabras. Palabras. Palabras. Escritas con la tinta alterable de nuestra infancia, azul de eureka, diluíble en lágrimas, manchón y cuenta nueva.
¿Qué decirle al corazón, que no escucha ni habla, para acallar sus gritos de atención?
Te arrojas en tus propios brazos. Acaricias tu dolor como si fuera una mascota moribunda.
Te sumerges para no ahogarte. Te enciendes como un fósforo para no convertirte en cenizas.

sábado, agosto 06, 2011

Tomar Sol



Millones de personas se lanzan a las playas buscando cambiar(se) a fuerza de sudores y amontonamientos el color de la piel: blanco despigmentado de ordenador, televisión y luz eléctrica por un más que dorado e imperial Obama.
Mientras tanto, al mismo tiempo, unos pocos cientos que quizás no tengan siquiera la posibilidad de hacer vacaciones, se lanzan a las calles munidos de pancartas, manos limpias y huesos resistentes para que los pongan moraditos a golpes y patadas.
Unos toman sol, los otros pretenden tomarla pero no los dejan. Imagino que los que dan órdenes impías para reprimir a los segundos se encuentran, es un decir, entre los primeros, aunque sus cuerpos aceitados descansen en reposeras de mejor diseño, relajadamente aposentados en playas más privadas y refrescándose en remotas calas exclusivas de transparentes aguas o en espléndidas, aturquesadas piscinas propias.
El mundo, mi mundo, se resquebraja. El planeta resistirá nuestras tropelías, supongo, aunque día sí y día no pretenda, y consiga, quitarnos de encima como si fuera un perro lanudo que sale del agua. Yo, atado a la mesa de trabajo por propia decisión y sin buscar nada especial, encuentro a un viejo amigo, Julio Sosa, tan virtual como la mayoría de los que tengo en facebook. Uruguayo, varonil a la antigua, con dicción impecable y dramatismo preciso, siempre ha sido para mí un cantante casi perfecto.



Sin embargo hoy mismo, cosas de los links que nos llevan, curiosos, de un lugar a otro, me encuentro con Juan Carlos Baglietto, un baladista rockero que, llegada la no siempre "sensata" madurez, decide (re)visitar el tango. No es un apuesto metrosexual de revista; algo mas que maduro, le sobran algunos kilos y le faltan bastantes pelos. A pesar de esto o tal vez por ello, es de verdad maravilloso. Demuestra que se puede ser sensible sin empantanarse en la cursilería, que se puede ser hombre sin caer necesariamente en la patética y cada día más prescindible, inoperante, castradora, caricatura del macho.


jueves, agosto 04, 2011

Un premio de Serie B


No he vuelto a presentarme a concursos literarios desde que en mi primera y única experiencia como concursante gané La Sonrisa Vertical de editorial Tusquets, pero esta convocatoria me pareció interesante porque:
2. Se aceptará como Serie B cualquier texto poético que se centre en los siguientes subgéneros: Policiaco, Western, Terror, Ciencia Ficción.
No tenía nada escrito que cumpliera con esos requisitos, por tanto estaba obligado a probarme en un campo que nunca había experimentado. Acatando con gozo casi infantil los requisitos de la convocatoria, escribí especialmente un texto que envié cinco días antes del vencimiento por correo electrónico y adjuntando mis datos personales, tal cual pedían las bases.
Si bien el punto 12 dejaba bien claro que:
12. Los originales no premiados se eliminarán tras el fallo del premio y no se mantendrá correspondencia alguna sobre ellos,
supuse que sí se acusaría recibo de los envíos. Una medida necesaria, insoslayable, para tener constancia de que nuestro trabajo había sido recibido por los destinatarios. Lo cierto es que envié dos veces todo el material pedido sin recibir respuesta o comunicación alguna. Nunca sabré siquiera si mi poema llegó a manos de los responsables del concurso.
Hoy, mirando la lista de ganadores, me entero que de la anterior edición (2010) a esta el premio se ha devaluado en una tercera parte. De 1200 euros ha pasado a ofrecer solamente 800, algo que yo ni siquiera había tenido en cuenta al presentarme y que ahora, al no haberlo ganado, me interesa aún menos. Dicen haber recibido unos 200 originales. Nunca sabré si el mío estaba entre los eliminados -dolorosa palabra, muy de acuerdo con esta semana negra, silenciosa, criminal- pero, de ser así, estoy absolutamente convencido de que mi humilde texto de serie B no se merece una desaparición callada, al más puro estilo...
Bueno, mejor no lo digo, que de boca cerrada no salen deslices.
Me callo la boca y aquí se los dejo, cariñosos amigos:


Nadie, nunca, había pronosticado aquello.
No era enero ni mayo, los temibles meses del Gran Daño
y la tercera luna mostraba su cara más amable
sobre las colinas desarboladas del cuarto milenio.
Jamás ningún oráculo había hablado de muertes ajenas,
de violencias extremas asociadas al signo
que supo bautizarlo con elegante gesto y audaz caligrafía,
sin embargo,
para desmentir con hechos concretos a todos los augures,
allí estaban, mostrando sin recato su bella desnudez,
unidos por la sombra sangrienta que enmarcaba sus cuerpos,
aquellos dos seres tan amados, ahora para siempre quietos:
tendidos a su pies, ajenos a cualquier latido, perdido ya el aliento,
aceptando en silencio lo que en vida negaran,
acatando sin quejas el inviolable poder de su invisible cetro.

Dejó caer el arma que ejecutó la furia. Todo era silencio, soledad y muerte.
De pronto pudo verse, abatido y borroso, en un torpe reflejo.
Como si fuera otro, experto en mil contiendas,
oculto, camuflado tras su traje de guerra,
aulló desesperado y escapó hacia los bosques, convertido en leyenda.


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domingo, julio 31, 2011

entre paréntesis


Arisco, falto de palabras, demasiado ocupado, vago, perezoso, acalorado, introspectivo -pueden poner la excusa más simpática que encuentren- resulta que no tengo ganas de soltar muchas palabras. Termino de armar, diagramar, revisar, corregir, transAtlánticos, mi nutrida antología-listín de poetas argentinos de/en Barcelona. Ha llevado su tiempo y aún faltan detalles, así que, tratando de sintetizar al máximo, de no excederme en las apreciaciones personales, les dejo algunos anuncios-consejo que pueden seguir si es que quieren hacerlo. Son todos de alimento para los ojos; inocentes y poco comprometidos, porque quizás el martes próximo -Oh, bama, Oh, bama, oh bama e, oh bama a- se nos cae encima el imperio... y yo todavía sin nada nuevo que ponerme.
Vi la Elegy de Philip Roth e Isabel Coixet por el canal CTK de Imagenio. Siempre la dejaba para otro momento, nunca decidía elegy(rla), jejé, pero esta vez me encontró desprotegido, con las autodefensas bajas y devoré sus casi dos horas de melancolía en absoluta soledad, sin cosas de picar ni humanas compañías. Las gnossiennes del siempre oportuno Satie, indisolublemente unidas en mi memoria a Louis Malle, Maurice Ronet, El fuego fatuo, ayudan a que el tono general sea gris marengo, muy propio para este verano atípico.
Al comienzo del filme la cámara se pasea por un interior amable, culto, cálido, apetecible, mientras la voz en off del protagonista, el siempre preciso Ben Kingsley, repite una frase terrible de la "malvada" Bette Davis: La vejez requiere mucha valentía. Mi cita no es textual, pero esa es la esencia del asunto. No es un film optimista, desde ya, pero vale toda la pena que nos tira a la cara.
Como si faltaran excusas para lagrimear, ayer, después del temporal que oscureció algo más Barcelona y, ¡vaya desgracia! abatió algunos de esos árboles anónimos que nadie defiende, nos lanzamos a ver Beginners...
(Mientras escribo esto, en una ventana del hotel de enfrente, una mujer madura cubierta con un albornoz rojo fuma un cigarrillo mientras mira distraída hacia la calle, cuatro pisos más abajo. Su expresión asusta. Hace temer que de un momento a otro arroje la colilla sin soltarla.)
...retorno a los Beginners. Es una película con cartel publicitario de comedia ligera, pero yo sabía bien de qué iba la cosa por un buen amigo de Inglaterra, que no la vio pero sí la leyó en los comentarios periodísticos, y además, pensé, si hay un gay de setenta largos involucrado en el asunto y un director sensible al mando de la historia, mejor llevar pañuelos.
Pues sí, alguno...o dos, por si el primero no alcanza.



Cinco actores divinos -incluyo a la madre y al perro Cosmo-Arthur, por supuesto- en una sensible e inteligente disquisición sobre las cosas del querer, la familia, la soledad y las (in)decisiones que tomamos para huir o sumergirnos hasta las cejas en todas ellas.
La vida, en suma, incluyendo, -cómo no hacerlo si se trata de ser serios- ese fracaso final e inevitable al que llamamos muerte (lo lamento, Andrés: no pude obviarla). Si pensamos que la historia, escrita y dirigida por Mike Mills, exquisito dibujante, es autobiográfica, todo adquiere un punto de proximidad mayor, de veracidad insoslayable.

Como no todo han de ser películas, también fui al teatro. Vi, vimos,Todos eran sus hijos, del flaco Arthur Miller, alguna vez marido de la carnal Marilyn Monroe. La puesta del cada día más triunfante actor, dramaturgo y director argentino Claudio Tolcachir es sobria y respetuosa del texto. Que tampoco es para reírse. Estos tipos escribían sobre los problemas de la sociedad desde una ética personal, madura, nada sectaria, no excluyente. Gente rara, molesta, a la que gracias a las supuestas "imposiciones del mercado" y a los modernos elixires de laboratorio, hemos convertido en autores de éxito.
¡Ah!, casi me olvido: el televisivo, mediático, musical Fran Perea -el heredero, Chris Keller, en la puesta de Tolcachir- es un cielo de humildad y entrega.



Foto de Miller-Monroe: Inge Morath.

miércoles, julio 27, 2011

corina, oslo, amy winehouse


-Un pez y un pájaro pueden enamorarse, pero ¿dónde construirán su nido?
Lo dice Woopy Goldberg en Corina, Corina, una comedia inocente que resulta no serlo tanto. ¿Cómo podría ser inocente siendo que plantea una relación amorosa, en realidad el lento crecimiento de ella a través del contacto cotidiano y los pequeños (des)encuentros domésticos entre una sensible mujer negra y un joven hombre viudo, blanco y con hija pequeña al que interpreta ese mafioso asesino de ojos claros que se llama Ray Liotta?
Era sábado y me había tirado a dormir alguna película digestiva de la tarde para prevenir posibles cabezazos en una reunión nocturna con comida japonesa y, supuse mal, no menos oblicuas charlas psicoanalíticas.
Me desperté para ducharme y lo hice entre escalofríos. El agua estaba en su punto justo, pero el mundo había girado algunos grados más hacia el horror y la desesperanza.
Noruega, sí, pero también Amy Winehouse: ¡pobre muchacha loca, qué poco le duró la vida! Mientras veía por la tele estropicios variados y cadáveres nórdicos afeando el plácido orden de las calles céntricas de Oslo, no podía apartar de mi cabeza la imagen de la incómoda cantante, ahora ya muerta y, para mí, con las medias rotas.
No podía imaginarla de cuerpo entero, ni siquiera pretendía hacerlo -algo me decía que la situación en que la habían encontrado no sería para nada agradable, muy poco apropiada como aperitivo de mi sushi dinner posterior- sin embargo se me aparecían una y otra vez sus piernas quietas, cubiertas con unas medias largas, calzas en realidad, de tejido grueso y dibujos de colores vivos -calaveras, estrellas, corazones, porros o jeringuillas- profusamente salpicadas de enganches, corridas y grandes agujeros.
Como nunca fue una top-model anoréxica, ni una actriz joven con problemas amorosos, ni una antigua miss en depresión aguda, ni una pobre heredera desgraciada, abundarán los tópicos lagrimeos mediáticos, aunque esta vez nadie dirá, espero, aquello tan resabido de la muñeca rota.
Mientras tanto, los que de verdad la querían, los que amaban su voz especial, ella sí rota con la desgarrada ternura de un viejo par de medias, encenderán una vela en su memoria, escucharán sus pocos discos editados, aumentarán las ganancias de la casa productora.
Pasado algún tiempo -él siempre pasa, inexorable- su imagen icónica se convertirá en póster y película, en chándal, coche o camiseta; será una ilustración más en la Guía Universal de Muchachas Descarriadas.
Y es que la cosecha de mitos malditos nunca se acaba.

Retrato de Amy en técnica mouse por Dante Bertini.

viernes, julio 22, 2011

Freud, el otro



Descubrí a este Freud otro, hosco hombre de imágenes que no de palabras, en la abarrotada cubeta de una librería parisina, hace ya un buen montón de años.
La sorpresa fue grande. Antes de abrir aquel folleto-libro algo ajado que tenía ante mis ojos, yo esperaba encontrar manchas metafóricas, abstracciones de color; a lo sumo signos, fórmulas o símbolos indescifrables. Cuando separé las manos hacia los costados, separando al mismo tiempo las páginas satinadas de aquel libro en un gesto mecánico, propio de un negligente (h)ojeador de librería, me sorprendió esa explosión de humanidad cercana, esa galería de rostros evasivos, vacilantes, intensamente humanos. No esperaba encontrarme con aquella planta tropical domesticada, tan alta como el hombre que la había pintado: arrinconada y sola como él mismo, conservando como él sus hojas muertas, su pasado mustio, acartonado, anclados los pies a un oscuro suelo de madera. Me sorprendí espiando por la ventana que da a un cultivo de basuras, o frente a aquella niña con ojos como hojas frescas o a la mujer rubia que despierta o convalesce en un hotel ¿de encuentros furtivos? mientras su partenaire la observa desde las sombras de un contraluz más cinematográfico que pictórico.
Pasaron los años y su pintura no se separó nunca más de mi. Lo vi adentrarse en la materia, olvidar la metáfora, la veladura, las supuestas elegancias estilísticas, para descubrirnos, descubriéndose, una realidad más carnal y desprovista de coartadas.



Nieto de aquel Feud que desnudó nuestro inconsciente buscando esa verdad siempre evasiva, diversa, personal, subjetiva, desvestía sin piedad los cuerpos más rotundos buscando la ternura escondida detrás de la piel fláccida y los músculos vencidos, adentrándose en la materia que envuelve y modifica nuestros sueños.
Se retrató a lo largo de su vida con el mismo impío valor no desprovisto de ternura conque retrataba al mundo. Quizás haya llegado a conocerse en profundidad, hasta la misma médula. Es posible que siempre fuera esa la verdadera meta de su largo viaje.
A partir de ayer, de las últimas horas, hay un punto final para su obra, no así para las interpretaciones que puedan, podamos, hacer sobre ella.
Gracias por haber trabajado tanto y tan bien, estimado Lucian. Es una suerte para todos que hayas heredado la estirpe curiosa, creativa, inteligente, analítica, arriesgada, de tu también imprescindible abuelo.

sábado, julio 16, 2011

de Tigras y otros animales no menos feroces


Gracias a Diego Sabanés, anoche me invitaron al cine Alexandra para el pase único y semi-privado de una película argentina.
Se llama como el pueblo donde transcurre la historia, La Tigra, Chaco, y Fernando Godfrid, uno de sus dos jóvenes directores, contestó a mi pregunta sobre las características de su obra definiéndola como "muy chiquita". No se equivocaba. Si la comparamos con Avatar o Los diez mandamientos resulta minúscula: pocos actores, en su mayoría no profesionales, escenarios auténticos y ni un solo peso gastado en deslumbrantes efectos especiales. Aunque en realidad no tiene sentido compararlas. Una posada con encanto enfrentada sin ninguna necesidad a un mayestático hotel de siete estrellas.
Se preguntarán si me gustó.
Dan ganas de quedarse por un tiempo allí; sumergido en esos paisajes de ensueño siestero, viviendo una vida real -transparente según Godfrid- entre un puñado de personajes no menos reales, sin guión ni cuento.


Otrosí. Algunos cuantos humanos anónimos -maltrechos, lesos, indignados- hartos de ciertos feroces individuos, han decidido estropearles el disfraz, despeinarles el tupé, sacarles la careta de persona; borrarles de una buena vez y a ser posible para siempre, esa sonrisa dentífrica que se dibujan en la cara cada día, después del afeitado o los afeites.
Utilizando las pocas fuerzas que les quedan, los últimos vestigios de una cada día más desesperanzada esperanza, estos cuantos, los damnificados, acechan frente a los edificios que albergan los "téjeme un maneje" de los bien trajeados y allí los esperan, los individualizan, se les acercan y los cercan, para, después de recriminarles que sean tan indiferentes, tan corruptos, tan (in)felices sin que haya verdaderas razones para que lo sean, increparlos, insultarlos, empujarlos, zamarrearlos, patearles el culo e, inclusive, si la oportunidad se tercia, lanzar algún puñetazo directo a sus rostros rastreros, sin rastros de humanidad alguna.
No, queridos míos, mis desgraciaditos anónimos, que eso no se hace.
Es que no me gusta la violencia. La detesto. Más de una vez -disfrazada de paz, de amor, de democracia o populismo- golpeó a mi puerta, y yo, ingenuo, la abrí de par en par, para comprobar unos segundos después que ahuyentaba a mi querido gato, meaba en los rincones, destruía sin razón las plantas y, por pura aprensión al color rojo, vaciaba de carpas la inocente y muy, ¡vaya!, transparente pecera.
Entiendo que los ahora golpeados se han pasado varias estaciones y ni siquiera pueden escudarse tras el desconocimiento: la Gran Historia Universal les anuncia con fecha, hora y lugar precisos -ya sea desde el Pequeño Larousse, las innumerables mediatecas o la Gran Enciclopedia Británica- los resultados, habitualmente sangrientos, de otros casos de abuso de poder parecidos a estos. Recordemos si no, aunque con notorio gesto de desagrado y ceño adusto, al Dr. Guillotine y su afilado invento para recortar pelucas.

Llegado a este punto de tarantinesco perfil, prefiero olvidarme del mundo exterior, abandonar aquí mismo esta divagación sobre los efectos imprevisibles de la Gran Crisis y pasar con evasiva, displicente actitud, a la otra pantalla casera.
Me espera una película del mismo director de la que supongo claustrofóbica, para mi insoportablemente angustiosa, Buried.
No la he visto y no la veré. Creo que este, su primer largo, es una comedia muy, más que muy divertida, con el guapo y mullido Leonardo Sbaraglia como protagonista. Por aquí al lado, muy curioso que soy, tengo una escena de ella bajada del youtub. Se las dejo, aunque yo prefiero no verla. Me gusta llegar fresco a los filmes, que no me develen el final de los chistes y, no se muy bien por qué, me parece que esta escena contiene uno tan,pero tan grueso, que puede hacernos desternillar de risa.

Los dibujos que ilustran el texto, preciosos, son del Muy Honorable maestro Grandville.

miércoles, julio 13, 2011

duele la muerte


Duele la muerte, aunque sea ajena. A veces como una puñalada en el corazón, otras como un golpe que quiebra tu verticalidad y te hace caer de rodillas, orante de un credo que ni siquiera profesas, oficiante de un rito desconocido, esotérico, al que ni siquiera rindes pleitesía. Duele la muerte, sí, y aunque digamos que no duelen menos algunos abandonos, el desamor, las pérdidas, ninguno de estos avatares es tan irreversible, irreparable, desgarrador, como la muerte física.
¿Qué quedará de nosotros? ¿Qué de nuestros orgullos, nuestras hambres y deseos, nuestra vanidad y nuestro egocentrismo?
Alguna vez, en otra década, heredé, comprándola, la casa de un hombre que había muerto lejos de ella. A sus hijos solamente les interesaba el dinero. Fantaseaban con adquirir sus propios deshechos futuros, su propia basura. Tuve que tirar la ropa del finado y limpiar cajones donde guardaba sus cartas y sus fotos, los recibos de ese teléfono que ya no volvería a usar y los pasajes de los autobuses que nunca más tomaría. Encontré gemelos de camisa desparejados, programas de teatros ya desaparecidos, agujas, hilos y hasta algún botón perdido que jamás volvería a ocupar aquel lugar preciso que alguna vez había ocupado; ese lugar que esperaba un regreso que se supone necesario con una desolada, redonda sombra de vacío. También me deshice de un montón de postales ajadas, enviadas por una desconocida que con toda seguridad había sido para él, el hombre muerto, la más amada, la más apetecida.
Otra vez, en otra fecha, esta mucho más cercana, heredé por simple abandono la habitación de alguien que escapó en silencio de la ¿poco gratificante? ¿aburrida? ¿insostenible? ¿simplemente horrorosa? cotidianidad que le ofrecían. En un único cajón de color verde desesperanzado, un montón de tarjetas y folletos que habían sido sueños, proyectos de vida, ilusiones desvanecidas de un posible futuro compartido, se mezclaban de forma por demás promiscua, casi podría decir obscena, con algún documento personal donde el ahora alejado mostraba una juventud aún mayor de la que llevaba encima en el momento mismo en que decidió desandar el camino y volver a su lugar de origen, a sus bien conocidos, quizás protectores, espacios infantiles; a sus, por ajetreados, más tranquilizadores fantasmas familiares.
¿No imitaría yo su huida si todavía pudiera hacerlo? Estúpida pregunta. Hace años que, casi sin darme cuenta, por pura vocación de supervivencia, tuve que elegir el cobijador desamparo del exilio, y por esa elección precipitada, sin ninguna otra elección posible, parezco obligado a quedarme hasta la muerte donde estoy; desprendido de todo lazo familiar, nostálgico y desarraigado.
La muerte duele, sí, pero mientras esperamos su llegada con la secreta y estúpida esperanza de que nos olvide para siempre, de que nunca jamás llame a nuestra puerta, ¡cuánto y qué profundamente duelen algunas despedidas!

sábado, julio 09, 2011

Matarile Al Maricón


Tardía-mente (la mía), que por escuchar simplezas de otra época (Debussy, Chopin, Bill Evans, Sinatra o Manzanero, por poner algunos ejemplos) me pierdo algunas inocentes bobadas de la época actual, como, por ejemplo, esta canción del incendiario grupo mexicano Molotov que hasta ayer mismo no conocía.

¿¿Que Muy Machino??,
¿¿A Muy Machino??,
Marica Nena, Mas Bien Putino,
¿¿Que Muy Machino??,
¿¿A Muy Machino??,
Marica Nena, Mas Bien Putino.
¿¿Que Muy Machino??,(Puto)
¿¿A Muy Machino??,(Puto)
Marica Nena,(Puto) Mas Bien Putino,(Puto)
¿¿Que Muy Machino??,(Puto)
¿¿A Muy Machino??,(Puto)
Marica Nena,(Puto) Mas Bien Putino.
¡¡¡¡¡¡¡¡Puto!!!!!!!
El Que No Brinque, El Que No Salte,
¡¡¡¡¡¡¡¡Puto!!!!!!!
El Que No Brinque Es Chinguesmadre,
¡¡¡¡¡¡¡¡Puto!!!!!!!!
El Guey Que Quedó Conforme,
¡¡¡¡¡¡¡¡Puto!!!!!!!
El Que Creyó Lo Del Informe,
¡¡¡¡¡¡¡¡Puto!!!!!!!
El Que Nos Quita La Papa,
¡¡¡¡¡¡¡¡Puto!!!!!!!
También Todo el Que Lo Tapa,
¡¡¡¡¡¡¡¡Puto!!!!!!!
El Que No Hace Lo Que Quiere,
¡¡¡¡¡¡¡¡Puto!!!!!!!
Puto Nace Y Puto Se Muere,
Amo Al Matón,
Matarile (¿matarife?) Al Maricón,
¿¿Y Que Quiere Este Hijo De Puta??
¡¡¡Quiere Llorar!!! ¡¡¡Quiere Llorar!!!
Amo Al Matón,
Matarile Al Maricón,
¿¿Y Que Quiere Que,Que,Que,Que??
¡¡¡Quiere Llorar!!! ¡¡¡Quiere Llorar!!!
Y Este Es Un Son Dedicado A Micky,
Y A Toda Su Familia... Y A Iñaky, Su Hermano,
Jajajajaja,
¡¡¡¡¡Puto!!!!
Le Faltan Tanates Al...
¡¡¡¡¡Puto!!!!!
Le Faltan Trumpiates
¡¡¡¡¡¡Puto!!!!!!
Le Faltan Ganas Al...
¡¡¡Puto!!!,¡¡¡Puto!!!
¡¡¡¡¡Puto!!!!
Le Faltan Tanates (huevos) Al...
¡¡¡¡¡Puto!!!!!
Le Faltan Trumpiates (huevos)
¡¡¡¡¡¡Puto!!!!!!
Le Faltan Tanates Al...
¡¡¡Puto!!!,¡¡¡Puto!!!
Amo Al Matón,
Matarile Al Maricón.
¿¿Y Que Quiere Este Hijo De Puta??
¡¡¡Quiere Llorar!!! ¡¡¡Quiere Llorar!!!
Amo Al Matón,
Matarile Al Maricón.
¿¿Y Que Quiere Este Hocicón??
¡¡¡Quiere Llorar!!! ¡¡¡Quiere Llorar!!!
¡¡¡Puto!!!,¡¡¡Puto!!!,¡¡¡Puto!!!,¡¡¡Puto!!!,¡¡¡Puto!!!,
¡¡¡Puto!!!,¡¡¡Puto!!!,¡¡¡Puto!!!¡¡¡Puto!!!,¡¡¡Puto!!!,¡¡¡Puto!!!

Pura Poesía. Un salmo de paz desde, y hacia, uno de los países más violentos del mundo. La canción, para no dejar dudas sobre la importancia de su imaginativo estribillo, se llama simplemente "Puto", y ellos, los no menos imaginativos composito-ejecutores, son tan elegantes, refinados, atractivos y bien hechos como se puede ver en la siguiente imagen:


(Lo se: no es una noticia de última hora y el temita tiene varios años sonando por los bajos fondos de este mundo, pero yo, que a veces prefiero moverme por espacios mejor ventilados, recién lo recibí hoy.
Fue un recuerdo cariñoso enviado desde la Provincia de Buenos Aires.)

miércoles, julio 06, 2011

LA PETITE MORT


La petite mort (La pequeña muerte) hace referencia al orgasmo sexual y al período posterior a este. Describe la pérdida del estado de conciencia o desvanecimiento post-orgásmico sufrido por algunas personas en experiencias sexuales muy satisfactorias.



domingo, julio 03, 2011

BUENAS NUEVAS



No es una ¡ÚLTIMA NOTICIA! (se nos había pasado por alto), pero sin ninguna duda es una ¡MUY BUENA NOTICIA!
La colección crece, se vende y tiene buenas críticas.
Gracias a LOS AUTORES, a nuestro trabajo...y a quien corresponda.

viernes, julio 01, 2011

Páginas Rosadas


Harto de tanta belleza natural, de la inocente y provisoria paz de un lugar de vacaciones tan despoblado de turistas como de sus pobladores habituales, casi hastiado de la compañía no invasora, musical, armónica, de olas, gatos, nubes, aromas, gaviotas, mirlos, lagartijas y gorriones, recurro al honorable, presque bilingüe, diario La Vanguardia para sumergirme nuevamente en la incómoda aunque más reconocible realidad cotidiana.
Las páginas de actualidad y política suelen proporcionarme cada día un poco más de lo mismo: actualidad teñida de política y política disfrazada de actualidad. Negro sobre gris, tinta sobre papel, sangre sobre sangre.
Mejor pasar con etérea ligereza y soterrada alegría a aquellas otras, las que vienen tintadas de un ambiguo rosado cultural; tal vez en ellas encontremos el equilibrio justo entre la cruda realidad y el siempre fugitivo ensueño.
Desde allí, un señor a quien no había leído nunca antes, nos habla de la actual proliferación de biografías noveladas, esa prolongación culta de los programas televisivos donde triunfan personajes con nombre o apellido de otra cosa: belén, campanario, zapatero, botín o, ¿por qué no?, mingitorio.
El articulista cuenta que Bertrand Russell, filósofo, matemático, activista social y Premio Nobel de Literatura, uno de esos tipos aburridos a los que nunca se nombra por televisión, decidió en un momento de su vida preguntarse para qué había vivido.
Como era un intelectual sensible y un hombre respetuoso de sí mismo, tuvo a bien contestarse. Confesó haberlo hecho por tres pasiones a las que consideraba tan simples como intensas: "el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento humano".
No creo que sus motivaciones tuvieran el más mínimo interés para las plateas televisivas medias, más inclinadas al lagrimón sentimental, a la condena judicial o al siempre resultón y excitante estupro.
Para redondear la descripción de un personaje al que supone, sin equivocarse, poco recordado, el periodista agrega: "hubo una época en la que los intelectuales enarbolaban banderas críticas y éticas, aún con el riesgo de perder cargos y conferencias o ir directamente a prisión. Russell fue uno de esos intelectuales."
Y no le fue nada mal, al menos en la longitud de su existencia. Vivió casi cien años colmados de todo tipo de experiencias.
Ahora, ¿puedo yo, sin ningún cargo importante esperándome a la vuelta de la esquina, con poco poder y mucho menos talento y crédito que el longevo y nobelado señor Bertrand Russell, arriesgarme a decir en todo momento lo que en realidad pienso?
No lo sé, temo que no, que quizás no debiera, ¿pero acaso puedo tragar sin atragantarme lo que pugna por salir mientras escribo?

Ilustra un retrato de Bertrand Russell de autor desconocido.

jueves, junio 23, 2011

hogueras y Juanes


Poco tiempo después de comprar el piso de la calle Escudellers Blancs, cuando aquello que después fue mi hogar durante 8 años todavía era poco más que una terraza unida a dos taperas inhabitables y tristes que sorprendía a los amigos y conocidos convirtiendo sus caras en máscaras de estupor y sus sonrisas en gestos hiératicos que intentaban disfrazar la decepción producida por aquella adquisición que suponían ruinosa, hicimos una fiesta de San Juan con un grupo de amigos jóvenes, casi todos ilustradores, dibujantes, escritores.
Aquella noche, en un gran tanque de agua inutilizado, con "próximo destino container", quemamos palabras y nombres que no nos gustaban; también los libros horribles del dueño anterior de uno de los apartamentos, que pretendía, pobrecito, curar el cáncer que lo llevó a la tumba con invocaciones esotéricas y remedios increíbles.
No recuerdo ningún Juan entre nosotros, aunque si había Mariana, Julián, Gustavo, Dominique, Anne, Mirta, Marcelo, Cristina, Marcial, Darío, Luises, Danieles, Barbarita, Ramiro, Jorges y hasta alguna Montse y algún Carlos.
Hoy, esta mañana, arrastrado por las multitudes que deciden festejar un nombre masculino santificado y con él la entrada de una estación que amenaza derretirnos, pienso en los Juanes de mi vida.
De ellos el primero fue mi padre.
Giovanni en realidad, italiano de Lucca, una pequeña ciudad amurallada en la bella y distante Toscana, fue durante mis primeros años Papi y después, hasta hoy mismo, décadas después de su muerte, Papá, así que cuando pienso en Juanes recuerdo en primer lugar a un ibicenco que plantaba palmeras y hacía brotar y criaba todo lo verde que podía encontrar sobre esta tierra: políglota, solitario y huraño, sus bolsillos iban siempre cargando semillas que recogía en sus interminables viajes por países lejanos a los que yo con casi absoluta seguridad nunca iré.
Tenía una casa de campo y un huerto con todo lo necesario para la supervivencia, laboriosamente plantado junto a un jardín abarrotado, salvaje y cosmopolita, a un costado de la ruidosa y trajinada carretera principal, muy cerca de la ciudad ibicenca de San Antonio, la más turística y fea, por qué no decirlo, de la Pitiusa mayor. En aquel, su paraíso privado a las puertas de aquel infierno turístico, Juan A. tenía también una gata con tres patas y una lagartija oscura con dos colas que, según decía a las visitas, cuidaba desde las alturas iluminadas de un farol eléctrico la puerta de su casa.
No se nada de él desde hace unos cuantos años, aunque por una básica lógica temporal debería haber conseguido lo que aseguraba desear desde muy joven: volverse viejo, para de esa forma acallar definitivamente todas sus muchas ansiedades y pasiones.
De la isla, mi isla, salió también el protagonista masculino de una de mis dos novelas. Juan Carlos era en mi realidad de aquellos días un amable, aunque esquivo, vecino de Can Negre, una población cercana a la ciudad de Ibiza. Casado con una mujer pequeña con nombre de gema y madre de unos enormes gemelos, ¡vaya redundancia!, que solían actuar siempre a dúo, mi vecino poseía un cuerpo fibroso, ojos y cabellos oscuros, tez aceitunada y una sobredimensionada entrepierna. Nadie piense que estos manjares pasaron por mi mesa. Todos practicábamos el nudismo sobre las mismas playas y hay imágenes que se quedan con nosotros para siempre.
Hubo antes un pequeño Juan, Juanito, pintor y poeta, que se disfrazaba de Le Petit Prince para trajinar las calles céntricas de Buenos Aires, hasta que un buen día, antes de cumplir los veinticinco, cuando los rompedores años sesenta del siglo pasado todavía no habían llegado al Mayo de las barricadas, aterrizó en París, tal como correspondía al personaje de su cuento.
Vivió allí durante muchos años, acompañado por otros viajeros de lujo y según parece muy contento, ya que nunca más volvió a levantar el vuelo a la búsqueda de planetas extraños poblados por zorros, rosas y reyes. Todo hace pensar que logró tenerlo todo sin moverse demasiado del lugar en donde había elegido estar, que su pequeño mundo se pobló de bellas imágenes, de cuidadas palabras. Al final, cuando comenzaba a perder la inocente transparencia de sus ojos, su larga bufanda quedó atrapada entre las hélices de una desgracia que acabó con cuarenta millones de vidas. Su cuerpo de niño y su genio travieso descansan en tierra francesa, supuestamente para siempre.
Hubo otros Juanes, por supuesto. Decenas o cientos.
Hoy recuerdo solamente a estos.



Ilustra: Joven San Juan Bautista con un carnero, de Caravaggio

lunes, junio 20, 2011

indignados: pocas palabras ¿bastan?


Todas las fotos las sacó mi cámara.
Hombre de paz, son los únicos disparos que hago en mi vida.














(C)Dante Bertini.BCN.2011

jueves, junio 16, 2011

Parejas de hoy y de siempre: MARTHA & MAURICE


Joseph Maurice Ravel (Ciboure, Labort, 7 de marzo de 1875 – París, 28 de diciembre de 1937) fue un compositor francés del siglo XX.
Martha Argerich (Buenos Aires, 5 de junio de 1941) es una pianista argentina de música clásica, considerada una de los mayores exponentes de su generación, que es también la de la posguerra. Especialmente celebrada por sus interpretaciones de Chopin, Liszt, Bach, Schumann, Ravel y Prokofiev, tocó junto a los más importantes directores y solistas de las últimas cinco décadas.


...Tenía un poco más de 12 años, había tocado en el Colón y Perón me había dado una cita en la residencia presidencial. Mamá preguntó si podía acompañarme y le dijeron que sí, por supuesto. Yo no era muy peronista; me acuerdo de que siempre estaba pegando por todos lados papelitos que decían ‘Balbín-Frondizi’. Él nos recibió y me preguntó: ‘¿Y adónde querés ir, ñatita?’. Y yo quería ir a Viena, para estudiar con Friedrich Gulda. A él le gustó que no quisiera ir a Estados Unidos. Lo más cómico fue que mi mamá, para congraciarse, le dijo que a mí me encantaría tocar un concierto en la UES. Y parece que yo debo haber puesto una cara bastante reveladora de que la idea no me gustaba porque Perón le empezó a seguir la corriente a mamá, diciéndole «por supuesto señora, vamos a organizarlo», mientras me guiñaba un ojo y, por debajo de la mesa, me hacía con un dedo que no. El la estaba cargando a mamá y a mí me tranquilizaba. Se dio cuenta de que yo no quería. Fantástico, ¿no? Y le dio un trabajo a mi papá. Lo nombró agregado económico en Viena. Y a mamá le dijo que le parecía que ella también era muy inteligente, emprendedora y capaz y le consiguió otro puesto en la embajada.
(Martha Argerich, en revista Clásica nº 133, Buenos Aires, 1999.)



Argerich contrajo matrimonio en tres oportunidades: la primera con Robert Chen, padre de su hija mayor, Lyda. Desde 1969 a 1973 estuvo casada con el director de orquesta Charles Dutoit, que continúa haciendo grabaciones y conciertos con la pianista, y con quien tuvo a su segunda hija, Annie. Su tercer marido fue el pianista Stephen Kovacevich, padre de su tercera hija, Stephanie.
Actualmente vive en Bruselas.



Al ingresar al Conservatorio de París en 1889, Ravel fue alumno de Charles de Bériot. Ahí conoció al pianista español Ricardo Viñes, que se convirtió en su amigo entrañable e intérprete escogido para sus mejores obras; ambos formarían parte del grupo conocido como Los Apaches, que armaron revuelo en el estreno de Pelléas et Mélisande de Claude Debussy en 1902. Impresionado por las músicas de Extremo Oriente en la Exposición Universal de 1889, entusiasmado por la de los rebeldes Emmanuel Chabrier y Erik Satie, admirador de Mozart, Saint-Saëns y Debussy, influido por las lecturas de Baudelaire, Poe, Condillac, Villiers de L’Isle-Adam y sobre todo de Mallarmé, Ravel manifestó tempranamente un firme carácter y un espíritu musical muy independiente. Sus primeras composiciones lo probaban: eran ya muestras de una personalidad y una maestría tal que a su estilo sólo podría hacerlo evolucionar el tiempo: Ballade de la reine morte d’aimer (Balada de la reina muerta de amor, 1894), Sérénade grotesque (Serenata grotesca, 1894, ), Menuet antique (1895), Habanera para dos pianos (1895), así lo demuestran.



Martha Argerich y Maurice Ravel nunca se conocieron personalmente, sin embargo, ¿alguien sabe de alguna pareja que se lleve mejor?

miércoles, junio 15, 2011

Carta desde Australia, fotos de Chile







Mi querido Gatito, te envío algunas fotos para tu página. Es terrible e increíble pero las cenizas volcánicas han llegado hasta aquí, pasando a través de Africa y el océano Indico.
Desde Sydney no hay vuelos y estamos hasta el hartazgo de lluvias torrenciales, nieve, vientos huracanados y un frío intenso.
En Nueva Zelanda hubo otro terremoto, en el mismo sitio del anterior de Febrero 2011, y 7.300 aftershocks... tremendo querido, tremendo.
Y estamos en guerra... el imperio no cesa y aquí todos los días recibimos los cuerpos de chicos, todos jóvenes y con familias e hijitos... ay ay ay!!!
Besos y espero no haber amargado tu día... solo espero que puedas mostrar en tu página lo que está pasando en el otro "agujero" del mundo.
Besitos para ti y Jorgito con mucho cariño - tu Lulú





Las fotos, según consta en la carta, fueron tomadas por Rodolfo R. Fredes Schürmann, de Osorno, Chile.

domingo, junio 12, 2011

de MADRID, al MATADERO


Tomabámos una gaseosa en un bar cercano al Matadero madrileño.
-Para entrar en estos movimientos artísticos de vanguardia hay que ser estúpido-, dice Monsieur Ch, sentado en una silla de tijera, junto a mí: gafas de sol aleopardadas cubriéndole los ojos y, como en aquella canción del pop español, top en los Hit Parades de hace unos cuantos años, "auténtico veneno (crítico) en la piel". No me atreví a decirle "¿¡Adónde vamos a ir a parar!?" porque estábamos en la Capital del Reino y los dos sabíamos muy bien cuál sería nuestro destino más o menos próximo.
Demostrando que todavía podemos hacer dos cosas al mismo tiempo, mientras sorbíamos nuestras gaseosas hojeábamos en plan pas de deux otoñal unos folletos primaverales de la Moderna Movida Madrileña (también conocida como Las Tres Emes) en los que se destacaban algunos eventos que parecían sacados -o simplemente salidos- del célebre mingitorio de Marcel Duchamp. Para eso mejor detenerse en las nuevas tiendas de los sanitarios Roca, donde también se empeñan, y con mejores resultados, en rodear de arte a nuestras deposiciones.



Madrid, como siempre, estaba preciosa y el Matadero -¡Más, por favor!- es un espacio espléndido, con techos altos y paredes carbonizadas en donde dan ganas de hacer cualquier cosa, aunque sólo sea por puro horror al vacío.
Llegamos a las tres y media de la tarde y, milagros de cierto incomprensible subdesarrollo funcionarial que supone que los espectadores de arte merecen ser castigados por sus extrañas aficiones, un guardia jurado de imponente figura nos dice que no podemos entrar hasta las cuatro. La vanguardia, o los que la cobijan, también quieren dormir la siesta.


Quizás impresione este lugar gigante con enormes plazas interiores y laboratorios de investigación artística y teatros y café-restaurantes y espacios para charlar, meditar, inventar, exponer, mostrarse, que conserva todavía con orgulloso desparpajo gore los azulejos que anunciaban su anterior destino: degüello de ganado lanar, degüello de ganado ovino, degüello de cerdos y, a la puerta de este último, ahora una sala numerada con un notable, rotundo, emparejado dos, toparse con una foto de la cara en primer plano de Rafael Amargo, dispuesto a venderse solo y sin edulcorantes, como si de una tacita de café Nespresso se tratara.
En las salas de exposiciones -muy espaciosas, oscurísimas, vacías- y como parte de PHotoEspaña 2011, se proyectan vídeos de distinta catadura. En uno de ellos nos mostraron cabezas de hombre filmadas de forma cenital. Sólo eso, que no es demasiado, ya que todas ellas se veían escasamente pobladas de pelo y con apariencia poco juvenil; las típicas crismas inadecuadas para un anuncio de suavizante capilar o de champú, las mismas que sus propietarios suelen tapar, pudorosos, con gorras, sombreros o peluquines. Como única compañía, un sonido gutural producido por la garganta de los modelos calvos fotografiados. Un contenido minimal e inexplicable al mismo tiempo, que sin embargo para mí tuvo mucho interés: pude comprobar que sigo moviéndome con bastante soltura y considerable equilibrio en medio de la oscuridad más cerrada.
La otra exposición, el otro vídeo -48, de Susana de Sousa Dias- cuenta algo muy serio: los actos inquisitoriales, siniestros y tenebrosos, de la dictadura más resistente de Europa: la de Oliveira Salazar, 48 años en la historia reciente de la cercana y ahora nuevamente amenazada Portugal.



Estábamos parando en un hotel de Chamberí, ese barrio residencial arbolado de acacias y plátanos que, caminándolo, me hizo inventar una estrofa que dice:
Estas señoriales casas
con sus señoriales frentes
estas señoriales calles
con sus señoriales gentes...

Suelen sucederme cosas así, no deberían preocuparse.
Antes, cuando mi invención se mantenía controlada, sin desbocarse, solía cantar temas acordes con el lugar donde me encontraba: Valencia, es la tierra de las flores, chipún, chipún...Buenos Aires, mi tierra querida, barabirabinbín....Granada, tierra soñada por mí...tarará, tararí...April in Paris, tururúruruuuu...
Antes, sí; antes todo era distinto.
Ganado por un espíritu ALLENígena, producto post-visionado de su última incursión por la medianoche parisina, me quedé durante varias horas en una esquina de la Castellana para ver si pasaba algún coche antiguo decidido a arrastrarme hasta las calles del pasado, aquellas en las que mis amigos y yo éramos jóvenes que soñaban con cambiar el mundo...o al menos con darle un revolcón que conmoviera sus entrañas, pestilentes de tanto tragar sueños muertos.
Pero no, en ningún momento pasaron a buscarme, a pesar de que en muchos rincones de la ciudad se veían nuestros clones hermanos empeñados en cumplir lo que nosotros, mucho tiempo antes, nos habíamos prometido.
No siempre la realidad imita al arte.

El viaje continuó sin tropiezos, hasta que al doblar una esquina me encontré con Alejandra Pizarnik. Pero esto se los contaré en la próxima. Chau.



Todas las fotos -Liz en primer plano, Show-room Roca, Plaza del Matadero, Plaza del Sol y Banderola- son de mi propiedad...y tengo muchas más, por si a alguien le interesa.

jueves, junio 09, 2011

CONmigo




se llaman el cuarteto de Nos, son uruguayos -yorugas para los amigos- y hablan de cosas complicadas con ritmos y palabras que parecen simples...
hacen una visita relámpago a este blog gracias a la intermediación de Gabriel Es, que nos lo presentó en FACE...todo encaja, como véis...
gracias, muchacho(S)

domingo, junio 05, 2011

Un tal Leonard, de apellido Cohen



No busquen aquí dentro menciones especiales al señor que da título a esta página. Está allí, en el titular, porque fue noticia y su premio me pareció interesante, novedoso, aunque -y lamento ser tan "toca toca"- también algo injusto. Huele a condecoración con intención mediática, ya que a la cobertura propia del premio en si, prestigiado y prestigioso, se une la de un nombre que no necesita ni un solo galardón más para tener la difusión que sin ninguna duda sus canciones, y sus textos, merecen.
Su nombre quedó allí, como título de un post que no se centrará en su persona, porque a veces me pongo recordatorios de algunos hechos que parecen definitivos, que tienen relativa importancia por dos o tres días -algunos no llegan ni a eso- y luego se disipan haciéndonos pensar que tal vez fueron sólo una alucinación de nuestras castigadas vigilias o un sueño mal digerido de nuestras agitadas noches. Como ejemplo de esto que digo: ¿no empieza a olvidarse esa carga de los malos mossos catalanes -comandados a la distancia por un señor con apellido de perfume e ideología de desagradable aroma- contra los hasta el momento insobornables Indignados de la habitualmente fea, desangelada y por una vez útil, cálida y viva, Plaza Cataluña?
Además, debo confesarlo, una vez puesto en la cabecera, el nombre del cantautor premiado quedó allí como una estrategia doméstica, de lo más económica y casi con seguridad poco efectiva, para la captación de navegantes despistados. Un canto de sirena sin escamas, lanzado al mar por un señor maduro, yo, que cuando se lanza a cantar ahuyenta hasta a su gato.

Sigo mirando todo tipo de películas, ergo: mis tormentas interiores siguen casi tan lozanas y vitales como el primer día. Es así como me trago Los chicos están bien, convencido de que Annette Bening y Julianne Moore pueden ser una convincente pareja de lesbianas con hijos adolescentes, y Mark Ruffalo, el guapo maduro de los dientes excesivos, encaja de forma perfecta como anónimo donante de semen. Todo se desarrolla con gracia de buena comedia americana hasta el final, cuando el macho es apartado de la historia por el simple hecho de serlo, ¿o acaso volvemos a los tiempos previos al otro mayo, el del 68, y resulta que una relación sexual extra-matrimonial está condenada necesariamente a los infiernos?
Son tiempos estúpidos, sin ninguna duda. Parece que un grupo de mujeres Indignadas de Plaza Cataluña se ha quejado a viva voz y en público de las actitudes sexistas de algunos de sus compañeros de acampada. El señor del apellido perfumado debe estar más que contento, esperando que las rencillas personales minen definitivamente lo que las porras, las balas de goma, los empujones y arrastramientos con tirón de pelo, expresivo retorcimiento de nariz y amoroso apretón de huevos, no lograron.

Dejo el cine para la noche y durante el día leo poemas de compatriotas -casi todos ellos vivos, algunos ya inevitablemente desaparecidos- para una antología que estoy preparando y que se editará gracias al apoyo del Consulado barcelonés. Más allá de sus valores específicos, todos estos poetas muertos me suenan siempre cercanos, me llegan al corazón, me emocionan.
Será porque compartimos el mismo idioma materno y, en muchos casos, parecidas experiencias migratorias. Zorzales criollos, gorriones sureños, golondrinas inquietas que buscan veranos algo más acogedores lejos de su tierra.
Esta mañana, la última posible del ciclo de Itinerarios por la ciudad, dedicado este año a los escritores sudamericanos que han pasado por Barcelona, me acerqué hasta el encantador jardín del Hotel Palace de la calle Boquería: quería escuchar uno de mis poemas en boca de otro y ese otro resultó ser un muchacho alto, guapo y ruso llamado Andrei. Lo dijo de forma perfecta, con el tono exacto y la triste rabia contenida que intenté transmitir al escribirlo.
Al escucharlo allí, acompañado por otros textos de Lamborghini y Bolaños y una canción de Daniel Viglietti cantada por Pablo Andrés Giménez, bajo la sombra acogedora de palmeras, magnolios y castaños, de pié junto a una treintena de personas espectantes y al grupo de actores-músicos vestidos de riguroso negro, sentí que aquellas palabras ya no me pertenecían, que empezaba a convertirme en un fantasma de estas calles que, flaneur incorregible, incorregible dilapidador de tiempo, tanto he caminado.

¿Por qué ilustro este post con una foto de Jimmy Dean? ¿Otro capricho? No. Sólo que en medio de mi dieta curativa de películas y rompiendo mis costumbres habituales, he visto hoy mismo por la tarde un documental que se llama James Dean, Forever Young y en él aparecen escenas de sus numerosas apariciones televisivas, de sus cástings y publicidades filmadas -¿no era que apenas había trabajado en tres películas?- además de una buena cantidad de fotos que al menos yo, antiguo admirador de su extraño carisma juvenil, de su salvaje elegancia natural, auténtico hors d'oeuvre del casual look actual, ni siquiera conocía, como esta de Sandford Roth, con pequeño gato incluido.
Muerto antes de cumplir los 25 años, la prensa carroñera no tuvo posibilidad de retratar su decadencia física, sus arrugas, papadas, calvicies y demás desmoronamientos. Yo ya he perdido esa posibilidad de eterna juventud, pero juro que no se la envidio.      

Para capricho, este: había dicho que no mencionaría otra vez al señor Cohen, pero de pronto encontré este video -refinado, elegante, bien fotografiado- con subtítulos en castellano, y me dije
-La música es muy pegadiza y bailona, me gusta, sin embargo, ¿metáforas como las del violín ardiendo merecen un premio literario de semejante cuantía?
¿No hubiera sido más propio uno a toda su trayectoria?

jueves, junio 02, 2011

¿Vamos al cine?


Cuando las palabras pesan demasiado o se encuentran con su propio eco rebotando contra un muro de silencio, en medio mismo del despreciable desierto de la soledad; cuando el relato de nuestra vida pasa por un capítulo que, aunque previsible para el resto del mundo -o en especial por ello- nos resulta particularmente desgraciado; cuando las alas, frágiles, en un todo virtuales, de nuestras fantasías, se estrellan contra esos mediocres, amargos, remanidos argumentos a los que solemos llamar realidad, mejor aparcar nuestra desvencijada tristeza junto a cualquier árbol de la calle -tal vez algún tonto ambicioso y ciego cargue con ella- y correr a tirarnos en nuestro habitual sofá de las desdichas y los sueños a mirar una película que nos entretenga y vuelva a cargarnos las casi exhaustas pilas de la ilusión.
Les dejo tres posibilidades muy distintas y me despido hasta dentro de unos días.
Andaré cerca, sin embargo, atento a los comentarios que me dejen...si es que quieren hacerlos.