miércoles, enero 31, 2007

Diálogo


-Es que yo soy un apasionado de las relaciones.
-¿Públicas?
-Sí, aunque tampoco desdeño las privadas. Si hay gente de por medio, otras personas, vaya, puedo gastarme horas sin hacer nada más que eso: relaciones...
-Bueno, yo no podría decir que no me interesa la gente, pero estoy muy ocupado durante el día... Y en el weekend, ya sabes, se juntan un montón de cosas que no pudiste hacer durante la semana y, bueno, tampoco tienes demasiado tiempo para dedicarle a los amigos...
- A eso voy. A compartir tu tiempo por completo, a darle tu tiempo a los demás sin pensar siquiera en que tienes que mantener una casa, sin preocuparte por tus necesidades básicas, por tu trabajo, tu profesión o tu familia... Hoy, por ejemplo. Comencé la mañana recibiendo a los tipos de la telefónica que se supone venían a arreglarme las conexiones del ADSL...Pues mira, nos enrrollamos a hablar de la teoría cuántica, el ensimismamiento de los investigadores de Palo Alto y los efectos positivos de la reverberación acústica sobre los brotes de soja, un descubrimiento de peso realizado en las comunidades agroecológicas de San Francisco, y olvidé que tenía que pasar por el banco para solucionar un descubierto de 8.000 euros. Mal rollo. Sin embargo, cuando me percaté del olvido ya eran las dos y media de la tarde y el banco estaba cerrado. ¿Qué podía hacer? Como dijo Confucio: Si tiene solución para qué te vas a preocupar, pero si no la tiene, ¿qué sentido tiene preocuparse? Me fuí a comer a la vuelta de casa. Te podría decir que los dueños más que restauradores son amigos, así que cuando terminé con el menú nos tomamos un café juntos y me comentaron que les habían fallado dos chicos en la cocina. La maldita gripe, que sigue haciendo estragos. Nada, que sin dudar ni un segundo me arremangué la camisa y me puse a lavar platos y cacharros hasta las seis de la tarde. No fue ningún sacrificio porque el cocinero es diseñador gráfico en sus ratos de ocio y me estuvo explicando las bondades del nuevo Windows Vitalínea. Un prodigio de la informática que además reduce el colesterol y elimina las arrugas de expresión. Los muy amorosos querían que me quedara a cenar. Imposible, ya que tenía otro compromiso: Renata y su marido querían consultarme respecto al nombre de su primer hijo y yo les había prometido caerme por su casa con el diccionario de la RAE y el Gran Libro de los Sinónimos Castellanos. Fue lo que hice. Parece que finalmente le pondrán Marmota si es niña y Deductivo Racional Inferente en caso de que nazca varón. Mientras abríamos y cerrábamos los libros esperando que el método aleatorio nos diera algún nombre medianamente aceptable, Renata, una apasionada de la música de cuerdas, me enseñó a tocar algunas canciones de Renato Carozone y el último éxito de Figuerola Montalvano: Prendi da qui. Perdona, pero, ¿qué hora es?
-Yo tengo las nueve y diecisiete.
-Seguimos mañana, querido. Tengo un compromiso impostergable con los vecinos. Es que, sabes, soy el presidente de mi escalera...

martes, enero 30, 2007

Alejo, cercano

Eso de que "a quien Dios no le da hijos, el diablo le da sobrinos", el que escribe, poco amante de las cercanías familiares, lo ha transformado en un más personal "quien prefirió no tener niños, acaricia felinos".
Sin embargo, como no vivo solo, desde hace unas semanas nos visita un sobrino de las lejanas pampas bonaerenses...
La primera noche, para abrir boca en su degustación de Barcelona, lo llevé a ver la Pedrera, que queda a unos pasos de casa. Cuando estuvimos delante levantó con desgano la cabeza, mientras lanzaba un ¡ah! con bastante menos enfasis del que ahora le otorgan a éste mismo los signos de admiración que le he adosado, e inmediatamente, cambiando la dirección de su mirada, acotó "¡qué barbaridad ese Bentley!".
Nunca me fijo en los coches que pasan a mi lado, salvo que se trate de un Jaguar, a ser posible de ese verde inenarrable que algunos llamamos "inglés" y que está muy cerca de los azules y los negros. Como no sé conducir, supongo que ese interés es sólo una prolongación de mi amor por los gatos, pero, aunque también me gusta Fellini y he sido fan del Gato Barbieri, detesto particularmente el musical Cats, así que no sé si esta suposición es demasiado válida.
Volviendo al sobrino turista, después de esa primera visita guiada me dí cuenta que no le interesaban las cosas sin ruedas, así que desistí de llevarlo al museo Picasso, a la Sagrada Familia o a la torre Agbar. No pareció frustrarse en absoluto. Libre de nuestra compañía, se dedicó a conocer las tiendas y los bares de moda y a pasear alegremente por los países cercanos.
No suele hablar demasiado, pero es tanta su pasión por los rodados que cuando ve algo que le gusta exclama ¡Joya!, poniendo los ojos redondos como ruedas.
Él, demasiado joven, no lo sabía, pero esta expresión -muy usual entre algunos jóvenes argentinos- nace de los carteles manuscritos que pegaban hace tiempo los vendedores de coches de segunda mano en los parabrisas de sus vehículos en oferta:
Se vende:
¡Joya! Nunca fue taxi.
(photo : bertini)

jueves, enero 25, 2007

once + 4


Ayer por la tarde nos reunimos en el Ateneo Barcelonés para homenajear al poeta venezolano José Barroeta. Éramos quince* (parece que se llevan las multitudes en escena) y teníamos pocos minutos para explayarnos y leer el poema que habíamos elegido con total libertad entre los de su antología (Todos están muertos, Editorial Candaya).
El título del libro, la muerte relativamente temprana de su autor y la gripe que me atacó tan fieramente dieron como resultado el pequeño texto que incluyo a continuación.

Hace pocos días, durante la clausura del Año Freud en el auditorio de Caixa Fórum, alguien dijo que solemos llamar experiencia a todas aquellas circunstancias por las que hubiéramos preferido no pasar nunca.
La muerte es la experiencia final e inevitable, y el hombre, único ser vivo que tiene conciencia de esa angustiosa realidad, de su propia fragilidad y contingencia, de su deterioro paulatino y de su definitiva desaparición, ha tratado persistentemente de hallar algún móvil que excuse ese destino inapelable.
Condenados todos a una inexorable pena de muerte, ¿nos queda algo más que penar por ella?
Ante la ausencia de respuestas tranquilizadoras -atravesados por esa angustia primordial, aturdidos por el dolor de la pérdida y la conciencia del absurdo- intentamos escapar de nuestro intransferible destino, de nuestra abrumadora certeza, imaginando paraísos y reencarnaciones, erigiendo estatuas, monumentos y mausoleos, ofreciendo ceremonias, recordatorios y homenajes.
Para escapar del vértigo terrorífico que produce todo aquello que nos resulta extraño, hemos creado un personaje-otro que es sólo un espejo de nuestras facetas más oscuras -una representación metafórica que, paradójicamente, parece llena de vida- y después de dotarla de voluntad y arbitrio nos entretenemos preguntándole por qué actúa como lo hace, fantaseando que de conocer sus motivaciones tal vez podríamos ganar una batalla que sin embargo sabemos perdida de antemano.
Ese personaje tan cruel como arbitrario, de corazón impío y artera estocada, ha mostrado a través de los tiempos y las diferentes culturas una camaleónica, y no siempre siniestra, identidad.

Para el poeta venezolano José Barroeta, la muerte parece no tener forma alguna: está melancólicamente asociada con la ausencia, con la desaparición, con el silencio.
Con menos de veinte años escribió el poema que daría título a su primer libro y ahora también a la antología de su obra editada por Candaya. En él dice:

La última vez que visité el pueblo
Eglé me consolaba
y estaba segura, como yo,
de que habían muerto todos.
Me acostumbré a la idea de saberlos callados
bajo la tierra.

Romper el silencio, apoderarse de la palabra desde la poesía, era para José Barroeta, un ser notablemente obsesionado por la muerte, abandonar toda esa tristeza soterrada, saltar ruidosa y casi alegremente al devenir de la existencia.
Para remarcar ese gesto y como si de un exorcismo se tratara, “Todos han muerto” está dedicado a su hija: “Vida, que nació en Mayo”.
Quizá por deformación profesional -también me interesan, o preocupan, los colores- quizá como sortilegio personal, he elegido para leerles esta tarde Rojo en el Delta, un poema sobrevolado por un suave y ambiguo erotismo.
En él Barroeta, dueño ya de su palabra, reclama con obstinada ternura la voz ajena, la carnal e insustituible presencia del otro.
Rojo en el Delta:
Necesito el unguento
Camilo.
Quiero que vengas esta noche
a mi cama
con tus miserias
y te acuestes debajo de mí
y me hables hasta que nadie nos escuche
del río
de los senos de las mujeres que salen
por los ojos
de aquellos pies a orillas de los caños
que se desenterraban y enterraban.
Necesito Camilo de tu nuca
de tus animales de tus piedras de tus puestas de sol
de tu manera de favorecer las causas perdidas.
Necesito que vengas esta noche
porque llego desde la lluvia huyendo
no estaban en sus gotas las formas de mi padre
y hablo solo bajo el misterio de la copa llena.
Necesito que vengas esta noche
que me desesperes con alevosía
que me indignes como de costumbre
con amor
que me dejes más silencioso que un triunfo
dispuesto a mirar tus ojos con alegría en lo muerto.
Ven esta noche
esperemos hasta que ella duerma y contaremos historias
sobre cada sitio de su cuerpo.
Los dos navegaremos conversando sobre los hilos
de su estrella mayor
atentos a lo más fugitivo de la vida.

*por orden de lectura: Juan Antonio Masoliver Ródenas, Eduardo Moga, Edgardo Dobry, José Corredor-Matheos, Teresa Martín Taffarel, Helena Usandizaga, Dante Bertini, Juan Pablo Roa, Diómedes Cordero, Carlos Vitale, Juan Gabriel Vásquez, Pedro Serrano, Mario Campaña, Olga Martínez Dasi, Jordi Carrión.
(ilustración : membrillos anónimos y fragmento de una pintura de ricardo cinalli en photo de bertini)

lunes, enero 15, 2007

veinte indiecitos

Para clausurar el Año Freud, la librería Xoroi convocó a veinte -sí, 20- arriesgados "personajes" de edades, sexos, profesiones e ideologías variadas, para un homenaje sabatino en el auditorio de la Caixa Fórum. Alumno aplicado, escribí este texto que no sobrepasaba los seis minutos previamente concedidos a cada uno de los convocados. No todos respetaron ese límite, pero a juzgar por la recepción y los aplausos, el público que llenaba la sala estaba de lo más satisfecho con el acto.
Es que Freud, como Gardel, cada día canta mejor.

MI NOMBRE ES FREUD, SIGMUND FREUD

Cuando me fui de Buenos Aires, a fines de 1975, el lenguaje freudiano ya había traspasado los muros universitarios, los estrictos límites del encuadre psicoanalítico y el hermetismo casi iniciático de los grupos de estudio, para integrarse al énfasis expresivo y a la jerga siempre mutante del lenguaje porteño.
Cinéfilos empedernidos, nos había fascinado de inmediato el concepto de proyección y lo usábamos para rebotar sin el más mínimo remordimiento cualquier juicio desfavorable sobre nuestra conducta. Lo contrario hubiera sido sentirse, o ser,“culposos”, y aquello era algo que los jóvenes “comme il faut”, todo lo asumidamente neuróticos que la modernidad exigía, no podíamos permitirnos.
Dejamos de estar tristes o preocupados para sentirnos atrapados por la angustia, y, frívolamente enganchados al dinámico dúo de Eros y Tánatos, muchos llamaban “mi amor” a todo el que se le ponía cerca y proclamaban convencidos que aquello que los hacía gozar “mataba”.
Por más que uno pusiera todas sus defensas en situación de alerta, se hacía muy difícil aceptar que en medio de una discusión pudieran tacharte de superyoico, narciso, castrador, o encajar que tus lapsus dejaban al descubierto deseos muy ocultos.
Nos preocupaba el estado de nuestra libido, manteníamos bajo sospecha nuestras pulsiones, y, más que un gran amor, deseábamos una buena transferencia.
La catarsis ocupó el lugar del bricolage, los hobbies o las aficiones y los problemas domésticos de Edipo parecían tan cercanos y conocidos como los del primo Ángel o la tía Elvira.
Por aquellos años las amas de casa dejaron de lado las neuralgias para comenzar a sufrir traumas y complejos y muchos adolescentes decían no soportar más las castraciones paternas y se lanzaban airadamente contra ellas escribiendo frases de inspiración freudiana sobre paredes y pancartas. Mientras los enamorados pretendían huir del emparejamiento simbiótico entregándose alegremente a terapias grupales de distinto signo, las madres hablaban de la “oralidad” desenfrenada de sus bebés, los estudiantes acusaban a sus profesores de fijaciones infantiles y los hinchas de algunos equipos habitualmente perdedores se autodenominaban “masocas” o masoquistas y tildaban a sus rivales de paranoicos y psicópatas.
Al mismo tiempo que Manuel Puig, autor de “El beso de la mujer araña”, “Boquitas pintadas” y “La traición de Rita Hayworth” sostenía que el inconsciente tenía la estructura de un folletín, los culebrones televisivos empezaban a incluir algún psicoanalista sui generis entre los innumerables personajes secundarios, y palabras como subconsciente o sublimación entre los obtusos parlamentos de los actores protagonistas…


Cuando llegué a esta ciudad, en la primavera de 1976, su gente empezaba a vivir una transición colmada de expectativas e incertidumbres. Los cambios políticos y sociales se sucedían con tal velocidad que el vértigo no permitía detenerse en las palabras.
Ahora se me ocurre pensar que el psicoanálisis tenía muchos puntos en común con el té, esa infusión que los holandeses importaron de China a Europa para que los ingleses la convirtieran en uno de los símbolos más universales de su cultura.
Si bien es verdad que no resultaba demasiado difícil de encontrar, seguía siendo un producto minoritario, bastante exótico y de poquísima difusión popular. Como el psicoanálisis, el té no se asociaba con el placer y se usaba exclusivamente en casos muy específicos de malestar o enfermedad. Física y leve, si se trataba de la dorada infusión oriental, mental y grave si decidíamos internarnos en esas otras aguas, presuntamente más turbias, del psicoanálisis.

Pasaron más de treinta años y son muchas las cosas que han cambiado en este tiempo.
Tantas, que hoy abundan los “Tea Shops” por las calles de Barcelona y nosotros podemos reunirnos a festejar públicamente y sin rubores el sesquicentenario del nacimiento del inventor del psicoanálisis: Freud, Sigmund Freud.

…a pesar de que, cada vez que escribo la palabra Freud, el corrector automático de Word insiste en cambiar la u átona por una i acentuada, convirtiendo el apellido del ilustre vienés en un imperativo de tintes gastronómicos.

(más información en crucigrama, uno de los links vecinos)

jueves, enero 11, 2007

lo quimporta es la salú...


esta frase era un lugar común que servía para terminar cualquier conversación sin interés ni destino, algo equivalente a "bueno, un día de estos te llamo" o "no me entretengo más porque en casa me matan...".
sin embargo hoy, a pocas horas de una presentación en público -freudiano para más inri- me siento atacado por los virus -que sea uno solo me parece aberrante, hiere mi orgullo de 88 kilos- y tengo ganas de repetírmelo una y otra vez, como quien mete el dedo en sus llagas para ver cuánta capacidad de aguante tiene...
¡a ver cuán macho eres, cuate!
imagino largos paseos sin dolor de cabeza, preciosas películas sin dolor de cabeza, un plato humeante de buena comida sin dolor de cabeza, mi libro de borges-bioy -tanto o más gordo que aquel inolvidable libro gordo de Petete- sin dolor de cabeza, este mismo momento, aquí y ahora, sin dolor de cabeza...

no hay nada que hacerle, vieja: ¡¡¡lo quimporta es la salú!!!

(photo : blumenfeld)

martes, enero 02, 2007

principio y fin (el orden de los factores)


todo empieza y todo acaba, y cuando sabemos que siempre es así sólo nos queda adaptarnos a los movimientos de la vida, alegrándonos cuando nos toca hacerlo y llorando cuando nos hiere algún dolor... un año nuevo, o un nuevo minuto, nos traerá horas y sensaciones diferentes, situaciones y personas distintas, rutinas y repeticiones que nunca serán exactamente iguales... marcamos el tiempo de forma arbitraria, y es el corazón, la inteligencia, nuestra propia y única sensibilidad quienes nos dicen qué a cambiado y cómo lo ha hecho; también qué rastro ha dejado cada suceso en nuestra existencia...
la pequeña rosa que florece en mi ventana pasa del amarillo al naranja y de allí al rojo sin que ello signifique demasiado para el resto del universo, tan vasto como mi pensamiento me permita imaginarlo...

sin embargo otro año ha pasado
y todavía estoy aquí:
¡ALELUYA!

(photo : Dante Bertini, autorretrato)

domingo, diciembre 10, 2006

pero el pasado que vuelve...

Hay un antes y un después de que Felisa Pinto comenzara a escribir sobre moda a fines de los años ‘50. De su mano nacieron crónicas allí donde sólo había epígrafes y las meras tendencias quedaron opacadas por el descubrimiento de las vanguardias que ella puso en primer plano. Creadora de un lenguaje propio y de un perfume que se anuncia antes que ella, Felisa sigue dando cátedra de frivolidad. Pero tomada muy en serio.

Crónicas de lo efímero
Por Victoria Lescano (Página 12, Buenos Aires)

La marca de fábrica de las crónicas de moda de Felisa Pinto consiste en la celebración de extravagancias y estilos genuinos, la exactitud en los recursos de confección y las intenciones de la alta y la baja costura; los textos toman forma en su hogar y estudio con vista a un bosque, suelen estar condimentados por la efervescencia de algún cocktail y el soundtrack que emiten su colección de discos de jazz en vinilo y el campanario de la iglesia contigua. Y esos ejes y esa prosa burbujeante quedaron reflejados en Vanguardias del siglo 20, su libro con textos precisos y acompañado de un centenar de ilustraciones de la artista y diseñadora Delia Cancela que recientemente publicó la editorial Era Naciente en su colección Para Principiantes.Pinto, quien este año cumple cuarenta y cinco años de labor en el periodismo de modas, es la autora de secciones revolucionarias en la prensa de moda local y el vasto listado contempla “Estravagario”, “Escaparates” y “Eureka” (que bien podrían clasificarse como la trilogía de las E), y que publicó en la revista Primera Plana y los diarios La Opinión y La Nación. También diseñó extrañas colecciones por encargo y desde muy joven se acercó a la moda combinando el uso de originales heredados de primas o amigas ricas con las creaciones propias que le realizaba una modista tucumana. Nunca tuvo que hacer los esfuerzos de los fashionistas por cazar últimas tendencias, naturalmente se vinculó con vanguardias. Así como en los fifties trabajó como secretaria ad honorem en la revista Nueva Visión, fundada por Tomás Maldonado (por entonces solía vestirse con la monocromía y la austeridad acorde con los postulados de esa corriente de diseño, además de asistir a los conciertos de la agrupación Nueva Música), en los sixties documentó cada último grito de la moda emitido por los integrantes del Instituto Di Tella y fue una de las dueñas de Etc, una boutique de la Galería del Este con piso y paredes absolutamente negros. A fines de los ochenta escribió la letra de la canción Soy moderno, no fumo, para la banda de androginia pop Virus. Como curadora de moda, coordinó tanto el desfile Ropa con Riesgo que Pablo y Delia hicieron en el mismo Di Tella, y varias décadas más tarde y en el Instituto de Cooperación Iberoamericana ideó el ciclo Moda al margen, los emergentes de la Primera Bienal de arte joven. Vanguardias del siglo XX dispara algunas citas provocadoras sobre la moda, una de Cocteau (“la moda muere joven por eso es tan grave”) y una justificación sobre lo efímero aportada por Oscar Wilde (“La moda tiene una forma tan intolerable que debe cambiarse cada seis meses”). Inicia elrecorrido histórico con la liberación del cuerpo vía la supresión del corset ideada por Paul Poiret con trajes túnicas, continúa con los aportes a la silueta de la mujer moderna de Coco Chanel, las rarezas textiles de Sonia Delaunay y Elsa Schiaparelli para hacer pausa en Vionnet, la creadora del corte al bies y su colaborador en bordados Albert Lesage, inventor del “vermicelli droit fil”, una suerte de tallarín retorcido que acompañaba al bies.También se exalta la silueta creada por Christian Dior para desafiar la austeridad de la posguerra, el origen de emblemas de los cincuenta como bikinis, t-shirts y blue-jeans; las ropas con largo mini de Mary Quant, los trajes con piezas metálicas de Paco Rabanne, las blusas transparentes de Yves Saint Laurent, los trajes campesinos sofisticados por Kenzo, el grupo de los minimalistas, el estilo canalla francés (fabuloso ese figurín arty de Cancela), favorito de Gaultier, para concluir con el arribo a París de McQueen, Hussein Chalayan y los belgas.Felisa Pinto suele declarar su fascinación cada vez que descubre en alguna vidriera del Once un recurso de costura ideado por Dior o Vionnet, tal vez aplicado en trajes de goma o vinilo o el más sintético de los materiales sintéticos, con absoluto desconocimiento de parte de los realizadores. Y de ahí su interés por explayarse sobre el origen de los estilos de la moda. Sobre el foco de su libro, enumera: “La vanguardia, los que inventaron, no los que siguen tendencia. Porque tanto la moda de perchero así como la gente que sólo hace tendencia nunca me interesaron. Hace cuatro años, el editor Juan Carlos Kreimer nos encargó a Delia Cancela y a mí un libro para participar de la serie para principiantes y un texto apto para todos los países de habla hispana. El pedido no contemplaba la moda argentina, que ya es tema de otro libro. El criterio fue hacer una síntesis y con estilo directo, aunque el formato original tenía globos como los de las historietas, finalmente se optó por textos con imagen. La tapa juega con la tipografía de Vogue y está destinado: son los miles y miles de estudiantes y víctimas de la moda que han proliferado desde que en 1990 se creó la carrera de indumentaria y textil de la cual fui cofundadora, junto con Manuel Lamarca, Susana Saulquin, Vicente Gallego y a instancias de María Córdova, la decana de Arquitectura, una prima hermana del Che Guevara”.–¿Cuáles fueron sus primeros contactos con la moda? –Tuve amigas ricas, que usaban originales y solían regalármelos. De mis primas ricas, desde muy chica heredé ropa inglesa comprada en Harrod’s, como sweaters de Shetland en colores amarillo patito o rosa fondant, porque ése era el uniforme de las chicas bien de la época. De todas maneras, siempre tuve una modista llamada Petronila, una señora tucumana que venía a casa los días viernes y a quien yo le daba las telas. Luego, de más grande heredé ropa de la casa Vanina de War; recuerdo un traje negro de lana con encaje, el colmo del chic y otro aponchado de Fridl Loos que me pasó mi amiga, Pepita Gómez de Errazuriz, quien cada vez que quedaba embarazada me pasaba su ropa de esa temporada. Eran prendas de mujeres que rompían con la moda uniformada de los vestidos clásicos con un hilo de perlas.A los diecisiete años, para ir a las fiestas de altísima sociedad que daba Ignacio Pirovano, cuando era secretario de Cultura, me inventaba vestidos con terciopelo de tapicería que compraba en La Europea y cosía Petronila. También el año que viví en París como corresponsal de la revista Atlántida me quedé en la casa de Lita, la mamá de Inés de la Fressange (modelo, asistente de Kart Lagerfeld en Chanel y luego diseñadora de una marca propia). Ahí naturalmente estuve en el centro de la moda, Lita se vestíaen Chanel y una amiga mía cordobesa trabajaba como modelo en esa casa, era muy natural que nos prestáramos los trajes, los zapatos y los collares.–¿En qué se diferenciaron sus secciones de moda de las que existían hasta el momento? –No había críticas ni se comentaban mucho los desfiles, en las revistas se ponían epígrafes sobre moda. Cuando en 1962 Luis Pico Estrada hizo una remoción de la revista Atlántida, que de ser una revista social pasó a tener textos muy cuidados, me pidió notas de arte y de moda. Por entonces Para Ti se hacía con fotos compradas de temporadas anteriores y yo propuse hacer una nota de moda con ropa de Fridl Loos. Pedí modelos que tuvieran buenos huesos, básicamente en la cara, y terminé poniendo como modelos a Nacha Guevara y Dora Baret. Cuando existió la sección Estravagario, una expresión que designa un conjunto de cosas y viene de un libro de Neruda, mi consigna fue salir a la calle y buscar talentos, lo excelso sin jerarquías. Lo raro, lo inédito; desde una verdura, un libro de un lugar de usados, a una pulsera de oro de Marcial Berro. Cuando en 1964, de regreso de París, propuse en Para Ti el cuadernillo “Soluciones de Felisa”, inspirándome en una manera de hacer periodismo que se estaba haciendo en L’Express y se llamaba “Madame Express”. Así por primera vez hubo una guía de servicios con precios y variedad de temas, y la moda estaba entre ellos. Recuerdo que seguí fotografiando a Nacha y Dora y una vez se armó lío con una producción de ropa interior. Cuando vieron las fotos me dijeron: “¡Estas fotos con mujeres desnudas no son respetables para una revista de señoras respetables!” Las fotos nunca salieron pero mandé a hacer maniquíes de mimbre con flores y los vestí con esa ropa interior y ésa fue mi última nota. Después, en La Opinión, donde fui secretaria de redacción y tuve cuatro páginas diarias con moda y sociedad, encargaba ilustraciones a artistas como Daniel Melgarejo, Patricio Bisso y Dante Bertini. Además de las notas de moda me encantaba quedarme hasta última hora, consultar alguno de los dieciocho tomos de cocina que tenía y con la ayuda de Tununa Mercado elegíamos platos por entonces rarísimos que pertenecen a lo que ahora está instaurado como comidas étnicas. Recuerdo una doble página en sorna que hicimos para el Día de la Madre y que provocó que Jacobo me mandara un papelito amarillo con el mensaje “¡Las mujeres a la cocina!”. Durante toda esa semana y a propósito mandamos dos páginas de cocina. Después nos reconciliamos.–¿Acaso había burlas de parte de los intelectuales hacia su trabajo? –Yo cubría todo lo que pasaba en el Di Tella y los intelectuales duros de Primera Plana se reían de mí. Algunos me decían “la sacerdotisa del pop”, yo era víctima de la moda, no podía resistirme a usar las plataformas de Dalila Puzzovio ni los vestidos de Rosa Bailón. Por suerte en esa época no se usaba decir estás producida, como ahora y que suena a mujer sandwich, tampoco se hablaba de lo que uno se ponía, simplemente se trataba de armar composiciones de color y textura como en los cuadros, pero en el cuerpo, y de comunicar a través de la moda. Un señor muy serio y elegante me dijo un día en una redacción: “Siempre te leo porque vos tomás la frivolidad en serio”.–¿Cómo comenzó su recorrido como fashion designer?–En 1957 el dueño de la casa Iotti, la de Callao y Santa Fe, dedicada a la ropa de hombre, me dijo te doy más de cien metros de seda natural para que diseñes una línea “Iotti mujer”. Busqué un zapatero armenio que vivía en Villa Luro para una línea de sandalias, hice pantalones pescador bastante angostos con saquitos muy Audrey Hepburn. También se me dio por hacer tejidos muy flacos al estilo de las cotas de malla, unos tubos sin mangas cuya primera y única clienta fue Luisa Sofovich de Gómez de la Serna. No me pagaron por hacer la colección, yo estaba fascinada igual y considero que no funcionó porque la propuesta era demasiado joven, entonces las mujeres no decidían solas, las madres les decían qué ponerse.Igual mi colección quedó documentada cuando fue fotografiada, para Damas y Damitas, cuando la coordinaban Chiquita Constela y Piri Lugones: fui la modelo de un traje de baño que diseñé con el recato de los atuendos de los años veinte. En 1964, un grupo de arquitectas me pidió una colección de jersey mezclada con metales en los puños o cuellos que tampoco se vendió. Pero en 1967, mientras trabajaba en la redacción de Primera Plana, con dos amigos invertimos en una boutique de la Galería del Este y le pusimos “Etc”. La idea era vender los diversos objetos y prendas que surgían de la gente del Di Tella, desde las plataformas y suéteres de Dalila, diseños de Pablo y Delia, gargantillas de cuero pintadas en tonos de rojo y turquesa por Juan Oreste Gatti, los vestidos con barracanes de Mary Tapia. Yo tuve una producción propia de camisas de raso de satén en blanco marfil que se prendían atrás. Eran unisex con cuellos turtleneck (polera) y el primer cliente fue Leonardo Favio, que las compró para vestirse él y toda su banda.–Así como Colette combinó la literatura con una casa de perfumes, usted tiene experiencia como perfumera. ¿Cómo despuntó ese oficio?–Pasó que en un viaje a Túnez me enamoré totalmente del azafrán y de la menta y decidí hacer perfumes para mí. Surgió un tónico en base a la verbena, alimonado y picante, y también compre nardos, flores que adoré desde chica cuando iba a Córdoba, y las usaba en el pelo y hasta masticaba los pétalos. Pasó que en los cocktails me empezaron a preguntar y elogiar mi agua de nardos, entonces hice una producción para vender en la Feria del Sol y algunas tiendas, y ahora estoy desarrollando un nuevo proyecto con flores blancas. Desde adolescente gasté mi sueldo en el más chiquito de los extractos My Sin de Lanvin que se conseguía en Pozzi y cada vez que viajo yo o alguna amiga encargo algo de Guerlain.–¿Y la faceta de letrista?–Eso fue una casualidad, por intermedio del fotógrafo Alejandro Kuropatwa y en esas fiestas llenas de humo que él daba en su casa de la avenida Rivadavia me hice amiga de Federico Moura. Una noche en que yo me quise ir temprano, espantada por el humo, Federico me pregunto por qué no estaba a gusto, y yo le respondí: “Es que soy moderna, no fumo”. A él le encantó el concepto y me pidió que la escribiera junto a Roberto Jacoby. La incluyeron en el disco Wadoo-Wadoo y el día que lo estrenaron en el teatro Opera me senté en la primera fila y me emocionó mucho cuando lo escuché cantarla. Tuve otras vinculaciones con la música, los primeros textos que escribí fueron para una columna de discos en Damas y Damitas y luego me casé y me divorcié tres veces con el músico de jazz Rubén Barbieri y actualmente estoy produciendo un CD con uno de sus conciertos. –Durante la dictadura, en lugar de irse a otro país usted se exilió en la moda.–Estuve diez años trabajando en una revista para la industria llamada La Moda, donde comunicaba a los fabricantes lo que se usaba, iba a París a los salones textiles y los desfiles cuatro veces al año, para comunicar a los fabricantes lo que se usaba. La publicación fue solventada por los textileros, Grafa, Alpargatas, las botoneras, los de la calle Alsina y los avíos. Yo ganaba poco pero el tema me fascinaba y me encapsulé en ese mundo. Siempre que me cruzo con Juan Gelman, él me dice: “¡A vos te salvó el canesú!”.–De las décadas de moda que revisita en el libro, ¿cuál es su favorita? –Los años ‘70, porque en ellos hubo una revisión total de los años veinte y treinta, se usaron pantalones, Kenzo y las etnias, todos temas que me fascinan. En cambio, odié la esencia de la moda de los ochenta con los yuppies, que me parecen hombres y mujeres violentos. La modalidad de llevar jogging con taco alto y la cartera haciendo juego y cuando el jogging pasó de ropa de gimnasia a ser ropa cara no me gustó nada, aunque unos años más tarde me gustó Alaia.–¿Qué es lo más atractivo de escribir sobre moda?–La descripción, el estado de enajenación, el lenguaje, un lenguaje tan inútil y tan complicado, la gente no sabe lo difícil que es escribir una nota de moda. Creo que en la construcción de ese lenguaje tan específico me ayudó mucho el haber corregido galeras de libros científico-técnicos para Emecé. Todavía siento que escribir un epígrafe sobre un traje o una textura es pura poesía. (photo : Ronald Shakespear)

viernes, diciembre 08, 2006

daños colaterales

Parece que se ha puesto de moda hablar de las hamburguesas y sus efectos nocivos sobre la salud. Si vamos a hablar de cosas que nos enferman, el Polonio Asesino, y no el asesinado personaje hamletiano, es sólo uno de los muchísimos elementos cancerígenos que contiene el cigarrillo. A pesar de lo probado de sus daños, -también colaterales, ya que los no fumadores tenemos que tragarnos sus humos aunque no queramos hacerlo- hay muchos "bienpensantes" que consideran inapropiado, reaccionario o fascista prohibir su consumo en lugares públicos.
Si alguien se come una hamburguesa a mi lado -o mil: allá él con su colesterol- lo único que podría molestarme son sus eventuales gases pestilentes, y por suerte nunca hasta ahora me encontré en ningún restaurante del mundo con un maleducado -o incontinente- de semejante calaña.

jueves, diciembre 07, 2006

Bienveni(Dana)

Tiene dos meses y una muy buena mala suerte. La abandonaron en un hogar de perros abandonados y ahora está, por obra y gracia de cierto hijo solidario, en casa de un viejo amigo mío, de profesión fotógrafo y de corazón romántico. Según la Wikipedia, en la mitología celta, Danu o Dana, también llamada Anu o Ana, es el nombre irlandés (Dôn en galés) de la hija de Dagda (el Buen Dios), por lo que por nacimiento pertenece a los dioses de la vida, la luz y el día.
Se la considera diosa de la literatura y también recibía el nombre de Brigit.
Si le miráis los ojos, podréis ver que todavía no está muy segura de haber escapado sana y salva de la parte oscura de este mundo. Es difícil creer que la misma especie que te tortura, te echa a la calle o directamente te elimina, pueda darte amor del bueno y un espacio cálido y confortable donde desarrollar tu vida.
¿Hacemos fáciles paralelismos? ¿Son de la misma especie Matisse, Bob Fosse, Gaudí, Regine Crespin, los Bush, Chopin, Freud, Ennio Morricone, Hitler, Atahualpa Yupanqui, el general Videla, Frida Kahlo, Mao, Pinochet, Hitchcock, ...... , Borges y Jacques Prévert? (el espacio con puntos es para poner todos los nombre que se te ocurran)
El payaso y creador teatral Albert Boadella dice que los amantes de los animales están (mal) influenciados por el ternurismo de Disney.
Tal vez sea verdad. Yo prefiero las orejas de Dumbo a las suyas.

(photo : héctor zampaglione)

miércoles, diciembre 06, 2006

serratina

Llueve, y no hay chopos medio desojados a la vista. Tras los cristales llueve y llueve; es una lluvia fina y penetrante que ha convertido las camisetas casi secas de la noche anterior en guiñapos que cuelgan desarbolados y doloridos de la soga de tender.
Las plantas del balcón, ajenas a tanto dramatismo circense, brillan agradecidas, provocando la envidia de las que viven dentro por puro capricho del azar, que en este caso tiene la misma cara del dueño de casa.
Maravillosa, tan esperada lluvia: gracias por llegar suave y dulcemente.

viernes, diciembre 01, 2006

Paradise

Recién me doy cuenta de lo útil y bonito que es este calzador de Camper. El mango largo permite que nos calcemos sin necesidad de agacharnos o nos veamos obligados a hacer extrañas y peligrosas contorsiones y, lo más importante, sin estropear para nada el contrafuerte del zapato. Casi podría jurar que es de bambú. Duro y elástico a la vez, de un imperturbable color amarillo claro y con una tira gruesa de hilo de algodón en color rojo que permite tenerlo colgado en la puerta del vestidor, al alcance de la mano. Hace dos años que vive conmigo y nunca había agradecido su útil y callada presencia.
Me dirijo hacia la galería y veo cómo la luz del sol entra por los ventanales, robustece el verde de las plantas y se dedica a hacer extraños malabares con todos los objetos que encuentra a su paso: dora aún más las naranjas y pomelos, aleopardea el sillón y las butacas de gamuza beige y se demora abrillantando la suavísima piel de mi gato Federico.
Muevo la cucharilla dentro del mug blanco y es como si sonaran campanillas llamando al recreo. ¡Qué bueno es el kukicha tea, bien caliente y con una pequeña cucharada de miel!
Toda la casa parece hecha a mi medida; todo parece ajustarse sabiamente a mis necesidades. Jorge mueve cacharros en la cocina y hay música de Mahler sonando en la radio de mi estudio. La vida es esto, finalmente, y hace mucho tiempo que pude descubrirlo. Sin embargo hacía falta una cifra disparada en un examen médico de rutina para que la infravalorada cotidianeidad adquiera rasgos de infalible, e inefable, paraíso.

(pintura : Christina's World de Andrew Wyeth)

jueves, noviembre 30, 2006

el bello y la bestia

la foto es de annie leibovitz, que además de amar a la susan sontag -y ser amada por ella- retrató y retrata a los más grandes en todas las disciplinas...
casi podría asegurar que el escenario es un diorama del museo de ciencias naturales de new york, y el bello animal de rosa, julianne moore
picasso dijo alguna vez: "aprendí a ser joven"
yo estoy aprendiendo a aceptar mi frivolidad hasta sus últimas consecuencias...

martes, noviembre 28, 2006

y mi calle, ayer a oscuras...

las calles de mi barrio ya se disfrazaron de fiesta: los escaparates de las tiendas, los árboles de las ramblas, los frentes de los hoteles y algunas ventanas y balcones, ya tienen sus adornos puestos, cientos de lucecitas encendidas... es noviembre, recuerdo, y si pasa lo mismo que sucedía en "new york, new york" -ver sinatra, allen, de niro, liza minelli, scorsese, robbie williams- hace un montón de años, es probable que se queden allí hasta bien entrado marzo...
las cuentas son simples: una tercera parte del año se ha convertido en navideña, y aunque es bastante más de lo que muchos hubiéramos supuesto, todavía no llega a ser ese año completo que deseaba el actor argentino Raúl Rossi en los años sesenta...
por algunos días seremos tiernos y familiares, y pensaremos que nuestro vecino, que ha engalanado su balcón con ponsettias rojas, no es ese bicho nauseabundo que pisa pesadamente a propósito, para despertarnos cada día cuando se va al trabajo...
y volveremos a colgar tontería brillantes del ficus benjamina porque no somos partidarios de cortar abetos, mientras hacemos mea culpas, jurando que el año que viene no volverá a suceder, ni a sucedernos, algo parecido a eso de lo que ahora nos avergonzamos... (photo : kuropatwa)

sábado, noviembre 25, 2006

sábado de gloria

esta noche hay fiesta en lo de maxi y geo...
¡¡¡y no sé qué ponerme!!!

viernes, noviembre 24, 2006

adios, muchachos...


robert altman : el volar es para los pájaros, gosford park, los vividores, nashville, tres mujeres y mucho más

philippe noiret : cinema paradiso, el cartero y pablo neruda y cerca de ciento cincuenta más

jueves, noviembre 23, 2006

jueVes con Jota ba¡lada!!!

con jota de jacques (demy) :

sonrisa y películas amables,

coloridas, cantadas

miércoles, noviembre 22, 2006

martes, noviembre 21, 2006

este no soy yo


yo soy no este
no soy yo este
yo este no soy

aunque a veces me parezco...


y este otro?

jueves, noviembre 16, 2006

Por qué me hice dibujante...

El dibujante Divito era muy popular en la Argentina y siempre salía en las revistas de esta guisa -también se puede decir "de esta manera"; la expresión no tiene nada que ver con Ferrán Adriá, Arguiñano o Petrona C. de Gandulfo, creadora de la celebérrima tarta de cumpleaños "Mamá coneja"-.
Era el único artista plástico que se codeaba -según parece también había otros miembros chocando por allí- con actrices, coristas y demás gente del buen mal vivir. Además tenía varios perros, una casa con jardín y piscina y un coche rojo descapotable que lo condujo -y no es metáfora- a "una muerte temprana", según dirían los trasnochadores como él. Como si todo esto fuera poco, Divito fumaba en pipa y usaba ropa de colores claros, dos valores añadidos que despegaban su personaje de un triste panorama de melenas engominadas, trajes grises y camisas blancas de cuello almidonado (ver Glenn Ford en Gilda).

miércoles, noviembre 15, 2006

escapa(ra)te!!!

(photo : héctor zampaglione)

es buena, muy buena... el amigo zampaglione la tomó al pasar, recordando una vieja peli argentina donde un tipo se enamora de una mujer joven que parece mirarlo desde una ventana... y resulta que era un maniquí... monsieur lacan, jacques, psicoanalista él, sostiene que en las relaciones amorosas alguien pide algo que no sabe qué es a otro alguien que no puede dárselo...
quiero comerme el agujero del donuts...