martes, abril 26, 2011

Biutiful Barcelona


Oscura como pocas, la irónica, hiriente Belleza mestizada de González Iñárritu habla con los diversos idiomas de la tristeza, la desesperación y el desamparo. A pesar de su localización en escenarios reales de la actual Barcelona, ninguno de esos idiomas resulta ser el catalán. Quizás porque la sordidez de esos ámbitos, tan céntricos como cercanos, sirve de hábitat a la inmigración menos afortunada, provenga ésta de distintas comunidades españolas o de cualquier otro lugar del cada vez más estrecho mundo.
En estos auténticos infiernos sin posibilidad de escape, chinos, africanos, sudacas o españoles de las regiones menos afortunadas, se buscan la vida como pueden y se ganan la muerte con asombrosa facilidad.
Película multirracial, babélica, con imágenes y localizaciones pastosas que recuerdan la preciosista Happy Together (1997) de Wong Kar-Wai, su guión pertenece a dos argentinos: Nicolás Giacobone y Armando Bo -este último nieto homónimo del que fuera descubridor del más carnoso e internacional mito cinematográfico rioplatense, la siempre acosada, más que higiénica e hiper-turgente Isabel Sarli- mientras que la música, un solo de piano con notables reminiscencias "gymnopedianas", cargado de melancolía, pero despojado al mismo tiempo de la lúdica, casi burlona ligereza de Satie, fue compuesta por el también argentino Gustavo Santaolalla.
Junto a Javier Bardem, perfecto en su composición del desesperado, mediúmnico y terminal protagonista, aparece Maricel Alvárez, una actriz hasta ahora desconocida en España, aunque con una prolífica y premiada carrera teatral en Argentina. De rostro extraño, cuerpo espléndido, sensibilidad y soltura inquietantes, resulta un descubrimiento que, de permitirlo los tópicos estéticos y las frivolidades estelares, debería tener una carrera brillante en el mundo del cine.

-¿Cómo puede aclimatarse uno a esta nueva realidad, a este brutal trasplante?
La mujer, muy joven y con marcado acento chileno, hizo la pregunta al final de mi largo monólogo del martes 26 por la tarde en la Biblioteca Francesca Bonnemaison, a unos pasos del barroco Palau de la Música.
Por una casualidad que quizás no lo fuera tanto, yo había visto la noche anterior, a regañadientes y por pura curiosidad, Biutiful , así que todo lo referente a inmigraciones y exilios me encontraba particularmente sensible.
De haber estado solos, posiblemente mi contestación hubiera sido igual de imprecisa aunque más meditada. Le contesté que cada uno hace lo que puede, que no hay recetas únicas para una aclimatación que ni siquiera todas las plantas resisten, recordando esas centenarias palmeras que por pura ansiedad decorativa eran trasplantadas de su cálido lugar de origen a otro en el que ni siquiera reconocen el clima.
A mi lado, sentado en una silla similar a la mía, de alto respaldo y asiento forrado en pana roja, estaba Óscar Carreño, de la Direcció de Programes de Biblioteques de Barcelona, quien, arrebatada su palabra por mi incontenible verborragia, apenas había podido presentarme y hacer otra pregunta, en este caso introductoria, sobre mi llegada a la ciudad treinta años atrás.
Sucedió durante la segunda de las tres jornadas sobre Literatura Latinoamericana en Barcelona , donde por vaya a saber qué avatares, me ha tocado representar a los que huimos de esa sangrienta dictadura militar autodenominada "Proceso" para refugiarnos en una Barcelona de recién estrenada apertura democrática.
Nada más llegar al lugar del encuentro, Óscar Carreño me había sorprendido con una noticia amable: uno de mis poemas, fechado en 1999, cerraba, junto a un texto de Roberto Bolaños, los Trànsits (itinerarios dramático-musicales por espacios emblemáticos de la ciudad) dedicados esta vez a la presencia de los escritores latinoamericanos en Barcelona. Apenas pueda hacerlo, colgaré el poema en mi web de poesía para los que puedan estar interesados en leerla.
Doy gracias desde aquí a los que la eligieron. Quiero suponer que lo merezco.
Fotografía de Dante Bertini

lunes, abril 25, 2011

Un poco de calor en nuestras vidas...


Fríos, lluvias, mal tiempo, pésimos humores, decepción y lágrimas...
La Semana Santa no lo ha sido tanto, y, como aquellas chicas malas de otra época, decidió irse a festejarlo lejos de estas tierras.
En casa, resguardado de las intemperies varias que asolaban nuestras costas, con el rostro saludablemente bronceado después de unos maravillosos días en la costa tarraconense -los autónomos, tan puteados siempre, gozamos de esas pequeñas gratificaciones domésticas- me dediqué a encontrar amigos, ver películas, jugar al póker, descansar, ordenar la casa y comer variados manjares de producción propia y ajena.
Ayer mismo, en el lado de afuera, miles de personas descubrían una vez más las delicias de la rosa cortada y los papeles impresos. Mientras tanto, de este lado de aquí, queridas personas cercanas me regalaban dos bulbos de fragantes jacintos, muñecos de chocolate, una deliciosa pasta-frola casera y un auténtico libro con cientos de páginas que, como es de suponer, todavía no he leído.
El título promete mucho: "Descartando a Descartes. El Racionalismo actual en Jesulín de Ubrique".
Al parecer, la Gran Crisis nos muestra cada día más, y con absoluto desparpajo, nuevos y potentes síntomas.
¿Acaso será una nueva fiebre de origen desconocido?
, preguntéme.
Buscando en internet encontré varias entradas diferentes bajo ese mismo rótulo.
Si bien no aclararon demasiado mis ideas, me han hecho mover en la silla -una poderosa, ergonómica, articulada y resistente Haworth- como un auténtico poseso.

Fotografía de Ruven Afanador




miércoles, abril 20, 2011

Vacaciones: ¡Triunfa el Prison Style!


Altafulla Playa. Una mujer de unos cincuenta años da de comer a los gatos callejeros mientras sus dos pequeños perros observan la escena sin inmutarse. Yo suelo hacer lo mismo que ella siempre que puedo, así que me cuesta muy poco solidarizarme y casi nada entablar una larga charla sobre el tema.
"Lo hago a escondidas", me dice mientras vacía una lata de comida con olor a pescado sobre unas piedras planas. "El alcalde ha pasado circulares en las que prohíbe, bajo amenaza de multa, alimentar a los gatos de las calle. A la gente que vive aquí les molestan estos animales... Como casi todo en realidad: los árboles porque ensucian con sus hojas, las plantas porque necesitan riego y los pájaros porque, según dicen, cantan a deshoras."
Sin embargo no son gatos los que abandonan todo tipo de deshecho sobre las playas cercanas ni aves las que descargan escombros y objetos duchampianos en medio de los pocos espacios verdes que no han sucumbido todavía a ese ansioso afán constructor que sólo una crisis generalizada, global, parece haber calmado.
"Lujo Total, Alto Standing, Paradisíaca Ubicación, Impecables Acabados..." Se vende, se vende, ¿se vende?
Donde hubo pinos, genistas, ágaves y olivos, hoy podemos encontrar plazas duras y edificios horrendos. Por todos lados impera el novísimo estilo carcelario. Pisos inspirados en la Modelo barcelonesa: barrotes y puertas de seguridad, vallas y muros de cemento color gris cemento.
Sing-Sing Homes, Alcatraz Apartments, Prison Brick Houses.


¿Para qué diseñar espacios verdes si la baldosa se puede limpiar con un lampazo y el brillo posterior siempre resulta higiénico? Y si esta razón no fuera suficiente, donde no hay árboles tampoco hay hojas sobre el suelo ni pájaros en las ramas. Con un solo gesto constructor se solucionan dos molestias habitualmente presentes en la desordenada, caótica, poco domesticada naturaleza.
Estúpidos, ciegos, depredadores, bárbaros, los humanos descubren un lugar de ensueño y poco después ¿deciden? transformarlo en el sórdido decorado de sus habituales pesadillas nocturnas.
Angurrientos Adanes atontados, desorientadas y ambiciosas Evas, seguimos devorando sin descanso la tan tentadora como insustancial manzana de oro que nos hace perder una y otra vez el terrenal Paraíso que heredamos.


¿Demasiada acidez? ¿Un exceso de mala leche? Pensarán que me lo he pasado mal durante mis cortas vacaciones prepascuales. No ha sido así en absoluto. Puedo asegurarlo. Además de una mirada atenta para todo aquello que no me gusta, tengo también buenos y divertidos amigos y algo de ese mundo interior que aconsejaban no perder nunca de vista mis maestros y profesores. Y cuando la decepción es mucha y el horror se hace insostenible, procuro dirigir la atención hacia los maravillosos restos, agónicos aunque todavía existentes, de esa cercana, variopinta, sorprendente naturaleza a punto de extinguirse.

domingo, abril 10, 2011

Gardenia de envolvente aroma



De sábado a sábado, dos espectáculos teatrales muy distintos. La semana anterior, en la pequeña sala Gaudí, Buenos Aires, de Rafael Spregelburd. Otro sainete argentino tocado por el absurdo dadaísta y la posmodernidad de fines del siglo pasado. Cuatro personajes en manos de un dramaturgo actor. Buenas actuaciones, mucho diálogo, quizás no tantas nueces.
Ocho y media de la tarde de este sábado. La sala Favià Puigserver del teatro Lliure del Paseo de Santa Madrona rebosaba de público. Esta fue la primera sorpresa en una tarde cargada de ellas. Suponía que pocos optaríamos por un local cerrado cuando el primaveral clima exterior llamaba a gozar de las playas cercanas. Yo me había enterado por casualidad, y gracias al actual, trans-lingüístico diario La Vanguardia, de que Alain Platel y Frank Laecke montaban en Barcelona una obra teatral que ya habían representado con éxito en otras cien ocasiones por diferentes ciudades y teatros de Europa. Gardenia, una historia contada por nueve travestis y transexuales de "edad avanzada" sonaba prometedora, pero vaya a saber con qué nos encontraríamos en un espectáculo al que su director definía como de "danza bastarda".
La segunda sorpresa la recibí al saber que también para la última función -hoy domingo a las 18.30- las entradas estaban prácticamente agotadas. Parece que no soy el único "enteradillo" en estas parcas tierras barcelonesas.
Antes de que comenzara el espectáculo y por los alrededores de la sala, sorpresivos y revitalizadores encuentros con amigos y conocidos a los que no veíamos hace tiempo: Angel Pavlovsky (estrena en mayo nuevo show: Angelata) y su hermana Alicia; el ilustrador Agustín Comotto con su mujer, Anna, y su deliciosa madre de ojos increíbles; la actriz Pepa López, el músico Jorge Sarraute, el dibujante Astromujov, la psicoanalista R.C. No todo es violencia, enfrentamientos y opacidad en el mundo exterior.
Sorpresa, sorpresa...para seguir con esta enumeración de asombros sabáticos, podría decir que Gardenia es también, todo él, un espectáculo teatral sorprendente, ya que poner en pie al público de la sala cuando ni siquiera habíamos terminado de acomodarnos en nuestros asientos para dedicar un minuto completo de silencio "a las compañeras que ya no están entre nosotras" (además de la vida y sus consecuencias, este abril se cumplen treinta años del "descubrimiento" del sida) es, como mínimo, sorpresivo y muy, muy audaz.
Valoración de los pequeños gestos cargados de intención y esteticismo -desde la versión del argentino Jorge Donn coreografiado por Maurice Bejart, el Bolero de Ravel no había logrado, con tan poco, tanta intensidad dramática-, valiente striptease de cuerpos que han perdido sus líneas y de almas que no tienen casi nada más que perder, irónica objeción de los roles genéricos clásicos, supuestamente inamovibles, ilustración danzada de los abismos que separan a la pulsión del goce y a la tristeza mediocre de las homosexualidades amordazadas de esa brillante, travestizada, no tan superficial, algarabía gay, Gardenia incita, sin presiones ideológicas ni ensueños utópicos, a quemar máscaras y disfraces para vivir con nuestro rostro al descubierto, degustando sin temores ni remordimientos los diversos aires de la vida. Total, ¿qué más da? Todos sabemos que este carnaval tiene un Martes terminal, ineludible, y ¡cuánto mejor será llegar a él bien ahítos de experiencias, hartos ya de tanta fiesta!

¿Quieren saber cómo terminó la historia de Gardenia? Aplaudimos mucho y de pie, sin que esta vez nadie nos pidiera que lo hiciésemos.

Entre los temas clásicos de la banda sonora hubo otra sorpresa, al menos para mí: Comme Ils Disent, de y por Charles Aznavour. Les dejo dos versiones magistrales de ese tema y la letra con su posible traducción para los que no entiendan demasiado el francés.


viernes, abril 08, 2011

Temblores Extraños


Me despierta un rayo de luz que entra sin ningún sigilo a través del estor opaco que cubre la ventana de mi dormitorio.
¡Qué silencio sepulcral!, me digo y enseguida deduzco que una nube tóxica acabó con casi toda la población del mundo. Extraña sensación: tal vez yo sea uno de los últimos supervivientes de mi especie.
"La tierra permanece, Maleville, Soy Leyenda..." susurro hacia mis adentros.
Lo hago para tomar conciencia de que el argumento que imagino está muy trillado y seguramente no volverá a repetirse una vez más teniéndome ahora como protagonista.
Tengo la boca seca y la lengua incómoda, molesto trapo húmedo arrumbado entre los dientes. Voy hacia la cocina y un estruendo ensordecedor me detiene a dos pasos de la entrada.
"Un misil ha caído sobre el techo del salón", pienso aterrorizado.
Debo haber perdido todos mis muebles, también mis objetos más queridos...¿Y mi gato? ¿Estará vivo mi gato?
Atento a los pensamientos de quien lo alimenta y mima, Federico maúlla una o dos veces sin demasiada convicción. Descansa estirado sobre uno de los sillones, aparentemente intactos, del salón cercano. El día está nublado y él preferiría seguir gozando de su lasitud adormecida sin preocuparse por nada más.
No he dormido bien y estoy muy sensible. Si no fuera así resultaría injustificable confundir el ruido molesto de una silla, arrastrada torpemente por la antipática vecina del piso superior, con el demoledor estruendo de una hecatombe bélica.
Preocupado por mis aprensiones injustificadas, me sirvo un poco de agua sin mirar siquiera lo que estoy haciendo. Cuando me llevo el vaso a la boca percibo un gusto amargo, ácido, inusual, desagradable.
"¡Dios! ¡Ya llegó hasta aquí la contaminación radioactiva de los japoneses!"
Al borde del vómito, enciendo la luz y compruebo que el vaso tenía algún residuo del limón exprimido que había calmado mi sed de la noche anterior. Roquefort y aguacate sobre rebanadas de pan integral, una cena que pretendió ser frugal sin llegar a serlo.
Levanto los restos del festín y arrojo a la basura el periódico del día anterior, abandonado como un acordeón sin música sobre la encimera de mármol blanco.
No debería leer ese tipo de cosas poco antes de acostarme.

Fotografía de Bruce LaBruce

miércoles, marzo 30, 2011

Una canción para mi vida


La banda sonora de mi vida suena con los mismos acordes de mis sentimientos.
Erik Satie interpreta sus desmayadas gymnopédies cuando me inunda la lluviosa melancolía, Rachmaninov me sostiene en los tiempos de euforia primaveral y el piano de Chopin suena a todo tren cuando estar a solas conmigo mismo es un placer sin resquemores.
Hay muchos momentos de Mozart y Brahms, algunos más místicos con acompañamiento de Haendel, Bach o el torturado Cesar Frank y otros muy viajeros en los que Bártok, Delibes, Ravel, Rimsky-Korsakov, Charles Ives, Tchaicovsky o Stravinsky se encargan de acercar arpegios exóticos a mis andaduras.
Debussy es una constante, Verdi, Puccini o Wagner dramatizan voces y situaciones. A Beethoven nunca lo dejo entrar: me agobia.
Sobre el suave fondo sonoro de estos clásicos se superponen otros sonidos tal vez más potentes. Los recuerdos traen consigo jazz y tango, los amores arrastran boleros y muchas canciones de ese cajón de sastre donde se mete al pop, suelen reeditar historias que creíamos definitivamente agotadas.
Sin embargo, si yo tuviera que elegir una sola canción para acompañar mi tránsito sobre la tierra, tal vez me quedaría con Take a Walk on the Wild Side, de y por Lou Reed.
Creo que marca el ritmo exacto de mis pasos.
¿Ustedes cuál elegirían?


Ilustra: retrato de la actriz Tilda Thamar por Annemarie Heinrich.

sábado, marzo 26, 2011

La película más triste del mundo...



El viernes por la noche -y en concentrado, aterido, religioso silencio- vimos la recién estrenada Never let me go (Nunca me abandones), sobre un libro original del escritor anglo-nipón Kazuo Ishiguro, productor además de la película.
Falto de toda información previa, esperaba una historia romántica con alguna lágrima furtiva y poca cosa más. Los actores, salvo ese bello resto abotagado de quien fuera Charlotte Rampling y la totalidad hiératica de Keyra Knightleit, una versión dura, más antipática y por el momento sin prontuario policial, de Winona Ryder, eran para mí desconocidos, tal vez demasiado jóvenes, y del director, Mark Romanek, ¿quizás un rumano?, no había visto absolutamente nada.
Demasiadas incógnitas para una película de apariencia humilde, sin gran promoción, sin rutilantes estrellas ni galardones conocidos.
Inmediatamente despues del shock post visionado, falto de palabras precisas y con la panza atiborrada de angustia, que no de chocolate ni galletas, me fui a la máquina que todo lo sabe y, gracias a ella, la todopoderosa enchufada, pude enterarme que además de dirigir videos musicales para gente tan importante como David Bowie, Madonna o Michael Jackson, el estadounidense Romanek había hecho anteriormente otra película con Robin Williams, One Hour Photo (Retratos de una obsesión, 2002), que nunca, nunca, nunca yo había querido ver. Ahora mismo diría sí quiero, señor cura, por supuesto. Con ansiosa cinefilia además.
Poco puedo decirles de este filme preciosista y cuidado sin destripar toda la historia. Gracias a los diarios y a sus habituales críticos cinematográficos sin opinión alguna (muy pocos hacen algo más que contarnos el argumento y comunicar si la taquilla funciona o no como se esperaba), varios de los lectores visitantes (si estos extraños espécimenes aún existen, si todavía no se han convertido en telegramáticos twiters) ya sabrán más de lo que deberían sobre el nudo argumental de este filme tan tenebroso como dulce y siniestro.
El asesino no es el mayordomo, puedo asegurarlo. Un crimen de película, o toda una matanza sangrienta con mucha casquería, haría que todo resultara menos oscuro y se soportara mejor.
¿Es esta una crítica en contra? Para nada. Pero es que aquí los balazos van dirigidos al alma y conmueven zonas profundas, prácticamente inaccesibles, llenándonos de incómodas preguntas e inquietantes, descorazonadoras respuestas.
Filme inclasificable que he visto anunciar con la misma ligereza dentro de renglones tan distintos como el del thriller, la historia romántica o la comedia dramática, podría en realidad encasillárselo en la ciencia ficción, aunque al contrario de los habituales relatos de este género todo sucede en un pasado demasiado cercano, reconocible, escalofriantemente familiar. Si no fuera por la ausencia total de goce, tanto sacrificio juvenil podría hacernos recordar a la Saló de Pasolini, otra ceremonia del horror sin atenuantes. Me pareció, eso sí, encontrar notables parentescos entre la renuncia callada y el acatamiento al sacrificio sin resistencia de estos personajes, tan sensibles y bellos como patéticos, con los serviles sirvientes de Lo que queda del día (The remains of the day, 1993), la inolvidable, también angustiosa, para mí exasperante película de James Ivory.
La auténtica Biblioteca de Babel que es Google me recordó que ambas historias son invenciones del mismo autor, Kazuo Ishiguro, tranquilizándome en cuanto a la disponibilidad de otras capacidades propias que no tengan que ver con la evanescente memoria.
El sábado me preguntaba si era posible recomendar este filme sin perder amigos. Hoy mismo, algunas horas depués de consumado el hecho, me digo que debo hacerlo sin pensar en consecuencias posteriores.
No se trata de lanzar un misil sobre un pueblo cualquiera, ni de talar un árbol centenario para plantar cemento. Tampoco de estafar ilusionados inmigrantes vendiéndoles créditos que no podrán pagar ni con la sangre de sus nietos o de plagiar sin ningún rubor la obra de un artista nada mediático para difundirla como propia desde la impunidad de algún medio que nos tenga como amigo.
Ni siquiera es probable que muy pocos se indignen como deberían, deberíamos, hacerlo y aún menos salgan, salgamos, a la calle con el ánimo dispuesto para no dejarse, dejarnos, cercenar ni una minúscula porción más de su, nuestra, por momentos demasiado adormecida conciencia.

Carol Laure, Louise LeCavalier, Édouard Lock


¡¡¡BaiLE aNTeS de CAeR!!!

Fotografía de Édouard Lock

miércoles, marzo 23, 2011

Liz, la de los ojos color violeta






Hampstead, Londres, 27 de febrero de 1932
Los Ángeles, California, 23 de marzo de 2011
National Velvet, La gata sobre el tejado de zinc caliente, Reflejos en un ojo dorado, Cleopatra, Gigante, De repente el último verano, Identikit, Mujercitas, Ceremonia secreta, El árbol de la vida, Quién le teme a Virginia Woolf...

Adiós niña prodigio, mujer prodigiosa, talentosa actriz...
Prefiero recordarte en el esplendor de tu incuestionable belleza.


sábado, marzo 19, 2011

El RITO y las guerras


El protagonista abre la puerta y se encuentra con una invasión de sapos. Entonces, mirando a cámara con su invariable cara de extrañamiento, se pregunta:
-¿Qué coño es esto?
En el inglés original suena otra cosa, pero estoy viendo la versión subtitulada y por tanto leo.
Hundido en mi asiento, luchando con los cabezazos que me arrastran al sueño desde los primeros quince minutos de película, yo ya no me pregunto ni siquiera eso. Tengo una respuesta tanto o más válida y, perdón Zbelnu, igualmente falocrática:
- ¿Qué coño es esto? ¡Un auténtico coñazo!
Cuando era muy joven solía ir al cine los sábados. Era una fiesta completa, una salida que justificaba atravesar con indolencia todo el resto de la aburrida, reiterativa, mediocre, nada creativa semana escolar. La película no importaba demasiado: salías con amigos, salías como diversión, salías con ganas.
Este sábado, dejándome arrastrar por tres personas muy apreciadas, intenté rememorar aquellos tiempos donde tanto la sala cinematográfica como la película proyectada eran poco más que excusas. Por esto y sólo por esto me atreví con El Rito, un filme que desde el vamos no me merecía la más mínima confianza. No soy amante de las películas de terror ni fui de los que en su momento se apasionaron con El exorcista y su festival de vómitos coloreados, masturbaciones icónicas,insultos blasfemos y cabezas girando sobre su eje, así que poco podía esperar de una revisión del mismo tema a la que supuse, al menos, con aplicaciones digitales de última generación.
Salí de la sala subterránea de los Icaria con el ánimo por el subsuelo. La industria del cine suele ser muy cruel con los actores, sobre todo si se trata de esos que en otras épocas se apellidaban "de carácter". Como no son guapos de calendario, carne bien montada para publicidades de cosméticos o calzoncillos, tienen poca prensa y ganan mucho menos que los que pueden mostrar formas excitantes o facciones bien hechas, aunque esa buena factura esté firmada por algún cirujano plástico e incluya muchos gramos de silicona incorporada.
¿Necesita Anthony Hopkins el dinero que le da esta película o acaso le hace falta verse en una pantalla aunque todo lo que lo rodea sea tan burdo, barato y mal hecho como en este filme?
Me da igual. Ni pienso contestarme. Hay preguntas que no necesitan respuesta; mueren en sí mismas.
Si tienen necesidad de consumir basura y no les alcanza con el container de la esquina ni logran saciarse con los titulares de los diarios anunciando una nueva guerra cuando todavía no nos habíamos repuesto de los tsunamis y las fugas radioactivas, pueden ver este festival de lugares comunes donde el mal no se encarna jamás en los mercaderes de cuerpos y armas, ni en los que avasallan, ultrajan, eliminan a los seres más frágiles, ni en esos otros, ¿los mismos tal vez?, que se quedan con nuestro dinero y encima pretenden cobrarnos por el trámite.
Aquí el Demonio, Lucifer, Baal, la maldad misma, está teñida de sexualidad, como si la única manera de joder al prójimo fuera, exclusiva y precisamente, joderlos en el sentido más español y cotidiano de esa palabra.
Además - o para más INRI, que este lugar común le va de rechupete al tema- los productores pensaron que tanta estupidez era demasiado despilfarro para los siete euros cincuenta de la entrada, por lo que no ahorraron en sapos ni crucifijos, estos últimos muy fáciles de conseguir en Roma, aunque sí lo hicieron en cásting y maquillaje. Los endemoniados son -salvo Mr. Hopkins, por supuesto- muy malos actores que no saben representar una posesión convincente y el equipo de efectos especiales encargado de representar los síntomas y estigmas de los poseídos prefirió no recurrir otra vez al blandiblup y la sopa de guisantes, con lo cual ni siquiera logran darnos un poquitín de asco.
Aunque de esto último yo voy más que sobrado con las últimas noticias bélicas.

Ilustra: foto terrorífica de la agencia Reuters encontrada en la red: un hombre encuentra a su hermano muerto tras una incursión aérea.

jueves, marzo 17, 2011

(H)OKUSAI, artista japonés.



Pintor y grabador japonés, nacido en Edo con el nombre de Tokitaro. Está considerado como el máximo exponente de la escuela de grabados Ukiyo-e, o pinturas del mundo flotante. A partir de 1796 comenzó su trabajo autónomo, firmando algunas de sus obras con el seudónimo de Hokusai.
Era famoso por la energía y espontaneidad de su genio creador, cosa que con la edad fue incrementándose aún más. Sus últimas obras, realizadas poco antes de morir con 89 años, ponen de manifiesto su enorme capacidad y determinación artística. A mediados del siglo XIX sus grabados, como los de otros artistas japoneses, empezaron a importarse a París, Francia, donde se coleccionaban con gran entusiasmo, en especial por parte de impresionistas de la talla de Claude Monet, Edgar Degas y Henri de Toulouse-Lautrec, cuya obra denota una profunda influencia de dichos grabados.
(Información extraída de la red.)

viernes, marzo 11, 2011

Howl-Aullido


En mi casa se ve mucho cine. Saltando de las pantallas de los ordenadores a las del televisor -de pantalla en pantalla, como en ese epígrafe que imaginé para muchas entradas "cinematográficas" de este blog- los cuatro habitantes de esta casa (Federico el gato suele unirse a nuestros visionados por pura sociabilidad y extrema mimosería), consumimos como mínimo una película diaria.
Arrastrado por tareas que me impiden acercarme al blog tanto como quisiera, muchas veces olvido dar cuenta de algunas joyas y muchos bodrios de los cuales no queda poco después ni el recuerdo. Ayer mismo, y gracias a la curiosidad contagiosa de "el Niño", pudimos descubrir un filme extraño con pocas posibilidades de llegar a las pantallas de los pocas salas de cine aún existentes.
Se llama Howl y habla de ese texto emblemático y sacralizado del poeta y agitador social estadounidense Allen Ginsberg (1926-1997), miembro de ese grupo desagrupado que se dió en llamar Beat Generation. Extraña obra que mezcla algunos documentales con dibujos animados y la lectura casi exhaustiva y explicada del poema en cuestión, tiene como protagonista a un James Franco más cercano en tiempo y contenido a su papel de Milk, que a ese último de deportivo heroísmo individual con nominación al Oscar.



Para no olvidarlas, para que el tintero virtual de este blog no se llene de películas desvaídas, menciono en forma de tráiler las más recordables del último tiempo.
Tan arbitrario como siempre -aunque en realidad lo piense no me atrevo a decir "como todos"- algunas pretenden ser sólo simples entretenimientos, pasto de nuestra voracidad consumista y de las no menos voraces llamas televisivas, pero todas tienen actuaciones, líneas de diálogo, guiones, bandas sonoras o hechuras destacables dentro de la más que prescindible atonía habitual.
Feliz fin de semana. Que las disfrutéis solos o bien acompañados (si no tenéis nada mejor que hacer en estos días convulsos).
Ilustra: retrato de Allen Ginsberg





martes, marzo 08, 2011

Estaciones


Que esta noche es carnaval, dijo,
y yo no podía creerlo
porque para mí el carnaval
sigue siendo un tiempo de sudores tras las máscaras
de disfraces ligeros y bebidas con hielo
mientras que aquí la tarde está nublada
y el tren que nos lleva
se empeña en trasladarnos de la tristeza
a la melancolía
del aburrimiento a la desesperación
de la adolescencia a la arrugas
y de allí, sin más, al cementerio

(del libro amorimás, cuarta edición, editorial S&P)
fotografía de Ruven Afanador

martes, marzo 01, 2011

Mujer(es)


Viendo a las estrellas del cine internacional haciendo cola como si fueran vulgares ciudadanos en trámite -banco, super o mini mercado, hospital, iglesia o cementerio, ministerio de hacienda, restaurante de moda o boutique en rebajas, siempre hay una cola en la que se hace necesario plantarse a esperar- me preguntaba si tanto esfuerzo para llegar hasta esa supuesta cima del mundo, finalmente vulgar, cotidiana, muy poco estelar, merecerá realmente la pena.
Años de escuela, cástings, entrevistas y manoseos diversos; días de trabajo duro en horarios incómodos y/o intempestivamente desagradables; horas de gimnasio, maquillador, joyeros, modistos, peinadores y zapateros, para luego encontrarse en una situación tan poco agradecida, esperando su turno -por favor,¿quién es la última?- hasta que un personaje al que nadie conoce pero que detenta el fálico poder del micrófono en mano, les haga un puñado de preguntas tan estúpidas como él mismo.
No importa que hayan interpretado con sutileza, creatividad y vigor a una bailarina en trance, a una niña perdida en el desierto o a una curiosa reina en gestación, finalmente se verán de pie sobre una alfombra tan roja como barata, esperando el momento de exhibir todos los detalles de su cuidado look, alertas para hacerse con los segundos oportunos en los que poder nombrar la mayor cantidad de veces posible al emporio económico responsable de los muchos lujos que llevan encima.
Es como si todas las actrices tuvieran finalmente un costado Frances Farmer, sean o no alcohólicas, acaben o no lobotomizadas. ¿Destino de mujer o simple destino humano?
Creo que no puedo, o en realidad no me interesa, darle contestación a esta pregunta.


Me gustan los actores porque siempre me han gustado de una forma especial los artistas. Me conmueve su fragilidad cuando la muestran, me divierten sus motivaciones cuando las descubro. Seres sensibles, y por tanto inestables, esconden tras la vanidad sus innúmeras inseguridades y sus constantes dudas. Son pocos los que se conforman con unos minutos de aplausos: quieren que un batir continuado de palmas sea la única banda sonora de sus vidas.
Esta misma semana, mientras algunas de estas luminosas y no siempre iluminadas estrellas se exhibían sonriendo en la pasarela de Hollywood, otras escapaban para siempre de la escena. Por distintas razones, al menos tres de ellas no me resultan ajenas:
Jane Russell, por su calidad de ícono secundario. Ni tan rubia para ser Marilyn, ni tan étnica para ocupar el lugar de Kathy Jurado, Dolores del Río o María Félix. Su última aparición sobre un escenario fue hace años, para presentar un Oscar al mejor maquillaje. Muy mayor, aunque nada ausente, comentó la ironía de los que la habían elegido para ese papel de meritoria tan poco afortunado.
Annie Girardot, porque, inmensa actriz, en Rocco y sus hermanos supo morir como nadie a manos de un hombre-actor, Renato Salvatori, que se convertiría después en su esposo, padre también de su única hija. Y además, actriz de la vida, mujer de bandera, habló mucho y escribió algo más sobre ese mal que la llevaría, desmemoriada, a la muerte.
Al final, aunque no última, una malagueña salerosa, Amparo Muñoz, la que, convertida en Miss España primero, en Miss Universo después, supo ser también Miss Decadencia sin perder casi orgullo ni belleza.




Ilustran: Jane Russell por George Hurrell. Frances Farmer con su perro, Girardot con Salvatori (los días felices) y Amparo Muñoz sin sostén alguno, en fotos promocionales sin pie de autoría.

miércoles, febrero 23, 2011

Buñuel: 111


A veces recibo invitaciones:
"Queridos amigos.
Estáis invitados a celebrar el 111 aniversario del nacimiento de Luis Buñuel el próximo martes 22 de febrero.
Los actos tendrán lugar en el Centro Buñuel de Calanda a partir de las 10 de la mañana, en una jornada en la que además de recordar al cineasta aragonés, se hablará de Ecología, de Enseñanza, de Historia, de Cultura… en fin, se hablará de Cine."
A veces estas invitaciones se me traspapelan, porque, pero, la vida sigue igual y nos trae un montón de sorpresas.
Casuales o no, algunas de esas sorpresas son tan intrascendentes como memorables. Desayunar mesa por medio con Sigourney Weaver -bastante menos estresada y llorosa que en la escena de Alien Resurrection recogida por el documental de Zizek del que daba cuenta en el post anterior- puede ser una de ellas. La foto al pie -tomada con la distancia necesaria para no molestar el desayuno, por lo demás normal, de la aguerrida estrella- da borrosa cuenta de esa momentánea convivencia -podría decirse cohabitación- con la clonada Comandante Ripley.


La celebración de Buñuel era ayer, me he perdido la fiesta, pero hoy no es demasiado tarde para recordar a un hombre que me regaló imágenes, historias, diálogos y escenas inolvidables. Además de un libro, su biografía, que está sin ninguna duda entre mis preferidos.
En la foto familiar -de una familia en apariencia muy distinta a la de la obra de teatro que ví anoche en el teatro Borrás- don Luis está de pie y separado del resto...¿o es sólo mi mirada cinéfila la que destaca su presencia del conjunto?


domingo, febrero 20, 2011

¡POSEÍDOS!


Con nombre de mito, (nadie dudaría en cuanto a la inspiración de un local que se llamara Monroe, Brando o Angelina) Montiel es un restaurante no tan pequeño de la calle Flassaders, en pleno barrio del Borne y a escasos metros de la ampliación -supuestamente práctica y asaz desangelada-del Museo Picasso. Allí comimos anoche en mesa de cuatro, rodeados de paredes de piedra, gente poco ruidosa y un servicio bien atendido por los nada ansiosos, casi flemáticos, Marcos y Mariola. Como punto final y regalo de la casa, Marcos nos ofreció, junto a un inesperado cuento corto con premonitoria, apocalíptica moraleja final, alguna bebida placentera a elección. Yo, poco afecto a los alcoholes, hablé del Sauternes y el amo-maitre-contador de cuentos me, nos, hizo conocer un Tokaj húngaro de nombre evangélico-Oremus-, y sabor y aroma angelicales.
Como según los autores de la exitosa Black Swan la perfección sólo lleva a la muerte, a pesar de todas las gratificaciones recibidas llegué a casa ligeramente acongojado: por el camino hasta ella encontré demasiada gente estúpida que no respeta los límites ajenos, demasiada suciedad de botellón, demasiado ruido superficial para tan pocas nueces. Y, fenómeno creciente, un montón de sincasa durmiendo faltos de esperanzas y zapatos en los cajeros de los bancos o las caixas.
Además, ya se sabe o debería saberse, el alcohol desata lenguas y muestra con descarnada impiedad algunos pareceres poco amables.
No hay de qué preocuparse.
No pasa nada, Todo está bien, sin embargo yo prefiero no jugar personajes que ya interpretó mucho mejor y bastante antes esa gran dama inglesa con un punto ácido y autodestructivo a la que todos conocimos como Vivien Leigh. Se puede confiar en la bondad de los extraños, pero en la esgrima cotidiana del (con)vivir social, conviene estar preparado y alerta para una posible estocada, ya sea esta inconsciente, fortuita o meticulosamente premeditada.
Como soy afecto a las pantallas, la noche anterior y en Caixa Fórum había visto el largo "documental" donde Zizek, valiéndose de algunas obras maestras del cine universal, explica sus teorías lacaniano-marxistas sobre el inconsciente, el deseo, las pulsiones, el sexo. Lo realmente bueno de este tipo es que en vez de usar como arquetipos los manoseados dioses del Olimpo, recurre a los más cercanos dioses del cinematógrafo.
La función fue "una joya, que no taxi", acuñable slógan publicitario de los vendedores porteños de vehículos de segunda mano. Según R.C., sentada a mi lado durante la proyección, el hallazgo de Zizek es interpretar escenas sueltas, nunca películas completas. Creo que no se equivoca. Con esta particular disección de los filmes logra que todos ellos parezcan dramatizaciones cinematográficas de sus teorías, ilustraciones de lujo que él, a su vez, vuelve a visitar después con particular desprejuicio y aguzado espíritu crítico.
Ese recorte zizekiano convierte a una hipnótica, sobrecogedora escena rodada por Clarence Brown en 1930, en la síntesis perfecta de toda su posterior disertación.
El que avisa no es traidor: todos los asistentes, tal la bellísima Joan Crawford del filme, seríamos poseídos de inmediato por ese deslumbrador encadenamiento de imágenes y palabras que, durante dos horas y media de obligada atención, nos brinda The Pervert's Guide to Cinema, dirigida en el año 2006 por Sophie Fiennes, colaboradora de Peter Greenaway y hermana de los actores Ralph y Joseph Fiennes.
El edificio del Fórum (¿por qué este no tendrá un jardín vertical como el de Madrid?)estaba muy bien iluminado, el público era más que respetuoso y la película se proyectó en una versión estereovisual -la gran pantalla central no funcionaba y sólo pudimos verla en dos más pequeñas de los costados- que, por lo singular, hubiera hecho las delicias del gesticulante, excesivo, brillante psicofilósofo esloveno.



En un lento goteo, mi cabeza va asimilando algunos conceptos complicados del señor Lacan, aunque todavía hoy el objeto A se me confunda con algún exuberante florero de cristal y lo real -esa gaviota que ataca a una ilusionada Tippi Hedren en el momento menos oportuno de su desembarco en Bodega Bay- pueda deslizarse hacia los terrenos menos sofisticados del realismo socialista.
Algo así como confundir Los pájaros de Hitchcok con la doble Lady Bird del hiperrealista, también británico, Ken (Plomazo) Loach.

(Imagen de Dante Bertini.
Gracias, Joan...Crawford, por supuesto.)

viernes, febrero 18, 2011

Limbo Rock


A veces me pregunto qué hubiera sido de mi, ¡Santa Terpsícore de las Bellas Danzas!, si no hubiese visto, en la casi absoluta soledad de una función de tarde, con mi exigua paga mensual y por propia e infantil decisión, "Cantando bajo la lluvia", el musical más célebre de la historia de Hollywood.
Suena a antigualla, lo se, pero ¿qué cosa suena a modernidad cuando uno ha pasado ciertas edades que, por ser delicados, socialmente correctos, acostumbramos llamar maduras?
En estos días de destape egipcio, cuando todos los bien pensantes pusieron sus bienintencionados pensamientos en una tierra que todavía brillaba -al menos para algunos tilingos como yo- gracias a los decadentes fastos áureos de Elizabeth Taylor -esa eterna niña prodigio que aún resiste los embates de tanto macho faraónico, de tanta vida mal-bien vivida, la misma desmesurada Cleopatra de bellos ojos color violeta, adornada hasta el exceso por un ya agónico Mankiewicz, y cortejada, y cortajeada, por el algo alcohólico y bastante malhumorado Richard Burton, tan enamoradizo y británico como ella- en estos días de multitudes en movimiento, digo, yo, cada vez más afecto a las individualidades, me enteré por unos recortes del periódico o por algún programa matinal de la radio -ahora, pasados varios días, resulta difícil precisarlo- de la muerte de María Schneider y Paul Getty (jr), dos seres mediáticos del siglo pasado, convertidos, por culpa de su propia historia, de sus dramáticos, casi trágicos avatares, en esfinges impávidas de su también ahora desértico entorno, en momias semiembalsamadas del Museo Universal de Antiguas Celebridades (MUAC!), imponente local con acceso restringido al gran público actual y por el que cada tanto se acerca la parca para darse unos banquetes de muerte.
Así como me pregunté en su momento por la real incidencia de aquel clásico musical estadounidense en mi vida, ¿qué hubiera sido de ellos -me pregunto ahora- sin aquel mafioso corte de oreja, sin aquella lubricante escena de la mantequilla -¿o era una más light margarina?- parisiense?


Porque, seamos sinceros: Paul y María o Getty y Schneider, agradables jovencitos, no parecían superdotados para la actuación pública, y si bien en el tránsito hacia la eternidad uno perdió un apéndice auditivo y la otra su castidad virtual, estas pérdidas físicas, cual ofrenda a vaya saber qué dioses oscuros, les otorgaron una fama que difícilmente hubieran obtenido de otra forma.
Cisnes blancos de la prensa, cisnes negros de la vida "real", María y Paul se fueron para siempre cuando lo que en ellos fue violenta irrupción de los tiempos venideros, se ha convertido en el pan habitual de cada uno de nuestros días sin olímpicos dios(es).
Alguien me dijo alguna vez, hace ya de esto un montón de tiempo, que los seres que donan su imagen al mundo son recompensados con una eternidad angélica. En este espacio neblinoso todo lo perdido se les restituye de la manera más gratificante y con sus debidas creces. Virtudes y bellezas desgastadas por las miradas y el tiempo recobran su lozanía juvenil, su castidad y su inocencia.
Tal vez se trate solamente de un deseo ancestral convertido en leyenda o de una publicidad auspiciada por cirujanos astutos y cosmetólogos avispados, aunque yo, tilingo al fin, amigo de cantar bajo las tormentas y bailar alegremente al ritmo de la lluvia, ahora mismo prefiero imaginarlos allí, recortados sobre un memorioso paisaje de sueño -lo más parecido a una virtual, idílica playa ibicenca- y con todos los atributos que la fama, ¡un puro cuento!, les quitó en su día.

miércoles, febrero 16, 2011

Black Swan


Porque tiene un elenco femenino de lujo.
Porque hay que ser valiente para volver al Lago de los Cisnes en la era de Lady Gaga.
Porque no sabemos si es una historia sencilla tratada de forma por demás oscura o precisamente todo lo contrario.
Porque la Portman se merecía este papel y lo aprovecha sin miedos ni pudores.
Porque director y guionistas nos mantienen durante todo el metraje del filme dudando sobre el género de su producto: ¿drama, comedia, musical o thriller? ¿Fantástica o de terror, erótica o psicofilosófica?
Porque más allá de cualquier encasillamiento, esta historia habla de la creación y sus límites, del sufrimiento y el placer, de la locura y el goce.
Porque todas las otras que andan por ahí, Oscar más o menos, con niñas vengadoras y rangers decadentes, con o sin reyes tartamudos, son bastante menos interesantes, bastante más soporíferas que ella.
Porque pocas veces los productores-creadores se preocupan por lograr un cartel, en este caso varios, con algo más que impacto publicitario.
Veánla y después me cuentan...



jueves, febrero 10, 2011

la flaca Annie (Lennox)


¿Tiempo de palabras o tiempos de silencio?
Se acerca el fin de semana y los medios anuncian que esa boina atroz que cubre nuestros cielos y oculta nuestro sol, seguirá creciendo.
¡Cantemos y bailemos que mañana toseremos!
No es la primera vez que Annie -si la hubiese conocido en Buenos Aires, entre los amigos la hubiéramos llamado cariñosamente "la flaca"- aparece por aquí.
Esta mujer me gusta siempre y desde siempre. Desde los 80, vaya, que a veces soy muy exagerado.
Tiene amigos, otros tan flacos como ella, que también me gustan, y cuando se hace imprescindible defiende causas que yo también defiendo o defendí.
Se las presto un rato, porque creo que presentarla no será necesario.
Es nuestra, vuestra.
Algunos de sus mejores videoclips están sujetos a unas leyes de reproducción muy precisas y acotadas.
Aquí y aquí y aquí pongo los links para que los veáis. Bien valen un click.

¡Que lleguemos felizmente al lunes y un sol claro como los ojos de Annie vuelva a brillar sobre nuestras cabezas!











Fotografía/retrato de Mark Ridell