lunes, noviembre 23, 2009

¡¿críPtico?!



¿Qué dice este post sin decirlo claramente?

jueves, noviembre 19, 2009

pour la galerie...


El último domingo fue amable, aunque con incursiones en el horror, y nada vacuii, precisamente. A media mañana nos trasladamos hasta la Caixa Fòrum del Montjuich para comprobar cómo se puede hacer foto "artística" explotando sin pudor la desgracia ajena. La exposición de FotoPress muestra, incluso antes de entrar a sus salas, los rostros atrozmente mutilados de un puñado de mujeres musulmanas que han pagado de esa forma brutal supuestas desobediencias religiosas o civiles. ¿Documentos sobre la barbarie? No. Por ligereza o inconsciencia, el fotógrafo les brinda un nuevo castigo al exhibir sus rasgos desvastados en retratos de estudio similares a los de las top-models internacionales: meditada iluminación, enfoques muy cuidados, espléndido color. El resultado es desagradable hasta límites difícilmente descriptibles.
Quizás porque el género de terror está de moda y a nadie inquieta ya los despojos humanos, las vísceras derramadas, la sangre salpicándolo todo, la sala estaba atiborrada de gente "de bien" que señalaba con el índice estirado los detalles más nauseabundos. Lo hacían con el mismo desapego sensible que suelen usar para destacar un adorno especialmente llamativo en un abrigo de temporada de la tienda Chanel o el tacón espejado y vertiginoso de unas sandalias de Jimmy Choo.
Para descansar un poco los ojos, para brindarles un color diferente al del oprobio ajeno, el resto de la mañana los paseamos por los objetos que pueblan las salas donde se exhiben algunos tesoros del Islam pertenecientes a la propiedad privada del Aga Khan. Vidrio, maderas, metales, cerámicas, materiales nobles y las manos de unos artesanos sin prisa, dispuestos a ganarse ese cielo pagado minuto a minuto con la minuciosidad cariñosa de sus obras.
El resto del día fue pródigo en amigos y situaciones gratas, pero ya en casa se nos ocurrió ver por CTK Lejos de ella, un film dirigido por la canadiense Sarah Polley, actriz reincidente de Isabel Coixet.
Tristísima historia de una bella mujer (Julie Christie) atacada por el alzheimer, lo que al principio parece la descripción del amor sin límites de un profesor ya retirado por la que fue su pareja durante cuarenta y cuatro años, la película se convierte, poco a poco y de forma más o menos encubierta, en la narración de una tardía venganza femenina (desde el) inconsciente. Como era de suponer, soñé con andadores, sillas de ruedas y geriátricos algo siniestros.
A pesar de todo esto, al día siguiente me levanté con más ganas de arte.

Gracias al cambio de los tiempos, a la constante eclosión de las empresas culturales, ahora vivo en un barrio con muchísima oferta: el Eixample. Husmeando por las galerías cercanas pude ver en Joan Prats los collages sobre iconos religiosos de la artista polaca Aleksandra Mir, entre ellos el Sagrado Corazón de Jesus en la misma versión que vigilaba los sueños y vigilias de mis padres desde la cabecera de su oceánica cama de dos plazas y media. El pequeño poster promocional tiene, y ya voy encontrando natural estos encuentros nada esporádicos, un grupo de ¡ángeles! a la custodia de un artefacto espacial estadounidense.
Como la muestra no tuvo efecto colateral alguno sobre mi persona, pude aceptar la invitación de los pintores Gonzalo Elvira y Gloria Cañadó para asistir a la apertura de Casa Decor, ubicada este año en un precioso edificio modernista de la calle Aribau y Còrsega. Creo que a pesar de algunas pocas intervenciones plásticamente baratas -de plástico barato, para ser más preciso- la visita es gratificante y recomendable. Al menos yo invertí una mañana entera y no alcancé a verlo todo con el detenimiento necesario.
También por mi barrio, en la por fortuna aún inalterada Sala Dalmau, una exposición del uruguayo-catalán Joaquín Torres-García detuvo mi corto paseo flaneur de aquella misma tarde. Nunca me canso de ver sus paisajes ordenados, tiernos; ligeramente sombríos aunque sin concesiones a la tristeza.


Como La Cina é vicina , uno de estos días inauguran en el Paseo de Gracia el hotel Mandarín. Dos enormes fotos de Sigourney Weber y Liam Neeson lo anuncian desde la fachada. Realidad y ficción se confunden. ¿Vendrán como invitados especiales o simplemente como empleados de la firma?
Otra sorpresa agradable me esperaba hoy, cuando, después de un breve encuentro profesional con Antonio Travería, director de AmeriCat y editor del Diccionario del tango en Cataluña, me topé con una exposición del dúo madrileño Democracia en la galería ADN. La muestra se llama Ne vous laissez pas consoler e intenta colar en su propio ámbito, el de los estadios, y a través del tuneo artístico al merchandising habitual, consignas alternativas para los forofos, hinchas y/o ultras del fútbol.
La verdad es siempre revolucionaria, Los ídolos no existen, El dolor es la única nobleza, Lenin, Baudelaire y Leo Ferré, se mezclan alegremente con los cantitos de apoyo a los equipos propios y aquellos otros de escarnio para los once rivales. Fresca e intencionada, la exposición me alegró la mañana, así que pude recluírme un rato en casa y sentarme frente al ordenador para escribir este post "pour la galerie", algo errático y muy exhibicionista.


Fotos de Bertini: exposiciones de ADN, Joan Prats, colección Aga Khan.

sábado, noviembre 14, 2009

de Los Ángeles en Barcelona


Leonor Alazraki, tarotera mayor del reino y vieja amiga, decide visitar tan sorpresiva como inesperadamente mi casa.
L.A. -presten atención a las iniciales de su nombre- lleva en Madrid una auténtica Asociación de Ángeles inscripta como tal en los dominios pertinentes. Cuando visité el local donde suelen reunirse los fans, seguidores, adeptos o adictos a estas criaturas celestes, había un gran ramo de margaritas frescas en un rincón del salón principal. Supuse que las habían llevado aquel mismo día e hice un comentario sobre la belleza de esas flores aparentemente sencillas y la vibrante luminosidad que parecía desprender su presencia. Leonor me miró, miró el jarrón con las flores y después preguntó con cierta desgana:
-¿Quién ha traído esas margaritas?
Alguno de los que, sin ser alados, andaban revoloteando a su alrededor, le contestó con similar desinterés:
-Doña Tal y cual...pero de eso hace más de dos semanas...
Nadie pareció asombrarse por la sostenida frescura de aquellas flores mientras yo ponía en duda mi habitual incredulidad. Para acentuar su valor de metáfora las margaritas eran blancas: tanto como uno puede imaginar a los ángeles bondadosos; del mismo color no descompuesto conque suelen ser retratados por los artistas dedicados a ello.
Sin embargo esta anécdota es accesoria, irrelevante. Lo realmente notorio es que a partir de la visita de Leonor Alazraki los ángeles aparecen sobrevolando mi vida como si de mariposas primaverales se tratara. Les cuento: hace dos o tres noches tuve un larguísimo, intrincado, emocionante sueño, donde el coprotagonista resultaba ser mi más que cariñoso primo Ángel. Casi al mismo tiempo Pilar B. cuelga en su facebook el tráiler de Angels in América , declarándola la mejor serie televisiva de los últimos años, Noemí comenta con su boquita pintada una novela de Sue Grafton que trancurre en la ciudad de Los Ángeles y Taschen me envía la publicidad de uno de sus maravillosos libros gráficos en el que se narra la historia de esta ciudad californiana a través de numerosas, impactantes fotografías.

Conocí esa ciudad tan peliculera el mismo año 2000 en que Almodovar ganó el Oscar al mejor filme extranjero con Todo sobre mi madre. Por entonces Rajoy era Ministro del Interior y paraba en el mismo hotel del Hollywood Boulevard donde estábamos alojados monsieur Chapuis y yo como invitados de un premio insólito que incluía los pasajes desde Barcelona, varios días de estancia en la ciudad, traslados en limousine, comidas en los mejores restaurantes -entre ellos el Spago de Beverly Hills- y una fiesta de las muchas que se celebran la noche de entrega de los tiesos y dorados premios. A Rajoy no le permitían fumar dentro del hotel, y él, entre suaves pero constantes quejas, obedecía las estrictas ordenanzas fumando en la calle, al lado mismo de la entrada principal de aquella construcción pretendidamente afrancesada; tanto como para que el restaurante tuviera los techos decorados con falsos picassos y todas las postales existentes en su pequeña tienda de souvenirs lucieran la imagen icónica de la Tour Eiffel.
De puro curioso, porque me interesaba saber cómo era un ministro tan importante cuando se encontraba en terreno extranjero, me acerqué a Rajoy con la mano extendida.
"Señor ministro...", le dije, y después de las presentaciones pertinentes nos quedamos hablando mucho más de media hora; casi todo el tiempo que duró el cigarro que estaba fumando. A ninguno de los dos nos gustaba demasiado la película que presentaba España como candidata al Oscar, sin embargo los señores de la Academia opinaron lo contrario y aquella noche pude comprobar lo poco que importa a los estadounidenses el renglón de premios extranjeros: mientras se entregaban, casi todos los presentes en la fiesta abandonaban su ubicación frente a la enorme pantalla y aprovechaban para buscarse otra copa, comer algún bocado más de salmón o de roastbeef o acercarse corriendo hasta los particulares aseos del muy particular "House of blues" para evacuar los numerosos gin-tonics que habían tomado un momento antes.
El libro sobre Los Ángeles de Taschen ha desatado todos estos recuerdos y varios más que me guardo para otro momento. Los Estados Unidos son tan poderosos y diversos como pueden serlo las innumerables anécdotas que guardo de los viajes que hice por sus tierras.
Por si todo esto fuera poco angelical, durante los dos últimos días un angélico amigo con nombre de apóstol y residencia habitual junto a un vasto mar de plata, visitó Barcelona y se acercó hasta mi casa. No me extrañaría nada que mañana por la tarde, cuando Eugenia venga a limpiarla, se queje porque hay cantidad de plumas, tan blancas como las margaritas madrileñas, iluminando cada uno de los rincones del piso donde vivo.
Posdata: sin siquiera pensar en la coincidencia, anoche, lunes 16, fui a la presentación de una antología poética de José ANGEL García en el Aula de Escritores de ACEC. Vaya!
Posdata dos: llamo por teléfono a Taschen para hacer un pedido. "Hola, sí", dice una voz agradable de mujer desde el otro lado de la línea. "Hola, ¿con quién hablo", pregunto yo. "Soy Ángeles...", me dicen.
Sin palabras.

fotografía de Josef Koudelka

martes, noviembre 10, 2009

Soy el año que pasó, ¿acaso molesto?


Todo hace pensar que sí, que a todo el mundo le parezco un sujeto impresentable, que todos quieren olvidarse para siempre de mí como si fuera el escurridizo virus asesino de la gripe aviar.
Tanto mal hice? Tantos errores cometí? Tanto castigo merezco?
Lo digo porque el último de mis días, en lugar de hacerme un homenaje y entregarme una placa conmemorativa, me llevaron a ver una ópera polaca de Karol Szymanowsky: Rey Roger(1926), inspirada, según me dijeron, en el pensamiento de Friedrich Nietzsche. La música sonaba a gloria, el coro, como siempre en el Liceo, resultaba insuperable, y casi todas las primeras figuras tuvieron momentos de exquisita brillantez a pesar de verse obligadas a trotar por el escenario vestidas como drag queens barriobajeras, alguno con el cuerpo embadurnado de pintura plateada en la mejor tradición "disco gay ibicenca de los años ochenta", otros chorreando sangre acrílica sobre el impecable escenario blanco.
Durante todo el tercer acto yo no podía dejar de pensar en el personal de limpieza, encargado de poner la escenografía nuevamente en condiciones para la función siguiente:
-¿Alguien me puede explicar que han hecho estos pervertidos sobre el escenario? ¡Hace horas que le doy dale que te pego al Tenn con bioalcohol y no hay caso! ¡Sigo encontrando manchas rojas por todas partes!
Según parece, la crisis total, el calentamiento planetario, la extrema superpoblación, la globalización de la miseria y el terror a Bin Laden, dispararon la competencia -realmente feroz a partir del derrumbe del muro de Berlín- y alimentaron la posterior, y pacífica, invasión de artistas del Este.
La llegada de tanta espigada belleza soviética ya no permite que los divos de la ópera sean redondamente hermosos como lo fueron la Caballé o Pavarotti. Si uno de ellos se arrojara sobre las escaleras luminosas como lo hace el gimnástico barítono de este montaje, las astillas de metacrilato lechoso saltarían a la platea, formando gargantillas posmodernas alrededor del cuello de las algo aletargadas señoras de las primeras filas.
La historia, muy sencilla, basada en arquetipos que el director inglés David Pountney viste en el último acto con actitudes y atrezzo al más puro estilo Diágilev-Nijinsky, nos habla del enfrentamiento entre las fuerzas del orden, la religión, la moral, y el espíritu dionisíaco, que a juzgar por esta puesta, acarrea todas las desgracias imaginables, derramamiento de sangre incluído.
A pesar de nuestras diferencias, al final aplaudimos mucho, sobre todo a los atléticos cantantes y a los directores de la orquesta y del coro. Minutos después salíamos muy ufanos y en grupo al frío ventoso que inundaba las Ramblas.
Esperé alguna palabra de aliento frente a mi inminente partida, pero nadie decía nada amable hacia mis últimas horas, nadie se lamentaba de mi distanciamiento definitivo. Ni siquiera tuvieron la delicadeza de ocultarme la alegría que les producía mi partida.
Unos minutos antes de alejarme para nunca más volver, pude observar entristecido cómo preparaban los festejos para agasajar al nuevo tiempo: un ser iluso y anodino, sin siquiera historia ni recuerdos.

Ilustra: foto publicitaria de Rei Roger, Teatro del Liceo.

el día después...(post provisorio)
















Pasadas las fiestas conmemorativas, me he puesto las gafas de ver la realidad para comprobar que el marco dorado era en realidad un espejo y los dos portadores sólo uno reflejándose en el cristal que el barroco marco sostenía.
Mirándome en él, ya a solas, pude comprobar que un año no pasa en un solo día y mi cara sigue siendo la misma de hace unas cuantas semanas atrás...aunque un poco más feliz, ya que el aluvión de cariño recibido a través del teléfono, del blog, de los emails y sobre todo de facebook, me han dejado con carga suficiente como para afrontar este nuevo año que acabamos de iniciar, mis blogs y yo, hoy mismo.
¡GRACIAS CON MAYÚSCULAS!

ilustra: el cacho de pan de Salvador Dalí

domingo, noviembre 08, 2009

regalos y felicitaciones


Como estaba previsto, ha llegado el día 9 y mi blog y yo cumplimos años.
Un grupo de amigos muy cariñosos me ha mandado como regalo un marco dorado de estilo clásico que lamentablemente no se integra en absoluto con la decoración de mi piso.
No sé qué hacer con él. Por si alguna de mis visitas habituales tiene una idea interesante al respecto, he fotografiado el momento de la llegada del regalo junto a la simpática pareja de empleados de MRW que tuvo a bien entregármelo.

ilustra: el mes de Noviembre; David Gandy fotografiado por Mariano Vivanco.

miércoles, noviembre 04, 2009

mil noches y algunas más

Habría que llorar tantas muertes ilustres que mejor negarse a hacerlo y pasar a otras cosas.
Una de esas cosas podría ser, y finalmente será, festejar con algo de música que el día 9 de este mes se cumple un año más, ya el tercero, de este Cacho de pan, coincidiendo con un nuevo cumpleaños del autor de los textos que en él se publican.
No sé si puedo hablar de éxito, tampoco sé si era esta eventualidad, con su posible y pasajera complacencia, lo que me llevó a crearlo. En todo el tiempo transcurrido -más de mil y una noches- he recibido ciento y pico de mil visitas y unos cuantos cientos de comentarios amistosos. A pesar de las pocas trabas puestas para la edición de las opiniones ajenas, casi no recuerdo agresiones ni insultos. Tampoco censuré a nadie nunca, si bien es norma de la casa no contestar anónimos.
Seguramente no deberíamos ser tan temerosos, no estar tan asustados como a veces demostramos estar.

Tres años es una cifra demasiado redonda y por puro y necio amor a esa perfección cerrada del círculo se me ocurre pensar en la posibilidad de poner punto final a este espacio. Los hábitos hacen al monje... y por eso mismo cada cierto tiempo se hace necesario cambiarlos. Posiblemente este blog haya cumplido su ciclo; posiblemente, aunque haya sido así, yo no tenga demasiadas ganas de acabar con él definitivamente.
Veremos, o iremos viendo, como el ciego del cuento...que no veía nada en absoluto.

Esta mujer poderosa y rebelde que conocí recién hoy gracias a la bonaerense Delirium, merece convertirse en la estrella de esta semana. Es una argentina de Córdoba y vive, o ha vivido, en el Distrito Federal de México como refugiada de la dictadura militar, autora del secuestro y desaparición de su hermana y del marido de ésta.
Se llama Liliana Felipe y hay un buen puñado de sus canciones colgadas de YouTube.
Yo elegí esta porque sí. O tal vez porque no, ni siquiera lo tengo demasiado claro.
Me impresiona verla cantando y tocando el piano sin maquillajes exagerados, posturas imposibles ni looks extraños. Es como si llegara de la compra, o de pasear al perro, o de charlar un rato con alguna amiga en un café del barrio.
Si esto no es autenticidad, que alguien me explique de qué estamos hablando.



Y una más, con toda la fuerza de esta naturaleza serrana, dedicada a mi editora Beatriz de Moura, defensora del derecho a morir dignamente.

lunes, noviembre 02, 2009

los buenos deseos

Telefonean desde Francia. Un viejo amigo todavía joven me desea con bastante anticipación felicidades para mi cumpleaños. Suele pasarme habitualmente con otras personas: recuerdo el signo que las rige, aunque ni siquiera conozca la fecha exacta de sus nacimientos. Él podría haber visto la mía en el perfil de Facebook si no fuera tan fóbico a las búsquedas por Internet.
Me resultaba extraño no haber recibido todavía su postal de ¡Happy Birthday!, como cada año. Recibirla me recuerda que estoy a punto de cumplir otro más, aunque a veces me haga el distraído e intente pasarlo por alto. Él dice que ya la ha enviado, que con toda seguridad llegará en estos días. Le creo, por supuesto. Es un adorador de los papeles impresos, de los correos antiguos, de las estampillas especiales y los sobres de color pastel; un espíritu del siglo diecinueve que desembarcó por algún error de cálculo espacio-temporal en el veinte y no quiere enterarse de la llegada del ya madurito siglo veintiuno. Vive en un edificio muy antiguo del barrio de Ménilmontant, copia clónica de cualquiera de aquellos que servían como fondo escenográfico para las oscuras películas de Henri-Georges Clouzot, André Cayatte, Jean Renoir o René Clair, generalmente provistos de una concierge gruñona de origen hispano-portugués, suelos de madera crujiente y anchas escaleras enriquecidas por un camino central de alfombra en un rojo vino algo desteñido y hábilmente sujeto por varillas de bronce no siempre bien bruñidas.
Mi amigo, un hombre alto y notablemente parecido a Charles Boyer, ese actor francés que sedujo a divas algo esquivas como Greta Garbo, Marlene Dietrich, Bette Davis o Paulette Godard, suele pasarse horas enteras revolviendo librerías de viejo para volver a casa con un saco lleno de volúmenes de tripa amarillenta, cargados a su vez de múltiples colonias de ácaros, todas dispuestas a alimentar una alergia convertida en bronquitis crónica a fuerza de encierro, lecturas, abundante tabaco negro y psico-filosofía marxista-freudiana. Su piso, muy pequeño, casi podría decir mínimo, tiene todas las paredes tapizadas con estanterías rebosantes de libros e impresos de todo tipo. Como ya no sabe dónde meter tanta palabra escrita, apila los volúmenes más sólidos haciéndolos servir de mesas accesorias, y, eventualmente, también de butacas donde sentar a los pocos amigos íntimos con ingreso irrestricto a su morada; humilde, aunque no totalmente desprovista de lujos. Al margen de los libros, me atrevo a contabilizar tres muy evidentes: una cómoda Louis Philippe de madera oscura con el sobre de mármol lechoso, el pequeño balcón sobre la Avenue de la République desde donde se puede ver la entrada del cementerio de Père Lachaise y, tal vez el tesoro más auténticamente apreciado por el dueño de casa, la visión que se tiene de la lejana Tour Eiffel mientras orinas de pie en el mingitorio del minúsculo lavabo. Puedo asegurarlo: no es lo mismo desagotar tus ganas allí que hacerlo mirando unos vulgares azulejos cuadrados sin ningún adorno especial sobre sus superficies.
Si como dijo alguien que no recuerdo ahora, "Dios está en los detalles", les puedo asegurar que en el ventanuco de aquel mínimo mingitorio lo podemos encontrar de cuerpo entero.
Lo repito: ayer me telefonearon desde París. Un viejo amigo todavía joven me deseó con bastante anticipación felicidades para mi próximo cumpleaños. Fue toda una sorpresa; según él, la mitad de su regalo. Cuando finalmente llegue la postal que acostumbra enviarme en cada aniversario, podré decir en voz muy baja, sólo para corroborarlo: estimado Dante,¡muy feliz nuevo año!

Fotografía de París por Willy Ronis; Marlene Dietrich en una foto promocional.

martes, octubre 27, 2009

¿Simpatía por el demonio?


Otra semana trajinada a pesar de la ausencia sin preaviso de un trabajo bien remunerado.
Insoslayable exposición Mallol en La Pedrera, Trío de Tango (Bataglia, Picó, Mercadante) al alcance de la mano en la librería Martínez Pérez de la calle Valencia, comidas con risas, azucares y abundante colesterol en casa de amigos.
Hubo bastante más, aunque prefiero no comentarlo.
Si pudiera desdoblarme, ahora mismo debería estar en la presentación del nuevo Premio Anagrama: el viernes llegó una invitación para esta tarde a las 19.30, y yo, que no sabia si tendría impulso suficiente como para llegar hasta allí rebosante de Energía, Encanto, Elegancia, Envolvente Evanescencia, Erótico Envión y todas esas otras pequeñas cosas tan suplerfluas como imprescindibles para un gran Evento de estas características, dejé que el tiempo pusiera mis dubitativas ganas en su sitio. Aquí estoy, el reloj marcando la hora señalada en el tarjetón gris convite y yo aún en mi casa. Otra vez el tiempo implacable ha decidido por mí, aposentando mis asentaderas en la incómoda silla de Ofiprix, obligando a mis manos a jugar torpemente con el teclado gris y negro de Logitech en un intento posiblemente vano de elaborar otro post sin rumbo fijo y destino náufrago. Todo resulta demoníaco, como aquellos depravados rockeros que confesaban sin ningún pudor su fascinación por Belcebú. Me pregunto si los morritos de Jagger hubieran despertado la compasión del monseñor Torquemada, Tomás de, ese ínclito vallisoletano tan enemigo del diablo y el judaísmo como afecto a las carnes muy bien asadas, a fuego lento.

Leo a Foucault comentado por Miguel Morey. Nunca es tarde si la dicha es buena, decía mi madre mientras se le escapaban los ojos hacia un cielo no demasiado lejano y bastante poco angélico, con toda seguridad sensual y demoníaco.
Copio una cita de Deleuze, hasta el momento desconocida. Por extrañas razones que la razón no alcanza a descifrar del todo, describe certeramente la que pretendo sea mi posición habitual frente al mundo, el demonio y la carne:
No se trata de predecir, sino de estar atento a lo desconocido que llama a nuestra puerta.
Vamos siendo, y ese ser propio que decimos conocer, el mismo que podemos describir, definir, estereotipar, ya no es actualidad sino historia pasada. Vamos siendo, y es la acción la que nos define con más certeza que nuestros engañosos intentos hagiográficamente autodescriptivos. Satán nos confunde, haciéndonos juzgar nuestro pretérito presente desde un yo desdoblado que se supone otro.
Me levanto del asiento. Necesito música. ¿Conocen a Concha Buika, esa demonia?

Si la mayoría respondiera afirmativamente me harían pensar en luciferinas conspiraciones, ya que esta chica isleña no consigue siquiera que los noticieros nacionales de televisión (¿o debería decir los noticieros de televisión nacionales?) le dediquen tantos minutos de promoción como los que suelen dedicar, por ejemplo, a esa petarda incombustible llamada Marta Sánchez. Cierto que la Marta es rubia platino, y la Concha, con perdón, mallorquina, mulata y agitanada, pero entonces, ¿para qué sirven las campañas de discriminación positiva? ¿Acaso para el exclusivo regodeo de esas señoras ministrables de ilimitado, e indescriptible, vestuario?
Encallado en las cenagosas aguas de la duda, debatiéndome entre el proceloso mar del inconsciente y las corruptas orillas de la cotidianeidad, llego al final de este texto sin destino preciso. Mientras tanto, y como contrapartida a la insistente campaña de "Somos Iglesia Catolica"(¡SIC!), el diablo seguirá sobrevolando los posts, navegará alegremente por internet, se paseará con absoluta libertad por los sillones presidenciales, las alcaldías y los escaños.
Posdata: la curiosidad me lleva hasta la página web de Anagrama. ¿Quién habrá ganado el premio de novela de este año? No hay ninguna noticia sobre los premiados. Tampoco la he visto publicada en ningún otro medio. Extraño. Busco la invitación y la releo. La entrega es el lunes que viene, día dos de noviembre. Todavía tengo tiempo de crearme ganas. Espero que Luzbel no siga metiendo la cola también por mi casa y pueda contarles a mi regreso los pormenores de la fiesta.
Fotografía de Jamie Baldridge

viernes, octubre 23, 2009

Teatrero


El pasado lunes, a las tres en punto de la tarde, estaba citado en la cafetería del Instituto del Teatro.
Anna Caixac, organizadora del Año Jerzy Grotowski en Barcelona, cerraba una hora después los actos de homenaje al investigador teatral polaco con una mesa redonda en la que interveníamos Jordi Coca, Pere Planella, Enric Majó, Inés Castell-Branco y este Cacho de Pan memorioso y hablador.
Salvo la portuguesa Inés Castell-Branco, editora de la traducción catalana de los pocos textos existentes de Grotowski, y el que esto escribe, autor de la imagen gráfica del evento conmemorativo, todos los participantes eran reconocida gente de teatro. Yo, siempre algo outsider, había sido invitado en mi condición de ex componente de un grupo grotowskiano porteño, de corta aunque contundente vida durante los lejanísimos y revulsivos años sesenta.
No llevaba nada preparado. Ni siquiera había rebuscado demasiado en mi memoria, temeroso de perder una espontaneidad que pretendía resguardar lo máximo posible. Estaba convencido de que aquello era lo único que tenía algún valor como aportación propia a tantas experiencias teatrales de largo y exitoso recorrido.
La mesa redonda se haría en una pequeña sala ubicada en el segundo subsuelo del Instituto. Siendo el teatro de Grotowski marginal, underground, subterráneo, aquel lugar algo escondido entre salas de ensayo y talleres de escenografía y vestuario, parecía de lo más adecuado. Bautizado como sala Scanner, un instrumento más cercano a la gráfica que al teatro, el espacio está totalmente tapizado en negro. Nombre y color, dos detalles accesorios, me resultaron tan familiares como tranquilizadores. Nos ubicamos en el escenario a ras de suelo, detrás de dos largas mesas unidas por un mantel también negro e iluminadas por potentes focos teatrales. Delante de nosotros, una gradería con una decena de filas de butacas componen un aforo cercano a las ciento cincuenta personas. El espacio se llenó a medias con hombres y mujeres de diferentes edades. Un verdadero éxito, teniendo en cuenta la hora tan intempestiva y la falta casi absoluta de promoción del evento.
Anna Caixac, sonrisa cálida, voz potente, espalda recta, cabeza siempre erguida, daba paso a nuestras intervenciones. Mientras los demás hablaban de sus experiencias como espectadores o estudiosos de Grotowski, yo, sin proponérmelo, empecé a recordar hechos muy concretos y diversos personajes de aquella, la única experiencia "actoral" de mi vida. Algunos rostros, muy pocos nombres y distintas situaciones aparecían desordenadamente, acompañados por involuntarios epígrafes referentes a nuestro entorno en aquellos años.
El dinero era escaso, tirando a inexistente. No teníamos ordenador, cámaras digitales ni teléfonos móviles. Haber pensado en cualquiera de estas cosas, hoy tan cotidianas, nos hubiera parecido pura psicodelia de ciencia ficción. Una cosa era apasionarse por Bradbury, Olaf Stapledon, Theodore Sturgeon o Richard Matheson y otra muy distinta pensar en la posibilidad de comunicarse casi telepáticamente, sin cables ni enchufes por medio.
Vivíamos bajo una de las habituales dictaduras militares, encabezada en esta ocasión por un general, Juan Carlos Onganía, que tapaba su labio leporino con un bigote a lo Emiliano Zapata. A pesar del Estado de Sitio permanente, los cines estrenaban películas de la nouvelle vague francesa, del new cinema inglés, de Fellini, Antonioni, Monicelli, Francesco Rosi y todo ese potente cine italiano al que los críticos, faltos de un adjetivo mejor, también denominaban nuevo. Mis amigos y yo esperábamos cada filme de Ingmar Bergman, Hitchcock o Visconti con ansia voraz, y hablábamos de Kurosawa, Mankiewicz, Satyajit Ray, Ichikawa, Kawalerowicz, Wajda o Elia Kazan como si hubiéramos desayunado con ellos el día anterior. Los teatros llamados "independientes" estrenaban dramas de Arnold Wesker, Tennessee Williams, John Osborne, Harold Pinter y Jean Genet y el Instituto DiTella cedía su moderno y tecnificado espacio para que Marilú Marini, el Grupo Lobo o el TSE de Rodríguez Arias pusieran en escena extremados experimentos teatrales. Un arquitecto cordobés apellidado Bonino deliraba y hacía delirar al público con un idioma propio, Nacha Guevara cantaba las canciones de Brel y Boris Vian traducidas al castellano de los argentinos, Piazzolla ponía música a los poemas de Borges y el siempre tradicional Teatro Colón abría sus puertas al joven y talentoso coreógrafo Oscar Aráiz, posteriormente director del Ballet du Grand Theatre de Ginebra desde 1980 a 1988.
Para su exitoso espectáculo Crash, yo me estrenaría diseñando una serie de trajes complicadísimos: incluían centenares de pelotas de ping-pong pintadas a mano que, en medio de un desenfrenado charleston, volaban peligrosamente sobre el público.
Todo nos parecía poco. Desde el Mundo, siempre tan lejano, llegaban los ecos psicodélicamente rupestres del Flower Power entremezclándose con los ritmos glamourosos del Swinging London y el creciente ruido de rotas cadenas del muy próximo Mayo del 68. Nosotros, ingenuos jovencitos de un país perteneciente al batallón de los subdesarrollados, creíamos que en los Países Civilizados de Verdad todos llevaban flores en el pelo, considerablemente largo, y vestían cortísimas minifaldas de Mary Quant, cuando en realidad Carnaby Street era poco más que una corta calle comercial y los Beatles cuatro, sólo cuatro, muchachos de Liverpool con mucho talento y mil oportunidades.
El pasado lunes por la tarde, acicateado por la pregunta de un incisivo director de teatro ruso, ahora profesor del instituto barcelonés donde nos hallábamos, terminé contando todo esto que ahora escribo aquí. Trataba de explicar por qué razón, no siendo ni pretendiendo ser actor, me había metido en un grupo de teatro experimental liderado por un místico polaco que proponía hacer de cada intérprete un santo y de cada puesta en escena una ceremonia ritual única.
Todavía no lo sé con certeza, aunque supongo que en aquel tiempo de ilusionados, iluminados y profetas, yo también pretendía cambiar el mundo.

¿Y qué tendrá que ver un boxeador con todo esto? Esta misma semana, para mí muy teatrera, fui a ver Urtain, la obra de teatro del grupo madrileño Animalario. Un elenco de actores entregados no logra despegar del ring un texto que suena a biografía ilustrada. Demasiado humo y poca carne. A pesar de ello, algunos aciertos de montaje logran transmitir en varias escenas la mal llamada magia del teatro. No hay truco alguno en un buen espectáculo. Solamente el trabajo consciente y bien intencionado de un grupo de artistas con talento.

Ilustran: fotos promocionales del boxeador vasco Urtain y de la actriz y bailarina argentina Marilú Marini.

domingo, octubre 18, 2009

¿Fou qui? ¡Foucault!


Me anuncian que en la librería La Central se hablará de Michel Foucault. No soy muy afecto a charlas y mesas redondas. Me distraigo, nunca oigo bien, termino aburriéndome. En este caso sólo se trataba de imitar al loro verde de un post anterior y cruzar de acera en un corto vuelo. No resultaría demasiado complicado ni me haría perder un tiempo que últimamente se muestra bastante escaso. A pesar de esto dudaba. Casi a la misma hora, en Aribau 34, se inauguraba una exposición de arte gráfico soviético: De Rusia a la URSS. Grafismo y revolución. Finalmente decido pasar primero por Foucault y después llegar hasta la encantadora, polifacética y amistosa galería de Aribau y Consell de Cent.
Aviso para navegantes: Aribau se pronuncia tal cual se escribe, con todas sus letras. Para los nativos de esta tierra (sé muy bien que pasean por este blog aunque últimamente no se manifiesten: he osado criticar algunas notables deficiencias municipales y eso aquí no se puede ni se debe hacer, sobre todo si eres o te consideran extranjero), para los barceloneses, repito, sean o no catalano parlantes, no hay dudas en cuanto a la pronunciación de Aribau, pero me he topado con algún turista latinoamericano que me preguntó por "la calle Aribó", suponiendo que el nombre homenajeaba a algún prócer francés desconocido. Como aquí mismo y ahora, tan cerca de Michel Foucault, la palabra Aribau (a)parece aún más francesa, la aclaración se me antoja necesaria.
El café auditorium de La Central estaba a tope de gente. Monsieur J. y Madame L., menos dubitativos que el que esto escribe, ya estaban bien ubicados cuando me apersoné en el lugar.
Les pregunté si habían visto más conocidos cerca y J. me contestó con un no cabeceado, para precisar que, salvo un (re)conocido poeta y dos o tres maduros señores con un aire insospechablemente heterosexual, el resto de asistentes masculinos pertenecían a la creciente "comunidad" gay de Barcelona. Según mi modesto entender, no se equivocaba. Aunque muchos supongan que los intereses homosexuales se centran exclusivamente en los calzoncillos Calvin Kle-in, los sillones de Pierre Paul-in o el turismo sexual de fin de semana en Berl-ín, todo inobjetable, rematadamente "in", también hay homosexuales preocupados por el pensamiento radical del siglo pasado. Sobre todo si este incluye cuero negro, cabeza rasurada, látigos y cadenas.
Estuve el tiempo necesario para escuchar a Miguel Morey. Claro y conciso, explicó la trayectoria de Foucault, desde sus primeros estudios sobre la locura, hasta su muerte a causa del tan imprevisible como devastador SIDA, esa mortífera enfermedad bautizada con perversa ironía por sus descubridores anglosajones como AIDS (AYUDAS). Para desgracia de los castellano parlantes, el orden de las letras altera ligeramente ese significado, pero no la fuerza letal del producto.

Al principio les contaba de mi poca capacidad para a(en)tender a los conferenciantes.
Por si a alguien le interesa saber cómo funciono frente a estos eventos, les cuento que en el mismo momento en que Morey pronunció locura, en mi cabeza empezó a resonar el "fou" con el obsesivo ritmo de un segundero antiguo.
Fou-quoi?
Fou-qui?
Fou-cult
Fou-cul
Fou-cool
Fou-cold
Fou-coq
Como véis, mis asociaciones suelen ser, más que libres, libertarias. Quizás por eso, un segundo después recordé a Pablo Suárez, el más matero de los artistas pop porteños. Pegada como un sello de postal a su recuerdo, surgió de inmediato una estúpida anécdota, casi a mi pesar inolvidable, sobre una noche de estreno teatral en la setentera Buenos Aires.
Se trataba de una comedia musical dirigida por Eduardo, "el gordo", Bergara Leumann, en su barroca y plumífera Botica del Ángel. Trabajaban en aquel espectáculo varios amigos muy queridos y supongo que esto convenció al siempre reacio Pablo -muy amante de quedarse en casa charlando, pintando, tomando mate amargo y fumando los más baratos e insoportables cigarrillos negros que se pudieran encontrar en el quiosco- para finalmente acompañarnos.
La obra resultó ser un bodrio tan insoportable que al final de la función nadie se atrevía a saludar a los amigos-actores. Pablo, con las cejas mefistofélicamente arqueadas, se ofreció para representar a todo el grupo. Volvió un rato después con un cigarrillo humeando entre sus dedos y una gran sonrisa partiéndole la cara.
-¿Qué les dijiste?, preguntamos ansiosos.
-Les dije que era una locura... Ellos, pobrecitos, se quedaron muy contentos, y yo... yo no tuve ninguna necesidad de mentir.

Alguno se preguntará si después de Foucault fui a la inauguración de la muestra en Aribau 34.
Lo hice, sí. Es deliciosa.

Ilustra: Escultura en resina y pintura acrílica de Pablo Suárez. Foto de autor desconocido.

miércoles, octubre 14, 2009

incertezza termica


INESTABLE: ¿De dónde se parte para la confección de un post? Un visitante-comentarista de este espacio me ha escrito diciendo que de no haber tenido un mal día como el que digo tener, el post donde narro esas angustias quizás no hubiera existido. No puedo desmentirlo, aunque tampoco puedo asegurar esa ligazón tan estrecha entre la escritura y el mal sabor de espíritu. Por lo general, mientras estoy escribiendo, mi cuerpo y mi yo -¿es que acaso son indisolubles?- se sienten especialmente cómodos, más allá de las eventuales molestias que suele causarme la nada confortable silla de trabajo que compré a un emporio especializado en este tipo de artilugios.
Autocalificado como "de precios imbatibles", estos muy publicitados distribuidores de muebles de oficina con varias sucursales en todo el país, lograron convencerme de las bondades de un artefacto pesado y poco maleable que para colmo ni siquiera me resultó barato.
Entiendo que el error fue mío, pero no puedo dejar de pensar en la cerrazón y antipatía desplegadas por el supuesto encargado del comercio cuando luego de un corto tiempo de uso intenté cambiar la maldita, estúpida, inadaptada e inadaptable silla, comprada en un irracional ataque de confortabilidad el mismo día que caí en la cuenta de que me esperaba un interesante trabajo por delante, pero también un viejo e incómodo asiento por debajo.
Ahora la silla es nueva, sin embargo mi culo sigue estando mal sentado.
Tal vez los posts que escribo últimamente, cargaditos de malhumorada acidez, se deban a la maldita, a la incómoda, a la negra silla de Ofiprix.


BOCHORNOSO: Desde Argentina sugieren que me integre a un grupo especial de Facebook. Parece que un sádico malnacido prendió fuego a un perro callejero usando el mismo método utilizado por aquellos monstruosos jovencitos barceloneses con la desgraciada indigente que dormía a la entrada de un banco: abundante rociado de gasolina seguido por la llama fácil de un encendedor de bolsillo. Al menos a Benet, que así se llama el animal, lograron salvarlo de la muerte, y si bien ahora tiene quemaduras por todo el cuerpo, las orejas chamuscadas e innumerables lesiones de distinto tipo, también ha conseguido una dueña que lo quiere y lo cuida con muchísimo mimo. El inocente Benet ha pagado muy caro su lugar en el mundo, pero al menos por el momento lo ha logrado.
Esta sórdida historia podría haber terminado allí mismo si no fuera porque un nutrido grupo de gente sensible y amante de la justicia se niega a que el culpable del fallido ajusticiamiento quede impune. Han identificado al agresor con nombre y apellido, dirección y teléfonos y están programando un mutitudinario "escrache". Se trata de llegar hasta su casa en manifestación para declarar, como ya se hizo con algunos responsables de torturas y desapariciones durante el último "proceso" militar, "persona no grata" al sujeto de marras. Mientras sucede esto en la ciudad de Buenos Aires, aquí mismo, en la recién santificada Cataluña, después de un rastreo de varios días y altísimo coste, se ha comprobado que la fiera suelta, supuestamente un ejemplar de leona que tuvo aterrorizado a algunos vecinos de tierras tarragonenses, era un gran perro asalvajado de color rojizo. El animal no atacó a nadie ni demostró agresividad alguna, sin embargo los valientes cuerpos de seguridad que rastreaban la zona decidieron abatirlo a tiros. También durante estos días, otro perrito de una especie no considerada de riesgo y que permanecía atado en el jardín de un restaurante mientras sus dueños comían dentro del local, hirió en el cuello a una niña de cinco años. Nadie se preguntó siquiera qué podría haber pasado para que un animal doméstico reaccionara así. Inmediatamente se decidió ponerlo en cuarentena para sacrificarlo apenas esta cuarentena haya terminado. Hay vidas de perro y también hay muertes de perro.


HÚMEDO: Hace unos días falleció en Madrid el cantante y compositor Luis Aguilé. Autor de cuatrocientas canciones, varias de ellas tan exitosas como "Cuando salí de Cuba", había grabado más de ochocientas en una triunfante carrera musical sostenida durante cerca de sesenta años. Aguilé no me resultaba particularmente simpático; su música, indudablemente pegadiza, me parecía por momentos demasiado pringosa y nunca terminé de entender por qué al cantar lo hacía como un extranjero que debe esforzarse para pronunciar bien el castellano.
Tal vez por todo esto, sé mucho más sobre él y su historia ahora que se ha muerto. Había nacido en Argentina, pero según cuentan, una desilusión amorosa lo hizo abandonar desde muy joven su país de origen para radicarse en España. La desilusión que lo arrastró al exilio era una rubia nada natural pero muy bien formada que se hacía llamar Mariquita Gallegos. Según parece, Luis conoció entre bambalinas a esta Mariquita deseosa de hacer carrera en el mundo del espectáculo e inmediatamente se enamoró de ella. La niña, algo confundida por las luces del espectáculo, primero dijo "quizás, quizás", después esbozó un tibio tal vez y al poco tiempo decidió piantarse con un cómico y presentador uruguayo notablemente más maduro, bastante más rico y muchísimo más famoso: Juan Carlos Mareco, apodado artísticamente Pinocho, el mismo que convenció a Joan Manuel Serrat de cantar en castellano.
Para los amantes de los detalles, dejo algunos datos novelescos: Pinocho vivió y trabajó en España entre 1962 y 1965, Aguilé se radicó aquí en 1963. Pinocho murió en Buenos Aires el último 8 de octubre, meses después de cumplir los 83 años; Aguilé, diez años menor, fallecía dos días más tarde en Madrid.
Muchas veces nuestros destinos, aparentemente antagónicos, están unidos por íntimas e inescrutables coincidencias.

Ilustran fotos de Mariano Vivanco (David Gandhi) y Aníbal Greco; la tercera, de autor anónimo, es un retrato de la actriz italiana Anna Magnani acompañada por su perro.

jueves, octubre 08, 2009

Bochornoso Octubre




Un pequeño loro verde cruza de calle por el aire, sobrevolando mi cabeza. Mientras lo hace grazna, aunque no se con certeza si al ruido que hacen estos loros sudamericanos, similar al chirrido de una puerta con las bisagras sin engrasar, se lo llamará también graznido. Nuestro idioma es tan rico que más de una vez se excede en la especialización.
Por desgracia yo no tengo esa posibilidad loruna de autotraslado aéreo, sino probablemente estaría cruzando otras distancias. Tampoco hago ruido. No es mi costumbre hablar solo cuando voy por la calle y llevo en los pies las silenciosas sandalias MBT que he usado durante casi todo este tórrido e interminable verano. Son realmente fantásticas: te obligan a caminar levantando los pies como si bailaras sardanas.
También las llevaba el otro día, cuando bastante aburrido, ni verde ni alado, estaba paseando por el Paseo de Gracia en un miércoles de octubre carente de cualquier gracia especial.
Habían vuelto a colocar los stands de la Feria del libro viejo y de ocasión. Como lo hacen cada año para esta misma fecha. Muchos de los libros que se encuentran en ella suelen ser también los mismos de siempre. Viejos y de ocasión. Es que cuando una cosa no se vende, no hay caso, no se vende.
Lo comprobé con algunos productos, pocos por suerte, en los tiempos de Dadá, nuestra pequeña tienda de Ibiza, y creo que a partir de allí puedo generalizarlo sin temor a equivocarme demasiado.
Si algo no tiene interés para los potenciales clientes, es inútil que trates de vendérselo barato. Ni siquiera lo querrán regalado. Da lo mismo que se trate de una camisa de buen diseño, confeccionada con una tela floreada en colores estridentes comprada con gran ilusión en una sedería de Rio de Janeiro, que de un libro sobre poesía del siglo trece u otro sobre alguna teoría conspirativa comunista para el amordazamiento y desaparición inmediata del signore Berlusconi.
Si algo no cuela, no cuela ni con un chino cibernético de última generación.

Al principio de los tiempos, cuando recién había llegado a Barcelona, me ilusionaba pasearme por esta feria esperando tropezar con alguna inesperada maravilla como aquellas que a veces se encontraban en las librerías de viejo de Buenos Aires. Una preciosa edición paradojalmente roja de La esfera negra de Gustav Meyrink, por ejemplo, o algún volumen del Séptimo Circulo, la nutrida, extensa, nada prejuiciosa colección de novelas policiales creada y dirigida a mediados de 1940 por Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges. Son otros tiempos y es otra economía. Aquí el que compra buenos libros se los guarda, y cuando hallas alguno de mucho interés resulta que está firmado y fechado al menos en 1934, por lo que debes suponer que el dueño ya se ha muerto y los herederos, si los tenía, se han desprendido alegremente de todas las pertenencias del finado. Esto a mí, quieras que no, me produce cierto resquemor insuperable al que no sé ponerle un nombre demasiado preciso. De cualquier manera, y a pesar de mis ironías, en estas ferias siempre encuentras algo de interés. Este año volví a casa con varios libros de artes gráficas y la réplica tamaño Barbie del "operístico" vestido rojo de Julia Roberts en Pretty Woman. Una verdadera joya por la que pagué tan sólo dos miserables euros.


ÚLTIMO MOMENTO: Mientras escribo este post sobre loros, ferias y libros viejos, me llega un email en el que el señor y la señora Taschen anuncian la aparición de un facsímil de JAZZ (1947), los tan sencillos como deslumbrantes recortes-collage realizados por un ya muy anciano Henry Matisse en 1943.
¿Es una casualidad? Tengo una edición alemana (R.Piper & Co., Munich 1957)


en tamaño de bolsillo y comprada de segunda mano, que he arrastrado durante todas mis mudanzas de los últimos 35 años. Pondré una foto para que podáis verla... y telefonearé mañana mismo a los representantes de Taschen en Madrid para que me envíen un ejemplar de esta nueva edición a casa.
De aquí a un mes cumplo años y no encontraré ningún regalo mejor para hacerme a mí mismo. Estoy absolutamente convencido de ello. Casi tanto como que este nefasto día de hoy, pesado y bochornoso en más de un sentido, fatídicamente señalado por corrupciones y muertes -entre otras más mediáticas, la del inconmensurable fotógrafo estadounidense Irving Penn, refinado retratista de sueños y pesadillas- debería dejarme algo en verdad bello y creativo para quitarme las ganas de borrarlo de manera definitiva de todos mis calendarios.

Fotos en blanco y negro: Irving Penn.

martes, octubre 06, 2009

Sería un bólido el fenómeno celeste, dijo el periódico...


Debo confesar que el título de este post está robado del diario La Nación de Buenos Aires.
Lo encuentro simplemente ¡fenomenal! y además viene de perlas (!!!) para este texto que empieza sin rumbo fijo y con impredecible destino.
Temo que la salida infanto-juvenil del domingo pasado haya terminado de estropear mis abolladas neuronas. Y no puedo, ni debo, permitirme arrojar culpas al paisaje circun-Dante.
Me parece casi onírico, que no pesadillesco, caminar por un barrio despojado de historia, de edificios emblemáticos y monumentos de próceres; tal vez algo feito y desangelado, es verdad, pero innegablemente actual, ya que a cualquiera que en el siglo pasado se le hubiera ocurrido perpetrar un horror semejante al de ese parque de tuberías pintadas con esmalte color gris medio -sin intermediación plástica alguna, directamente extraído del bote- lo hubieran condenado de inmediato al ostracismo o al menos al exilio. Por suerte para nosotros, las plantas crecen a su aire apenas se lo permiten, cubriendo con desinteresada piedad la especulativa, arbitraria y desagradable acción de los presuntos paisajistas urbanos.
El encuentro fue a las siete de la tarde en la puerta de los multicines de Diagonal Mar.
Éramos cuatro, como los mosqueteros después de conocer a D'Artagnan. Tres y una, igual que en aquella película de la niña recién nacida y sus tres presuntos padres solterones.
Como programa habíamos elegido la versión doblada al castellano de una película futurista de Bruce Willis. Teníamos claro que al no tratarse de un filme de arte y ensayo, el doblaje no la estropearía demasiado. La voz de Ramón Langa es agradable y suena creíble, si bien a veces su pluriempleo nos confunde haciéndonos pensar que Willis y Kevin Cotsner han intercambiado sus caras de la misma manera en que lo hacían Travolta y Cage en Face/Off.
No es así, por supuesto, aunque los bisturíes planeen sobre la película como si de publicidades muy poco subliminales se tratara. Es que uno tiende a suponer que para rodar Surrogates (Los sustitutos), sus productores vaciaron gimnasios y clínicas de cirugía estética de todo Estados Unidos y sus alrededores. Músculos exuberantes, mejillas relucientes, nalgas y narices respingonas, melenas impecables, todo al por mayor; comprado a bulto, por docenas de docenas. Resulta difícil imaginar que pueda existir tanta perfección modelo Siglo XXI en todo el mundo, casi tanto como pensar que un específico canon de belleza pueda haber producido tal cantidad de frutos al mismo tiempo en un solo Estado de la Unión. Al lado de tanto colágeno impecable, la noble, carismática y bien cuidada madurez de Bruce Willis resulta insultante.
Para valorar este filme recurro a un comentario ajeno extraído de la red: "la encuentro bastante aceptable; cumple de sobra, de principio a fin, su misión como entretenimiento". Agrego además dos apuntes personales: ¿te deja con ganas de comentarla al salir del cine? No especialmente. ¿Te olvidas de ella casi de inmediato? Sí. Estoy casi seguro que después de este comentario comenzaré a olvidarla.
Como la diversión se agradece pero el cine puede ser otra cosa, pocos días después fuí a ver la última de Woody Allen: Si la cosa funciona (Whatever Works).
Tal vez baste con decir que es otra de sus bellas películas neoyorquinas, sobrada de emoción, ingenio, ironía, diálogos sustanciosos y gags de carcajada incontenible. Allen, instalado otra vez en esa Ciudad de los Milagros que quizás sea de verdad, por qué no vamos a creerle, su tan fotogénica y reconocible New York, nos habla nuevamente -aquí de forma directa, dirigiéndose al público que al menos esa noche llenaba la sala- de la importancia de todos esos imponderables que llamamos suerte, fatalidad, destino, y que para él dependen, aunque casi nunca lo explicite abiertamente, de la capacidad que tengamos de aferrarnos a nuestra existencia; de esa profunda convicción sobre que, más allá del libre albedrío que nos permitiría hacerlo, la vida tiene demasiada importancia para decidir acabar con ella, arrojándola en un momento de desesperanzada locura por cualquier ventana. De algo parecido trata Hotel New Hampshire, el libro de John Irving que dirigiera para el cine el siempre interesante Tony Richardson.

Para terminar vuelvo por un momento a Allen.
No es que su última película me haya gustado mucho. Solamente hubiera preferido quedarme a vivir allí mismo, dentro de ella.

viernes, octubre 02, 2009

¡Te tengo, tango!


"Tango, tango, sólo se que al evocarte se me pianta un lagrimón..."
No es mi caso, lo juro. Me gusta el buen tango -y en este casillero incluyo a todo el tango que me gusta, por supuesto- sin embargo no suelo llorar cada vez que escucho Volver, La cumparsita, Maquillaje o la Milonga Triste de Homero Manzi.
Alguien dijo alguna vez que el tango es un pensamiento triste que se baila. Algún otro -vaya a saber por qué razón, más resentido- que era el lamento de un cornudo. Puede que sea así, aunque deberán reconocer que hay pocos cornudos en el mundo con tanta capacidad poética como la que despliegan los grandes letristas del tango:
Ya sé, no me digás, tenés razón: la vida es una herida absurda;
Y estas notas que nacieron por tu amor, al final son un silicio que abre heridas de una historia;
Sur, paredón y después, sur, una luz de almacén, ya nunca te veré como te viera, recostado en la vidriera y esperándome;
Fuí un gil porque creí que me inventé el amor, un gil que alzó un tomate y lo creyo una flor;
Sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando, su boca que era mía ya no me besa más;
Por eso en tu total fracaso de vivir, ni el tiro del final te va a salir;
He llegado hasta tu casa, yo no sé cómo he podido, al llegar hasta el umbral, un candado de dolor me detuvo el corazón;
Venías por el sendero, delantal y trenzas sueltas, castigo me dió tu mano pero más me dió tu ausencia;
Vuelvo vencido a la casita de mis viejos, cada cosa es un recuerdo que se agita en mi memoria: los veinte abriles me llevaron lejos, locuras juveniles, la falta de consejo...

No creo que haga falta seguir. Son frases de tango que llevo prendidas a mi memoria desde que era un pibe rockero al que no le gustaba para nada el tango. El tango es pura ideología, desde ya. Y no precisamente optimista. Abandono, decepción, miseria, engaño, deslealtad, amores imposibles, enfermedad, tristeza. Los condimentos que nunca faltan en la mesa de un pobre. Si no tienen algún disco de tango en casa, pasen un rato por You Tube o visiten Todo Tango y presten atención a las letras. Entenderán mejor de qué estamos hechos muchos argentinos... y también por qué los anglosajones nos vendieron con tanta facilidad un cielo lejano, irisado y con diamantes.
Jorge Luis Borges aseguraba aborrecer el tango canción. Le parecía que la inclusión de la letra cantada había destruído la esencia más pura del tango. Ironías del destino, burlas del tiempo que siempre acaba por modelarnos a su antojo, casi al final de su vida el mismo Borges permitió que compositores jóvenes pusieran música a varios de sus poemas e inclusive llegó a escribir alguno especialmente para ser cantado.
Al final todos somos Edipo: pretendiendo escapar del augurio siniestro, terminamos cayendo en él de la forma más ciega.

Ayer los Hombres Sabios de la Unesco han declarado al tango Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, y Liliana Sáez, de Kinéphilos, dedicó un post a esa noticia. Para ilustrarla usó a los deslumbrantes hermanos Macana, y yo, que no los conocía, caí como un chorlito en la trampa de su fascinante desparpajo.
Así, entre hombres, se bailó el tango en sus principios, cuando ni siquiera las putas extranjeras, más sabias en la danza cuerpo a cuerpo, habían llegado al tan aleonado como poco feroz Río de la Plata.

Posdata: coincidiendo con este reconocimiento de la Unesco, un libro barcelonés con mi pequeña, mínima, aportación al tango. En amorimás (pulsar), mi otro blog, aquí al lado.

Posdata 2: ha muerto Mercedes, la negra, Sosa.
Un adiós sin palabras, o, aún mejor, a través de su voz.




Y aquí, con imágenes de mi amigo Maxime Ruiz:

lunes, septiembre 28, 2009

museos, alcoholes y cintas argentinas


Salgo del Club Coliseum de Rambla Cataluña, un cine que forma parte de ese lujo de otro tiempo que deberíamos preservar: espacios amplios, techos altos, alfombras mullidas, sillones cómodos donde esperar el comienzo de la función, esculturas de firma, aseos bien aseados y hasta un puñado de lámparas Pipistrello de Gae Aulenti para alumbrar suavemente los rincones. Como estoy bastante satisfecho con la película que he visto -El secreto de sus ojos-, vuelvo caminando sin ninguna prisa por Rambla Cataluña hasta mi casa, seis o siete calles más arriba.
Las terrazas están llenas de gente que consume ruidosamente y a destajo para festejar la crisis, mientras en un segundo plano ganado por las sombras, hay adolescentes abúlicos sentados en los bancos del paseo con botellas de alcohol entre sus manos y mucha suciedad a sus pies. Doblando por Mallorca, a cien metros de casa, me cruzo con otros grupos de muchachos que caminan igual que yo, aunque sin destino fijo. Llevan bolsas de plástico con botellas de alcohol dentro y van bebiendo del pico que asoma apenas, como si pretendieran esconder lo que están haciendo. Fingen, por supuesto; todos sabemos que quieren exhibirse emborrachándose para ver si alguien les da una buena razón para hacerlo. Ellos no la tienen. Si la tuvieran se los vería relativamente felices o al menos más realizados. Un suicida que logra su comentido descansa en paz, uno que ni siquiera se atreve a llegar al final vive lleno de ansiedad, desesperado.
Si yo encontrara alguna razón valedera para hablar con ellos les haría preguntas sencillas, de fácil respuesta.
-¿Estudias o trabajas?
-¿Vives con tus padres o ya te has independizado?
-¿Te emborrachas porque te gusta el sabor de lo que bebes, para desinhibirte, bailar desenfrenadamente, echarte un polvo o sólo para quedar semidormido como un zombie y no pensar en nada?
La otra noche, en el vernissage-inauguración de Modernologías, una exposición de arte con folleto explicativo -soy de emocionarme hasta las lágrimas frente a un Matisse, así que imaginen como me siento en estas muestras tan actuales-, servían, además de un recorrido incomprensible por no sé qué cosas, copas pagadas por Moritz, la cervecera. Todo el mundo hizo lo que yo: darse una vuelta por las salas, transitar los pasillos, subir y bajar las pasarelas del impoluto MACBA y terminar reunido con sus conocidos, si los tenía, alrededor de la gran mesa con mantel negro donde los camareros despachaban cerveza de la marca anunciante, cava de bajo costo o edulcoradas cocacolas. Casi todos los que estaban allí tenían una copa de alcohol en la mano, y varios, era notable, las llevaban ya dentro del cuerpo. Entre estos últimos sobresalía un grupo de adolescentes con look entre rastafari urbano y Woodstock's Original, que, triunfadores de nada, fantaseaban con ser pilotos ganadores de fórmula uno y se entretenían agitando los botellines de la cerveza patrocinadora para que el contenido se derramara como exitosa espuma alcohólica sobre sus ropas y el suelo.
El arte despierta sensibilidades y pasiones, no hay duda.
Después de ver esto decidí marcharme. No puedo soportar los vómitos ajenos.
La calle se mostraba animada, sin embargo muchos homeless ya empezaban a armar esa cama precaria donde pasarían la noche. Desde hace varios años, el refinado edificio de Maier tiene algunas alambradas provisorias para proteger sus flancos de estos seres extraños que fabrican alcobas en los rincones inútiles de las Obras Maestras de la Arquitectura. Como nunca falta un resquicio -Borges dixit-, allí están, durmiendo cada noche tras las vallas supuestamente disuasorias.

Vuelvo a ese cine que abandoné un momento antes de distraerme con el paseo por las ramblas, la exposición del MACBA y los borrachos.
El secreto de sus ojos es una película clásica dirigida por el argentino Juan José Campanella. Y digo clásica porque en ella se cuenta una historia intrincada con principio, desarrollo y un desenlace que no excluye el contenido moral. El protagonista se llama Expósito, como se llamaron muchos de los neonatos que se abandonaban sin nombre ni apellido en las casas cuna de otras épocas. Este tipo resulta ser, más que un solitario, un solo, y lo interpreta, es un decir, Ricardo Darín, un actor con cara y carisma suficiente como para convertirse en el personaje que le ha tocado en suerte y desde esa impostura hacernos creer cualquier cosa que el autor nos proponga. Gran parte de la historia transcurre en la Argentina de los primeros años setenta, por lo que resulta casi natural la abundancia de malos. El peor de todos se llama Morales y, como es de suponer, no tiene ninguna. Campanella ha dirigido varias películas exitosas, quince capítulos de House, varios de Ley y Orden y una decena de Sopranos. Se nota bastante. Sirviéndose de un espléndido guión y, sobre todo, de unos diálogos contundentes, ingeniosos, creíbles, convierte una historia mínima en una película compleja de difícil catalogación genérica. Quizás no se merezca recibir Concha de metal alguno -en realidad ni siquiera la necesita- pero es una buena película de casting modélico y espléndidas actuaciones, capaz de atraparnos durante todo su largo metraje.
Un detalle clave de la historia me llega especialmente. Darín-Expósito, oficial de Tribunales ya jubilado, quiere escribir una novela para sacarse de encima sangrientos fantasmas del pasado. Una noche de pesadillas recurrentes, garabatea como puede la palabra TEMO en una pequeña libreta de espiral que tiene al lado de su cama.
¿Cómo no tener miedo en un lugar así, dónde la justicia es una broma de mal gusto y el asesinato un expediente más que se pretende archivar sin siquiera mirarlo?
Como es obvio, yo no soy Darín; tampoco un personaje de película. Sin embargo, por un sentimiento muy similar a éste estoy viviendo donde vivo.


Ilustra: Fuera de catálogo, fotos de Dante Bertini sobre origamis de autor desconocido, abandonados en la inauguración de Modernologías (MACBA, BCN).

jueves, septiembre 24, 2009

¡FIESTAS?


Al fin el PP y el PSOE, las dos SRL que administran nuestro presente devastando nuestro futuro, se han puesto de acuerdo en alguna cosa.
Lo han hecho por lo bajo y sin la presencia física de sus máximos líderes, ambos de paseo por el mundo.
Si fuéramos un poco más ingenuos podríamos pensar que en algún lugar de su conciencia estos huidizos personajes guardan todavía un resto de pudor, una mínima sombra de sus evaporadas, perdidas, aparentemente inexistentes sensibilidades.
Se trataba de abolir la publicidad de los espectáculos y fiestas donde se torturan y matan animales como forma de diversión y entretenimiento público. Repito: ni siquiera se pretendía acabar con las fiestas y espectáculos en sí, sino solamente con la publicidad de esos espectáculos y fiestas donde se torturan y matan animales como forma de diversión y entretenimiento público.
O sea: podríamos seguir siendo parte de un país donde la alegría se sirve acompañada de puntazos, visceras y sangre, aunque haciéndolo de forma recatada. Sin levantar nunca la perdiz, sólo matándola.
Casi al mismo tiempo, algunos de los que apoyan el genocidio animal se asombran mediáticamente de la violencia juvenil y, para ponerle algún remedio, planean elevar a maestros y profesores quince o veinte centímetros del suelo. Suponen que al convertir a los educadores en auténticos próceres de peana, obligarán a respetarlos de la misma manera en que, dicen, se hacía en otras épocas. Yo fui alumno y tengo memoria. Sólo los respetables se ganaban respeto. A muchos otros apenas si les teníamos miedo.
Lo de la tarima profesoral en las aulas es una solución absolutamente formal, parecida a la de esas pulseras de plástico que avisan de la cercanía del ex amante asesino, sin tener en cuenta que si alguien ha decidido matar no se detendrá porque suene un pitido.
Escribo esto con el temor de que me lea la señora Pajín (junior) y me acuse de plantear problemas sin dar soluciones, así que esbozo humildemente una:
¿No sería más que necesario dejar de sostener espectáculos y fiestas donde se torturan y matan animales como forma de diversión y entretenimiento público?
Digo... Por aquello del buen ejemplo, nada más.
Foto de Gian Paolo Barbieri

lunes, septiembre 21, 2009

Amores Mediáticos


Buscaba la letra de un lied de Schubert (!) y me encontré con esto que veréis pulsando aquí.
Los románticos desocupados disfrutarán de este video con los ojos humedecidos y el alma ganada por la melancolía, mientras se susurran: "¡ya podría pasarme a mí!".
Los escépticos darán por sentado que se trata de un montaje, obra de un productor discográfico, o televisivo, especialmente astuto.
Los que entiendan francés se preguntarán si estos dos tipos son de fiar, confesando como confiesan, a toda voz y sin ningún complejo, ser capaces de hacer cualquier cosa que les pida su amor.
Por último, los supervivientes de terremotos o tsunamis saben muy bien que por más enamorado que se esté es imposible pasar por alto catástrofes tan destructivas y ruidosas como esas.
¡Ah! Ella es belga-canadiense, él francés con genes italianos, como Ives Montand.
Aunque aquí no sabemos casi nada de esta pareja -¡ay! ...si fuera sólo esto...-, parece que el muchachote de negro canta desde los trece años, ha actuado en infinidad de galas y conciertos e interpretó un buen puñado de comedias musicales.
El romance con Lara -laralalá-, también cantante de éxito en su país, comenzó en 1998.
No quieran saber el final de la historia. Ellos aseguran que la eternidad y el cielo los tratará aún mejor que la vida misma. Sensible como soy a cualquier tipo de desenlace, he preferido no enterarme de nada más. Por si acaso.
Como gran final, los invito a comprobar mediante vuestros propios ojos y oídos que aquello de "donde caben dos, caben tres" , puede resultar verdadero. A pesar de las notorias, y aparentemente irreconciliables, diferencias existentes.
Ilustra un fotomontaje de Jean Paul Goude.

POSDATA: Luzdeana ha puesto una razón a mi siempre irracional subconsciente. Hoy, 21 de septiembre, empieza la primavera en Argentina. Este post al que suponía arbitrario, quizás no lo sea tanto. O lo es con la misma alegre arbitrariedad de este otoño europeo que recién empieza, llenando de flores y color los balcones de mi casa.
Un recuerdo especial para mis amigos del otro lado del Atlántico; también para los más cercanos Maxime Ruiz y R.C. El primero por haberme hecho conocer a Maurane, la segunda por ayudarme a recorrer los laberintos de Ariadna.


POSDATA 2: hoy a las tres de la tarde ha muerto An(Toni)o (López)Lamadrid, editor-creador de la Editorial Tusquets. Otra pérdida lamentable que me toca de cerca. Tanto como para equivocar alguna fecha en la anterior posdata. Gracias a Marina, ahora ese error ya está solucionado.

viernes, septiembre 18, 2009

una semana más


Una semana extraña, ¿pero acaso alguna no lo es?
Siguiendo con la lengua y sus aplicaciones, corroboro que también puede usarse como "arma destructiva de amplios efectos colaterales".
Esto incluye "el ninguneo",
el "no entiendo qué mierda me quieres decir"
y
el "me hago el/la sord@, te entiendo muy, pero que muy bien, mientras simulo que no entiendo nada y al traducirlo lo convierto en mío, robándote la idea por la cara".
El folleto con las explicaciones pertinentes se vende en Shopping Barcelona, la millor botiga del món.

Llega y vuelve a irse un amigo argentino al que no veía desde hace más de treinta años. Es arquitecto y está muy feliz con su encantadora nueva mujer. Casi no hablamos del pasado. Los llevo a ver edificios emblemáticos, calles particulares, hierros y piedras antiguas. Nos sacamos fotos en el Paseo de Gracia, en la rambla del Borne y en el Fossar de les Moreres, junto al mar y en mi casa, donde cenamos productos "de la tierra" acompañándolos con buen vino francés (soy partidario de las fusiones, y además los caldos franceses se pueden comprar a muy buen precio en La part des anges, Enrique Granados casi Valencia). A los postres, entre helados y sorbetes, me pregunta si pienso volver algún día a Buenos Aires. Le contesto evasivamente. ¿Cómo puedo saberlo?

Gracias (?) a Liberation me entero de la muerte del componente femenino de Peter, Paul and Mary, un trío famoso en los primeros años del Peace and Drugs con Margaritas in the Sky. Como suelo ser muy agradecido, agradezco también a la babélica YouTube, donde puedo constatar que Mary tenía un apellido y era una hermosa mujer con una pequeña y agradable voz. Adiós Mary Travers, fue un gusto conocerte.

Y ahora otro adiós. Es lamentable tanta necrológica, lo sé, sin embargo es imposible alegrarse por el nacimiento de alguien, suponiendo que con el tiempo, quizás, sólo quizás, nos hará la vida más llevadera llenándola de sueños. Willy Ronis fotografió París de una manera única: la de mis fantasías. Gracias por tus 99 años de tiernas miradas.


Preparo para los próximos miércoles -23 y 30- dos encuentros poéticos en el ajardinado espacio de Librería Bertrand, el mismo del 3 x 3 del mes de julio. Los llamo Diálogos Poéticos e invito a dos escritores por sesión, todos de Barcelona: Pura Salceda y Enrique Badosa para el primero, Carmen Borja y José Corredor-Matheos para el segundo.

Los diarios siguen asombrándome con sus titulares. ¿Quién habló de crisis?
Nos comunican un nuevo Record Guinness, esta vez auténticamente planetario: el mundo ya cuenta con mil millones de hambrientos. ¿Por cuánto hay que multiplicar la población de toda España para llegar a esa cifra? Creo que estamos exagerando el consumo de cerveza negra.
Una de hambre y otra de voracidad. Un señor muy conocido, responsable del Palau de la Música barcelonés, se declara culpable de usar tesoros públicos para vicios privados. Caros por supuesto, ya que la malversación asciende a varios millones de euros, casi tantos como costará blanquear la fachada de la también barcelonesa basílica de Santa María del Mar. El abogado del musicólogo defraudador espera que teniendo en cuenta la confesión escrita de éste y su evidente arrepentimiento, la justicia lo absuelva sin más. Es probable que pueda conseguirlo. Algo parecido pasó con un bailarín flamenco que sigue zapateando por el mundo a cambio de abundante dinero, mientras su víctima, un hombre de treinta y pocos años, atropellado sin auxilio, ya no baila más: ahora sólo alimenta malvas en un cementerio.
Incluir con cada ejemplar del diario que leo una copia de Apocalypse Now, ¿es un ardid publicitario o un presagio encubierto?

Semidormido, escucho por la radio un tema de Joaquín Sabina. Poco después sueño que voy junto al cantante por una estrecha calle madrileña. Mientras él susurra su canción ronca bajo un sombrero negro, yo bailo alegremente con los pies descalzos. No sabía que su música me gustara tanto.