domingo, febrero 06, 2011

Aniversarios



Desayuno en Cornelia & Co., un novísimo lugar por donde todavía se pasean los fantasmas orientales de la extinta Compañía Francesa de la China. Corpóreos y lozanos, bellos y cerámicos, transformados en cacharros de lujo o escondiendo dentro de sí los espíritus evanescentes de otras épocas no tan lejanas, son como restos arqueológicos del museo de una memoria personal, la mía, que quizás ya no tenga compañía alguna y esté condenada a desaparecer cuando el último de esos artesanales objetos resbale entre unas manos húmedas y apresuradas para ir a estrellarse contra el fondo de una pica, o simplemente decidan, por puro cansancio vital, hacerse trizas sobre la superficie embaldosada de la que supongo muy ajetreada cocina del exitoso café restaurante de Valencia casi Balmes.
Me gusta este lugar. Es moderno, amplio y está bien, cálida y amorosamente, atendido; sus lemon pie son excelentes y la cheese cake con salsa de frambuesas es sin ninguna duda la mejor que he comido hasta el momento. Además algunas de sus sillas de estilo "café vienés" imitan un trabajo que vi por primera vez, realizado por mis propias manos, en los, para mí ibicencos, años ochenta, cuando la imaginación y el reciclaje todavía suplían la falta de dinero: collage de papeles diversos, casi todos ellos recortes de periódicos y revistas de moda y actualidades, tapando los deterioros irrecuperables de diversos objetos de uso cotidiano. Sillas, por ejemplo. En el vestidor de nuestro piso conservamos hasta hoy un viejo armario cubierto de amarilleados papeles de periódico en los que se daba cuenta de algunas noticias que nos habían impactado. Un trabajo tan Dadá como el nombre de la tienda de la también ibicenca calle Muntaner donde vendíamos nuestro Art Wear: prendas únicas serigrafiadas con diseños propios y método absolutamente artesanal.
Sentado en una de esas sillas collage -hace algunos meses encontré otras similares en el pequeño restaurante Paradoja de la calle Mallorca, a cien escasos metros de casa -leí esta mañana que Patrick McNee, el atildado protagonista de Los Vengadores, cumplía 89 años. Sólo un muchachote si lo comparamos con Zsa Zsa Gabor, quien, terrible desgracia para uno de los mayores íconos sexuales del siglo pasado, ha inaugurado sus 94 con una pierna menos. La platinada húngara, vértice sobresaliente de un volcánico tripartito fraternal de rubias descocadas, ya no era ninguna piba cuando Jessica Tandy y Marlon Brando estrenaron Un tranvía llamado deseo (1947)en un teatro de New York y le faltaba poco para cumplir veinte febreros en el momento en que la visionaria Tiempos Modernos de Chaplin se proyectaba por primera vez sobre una pantalla.



Gracias a los periódicos me entero también que Mecha Ortiz -excelente actriz de temperamento fuerte y voz cascada- estrenó el drama tranviario de Tennessee Williams en Buenos Aires apenas (?) nueve años después de su estreno neoyorkino y cuando habían pasado casi cinco desde su traslado a la pantalla, bajo la dirección de Elia Kazan y con Vivian Leigh en el papel de la por entonces demasiado teatral, poco taquillera, Tandy. Parece que los milicos "libertadores" del 55 eran más despistados o menos censores que algunos funcionarios del gobierno del General Perón, ya que la obra estuvo esperando en un cajón de los productores argentinos hasta después de que nuestro generalísimo se marchara del país oculto en una cañonera paraguaya.
El tiempo pasa...
Podría ser el título de un nuevo álbum de Natalie Cole, la otrora niña mimada de aquel gran rey negro del jazz, pianista y cantante, al que todos llamaban Nat. Hoy su pequeña Natalie también cumplía años, sesenta y uno, y yo, para festejar tanto aniversario, apuré de un trago mi café con leche, mientras brindaba en un día de sol primaveral por los maravillosos tiempos idos y los convulsos, inquietantes, no menos espléndidos días por llegar.

Ilustran: dos imágenes de Zsa Zsa Gabor, programa porteño de época y Mecha Ortiz (Blanche) con Carlos Cores (Stanley) en el montaje de "Un tranvía...", Buenos Aires 1956.

martes, febrero 01, 2011

El día de la langosta/mitines y motines

¿De la eutanasia a otro largo adiós? Quizás sea, más que mucho, demasiado. Cada día me acuesto pensando que ustedes, los que a veces me leen, no se merecen semejante cosa. Imagino posts donde la gente baile, cante, sonría, ame, sea feliz, ya sea bajo la lluvia, las estrellas, las luces de neón o un sencillo sol radiante, y de inmediato me dejo ganar por ese real que golpea a mi puerta cargado de oscuras amenazas y sórdidos presagios, como el supuesto resucitado de La pata de mono.
Lluvias y vientos arrastran poblaciones enteras, la cifra de parados no para de aumentar, el paisaje se oscurece entre nubes tóxicas y vertidos asesinos...¿hace falta enumerar más detalles? Mientras el futuro se vuelve aún más impreciso, nuestros políticos sonríen entre ellos, divertidos, para un segundo después atacarse malévolamente frente a los medios, haciendo gala de un humor variable al que podríamos calificar, con cierta ligereza aunque sin temor a equivocarnos, de absolutamente bipolar. Protestas masivas ganan las calles de varias ciudades, no siempre de forma pacífica, y aunque se hace difícil tomar partido por la destrucción y el caos, somos conscientes de que es casi imposible soportar en silencio según qué situaciones.
"Sin embargo tu vida no está mal", susurra a mi oído el Pepito Grillo Positivo, pero al mismo tiempo el del lado izquierdo -no necesariamente izquierdista- opina que mi presunta dicha, egocéntrica, escapista, burguesa, está sembrada de paquetes bomba tan bien envueltos como dispuestos a explotar apenas me relaje demasiado.
Bah!, que harto de mis contradictorios grillos bicolor, les abro la ventana para que salgan a refrescarse un rato. Tanta exploración hamletiana no lleva a nada. Enciendo el televisor y me solazo con El fantasma del Paraíso, dirigido por un musical, muy temprano Brian de Palma, o con Resplandor, o esplendor, en la hierba, del contradictorio y bienintencionado Elia Kazan, o con la oscura, pesimista, casi depresiva Delitos y faltas de Woody Allen. (¡Gracias CTK!)


Cuando finalmente entro al blog, voy directo a la página de 39 escalones.
Alfredo da cuenta de que ayer ha muerto el compositor John Barry y uno de sus visitantes recomienda "Como plaga de langosta", excesiva, barroca, espléndida película de John Schlesinger sobre una novela corta (1939) de Nathanael West, a la que el ahora finado Barry había puesto música.
Es una de mis "inolvidables", pero como la memoria, no me canso de repetirlo, tiene recovecos oscuros donde esconde lo que podría doler demasiado, la había olvidado hasta hoy.
No se la pierdan.



Un detalle "curioso" que tal vez ya conocieran: el personaje que interpreta Donald Sutherland en "The Day of the Locust" se llama Homer Simpson y como tal ya aparecía en la novela de West. Rizando el rizo, la troupe de Matt Groening homenajea irónicamente a Jacobs, autor de La Pata de Mono, en uno de sus capítulos. Para gritar.

viernes, enero 28, 2011

Fin de Enero


Revuelves papeles viejos, viejas fotografías, y al hacerlo, inconsciente y torpemente, pones en movimiento una película retrospectiva, siempre parcial y arbitraria, de tu vida.
Cuando protestando y a regañadientes decides no esquivar el bulto que te ha caído encima -a pesar de tus muchos traslados, de tus casi incontables mudanzas, todavía no has aprendido a ubicar sin riesgos los incómodos trastos del pasado- los habitantes de ese segmento postergado de tu vida reaparecen con la fuerza que les dio una larga espera, quieta y silenciosa, en esa especie de limbo sin destino adonde los tenías confinados.
Pasa que te ves en una fotografía antigua con un perfil que ya no tienes y para escapar de la evidencia sin mancharte demasiado las manos, te pones de inmediato a hojear una inocente revista de decoración que compras cada mes como parte de tu particular rutina doméstica. Al parecer es día de reencuentros: esparcidas por un lujoso piso de la alejada Buenos Aires, ves obras de un amigo al que no habías vuelto a nombrar desde su muerte y, para terminar la jornada con puntos suspensivos y un subrayado continuará al día siguiente, poco antes de acostarte recibes un email donde otro amigo en standby te envía sus itálicas elucubraciones sobre la muerte y la eutanasia.
Contestas, por supuesto, aunque al hacerlo descubres tu presente; moldeas, sin quererlo, un posible futuro.

Maticemos...como gustan decir por aquí.
Estoy en mi cuarto de trabajo -¿despacho, taller, escritorio?- y afuera el día es gris, muy frío.
Invierno en Barcelona.
A través de la cristalera que da a la calle Mallorca -nunca pensé que mi destino estaría tan unido a las islas baleares- veo el bello, sólido, señorial y sin fiorituras, edificio años cuarenta del hotel de enfrente, montado en lo que en otro tiempo fueran unas amplias y desangeladas oficinas estatales.
Hay plantas en mi balcón y también dentro; la casa está tranquila: Jorge trabaja en su despacho, a diez metros del mío, y Adrián acaba de salir hacia el gimnasio. Nos veremos allí en una hora para compartir nuestra clase semanal de yoga.
Acabo de recuperar una butaca thonet que teníamos arrumbada. Después de décadas de alejamiento (hasta mi escapada de Buenos Aires solíamos timbear cada semana con Pablo Suárez, Noemí Raimundo, Hugo Monzón, Santiago Giacobbe o algunos otros menos fervorosos) he rescatado nuevamente el póker como excusa para encuentros amigables. Y, más afectos a los sillones, faltaba una silla cómoda, que ahora, previo bricolage reparador, ya tenemos.
Federico, el felino, se niega a salir de su almohadón. No hay sol para calentar su cuerpo, y él, tan maduro como astuto, no se arriesga a desagradables enfriamientos.
No estoy hablando de la eutanasia, lo sé, sin embargo, a raíz de tu nota estoy pensando en ella. La descripción anterior relata un instante preciso en un momento asaz idílico de mi vida. Pasajero, fugaz, impermanente, como lo son todos siempre.
¿De qué vale pensar en la muerte, esa desgraciada inevitable, si ella está pensándonos constantemente, si no nos olvida ni un mínimo instante?
Supongo que los que deciden acabar con su vida sin esperar que la siempre inesperada parca se decida a actuar, ya no ven un paisaje apetecible, ya no habitan un cuerpo que responde a sus deseos ni alientan una esperanza que los empuja a seguir.
Beatriz de Moura, la editora, y el escritor Salvador Pániker, entre otros muchos, adhieren a una asociación por el derecho a la eutanasia.
Cualquier libertad sobre el propio cuerpo me parece inobjetable, quizás por eso mismo nunca he querido firmar según qué compromisos. Ya llegará el momento de hacerlo, supongo; ya habrá alguien, amante y amado, que decida por mí si yo no pudiera acometer semejante empresa cuando se haga necesario.
Mientras tanto, y puesto que nadie nos pidió opinión alguna antes de encendernos la vida, permitamos, sin cortes, prohibiciones ni censuras, que cada uno elija el final, pocas veces feliz, de su película.
Te quiere, Dante.


Foto doméstica no digital. Preparándome para una fiesta de disfraz en casa de amigos. Ibiza, fines del siglo pasado.

lunes, enero 24, 2011

cotorras y halcones


Hace pocos días aparecía en el diario La Vanguardia un extenso artículo sobre la preocupación de algunos ayuntamientos catalanes frente a la proliferación de aves no autóctonas, entre ellas las parlanchinas, vistosas y coloridas cotorras argentinas.
Como drástico remedio a esta inmigración natural, no deseada, en la misma nota se anunciaba la reimplantación en la ciudad de Barcelona de un buen número de jóvenes halcones. Una especie autóctona esta, según parece.
¡Adiós a la hasta ahora más que evidente convivencia pacífica -basta acercarse a alguna de las escasas plazas de la ciudad para comprobarlo- entre gorriones, palomas y cotorras!
Los poderosos mandamases, tan afectos a los enfrentamientos de todo tipo, no pueden soportar que otras especies se monten una historia despojada de insultos, disparos y explosiones; una relación incruenta y muy pacífica, bien distinta a la suya.
"¡Invadidos por indignas especies foráneas, muy pronto desaparecerán todas nuestras aves!", proclaman con evidente indignación los susodichos, mientras dan por sentado que todo lo cercano les pertenece.
Para avivar cierta inquietud que ganaba mi alma, por esos mismos días Messi ganó por segunda vez un premio -tan arbitrario como todos, supongo- que lo acreditaba como el mejor jugador de fútbol del mundo y gran parte de los medios "comunicadores" españoles rasgaron sus gargantas clamando al cielo por tanta desvergüenza. Los que conceden el trofeo no habían tenido en cuenta a ninguno de los dos jugadores españoles que conformaban con Messi la terna de favoritos, eligiendo una vez más al "argentino", un tipo sin militancia "argentinista" alguna, formado desde niño en Barcelona y que desarrolla su brillante carrera goleadora en el equipo de esta ciudad, para muchos al menos, española.
Parece que el verde cotorra es inalterable, más fuerte y más "cantor" que cualquier otro.
Después de treinta y cinco años de vida europea, gran parte de ella en tierras catalanas, con un DNI español y larga militancia laboral, creativa y social en Barcelona, me pregunto si no habrá algún halcón adiestrado y hambriento esperando que mi inmigrado ser pase a su lado para demostrarme, de una buena vez y para siempre, de quien son realmente las calles, el aire, las baldosas y hasta los contaminados árboles con todas sus ramas de invernal color marrón miseria, despojadas al fin del molesto, foráneo, extranjero y por ende extraño, verde cotorra.

Posdata: cotorro es una de las palabras que el lunfardo argentino utiliza para llamar a un nidito de amor, al bulín, a la garçoniere francesa...
foto de Alastair Thain

lunes, enero 17, 2011

Despedidas


Hace apenas unas horas comenté el post donde la escritora Isabel Núñez daba noticia de la muerte de su madre:

Lo siento, Zbelnu; por ella y por tí.
Me costó mucho despedirme de mis padres. Con él ya muerto tuve una charla en aquel precioso café de maderas oscuras y rincones silenciosos que ahora es un pringoso burguer, al lado mismo de Plaza Cataluña, imaginándolo en la piel de otro inmigrante cercano con uniformado disfraz de marinero.
Allí pude llorarlo al fin, dándome cuenta de cuánto nos parecíamos: los dos inquietos, ligeramente aventureros, muy curiosos.
Para los que no tenemos el consuelo de un más allá glorioso, siempre es duro despedirse.
No hay reencuentro posible, salvo en la memoria.


La muerte, si no nos negáramos testarudamente a convivir con ella y su fatal designio, debería convertir casi todo lo humano en lo que en realidad es: algo poco trascendente, pasajero, leve, que sólo adquiere importancia en nuestro fuero interno porque decidimos no tener en cuenta lo frágil de la existencia humana, la nimiedad perecedera de todos nuestros instantes, a pesar del valor que, por pura cerrazón egocéntrica, les adjudicamos.

ilustra: retrato de Andy Warhol por Alastair Thain.

martes, enero 11, 2011

María Elena Walsh









Todas estas mujeres ligeramente parecidas fueron una misma: María Elena Walsh.
La vida nos va modelando a su antojo, y ella, que vivió ochenta años, le dio tiempo y motivos suficientes para hacerlo una y otra vez.

Fuiste la banda sonora de muchos momentos cruciales de mi vida.
Ya no estás y, enmudecido por la tristeza, sólo se me ocurre despedirme.
Adiós, querida.





El video con la maravillosa voz de Rosa León lleva incorporado un error tan garrafal como estúpido: adjudicar el precioso poema de María Elena Walsh a Rafael Alberti. Equivocada estás, Paloma. Tanto como la de la canción, esa sí, del poeta gaditano.

Gran parte de los retratos de M.E.W. que acompañan este texto son obra de la que fuera su compañera, amiga, amante, durante más de 25 años, la fotógrafa Sara Facio.

lunes, enero 10, 2011

2 + 0 + 1 + 1 = 4



¿De qué cuatro estaremos hablando?
¿De Las cuatro estaciones de Vivaldi?
¿De los cuatro hermanos Marx?
¿De los cuatro puntos cardinales?
¿De los cuatro dedos de Mickey Mouse?
¿De Los cuatro mosqueteros?
¿De los Cuatro jinetes del Apocalipsis?

A juzgar por lo que pronostican los medios de comunicación, siempre tan propensos a los titulares catástrofe, si buscáramos un motivo representativo de este año recién comenzado, sin ninguna duda habría que optar por estos últimos caballeros de triste figura y peores intenciones. Los cuatro jinetes, digo. Sin embargo, como mi musical juego de llantos lleva una semana colgado y mis lágrimas han durado mucho, pero que muchísimo menos, he decidido dejarles un pequeño regalo -espero que realmente lo sea- para los días venideros.
Disfrútenlo... si es que les queda algo de tiempo libre entre liquidación y liquidación, entre los malestares de estómago y las gripes alfabetizadas, entre los últimos excesos y las primeras dietas.
Entre Lágrimas y sonrisas, Gritos y susurros, jadeos y suspiros.

Que sean, seamos, muy felices.







lunes, enero 03, 2011

after party: ¿to cry for..?


"No llores, niño, eso no es de hombres."
"...¡porque un hombre macho no debe llorar!(tango)"
"A ver si demostrás lo hombrecito que sos y parás de llorar de una buena vez."
"Si fueras suficientemente hombre no llorarías como una mujer."

Nadie se avergüenza de reír en público, pero hasta hace pocos años llorar en presencia de otra gente era señal de cobardía o debilidad.
Contradiciendo con sus lágrimas tanta frase tópica y prejuiciosa soltada al boleo por cuanto idiota quería sentar cátedra de filósofo diplomado en la tan omnipresente como virtual Facultad de la Vida, mi padre italiano lloraba bastante: lo hacía mirando películas sentimentales por televisión, cuando alguien le hablaba de sus antepasados o de sus hijos, mientras leía alguna noticia triste en los periódicos o simplemente cuando te abrazaba para despedirse.
Se acabó un año, según parece, y en este tiempo pasado que llamamos 2010, (nos) sucedieron un montón de cosas buenas y malas, como en cada uno de los anteriores. Dado que las buenas ya han sido suficientemente festejadas, antes de que lleguen los Reyes de Oriente con sus oros, sus incienzos y sus mirras, quiero hacer un paréntesis entre tanta algarabía y, en lugar de tirar más petardos y encender más bombillas de colores, me propongo soltar algunas lágrimas por los adioses definitivos, por las pérdidas irrecuperables, por los recuerdos que ya nunca más volverán a ser lo que alguna vez fueron: instantes de palpitante, conmovedora, inapresable y auténtica vida.























¡Y a quien no le guste la clase de música que canta mi esposa, pude retirarse inmediatamente!

Poema de Oliverio Girondo dicho por Dario Grandinetti. Ilustración de Roy Lichtenstein

viernes, diciembre 31, 2010

¡F.A.N!


Dicen que empieza un año y acaba otro, como si estuviéramos hablando de tabletas de turrón o de paquetes de galletitas.
En realidad no hay finales ni comienzos: las horas se suceden una tras otra y somos los hombres los que las contabilizamos, bautizándolas además, y no siempre de la misma manera.
Sin embargo reconozco que estas fechas de reuniones y excesos gastronómicos sirven también para hacer balances o limpieza de armarios, agendas y desvanes.
Lo haré con las páginas amigas que guardan silencio hace demasiado tiempo. Si acaso me equivoco con alguna y queréis seguir estando aquí, en esta página, con sólo decir ¡hola!, vuelvo a poneros en la lista, ¿vale?

Esta página, tan afecta a recordatorios, adioses y nostalgias, los deja hasta el año que viene con esta perfo-mujer 2010, su inescrutable cara de póker y lo que supongo un silencioso homenaje a quien la precedió en la práctica de los estrambóticos disfraces escénicos: la estilizadísima Grace Jones (Goude). Que se diviertan.
(La sigla F.A.N. corresponde a ese Feliz Año Nuevo que no me atrevo a pronunciar.)



martes, diciembre 28, 2010

Inocentes


Queríamos ver Europa; conocerla recorriéndola, caminarla.
Estábamos convencidos de que con sólo pisar este continente, algo cambiaría en nosotros.
Hijos o nietos de inmigrantes europeos, suponíamos que aquí estaban nuestras verdaderas raíces, el principio de nuestra historia.
Apuestos príncipes azules y sonrosadas, adormecidas, princesas; brujas, elfos y hechiceros; cruzados, tribunos, descubridores; aguerridos héroes y dulces heroínas; artistas, literatos, filósofos, creadores, arquitectos; compositores, músicos, poetas, aventureros, inventores... Personajes muy propios de estas tierras, para nosotros muy lejanas: las tierras donde habían nacido nuestros padres o nuestros abuelos.
Leyendas y misterios, ficciones y encantamientos, romances y embelesos, eran propios de la vieja Europa, no de nuestras pampas párvulas, ingenuas, supuestamente bárbaras.
Un 27 de diciembre abandonamos la más que cálida Buenos Aires rumbo a Madrid, una ciudad que nos recibiría envuelta en nieves, frío, humedad, capotes verde musgo, lluvias e indescifrables, amenazadores por cercanos a la vez que desconocidos, cielos color plomo.
Ni siquiera sabíamos que día estábamos atravesando: presente y futuro tenían la forma del avión que nos acercaba, entre rumores y turbulencias, a un paisaje novedoso y feliz, de paz y esperanza.
Recién comprendimos la importancia de la fecha cuando, poco antes de tocar tierra, la voz con acento español de una azafata nos comunicó que era 28 de diciembre, Día de los Inocentes.

35 años después me pregunto adónde la habremos dejado, si es que la hemos perdido o nos la han robado. 

A la inocencia, digo.

miércoles, diciembre 22, 2010

¡escandalosos enlaces!


Encuentro a don Javier Solís mientras busco un tema del atiplado Rosamel Araya ("...no sé por qué, no sé por qué me enamoré de tí...".
Mexicano el primero, chileno el segundo, ambos fueron exitosos cantantes melódicos de enorme proyección en toda América. Solís murió con treinta y pocos años, dejando documentos tan extraños como este fragmento de una película suya en blanco y negro, con vaqueros que parecen esperar a ese Godot que recién llegaría cuarenta años después, a caballo de Brockeback Mountain, filmada en vibrantes colores y con Heath Ledger y Jake Gyllenhaal como amorosos jinetes.





Por si no me hubiera dado cuenta del escabroso enlace, a un costado de la pantalla, junto a Javier y su escándalo particular, aparecía uno de los protagonistas de la bella, sensible película de Ang Lee (¿por qué el apellido de este chino prodigioso es casi un apócope incruento de angustia?) promocionando otro filme (Love and others drugs) de amores apasionados y sexualidades desbordadas.
Todavía no la he visto, pero allí el personaje de Jake Gyllenhaal se pregunta:
¿Cómo es posible que conociendo tanta gente, una sola persona haya cambiado mi vida para siempre?



LES DESEO A TODOS UNAS FELICES Y AMOROSAS FIESTAS.
¡HASTA UNO DE ESTOS DÍAS!

Ilustra un retrato del director Michael Powell.

viernes, diciembre 17, 2010

Once, que no dos...


Tenía algo más de veinte años y una relación de pocos meses cuando descubrí que el ideal de pareja no era el número dos, sino el once.
La revelación se confirmó el mismo día en que decidí romper con mi "otra mitad" de aquella época, y lo hizo, según mi mágica, pre-psicoanalítica interpretación del mundo, a través de una foto que encontré en la calle, frente mismo a la puerta de la casa que habíamos compartido hasta ese momento con quien yo suponía el gran amor de mi vida.
En la imagen fotográfica, impresa sobre una cartulina cuadrada, se destacaban los dos unos con diáfana claridad: blanco neto, brillante, sobre un fondo verde esperanza que fue después, viviendo, igual al mío.
Por aquel entonces yo probaba por primera vez las mieles amargas del amor romántico conviviendo con alguien que ya había catado ese perverso manjar otras dos veces.
Ese alguien era tan superficial y mentiroso que aseguraba amar con total entrega y para siempre. Me costó comprender que no mentía. Su amor propio era inalterable y podría asegurar sin temor a equivocarme que lo acompañará sin renuncias ni olvidos hasta la mismísima tumba.
No entraré en detalles. A pesar de sus encendidas proclamas pre-matrimoniales, después de un tiempo de convivencia el candidato demostró ser una réplica clonada de cualquier político ambicioso: mentiroso, acomodaticio y desleal, sus promesas se desvanecieron en el aire apenas se sintió con aquello que se había propuesto conseguir, en este caso yo, en sus manos. Mi príncipe de cuento se bajó del caballo para mostrarme que su altura era la misma del equino y su azul un vulgar (d)efecto óptico, más cercano a la miopía que al deslumbramiento. En muy poco tiempo la eternidad prometida se desvaneció en el aire y el personaje de cuento fue mostrándose, a pesar de sus disfraces y ocultamientos, como una persona sin la más mínima credibilidad: corrupta y desleal, absolutamente infiel. Era tan cínica como para mantener sus mentiras en pie aunque la pescaras con tres robustos amantes ocultos en el ropero, tan estúpida como para olvidarse al día siguiente de lo que te había contado el día anterior, tan práctica como para citarte en un lugar lejano, de difícil acceso, y así tener tiempo y espacio libres en los que meterte los cuernos.
Yo era bastante ingenuo y había vivido siempre en una casa grande con familia numerosa. Demasiados caracteres diferentes y muy pocas habitaciones para airearlos con la comodidad necesaria. Quería mi propio rancho; montar un nido de amor dual a mi manera para no tener que compartir la mesa con tantos personajes desnortados que ni siquiera buscaban un autor italiano que les escribiera los diálogos. Mi inocencia era tal por aquellos tiempos que imaginaba la felicidad con las imágenes y el sonido de los anuncios de Coca Cola; escenarios de sueño donde todos eran felices mientras reían al sol tomados de la mano.
Aquella primer pareja "estable" me enseñó, con suficiente dolor y no pocas lágrimas, a discernir con claridad los límites entre las inmaduras fantasías adolescentes y mis auténticas posibilidades; a conocer el margen, habitualmente insalvable, entre mis propios deseos balbuceantes y los también imprecisos deseos ajenos.
Fue así como, después de mi primera experiencia frustrante con el dos, me convencí de que la única posibilidad de acercamiento amoroso, era la de dos individuos que eligen formar una cifra única sin abandonar sus individualidades.

Pero por vaya a saber qué ironías de un destino ajeno a las afirmaciones absolutas o tal vez por culpa de los caprichos del lenguaje, siempre deslizándose hacia terrenos farragosos, poco después me instalaría en España, donde el once es "la Once" y sirve para denominar a la poderosa, archiconocida, Organización Nacional de Ciegos.

Imagen de autor desconocido.

viernes, diciembre 10, 2010

¿Writers?


Durante el último viaje a Madrid pude comprobar -una vez más y con desesperanzada tristeza- que si acercas un instrumento cualquiera a una persona con sensibilidad creativa tienes la posibilidad de encontrarte poco después con una obra de arte, pero si se lo das a un vándalo descerebrado posiblemente se le ocurra destruir lo primero que tenga a mano, ya sea un monumento histórico, un muro recién reparado o el cristal impecable de un escaparate.
Cuando el año pasado estuve por algunos días en Sevilla, me asombró ver el estado en que se encontraban las vidrieras de los locales comerciales del centro de la ciudad.
La cantidad de pintadas, grafitis o raspones simulando firmas sobre los cristales de las tiendas eran tan numerosas, que en algunos locales se hacía realmente complicado ver lo que estaban exhibiendo en sus escaparates.





Lenta, aunque no pausadamente, la moda de agredir cristales ha llegado a todas las ciudades que transito. Los municipios, aparentemente ajenos a estos nada espontáneos destrozos, distraídos o ciegos frente a lo más que evidente, insisten en poner vallas acristaladas en muchos elementos urbanos. Una solución ligera en más de un aspecto y que pareciera funcionar como desafío para las dotes escribientes de los aficionados al writing, una forma bastarda, primaria y especialmente vandálica de acercarse a la escritura.
Descendientes "letrados" de los grafiteros, estos personajes sin oficio ni beneficio gozan dejando su garabateada impronta sobre cualquier superficie impecable, como si de esta manera ganaran un pasaje desde el anonimato a la popularidad, desde su evidente mediocridad cotidiana a esa fama mediática que sólo ellos pueden suponer gloriosa, satisfactoria, menos desgraciada.



Los supongo pobres niñatos de la cada día más devaluada clase media -¿quién si no puede malgastar tiempo y dinero en una labor sin sueldo?-, a los que unos desorientados padres -adictos al orden impuesto por la lejía Conejo, los salva-uñas Vilela y el musculado Señor Limpio- han prohibido escribir sobre las intocables paredes de la casa familiar pero jamás le han enseñado a respetar lo ajeno.
Ahora, ya más creciditos y con la semanada paterna para comprar pinturas, se desquitan de las anteriores prohibiciones estropeando todo aquello que otros se empeñan en conservar de la mejor manera.

No sería extraño que algún día se queden sin cristales y decidan estampar su corrosiva firma sobre nuestras, hasta ese mismo momento, desprevenidas, impávidas caras.

Fotos, Diesel, puertas y cristales por (c)Dante Bertini.

viernes, diciembre 03, 2010

con "El Niño" por Madrid


No lo impactaron demasiado la Castellana ni el Paseo del Prado. Tampoco se le movió un pelo cuando encontramos un "Manolo", exhibido como si fuera una escultura de Rodin, en mitad mismo de la renovada calle Serrano. Había uno solo, eso sí, no vaya a ser cosa que a alguna de las desnutridas rubias que pasean por allí se le ocurriera romper el cristal, trepar sobre ellos y salir corriendo hacia una vida más glamourosa y sexy.
Se sorprendió alegremente con la gorda desnuda de Botero y su espejo minúsculo y disfrutó con la decoración decadente y el chocolate espeso del bar de El Espejo, pero lo vi observar sin inmutarse algunos edificios que suelen producirme una particular felicidad y el trajín variopinto y cosmopolita de la ciudad le recordó al de otras, sudamericanas, que, según me dijo, le resultan molestas, ruidosas, insoportables. Barcelona estaba ganando, sin saberlo, un adepto más.


Entre los restaurantes, elogió entusiasmado un mesón cercano al Museo de la Baronesa Cervera-Thyssen donde le sirvieron un gustoso caldo de cocido, filetes de buey acompañados de tomate y patatas fritas y, como postre, unas natillas que según el extrovertido, charlatán camarero del lugar, harían que jamás nos olvidáramos de él.
"¿Qué son las natillas?", preguntó, y yo de dije que eran como una crema catalana sin azucar quemada encima.
"¿Qué es la crema catalana?"
Había olvidado que lleva poco menos de un mes en España, el muy extranjero, así que recurrí a un lugar común de la cultura nacional argentina:
"¿Conocés la crema pastelera, verdad? Pues es igualita."
Limpio, pequeño, muy concurrido, el restaurante de las natillas inolvidables lucía como decoración navideña un pesebre tradicional montado dentro de la carcasa de un televisor años sesenta, detalle ideal para un rinconcito cualquiera del hogar vintage de la rotunda Alaska y su descarnado, vaquerizo marido.


Podría decirse que AM tiene suerte: no hace demasiadas comparaciones, todo lo que come le gusta y en las cuatro horas que dedicamos al Prado pudo ver lo mejor de Velázquez y el Greco, las dos tablas con el Adán y Eva de Durero recién restaurados, El Jardín de las delicias del Bosco, la bellísima Anunciación de Fra Angélico, algunos Rafaeles, varios Tizianos y los bustos de Adriano y Antinoo como punto final, visualmente estratégico, de una sala oval con otros mármoles de igual o mayor belleza.
Tal cual me pasó a mí en su momento, ni siquiera se detuvo frente a las icónicas, ¿sobrevaloradas? majas de Goya, pero lo vi excitado y feliz con las pinturas negras de la Quinta del Sordo, sobre todo el Saturno devorador e infanticida que alguna vez había visto mal reproducido en un libro de estudio.
Nuestra visita al Prado fue corta. "De médico", hubiera dicho mi madre. Pasábamos de salón en salón tratando de detenernos sólo en aquellas obras que llamaran poderosamente su, nuestra, atención. A las nueve volvíamos a Barcelona y antes de embarcar en el AVE debíamos recoger los pocos trastos viajeros que habíamos dejado guardados en la consigna de la estación de Atocha.
En el mismo momento que abandonábamos el Museo me dijo:
-Siempre pensé que no me interesaba la pintura. Ahora me doy cuenta de que nunca antes había visto pintura que me interesara.
El Niño suele ser así. Le gusta sacar conclusiones y, salvo en aquellos momentos en que se parapeta tras un silencio meditativo, profundo y melancólico, le gusta todavía más compartir esas conclusiones con la gente que aprecia.



Todas las fotos -reflejos, Manolo en serrano, Mickey Madrid, deslumbrado- son de(c)Dante Bertini

viernes, noviembre 26, 2010

2 FORMAS distintas de CONTAR la misma HISTORIA


(1ª Versión)

Las flores azules de agapanto hunden sus tallos en un jarrón esbelto de cristal ahumado.
Mantas de algodón descolorido cubren de colores tenues las amplias camas despobladas.
Las paredes, teñidas por la suave luz lunar que entra en franjas desde la ventana, intentan pasar desapercibidas, imitando a la piedra, a la arena, a las algas secas de la playa cercana.
Afuera, el ácido color del cielo flota sobre un mar de leche aguada.
Las aspas del ventilador esparcen desde el techo un aire tan suave como la música de piano que suena a mi costado.
En mitad de la noche, casi de madrugada, alguien desconocido me ha besado en sueños: los mórbidos labios entreabiertos y el aliento cálido, aromático, sereno y seco.
Un ligero roce y todo se desploma nuevamente.
El orden tan mimado, por demás endeble, vuelve a su normal incertidumbre, a su habitual desconcierto.


(2ª Versión)

Un beso en sueños.
¡Maldito Eros!

Fotografías de Harry Callahan y John Gutmann

miércoles, noviembre 24, 2010

INCÓGNITA


"El NO ya lo tienes", dicen en España, casi obligándote a perseguir ese SI que supuestamente deseas.
De allí, deduzco, nace la tan mentada furia española, esa testarudez quijotesca que los enfrenta a molinos y sombras sin tener demasiado en cuenta posibles consecuencias adversas.
Yo, hijo del tango rioplatense, melancólica mixtura de mil leches, fusión extraña, se podría decir espontánea, de canción francesa, copla española, fado portugués y canzonetta napolitana, adoctrinado desde la misma cuna para soportar con estoicismo perdedor toda frustración, todo desencanto, soy sin embargo bastante afecto a darme la nariz contra las aspas de la realidad, negando a esta señora de múltiples rostros una inexorabilidad que enerva mi espíritu y convierte mi razonamiento habitual en materia de dudosa credibilidad y mis temores y prevenciones en residuos descartables, casi orgánicos, de los molinos virtuales de mi pensamiento.

Tenía este texto guardado en mi borrador con el título De la literatura como fantasma.
¿Alguien podría decirme por qué?


Fotografía de John Gutmann (Los artistas viven peligrosamente)

viernes, noviembre 19, 2010

blogger


Durante cuatro años este blog fue mi conexión con el "más allá", ese lugar fuera de nosotros que no siempre resulta fantasmal e impreciso, que a veces se corporiza de la forma más cercana, afectiva, amistosa, querible.
Me releo y suena a despedida. No pienso decir adiós a tanta comunicación, a tanta amistad como la que encontré por este medio.
En estos últimos días tuve que aceptar con resignada tristeza el abandono repentino e inesperado de algunos amigos bloggeros, siempre esperando que se arrepientan y vuelvan a colgar sus posts, sus elucubraciones creativas, sus historias, sus deseos y fantasías. "Algunos viene y otros se van..." Creo que lo cantaba Julio Iglesias y fue la banda sonora original de muchas gasolineras del mundo.
No; este no es un adiós ni un hasta luego, sólo la explicación de un tiempo poco comunicativo en el que aprendí mucho de la vida exterior, volví a paisajes íntimos y reconocibles, a estados de ánimo y sentimientos que parecían de otra época pasada, más joven, aunque no necesariamente más feliz.
Estoy aquí y seguiré aquí.
Al menos eso espero. Visitándolos, escribiendo, comentando. Pero deberán disculparme si no soy tan correcto, tan minucioso y responsable como lo fuera antes.
Un vendaval cálido y renovador entró a mi vida, y si bien los nuevos buenos aires nos llenan de vida, oxigenan nuesto corazón y nuestros músculos, nos hacen renacer de nuestras tristes, al mismo tiempo que cómodas, cenizas, también vuelan papeles, desordenan esquemas y costumbres, alteran, despelotan, renuevan, nuestros pequeños rituales cotidianos.

Todo está bien.
Soy feliz y los quiero, amigos.

domingo, noviembre 14, 2010

Berlanga...adiós

Entramos juntos al gran pabellón de FICEB en Badalona.
Juli Simón, cálido director del Festival Internacional de Cine Erótico de Barcelona, nos había convocado para ejercer de jurados en esta muestra competitiva, tan especial e irónica como para ofrecer galardones por resistencia, capacidad, apertura o tamaño, antes que por dotes interpretativas y/o estéticas.
Apenas atravesar la puerta lateral, supuestamente reservada a los invitados VIP, dos contundentes azafatas en tanga y con el torso desnudo se acercaron sonrientes para ofrecernos compañía y ayuda. Casi al mismo tiempo, un guardia de seguridad de contextura impresionante y piel caribeña las cogió del brazo para apartarlas sin excesiva suavidad de nosotros:
-Dejen de molestar a los señores...
Berlanga, nada molesto frente a aquel asalto femenino, aunque sí algo desorientado en medio de ese populoso mercado de carne humana, rebosante de gadgets de látex, ruidos de todo tipo y desinhibida, por momentos grotesca, exhibición sexual, me miró sin decir nada, aferrándose a su bastón con cara entre sorprendida e impávida de cómico fuera de contexto.
Sin pensármelo dos veces, salí en su defensa:
-¡Por favor, hombre! Deja que lo molesten...No ves lo contento que está.
El tipo se apartó pidiendo disculpas y las muñecas nos cogieron del brazo encantadas para conducirnos hasta el restaurante donde esperaban los demás miembros del jurado. Berlanga me miró sonriente y dijo "gracias, Dante" con la misma suave ternura de un niñito bien educado que agradece el regalo de una golosina que le gusta.


Ciao, querido Luis.
Si hay ángeles en tu paraíso, espero que tengan buenas curvas y mejor disposición. También que sus turgencias estén al descubierto y, a ser posible, se paseen y rían con suelta sensualidad, trepadas a los tacones extremadamente altos de unas botas muy justas de reluciente charol negro.

sábado, noviembre 06, 2010

un 9 de noviembre...


...de 1799, en París, Francia, Napoleón Bonaparte da un golpe de estado conocido como el 18 Brumario, accediendo al poder y señalando el fin de la Revolución Francesa.
...de 1893, en Grecia, se termina de construir el Canal de Corinto.
...de 1938 se produce en Austria y Alemania "la Noche de los cristales rotos", dando comienzo a la persecución y masacre de los judíos.
...de 1944 la Academia Sueca vuelve a otorgar los Premios Nobel que había suspendido desde el comienzo de la guerra.
...de 1960, el republicano Richard Nixon es vencido por el candidato demócrata John F. Kennedy por un estrecho margen de votos.
...de 1965, y en Estados Unidos, se produce el primer apagón eléctrico de la era moderna. Ocho estados de la costa este, incluído New York, permanecen sin luz durante más de catorce horas.
...de 1989 cae el Muro de Berlín y las dos Alemanias vuelven a unificarse.

Y como para mí toda la Historia, el Universo mismo, ni siquiera existiría de no haber sido así:
el nueve de noviembre de algún año lejano que no logro recordar, nazco yo, Dante Bertini ...y, para rizar el rizo de esta fecha, otro nueve de noviembre de hace ya 4 años aparece el primer post de Cacho de pan.

Gracias a la vida por darme tanto, a ustedes por seguir visitándome y a mi admirado Cole Porter por desearme felicidades con una canción tan sencilla y espléndida como esta...



ilustración de Bertini


Posdata:
Cuando todos parecían haberla olvidado, yo seguía acordándome de ella.
Para darle un toque de amargura a mi cursilona, virtual tarta de cumpleaños, en estos días escorpianos se ha muerto Jill Claybourgh. Padecía leucemia desde hacía más de veinte años, pero nunca dejó de actuar en la profesión que había, y la había elegido, casi por casualidad, mientras cursaba sus estudios universitarios.
Mujer culta y refinada -bastaba con mirar sus manos para entender que su educación y sus genes tenían vocación aristocrática-, dos veces candidata al Oscar de la Academia y protagonista de algunos filmes emblemáticos del siglo pasado, sabía sin embargo ocultar un carácter decidido y luchador, amante de los riesgos artísticos e intelectuales, detrás de su mirada dulce y de su sonrisa entre bondadosa y frágil, siempre al borde del quiebre melancólico.
Lamento tu muerte, Jill. Siempre pensé que podríamos haber sido muy buenos amigos.

lunes, noviembre 01, 2010

Federico, como mi gato (Spirits of the Dead)


El canal de cine TCM Clásico (los dioses lo mantengan vivo y con el mismo nivel de calidad actual) transmite un extenso y bello documental sobre Fellini: Soy un gran mentiroso.
Basándose en una larga entrevista que el director italiano concedió en 1992 a Damian Pettigrew -director y guionista de este documental- aparecen en él, además de las sustanciosas declaraciones de un asentado, inteligente y profundo FF, escenas de rodaje, trozos de varios de sus films y los comentarios, no siempre elogiosos, de algunos de sus colaboradores.
Se hace notable el rencor de Donald Sutherland, protagonista principal de Casanova, por el trato "de marioneta sin voluntad propia" que le prodigara el siempre excesivo Fellini. El inolvidable partenaire de Jane Fonda en Clute, el tan desagradable como irremplazable "secundario" del Novecento de Bertolucci, es incapaz de ocultar aquí su más que expresivo desagrado frente a las minuciosas y muy explícitas indicaciones de Fellini para algunas escenas orgiásticas del filme. Según Sutherland, el autor de La dolce vita y Amarcord era un personaje que luchaba constantemente contra su natural inclinación hacia la superficialidad y el despilfarro.
Sin desmentirlo en cuanto a la calificación titiritera, el director de La Strada sí lo hace cuando confiesa un cariño casi paternal por sus actores, esos seres frágiles que se entregan a él devotamente, casi sin oponer resistencia. Encendido admirador de Picasso, a quien reconoce como su modelo artístico, Fellini asegura vivir en un mundo de luces y sombras, donde todo lo que lo rodea son manchas de color indefinidas que sólo adquieren forma precisa durante el proceso creativo.
El siempre medido, diplomático Terence Stamp -recuerdo haber desayunado en la mesa contigua a la suya en un bar cercano al mercado payés de Ibiza; él inmerso en la lectura de un diario londinense, oculto su salvaje erotismo sesentero (Teorema, El coleccionista) tras un atuendo blanco de ciudadano inglés de vacaciones en un lugar salvaje; yo impactado por aquella imagen desoladora, tan alejada de la cinematográfica, con una actitud y un vestuario anacrónico que ni siquiera excluía las sandalias trenzadas con zoquetes de hilo debajo- cuenta cómo le describió Fellini en una primera entrevista preparatoria del filme, su personaje de Toby Dammit en Historias extraordinarias (Histoires extraordinaires - Spirits of the Dead), un producto algo olvidado donde Louis Malle, Roger Vadim y el director italiano compartieron un cartel singularmente ecléctico y supuestamente comercial, ilustrando tres historias dramáticas de Edgard Allan Poe:"Imagina que llegas de un largo viaje en avión despues de una orgía multitudinaria de alcohol, sexo y drogas en la que has estado follando a una bella mujer oriental mientras un negro superdotado te daba por atrás. Desciendes del aparato medio dormido, ausente, muy colocado, a un aeropuerto desconocido en el que te esperan reporteros, paparazzis, fans, y con la intención de sobrellevarlo mejor te tomas una pastilla de acido lisérgico".

Por aquellos tiempos una entrevista televisiva como la de la escena siguiente sonaba a ciencia ficción. Hoy nos asombra la inteligencia y profundidad de estos reporteros fellinianos casi tanto como las cáusticas respuestas del famoso entrevistado, aparentemente ajenas a los cada día más manipulados, y manipuladores, medidores de audiencia.