domingo, octubre 18, 2009

¿Fou qui? ¡Foucault!


Me anuncian que en la librería La Central se hablará de Michel Foucault. No soy muy afecto a charlas y mesas redondas. Me distraigo, nunca oigo bien, termino aburriéndome. En este caso sólo se trataba de imitar al loro verde de un post anterior y cruzar de acera en un corto vuelo. No resultaría demasiado complicado ni me haría perder un tiempo que últimamente se muestra bastante escaso. A pesar de esto dudaba. Casi a la misma hora, en Aribau 34, se inauguraba una exposición de arte gráfico soviético: De Rusia a la URSS. Grafismo y revolución. Finalmente decido pasar primero por Foucault y después llegar hasta la encantadora, polifacética y amistosa galería de Aribau y Consell de Cent.
Aviso para navegantes: Aribau se pronuncia tal cual se escribe, con todas sus letras. Para los nativos de esta tierra (sé muy bien que pasean por este blog aunque últimamente no se manifiesten: he osado criticar algunas notables deficiencias municipales y eso aquí no se puede ni se debe hacer, sobre todo si eres o te consideran extranjero), para los barceloneses, repito, sean o no catalano parlantes, no hay dudas en cuanto a la pronunciación de Aribau, pero me he topado con algún turista latinoamericano que me preguntó por "la calle Aribó", suponiendo que el nombre homenajeaba a algún prócer francés desconocido. Como aquí mismo y ahora, tan cerca de Michel Foucault, la palabra Aribau (a)parece aún más francesa, la aclaración se me antoja necesaria.
El café auditorium de La Central estaba a tope de gente. Monsieur J. y Madame L., menos dubitativos que el que esto escribe, ya estaban bien ubicados cuando me apersoné en el lugar.
Les pregunté si habían visto más conocidos cerca y J. me contestó con un no cabeceado, para precisar que, salvo un (re)conocido poeta y dos o tres maduros señores con un aire insospechablemente heterosexual, el resto de asistentes masculinos pertenecían a la creciente "comunidad" gay de Barcelona. Según mi modesto entender, no se equivocaba. Aunque muchos supongan que los intereses homosexuales se centran exclusivamente en los calzoncillos Calvin Kle-in, los sillones de Pierre Paul-in o el turismo sexual de fin de semana en Berl-ín, todo inobjetable, rematadamente "in", también hay homosexuales preocupados por el pensamiento radical del siglo pasado. Sobre todo si este incluye cuero negro, cabeza rasurada, látigos y cadenas.
Estuve el tiempo necesario para escuchar a Miguel Morey. Claro y conciso, explicó la trayectoria de Foucault, desde sus primeros estudios sobre la locura, hasta su muerte a causa del tan imprevisible como devastador SIDA, esa mortífera enfermedad bautizada con perversa ironía por sus descubridores anglosajones como AIDS (AYUDAS). Para desgracia de los castellano parlantes, el orden de las letras altera ligeramente ese significado, pero no la fuerza letal del producto.

Al principio les contaba de mi poca capacidad para a(en)tender a los conferenciantes.
Por si a alguien le interesa saber cómo funciono frente a estos eventos, les cuento que en el mismo momento en que Morey pronunció locura, en mi cabeza empezó a resonar el "fou" con el obsesivo ritmo de un segundero antiguo.
Fou-quoi?
Fou-qui?
Fou-cult
Fou-cul
Fou-cool
Fou-cold
Fou-coq
Como véis, mis asociaciones suelen ser, más que libres, libertarias. Quizás por eso, un segundo después recordé a Pablo Suárez, el más matero de los artistas pop porteños. Pegada como un sello de postal a su recuerdo, surgió de inmediato una estúpida anécdota, casi a mi pesar inolvidable, sobre una noche de estreno teatral en la setentera Buenos Aires.
Se trataba de una comedia musical dirigida por Eduardo, "el gordo", Bergara Leumann, en su barroca y plumífera Botica del Ángel. Trabajaban en aquel espectáculo varios amigos muy queridos y supongo que esto convenció al siempre reacio Pablo -muy amante de quedarse en casa charlando, pintando, tomando mate amargo y fumando los más baratos e insoportables cigarrillos negros que se pudieran encontrar en el quiosco- para finalmente acompañarnos.
La obra resultó ser un bodrio tan insoportable que al final de la función nadie se atrevía a saludar a los amigos-actores. Pablo, con las cejas mefistofélicamente arqueadas, se ofreció para representar a todo el grupo. Volvió un rato después con un cigarrillo humeando entre sus dedos y una gran sonrisa partiéndole la cara.
-¿Qué les dijiste?, preguntamos ansiosos.
-Les dije que era una locura... Ellos, pobrecitos, se quedaron muy contentos, y yo... yo no tuve ninguna necesidad de mentir.

Alguno se preguntará si después de Foucault fui a la inauguración de la muestra en Aribau 34.
Lo hice, sí. Es deliciosa.

Ilustra: Escultura en resina y pintura acrílica de Pablo Suárez. Foto de autor desconocido.

miércoles, octubre 14, 2009

incertezza termica


INESTABLE: ¿De dónde se parte para la confección de un post? Un visitante-comentarista de este espacio me ha escrito diciendo que de no haber tenido un mal día como el que digo tener, el post donde narro esas angustias quizás no hubiera existido. No puedo desmentirlo, aunque tampoco puedo asegurar esa ligazón tan estrecha entre la escritura y el mal sabor de espíritu. Por lo general, mientras estoy escribiendo, mi cuerpo y mi yo -¿es que acaso son indisolubles?- se sienten especialmente cómodos, más allá de las eventuales molestias que suele causarme la nada confortable silla de trabajo que compré a un emporio especializado en este tipo de artilugios.
Autocalificado como "de precios imbatibles", estos muy publicitados distribuidores de muebles de oficina con varias sucursales en todo el país, lograron convencerme de las bondades de un artefacto pesado y poco maleable que para colmo ni siquiera me resultó barato.
Entiendo que el error fue mío, pero no puedo dejar de pensar en la cerrazón y antipatía desplegadas por el supuesto encargado del comercio cuando luego de un corto tiempo de uso intenté cambiar la maldita, estúpida, inadaptada e inadaptable silla, comprada en un irracional ataque de confortabilidad el mismo día que caí en la cuenta de que me esperaba un interesante trabajo por delante, pero también un viejo e incómodo asiento por debajo.
Ahora la silla es nueva, sin embargo mi culo sigue estando mal sentado.
Tal vez los posts que escribo últimamente, cargaditos de malhumorada acidez, se deban a la maldita, a la incómoda, a la negra silla de Ofiprix.


BOCHORNOSO: Desde Argentina sugieren que me integre a un grupo especial de Facebook. Parece que un sádico malnacido prendió fuego a un perro callejero usando el mismo método utilizado por aquellos monstruosos jovencitos barceloneses con la desgraciada indigente que dormía a la entrada de un banco: abundante rociado de gasolina seguido por la llama fácil de un encendedor de bolsillo. Al menos a Benet, que así se llama el animal, lograron salvarlo de la muerte, y si bien ahora tiene quemaduras por todo el cuerpo, las orejas chamuscadas e innumerables lesiones de distinto tipo, también ha conseguido una dueña que lo quiere y lo cuida con muchísimo mimo. El inocente Benet ha pagado muy caro su lugar en el mundo, pero al menos por el momento lo ha logrado.
Esta sórdida historia podría haber terminado allí mismo si no fuera porque un nutrido grupo de gente sensible y amante de la justicia se niega a que el culpable del fallido ajusticiamiento quede impune. Han identificado al agresor con nombre y apellido, dirección y teléfonos y están programando un mutitudinario "escrache". Se trata de llegar hasta su casa en manifestación para declarar, como ya se hizo con algunos responsables de torturas y desapariciones durante el último "proceso" militar, "persona no grata" al sujeto de marras. Mientras sucede esto en la ciudad de Buenos Aires, aquí mismo, en la recién santificada Cataluña, después de un rastreo de varios días y altísimo coste, se ha comprobado que la fiera suelta, supuestamente un ejemplar de leona que tuvo aterrorizado a algunos vecinos de tierras tarragonenses, era un gran perro asalvajado de color rojizo. El animal no atacó a nadie ni demostró agresividad alguna, sin embargo los valientes cuerpos de seguridad que rastreaban la zona decidieron abatirlo a tiros. También durante estos días, otro perrito de una especie no considerada de riesgo y que permanecía atado en el jardín de un restaurante mientras sus dueños comían dentro del local, hirió en el cuello a una niña de cinco años. Nadie se preguntó siquiera qué podría haber pasado para que un animal doméstico reaccionara así. Inmediatamente se decidió ponerlo en cuarentena para sacrificarlo apenas esta cuarentena haya terminado. Hay vidas de perro y también hay muertes de perro.


HÚMEDO: Hace unos días falleció en Madrid el cantante y compositor Luis Aguilé. Autor de cuatrocientas canciones, varias de ellas tan exitosas como "Cuando salí de Cuba", había grabado más de ochocientas en una triunfante carrera musical sostenida durante cerca de sesenta años. Aguilé no me resultaba particularmente simpático; su música, indudablemente pegadiza, me parecía por momentos demasiado pringosa y nunca terminé de entender por qué al cantar lo hacía como un extranjero que debe esforzarse para pronunciar bien el castellano.
Tal vez por todo esto, sé mucho más sobre él y su historia ahora que se ha muerto. Había nacido en Argentina, pero según cuentan, una desilusión amorosa lo hizo abandonar desde muy joven su país de origen para radicarse en España. La desilusión que lo arrastró al exilio era una rubia nada natural pero muy bien formada que se hacía llamar Mariquita Gallegos. Según parece, Luis conoció entre bambalinas a esta Mariquita deseosa de hacer carrera en el mundo del espectáculo e inmediatamente se enamoró de ella. La niña, algo confundida por las luces del espectáculo, primero dijo "quizás, quizás", después esbozó un tibio tal vez y al poco tiempo decidió piantarse con un cómico y presentador uruguayo notablemente más maduro, bastante más rico y muchísimo más famoso: Juan Carlos Mareco, apodado artísticamente Pinocho, el mismo que convenció a Joan Manuel Serrat de cantar en castellano.
Para los amantes de los detalles, dejo algunos datos novelescos: Pinocho vivió y trabajó en España entre 1962 y 1965, Aguilé se radicó aquí en 1963. Pinocho murió en Buenos Aires el último 8 de octubre, meses después de cumplir los 83 años; Aguilé, diez años menor, fallecía dos días más tarde en Madrid.
Muchas veces nuestros destinos, aparentemente antagónicos, están unidos por íntimas e inescrutables coincidencias.

Ilustran fotos de Mariano Vivanco (David Gandhi) y Aníbal Greco; la tercera, de autor anónimo, es un retrato de la actriz italiana Anna Magnani acompañada por su perro.

jueves, octubre 08, 2009

Bochornoso Octubre




Un pequeño loro verde cruza de calle por el aire, sobrevolando mi cabeza. Mientras lo hace grazna, aunque no se con certeza si al ruido que hacen estos loros sudamericanos, similar al chirrido de una puerta con las bisagras sin engrasar, se lo llamará también graznido. Nuestro idioma es tan rico que más de una vez se excede en la especialización.
Por desgracia yo no tengo esa posibilidad loruna de autotraslado aéreo, sino probablemente estaría cruzando otras distancias. Tampoco hago ruido. No es mi costumbre hablar solo cuando voy por la calle y llevo en los pies las silenciosas sandalias MBT que he usado durante casi todo este tórrido e interminable verano. Son realmente fantásticas: te obligan a caminar levantando los pies como si bailaras sardanas.
También las llevaba el otro día, cuando bastante aburrido, ni verde ni alado, estaba paseando por el Paseo de Gracia en un miércoles de octubre carente de cualquier gracia especial.
Habían vuelto a colocar los stands de la Feria del libro viejo y de ocasión. Como lo hacen cada año para esta misma fecha. Muchos de los libros que se encuentran en ella suelen ser también los mismos de siempre. Viejos y de ocasión. Es que cuando una cosa no se vende, no hay caso, no se vende.
Lo comprobé con algunos productos, pocos por suerte, en los tiempos de Dadá, nuestra pequeña tienda de Ibiza, y creo que a partir de allí puedo generalizarlo sin temor a equivocarme demasiado.
Si algo no tiene interés para los potenciales clientes, es inútil que trates de vendérselo barato. Ni siquiera lo querrán regalado. Da lo mismo que se trate de una camisa de buen diseño, confeccionada con una tela floreada en colores estridentes comprada con gran ilusión en una sedería de Rio de Janeiro, que de un libro sobre poesía del siglo trece u otro sobre alguna teoría conspirativa comunista para el amordazamiento y desaparición inmediata del signore Berlusconi.
Si algo no cuela, no cuela ni con un chino cibernético de última generación.

Al principio de los tiempos, cuando recién había llegado a Barcelona, me ilusionaba pasearme por esta feria esperando tropezar con alguna inesperada maravilla como aquellas que a veces se encontraban en las librerías de viejo de Buenos Aires. Una preciosa edición paradojalmente roja de La esfera negra de Gustav Meyrink, por ejemplo, o algún volumen del Séptimo Circulo, la nutrida, extensa, nada prejuiciosa colección de novelas policiales creada y dirigida a mediados de 1940 por Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges. Son otros tiempos y es otra economía. Aquí el que compra buenos libros se los guarda, y cuando hallas alguno de mucho interés resulta que está firmado y fechado al menos en 1934, por lo que debes suponer que el dueño ya se ha muerto y los herederos, si los tenía, se han desprendido alegremente de todas las pertenencias del finado. Esto a mí, quieras que no, me produce cierto resquemor insuperable al que no sé ponerle un nombre demasiado preciso. De cualquier manera, y a pesar de mis ironías, en estas ferias siempre encuentras algo de interés. Este año volví a casa con varios libros de artes gráficas y la réplica tamaño Barbie del "operístico" vestido rojo de Julia Roberts en Pretty Woman. Una verdadera joya por la que pagué tan sólo dos miserables euros.


ÚLTIMO MOMENTO: Mientras escribo este post sobre loros, ferias y libros viejos, me llega un email en el que el señor y la señora Taschen anuncian la aparición de un facsímil de JAZZ (1947), los tan sencillos como deslumbrantes recortes-collage realizados por un ya muy anciano Henry Matisse en 1943.
¿Es una casualidad? Tengo una edición alemana (R.Piper & Co., Munich 1957)


en tamaño de bolsillo y comprada de segunda mano, que he arrastrado durante todas mis mudanzas de los últimos 35 años. Pondré una foto para que podáis verla... y telefonearé mañana mismo a los representantes de Taschen en Madrid para que me envíen un ejemplar de esta nueva edición a casa.
De aquí a un mes cumplo años y no encontraré ningún regalo mejor para hacerme a mí mismo. Estoy absolutamente convencido de ello. Casi tanto como que este nefasto día de hoy, pesado y bochornoso en más de un sentido, fatídicamente señalado por corrupciones y muertes -entre otras más mediáticas, la del inconmensurable fotógrafo estadounidense Irving Penn, refinado retratista de sueños y pesadillas- debería dejarme algo en verdad bello y creativo para quitarme las ganas de borrarlo de manera definitiva de todos mis calendarios.

Fotos en blanco y negro: Irving Penn.

martes, octubre 06, 2009

Sería un bólido el fenómeno celeste, dijo el periódico...


Debo confesar que el título de este post está robado del diario La Nación de Buenos Aires.
Lo encuentro simplemente ¡fenomenal! y además viene de perlas (!!!) para este texto que empieza sin rumbo fijo y con impredecible destino.
Temo que la salida infanto-juvenil del domingo pasado haya terminado de estropear mis abolladas neuronas. Y no puedo, ni debo, permitirme arrojar culpas al paisaje circun-Dante.
Me parece casi onírico, que no pesadillesco, caminar por un barrio despojado de historia, de edificios emblemáticos y monumentos de próceres; tal vez algo feito y desangelado, es verdad, pero innegablemente actual, ya que a cualquiera que en el siglo pasado se le hubiera ocurrido perpetrar un horror semejante al de ese parque de tuberías pintadas con esmalte color gris medio -sin intermediación plástica alguna, directamente extraído del bote- lo hubieran condenado de inmediato al ostracismo o al menos al exilio. Por suerte para nosotros, las plantas crecen a su aire apenas se lo permiten, cubriendo con desinteresada piedad la especulativa, arbitraria y desagradable acción de los presuntos paisajistas urbanos.
El encuentro fue a las siete de la tarde en la puerta de los multicines de Diagonal Mar.
Éramos cuatro, como los mosqueteros después de conocer a D'Artagnan. Tres y una, igual que en aquella película de la niña recién nacida y sus tres presuntos padres solterones.
Como programa habíamos elegido la versión doblada al castellano de una película futurista de Bruce Willis. Teníamos claro que al no tratarse de un filme de arte y ensayo, el doblaje no la estropearía demasiado. La voz de Ramón Langa es agradable y suena creíble, si bien a veces su pluriempleo nos confunde haciéndonos pensar que Willis y Kevin Cotsner han intercambiado sus caras de la misma manera en que lo hacían Travolta y Cage en Face/Off.
No es así, por supuesto, aunque los bisturíes planeen sobre la película como si de publicidades muy poco subliminales se tratara. Es que uno tiende a suponer que para rodar Surrogates (Los sustitutos), sus productores vaciaron gimnasios y clínicas de cirugía estética de todo Estados Unidos y sus alrededores. Músculos exuberantes, mejillas relucientes, nalgas y narices respingonas, melenas impecables, todo al por mayor; comprado a bulto, por docenas de docenas. Resulta difícil imaginar que pueda existir tanta perfección modelo Siglo XXI en todo el mundo, casi tanto como pensar que un específico canon de belleza pueda haber producido tal cantidad de frutos al mismo tiempo en un solo Estado de la Unión. Al lado de tanto colágeno impecable, la noble, carismática y bien cuidada madurez de Bruce Willis resulta insultante.
Para valorar este filme recurro a un comentario ajeno extraído de la red: "la encuentro bastante aceptable; cumple de sobra, de principio a fin, su misión como entretenimiento". Agrego además dos apuntes personales: ¿te deja con ganas de comentarla al salir del cine? No especialmente. ¿Te olvidas de ella casi de inmediato? Sí. Estoy casi seguro que después de este comentario comenzaré a olvidarla.
Como la diversión se agradece pero el cine puede ser otra cosa, pocos días después fuí a ver la última de Woody Allen: Si la cosa funciona (Whatever Works).
Tal vez baste con decir que es otra de sus bellas películas neoyorquinas, sobrada de emoción, ingenio, ironía, diálogos sustanciosos y gags de carcajada incontenible. Allen, instalado otra vez en esa Ciudad de los Milagros que quizás sea de verdad, por qué no vamos a creerle, su tan fotogénica y reconocible New York, nos habla nuevamente -aquí de forma directa, dirigiéndose al público que al menos esa noche llenaba la sala- de la importancia de todos esos imponderables que llamamos suerte, fatalidad, destino, y que para él dependen, aunque casi nunca lo explicite abiertamente, de la capacidad que tengamos de aferrarnos a nuestra existencia; de esa profunda convicción sobre que, más allá del libre albedrío que nos permitiría hacerlo, la vida tiene demasiada importancia para decidir acabar con ella, arrojándola en un momento de desesperanzada locura por cualquier ventana. De algo parecido trata Hotel New Hampshire, el libro de John Irving que dirigiera para el cine el siempre interesante Tony Richardson.

Para terminar vuelvo por un momento a Allen.
No es que su última película me haya gustado mucho. Solamente hubiera preferido quedarme a vivir allí mismo, dentro de ella.

viernes, octubre 02, 2009

¡Te tengo, tango!


"Tango, tango, sólo se que al evocarte se me pianta un lagrimón..."
No es mi caso, lo juro. Me gusta el buen tango -y en este casillero incluyo a todo el tango que me gusta, por supuesto- sin embargo no suelo llorar cada vez que escucho Volver, La cumparsita, Maquillaje o la Milonga Triste de Homero Manzi.
Alguien dijo alguna vez que el tango es un pensamiento triste que se baila. Algún otro -vaya a saber por qué razón, más resentido- que era el lamento de un cornudo. Puede que sea así, aunque deberán reconocer que hay pocos cornudos en el mundo con tanta capacidad poética como la que despliegan los grandes letristas del tango:
Ya sé, no me digás, tenés razón: la vida es una herida absurda;
Y estas notas que nacieron por tu amor, al final son un silicio que abre heridas de una historia;
Sur, paredón y después, sur, una luz de almacén, ya nunca te veré como te viera, recostado en la vidriera y esperándome;
Fuí un gil porque creí que me inventé el amor, un gil que alzó un tomate y lo creyo una flor;
Sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando, su boca que era mía ya no me besa más;
Por eso en tu total fracaso de vivir, ni el tiro del final te va a salir;
He llegado hasta tu casa, yo no sé cómo he podido, al llegar hasta el umbral, un candado de dolor me detuvo el corazón;
Venías por el sendero, delantal y trenzas sueltas, castigo me dió tu mano pero más me dió tu ausencia;
Vuelvo vencido a la casita de mis viejos, cada cosa es un recuerdo que se agita en mi memoria: los veinte abriles me llevaron lejos, locuras juveniles, la falta de consejo...

No creo que haga falta seguir. Son frases de tango que llevo prendidas a mi memoria desde que era un pibe rockero al que no le gustaba para nada el tango. El tango es pura ideología, desde ya. Y no precisamente optimista. Abandono, decepción, miseria, engaño, deslealtad, amores imposibles, enfermedad, tristeza. Los condimentos que nunca faltan en la mesa de un pobre. Si no tienen algún disco de tango en casa, pasen un rato por You Tube o visiten Todo Tango y presten atención a las letras. Entenderán mejor de qué estamos hechos muchos argentinos... y también por qué los anglosajones nos vendieron con tanta facilidad un cielo lejano, irisado y con diamantes.
Jorge Luis Borges aseguraba aborrecer el tango canción. Le parecía que la inclusión de la letra cantada había destruído la esencia más pura del tango. Ironías del destino, burlas del tiempo que siempre acaba por modelarnos a su antojo, casi al final de su vida el mismo Borges permitió que compositores jóvenes pusieran música a varios de sus poemas e inclusive llegó a escribir alguno especialmente para ser cantado.
Al final todos somos Edipo: pretendiendo escapar del augurio siniestro, terminamos cayendo en él de la forma más ciega.

Ayer los Hombres Sabios de la Unesco han declarado al tango Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, y Liliana Sáez, de Kinéphilos, dedicó un post a esa noticia. Para ilustrarla usó a los deslumbrantes hermanos Macana, y yo, que no los conocía, caí como un chorlito en la trampa de su fascinante desparpajo.
Así, entre hombres, se bailó el tango en sus principios, cuando ni siquiera las putas extranjeras, más sabias en la danza cuerpo a cuerpo, habían llegado al tan aleonado como poco feroz Río de la Plata.

Posdata: coincidiendo con este reconocimiento de la Unesco, un libro barcelonés con mi pequeña, mínima, aportación al tango. En amorimás (pulsar), mi otro blog, aquí al lado.

Posdata 2: ha muerto Mercedes, la negra, Sosa.
Un adiós sin palabras, o, aún mejor, a través de su voz.




Y aquí, con imágenes de mi amigo Maxime Ruiz:

lunes, septiembre 28, 2009

museos, alcoholes y cintas argentinas


Salgo del Club Coliseum de Rambla Cataluña, un cine que forma parte de ese lujo de otro tiempo que deberíamos preservar: espacios amplios, techos altos, alfombras mullidas, sillones cómodos donde esperar el comienzo de la función, esculturas de firma, aseos bien aseados y hasta un puñado de lámparas Pipistrello de Gae Aulenti para alumbrar suavemente los rincones. Como estoy bastante satisfecho con la película que he visto -El secreto de sus ojos-, vuelvo caminando sin ninguna prisa por Rambla Cataluña hasta mi casa, seis o siete calles más arriba.
Las terrazas están llenas de gente que consume ruidosamente y a destajo para festejar la crisis, mientras en un segundo plano ganado por las sombras, hay adolescentes abúlicos sentados en los bancos del paseo con botellas de alcohol entre sus manos y mucha suciedad a sus pies. Doblando por Mallorca, a cien metros de casa, me cruzo con otros grupos de muchachos que caminan igual que yo, aunque sin destino fijo. Llevan bolsas de plástico con botellas de alcohol dentro y van bebiendo del pico que asoma apenas, como si pretendieran esconder lo que están haciendo. Fingen, por supuesto; todos sabemos que quieren exhibirse emborrachándose para ver si alguien les da una buena razón para hacerlo. Ellos no la tienen. Si la tuvieran se los vería relativamente felices o al menos más realizados. Un suicida que logra su comentido descansa en paz, uno que ni siquiera se atreve a llegar al final vive lleno de ansiedad, desesperado.
Si yo encontrara alguna razón valedera para hablar con ellos les haría preguntas sencillas, de fácil respuesta.
-¿Estudias o trabajas?
-¿Vives con tus padres o ya te has independizado?
-¿Te emborrachas porque te gusta el sabor de lo que bebes, para desinhibirte, bailar desenfrenadamente, echarte un polvo o sólo para quedar semidormido como un zombie y no pensar en nada?
La otra noche, en el vernissage-inauguración de Modernologías, una exposición de arte con folleto explicativo -soy de emocionarme hasta las lágrimas frente a un Matisse, así que imaginen como me siento en estas muestras tan actuales-, servían, además de un recorrido incomprensible por no sé qué cosas, copas pagadas por Moritz, la cervecera. Todo el mundo hizo lo que yo: darse una vuelta por las salas, transitar los pasillos, subir y bajar las pasarelas del impoluto MACBA y terminar reunido con sus conocidos, si los tenía, alrededor de la gran mesa con mantel negro donde los camareros despachaban cerveza de la marca anunciante, cava de bajo costo o edulcoradas cocacolas. Casi todos los que estaban allí tenían una copa de alcohol en la mano, y varios, era notable, las llevaban ya dentro del cuerpo. Entre estos últimos sobresalía un grupo de adolescentes con look entre rastafari urbano y Woodstock's Original, que, triunfadores de nada, fantaseaban con ser pilotos ganadores de fórmula uno y se entretenían agitando los botellines de la cerveza patrocinadora para que el contenido se derramara como exitosa espuma alcohólica sobre sus ropas y el suelo.
El arte despierta sensibilidades y pasiones, no hay duda.
Después de ver esto decidí marcharme. No puedo soportar los vómitos ajenos.
La calle se mostraba animada, sin embargo muchos homeless ya empezaban a armar esa cama precaria donde pasarían la noche. Desde hace varios años, el refinado edificio de Maier tiene algunas alambradas provisorias para proteger sus flancos de estos seres extraños que fabrican alcobas en los rincones inútiles de las Obras Maestras de la Arquitectura. Como nunca falta un resquicio -Borges dixit-, allí están, durmiendo cada noche tras las vallas supuestamente disuasorias.

Vuelvo a ese cine que abandoné un momento antes de distraerme con el paseo por las ramblas, la exposición del MACBA y los borrachos.
El secreto de sus ojos es una película clásica dirigida por el argentino Juan José Campanella. Y digo clásica porque en ella se cuenta una historia intrincada con principio, desarrollo y un desenlace que no excluye el contenido moral. El protagonista se llama Expósito, como se llamaron muchos de los neonatos que se abandonaban sin nombre ni apellido en las casas cuna de otras épocas. Este tipo resulta ser, más que un solitario, un solo, y lo interpreta, es un decir, Ricardo Darín, un actor con cara y carisma suficiente como para convertirse en el personaje que le ha tocado en suerte y desde esa impostura hacernos creer cualquier cosa que el autor nos proponga. Gran parte de la historia transcurre en la Argentina de los primeros años setenta, por lo que resulta casi natural la abundancia de malos. El peor de todos se llama Morales y, como es de suponer, no tiene ninguna. Campanella ha dirigido varias películas exitosas, quince capítulos de House, varios de Ley y Orden y una decena de Sopranos. Se nota bastante. Sirviéndose de un espléndido guión y, sobre todo, de unos diálogos contundentes, ingeniosos, creíbles, convierte una historia mínima en una película compleja de difícil catalogación genérica. Quizás no se merezca recibir Concha de metal alguno -en realidad ni siquiera la necesita- pero es una buena película de casting modélico y espléndidas actuaciones, capaz de atraparnos durante todo su largo metraje.
Un detalle clave de la historia me llega especialmente. Darín-Expósito, oficial de Tribunales ya jubilado, quiere escribir una novela para sacarse de encima sangrientos fantasmas del pasado. Una noche de pesadillas recurrentes, garabatea como puede la palabra TEMO en una pequeña libreta de espiral que tiene al lado de su cama.
¿Cómo no tener miedo en un lugar así, dónde la justicia es una broma de mal gusto y el asesinato un expediente más que se pretende archivar sin siquiera mirarlo?
Como es obvio, yo no soy Darín; tampoco un personaje de película. Sin embargo, por un sentimiento muy similar a éste estoy viviendo donde vivo.


Ilustra: Fuera de catálogo, fotos de Dante Bertini sobre origamis de autor desconocido, abandonados en la inauguración de Modernologías (MACBA, BCN).

jueves, septiembre 24, 2009

¡FIESTAS?


Al fin el PP y el PSOE, las dos SRL que administran nuestro presente devastando nuestro futuro, se han puesto de acuerdo en alguna cosa.
Lo han hecho por lo bajo y sin la presencia física de sus máximos líderes, ambos de paseo por el mundo.
Si fuéramos un poco más ingenuos podríamos pensar que en algún lugar de su conciencia estos huidizos personajes guardan todavía un resto de pudor, una mínima sombra de sus evaporadas, perdidas, aparentemente inexistentes sensibilidades.
Se trataba de abolir la publicidad de los espectáculos y fiestas donde se torturan y matan animales como forma de diversión y entretenimiento público. Repito: ni siquiera se pretendía acabar con las fiestas y espectáculos en sí, sino solamente con la publicidad de esos espectáculos y fiestas donde se torturan y matan animales como forma de diversión y entretenimiento público.
O sea: podríamos seguir siendo parte de un país donde la alegría se sirve acompañada de puntazos, visceras y sangre, aunque haciéndolo de forma recatada. Sin levantar nunca la perdiz, sólo matándola.
Casi al mismo tiempo, algunos de los que apoyan el genocidio animal se asombran mediáticamente de la violencia juvenil y, para ponerle algún remedio, planean elevar a maestros y profesores quince o veinte centímetros del suelo. Suponen que al convertir a los educadores en auténticos próceres de peana, obligarán a respetarlos de la misma manera en que, dicen, se hacía en otras épocas. Yo fui alumno y tengo memoria. Sólo los respetables se ganaban respeto. A muchos otros apenas si les teníamos miedo.
Lo de la tarima profesoral en las aulas es una solución absolutamente formal, parecida a la de esas pulseras de plástico que avisan de la cercanía del ex amante asesino, sin tener en cuenta que si alguien ha decidido matar no se detendrá porque suene un pitido.
Escribo esto con el temor de que me lea la señora Pajín (junior) y me acuse de plantear problemas sin dar soluciones, así que esbozo humildemente una:
¿No sería más que necesario dejar de sostener espectáculos y fiestas donde se torturan y matan animales como forma de diversión y entretenimiento público?
Digo... Por aquello del buen ejemplo, nada más.
Foto de Gian Paolo Barbieri

lunes, septiembre 21, 2009

Amores Mediáticos


Buscaba la letra de un lied de Schubert (!) y me encontré con esto que veréis pulsando aquí.
Los románticos desocupados disfrutarán de este video con los ojos humedecidos y el alma ganada por la melancolía, mientras se susurran: "¡ya podría pasarme a mí!".
Los escépticos darán por sentado que se trata de un montaje, obra de un productor discográfico, o televisivo, especialmente astuto.
Los que entiendan francés se preguntarán si estos dos tipos son de fiar, confesando como confiesan, a toda voz y sin ningún complejo, ser capaces de hacer cualquier cosa que les pida su amor.
Por último, los supervivientes de terremotos o tsunamis saben muy bien que por más enamorado que se esté es imposible pasar por alto catástrofes tan destructivas y ruidosas como esas.
¡Ah! Ella es belga-canadiense, él francés con genes italianos, como Ives Montand.
Aunque aquí no sabemos casi nada de esta pareja -¡ay! ...si fuera sólo esto...-, parece que el muchachote de negro canta desde los trece años, ha actuado en infinidad de galas y conciertos e interpretó un buen puñado de comedias musicales.
El romance con Lara -laralalá-, también cantante de éxito en su país, comenzó en 1998.
No quieran saber el final de la historia. Ellos aseguran que la eternidad y el cielo los tratará aún mejor que la vida misma. Sensible como soy a cualquier tipo de desenlace, he preferido no enterarme de nada más. Por si acaso.
Como gran final, los invito a comprobar mediante vuestros propios ojos y oídos que aquello de "donde caben dos, caben tres" , puede resultar verdadero. A pesar de las notorias, y aparentemente irreconciliables, diferencias existentes.
Ilustra un fotomontaje de Jean Paul Goude.

POSDATA: Luzdeana ha puesto una razón a mi siempre irracional subconsciente. Hoy, 21 de septiembre, empieza la primavera en Argentina. Este post al que suponía arbitrario, quizás no lo sea tanto. O lo es con la misma alegre arbitrariedad de este otoño europeo que recién empieza, llenando de flores y color los balcones de mi casa.
Un recuerdo especial para mis amigos del otro lado del Atlántico; también para los más cercanos Maxime Ruiz y R.C. El primero por haberme hecho conocer a Maurane, la segunda por ayudarme a recorrer los laberintos de Ariadna.


POSDATA 2: hoy a las tres de la tarde ha muerto An(Toni)o (López)Lamadrid, editor-creador de la Editorial Tusquets. Otra pérdida lamentable que me toca de cerca. Tanto como para equivocar alguna fecha en la anterior posdata. Gracias a Marina, ahora ese error ya está solucionado.

viernes, septiembre 18, 2009

una semana más


Una semana extraña, ¿pero acaso alguna no lo es?
Siguiendo con la lengua y sus aplicaciones, corroboro que también puede usarse como "arma destructiva de amplios efectos colaterales".
Esto incluye "el ninguneo",
el "no entiendo qué mierda me quieres decir"
y
el "me hago el/la sord@, te entiendo muy, pero que muy bien, mientras simulo que no entiendo nada y al traducirlo lo convierto en mío, robándote la idea por la cara".
El folleto con las explicaciones pertinentes se vende en Shopping Barcelona, la millor botiga del món.

Llega y vuelve a irse un amigo argentino al que no veía desde hace más de treinta años. Es arquitecto y está muy feliz con su encantadora nueva mujer. Casi no hablamos del pasado. Los llevo a ver edificios emblemáticos, calles particulares, hierros y piedras antiguas. Nos sacamos fotos en el Paseo de Gracia, en la rambla del Borne y en el Fossar de les Moreres, junto al mar y en mi casa, donde cenamos productos "de la tierra" acompañándolos con buen vino francés (soy partidario de las fusiones, y además los caldos franceses se pueden comprar a muy buen precio en La part des anges, Enrique Granados casi Valencia). A los postres, entre helados y sorbetes, me pregunta si pienso volver algún día a Buenos Aires. Le contesto evasivamente. ¿Cómo puedo saberlo?

Gracias (?) a Liberation me entero de la muerte del componente femenino de Peter, Paul and Mary, un trío famoso en los primeros años del Peace and Drugs con Margaritas in the Sky. Como suelo ser muy agradecido, agradezco también a la babélica YouTube, donde puedo constatar que Mary tenía un apellido y era una hermosa mujer con una pequeña y agradable voz. Adiós Mary Travers, fue un gusto conocerte.

Y ahora otro adiós. Es lamentable tanta necrológica, lo sé, sin embargo es imposible alegrarse por el nacimiento de alguien, suponiendo que con el tiempo, quizás, sólo quizás, nos hará la vida más llevadera llenándola de sueños. Willy Ronis fotografió París de una manera única: la de mis fantasías. Gracias por tus 99 años de tiernas miradas.


Preparo para los próximos miércoles -23 y 30- dos encuentros poéticos en el ajardinado espacio de Librería Bertrand, el mismo del 3 x 3 del mes de julio. Los llamo Diálogos Poéticos e invito a dos escritores por sesión, todos de Barcelona: Pura Salceda y Enrique Badosa para el primero, Carmen Borja y José Corredor-Matheos para el segundo.

Los diarios siguen asombrándome con sus titulares. ¿Quién habló de crisis?
Nos comunican un nuevo Record Guinness, esta vez auténticamente planetario: el mundo ya cuenta con mil millones de hambrientos. ¿Por cuánto hay que multiplicar la población de toda España para llegar a esa cifra? Creo que estamos exagerando el consumo de cerveza negra.
Una de hambre y otra de voracidad. Un señor muy conocido, responsable del Palau de la Música barcelonés, se declara culpable de usar tesoros públicos para vicios privados. Caros por supuesto, ya que la malversación asciende a varios millones de euros, casi tantos como costará blanquear la fachada de la también barcelonesa basílica de Santa María del Mar. El abogado del musicólogo defraudador espera que teniendo en cuenta la confesión escrita de éste y su evidente arrepentimiento, la justicia lo absuelva sin más. Es probable que pueda conseguirlo. Algo parecido pasó con un bailarín flamenco que sigue zapateando por el mundo a cambio de abundante dinero, mientras su víctima, un hombre de treinta y pocos años, atropellado sin auxilio, ya no baila más: ahora sólo alimenta malvas en un cementerio.
Incluir con cada ejemplar del diario que leo una copia de Apocalypse Now, ¿es un ardid publicitario o un presagio encubierto?

Semidormido, escucho por la radio un tema de Joaquín Sabina. Poco después sueño que voy junto al cantante por una estrecha calle madrileña. Mientras él susurra su canción ronca bajo un sombrero negro, yo bailo alegremente con los pies descalzos. No sabía que su música me gustara tanto.

lunes, septiembre 14, 2009

¡No me saques la lengua! (segunda entrega)


Y como decía al final del post anterior, un 28 de diciembre de 1975, ¡vaya inocentada!, desembarqué en la capital de España.
Madrid, Madrid, Madrid, en México se piensa mucho en tí...
"El flaco" Agustín Lara conocía muy bien los secretos de la seducción: si los piropos hechos canción no eran suficiente para el homenajeado, agregaba a las corcheas y bemoles alguna que otra joya de notable valor.
Con Madrid usó imaginación y savoir faire para describir elogiosamente una ciudad que ni siquiera conocía. A la grandísima María Félix -"la Doña", articulada y con mayúscula, como la llamaron siempre sus congéneres, su propia "doña" frente a Dios y la ley- le dedicó María Bonita, mitificándola lo suficiente como para convertirla en un glamuroso ícono universal. Lo hizo sin olvidarse de que los diamantes, tal vez porque suelen acompañarlas en los momentos más dificiles de su vida sin pedir nada a cambio, son el mejor amigo de las mujeres de mundo, y María Félix, a pesar de su misteriosa, para muchos ambigua sexualidad, lo era sin posibilidad de duda.
Aunque tal vez produzca algún picor entre los madrileños que me leen, parece justo decir que el enlutado Madrid que nos recibió en el 75 no era tan juguetón ni colorista como lo retrató Lara en su chotis de los cincuenta. Frío, inhóspito, casi podría decirse hostil, resultaba particularmente anacrónico para alguien recien llegado de un país de América, por más al Sur que este estuviera. Allí éramos más pobres, pero también menos formales. Rígidos horarios, rígidas costumbres, rígidos sentimientos, la gente del centro de Madrid se veía tan estructurada como esos Loden verde musgo que lucían con orgulloso ademán de europeo pudiente. Unos porteros uniformados y de gesto huraño te abrían la puerta de calle con una llave que tú nunca poseías y con la misma culpabilizadora actitud de una madre sobreprotectora si acaso cometías el error de golpear las manos para llamar su atención una vez pasadas las que ellos consideraban prudenciales diez de la noche. Supongo que para hacerte más llevaderas las calenturas de la carne, las calles se lavaban cada noche con manguera y los empleados municipales que las manipulaban con auténtica saña limpiadora no estaban adiestrados para tener miramientos con los viandantes noctámbulos.
"Si andas a estas horas fuera de tu casa te mereces un buen chorro de agua", parecían decirte mientras te mojaban los pies o te salpicaban los pantalones sin ningún remordimiento.
Allí, en la bella y distante Madrid, descubrí que un ligero cambio en la forma del saludo podía resultar tan sorpresivo como inquietante. Los porteños, siempre amigos del exceso, solíamos recibir a alguien conocido con palabras amistosas unidas a exageradas muestras de cariño:
-¡Qué decís, mi amor! ¡Qué alegría verte de nuevo por aquí! ¡Cómo estás, mi vida!
Si se trataba de un cliente, lo habitual era decir:
-¡Buenos días, don Tal! ¿Puedo servirlo en algo?
En Madrid el recibimiento solía constar de dos palabras, dichas siempre sin acompañamiento de sonrisa o mueca alguna:
-¿¡Qué pasa!?
Al principio daba por sentado que yo no les gustaba por mi condición de inmigrante argentino... ¿O me verían cara de delincuente? ¿O sería porque al caminar se me volaba alguna pluma sin que yo me diera cuenta?
Me costó entender que aquella era la forma habitual de saludo en tierras castellanas y que, aunque no contuviera ni el más mínimo rastro de afección o simpatía, tampoco significaba que tú les importaras un pimiento. Ni siquiera para tenerte aversión o manía.
En esa, por otra parte espléndida ciudad imperial, comprendí que no hablábamos el mismo idioma aunque usáramos las mismas o parecidas palabras. ¡Qué fácil era coger un tenedor, un autobús o la manija de una puerta, pero qué complicado resultaba comunicarse sensual o afectivamente con cualquier ser humano!
A cambio, nadie te molestaba porque sí y tampoco te encontrabas con ninguno que quisiera reprimirte, torturarte o simple y llanamente hacerte desaparecer para siempre del mapa. Algo más que un detalle, llegando de donde llegábamos.

¿Continuará? Hoy mismo no puedo asegurarlo. Como pregonaba el loro de La isla (Island) de Aldous Huxley, en este momento sólo puedo repetir: "Aquí y ahora, aquí y ahora, aquí y ahora..."

jueves, septiembre 10, 2009

¡No me saques la lengua! (prima puntata-primera parte)


¡Ay, la lengua!
Cuántos crímenes se cometen en tu nombre...
Casi la mitad de mi vida la viví en un país de habla argentina. En él, nuestras primeras, entrañable maestras, nos enseñaban a leer y escribir con métodos que ahora me parecen algo primitivos:
-C y a, ca, b y a, ba, elle y o, llo: Ca-ba-llo... ¡A ver niños! Repitan: Ca...ba...llo.
Tenían detrás un gran rectángulo de pizarra negra y en la mano un puntero de madera para señalar la palabra que pretendían hacernos repetir, escrita con tiza blanca y con mejor o peor letra sobre la áspera superficie de lo que llamábamos, con lógico énfasis, pizarrón.
-Ca...ba...llo...
Las más fanáticas de la pronunciación castellana acentuaban la Ll, logrando un sonido que se parecía a una L seguida de varías íes:
-Ca...ba...liiiio.
Sonaba raro, por supuesto, sin embargo nadie se negaba a imitar el sonido que nos proponía aquella señorita avejentada de guardapolvo blanco. Nuestra educación admitía reprimendas, amonestaciones, insultos, expulsión de la clase y hasta un buen punterazo de tanto en tanto. Algo parecido a lo que sucede actualmente, aunque con los personajes trastocados. Los alumnos dábamos por sentado que las horas de escuela estaban regidas por reglas distintas a las de nuestra vida fuera del aula, de la misma manera que sabíamos que el caballo de la maestra era otro, de especie muy diferente a los de Cisco Kid, el Zorro o Poncho Negro.
-Póngase de pié, alumno Aracama... Bien... Ahora repita conmigo: ca-ba-llo...
Y Aracama o cualquier otro de la clase pronunciaba ca-ba-llo sin pensar realmente en lo que estaba diciendo. Qué necesidad tenía de hacerlo, si nada más salir de allí ese ca-ba-llo desconocido se convertiría en alguno de los cabayos habituales de nuestros "cauboys" favoritos.
Carne fresca para los mercachifles de la educación, nadie se preocupó nunca por la coherencia idiomática de nuestros textos de lectura, por tanto los editores usaban sin culpa y con total desparpajo traducciones argentinas, centroamericanas y españolas. De pronto la pequeña princesa protagonista de un relato no podía dormir por la nada inocente presencia de tres guisantes bajo sus treinta colchones de plumas, o un pirata malvado exclamaba "cáspita" o "pardiez" sin que aparentemente, y nunca mejor dicho, viniera a cuento. Los que éramos afectos a los diccionarios podíamos enterarnos de que aquellas palabras querían decir algo concreto en una lengua extranjera que, vaya confusión, se suponía era la nuestra. Los otros, poco amantes de la letra escrita -para qué negarlo: una inmensa mayoría- pasaban por alto el significado de esos extraños vocablos al mismo tiempo que despreciaban los cuentos, las princesas europeas con problemas de insomnio y hasta el mismísimo pirata con pata de palo y loro alfabetizado al hombro.
Sin sospecharlo siquiera, esas mujeres tiernas y voluntariosas con vocación educadora nos estaban acostumbrando al escepticismo y la desobediencia. Si aquel mayestático caballo escolar se convertía en un simple y vulgar cabayo apenas poníamos un pie fuera del aula, ¿quién nos aseguraba que todo lo demás que nos enseñaban en aquel lugar no era igualmente arbitrario, discutible, relativo?
Muchos años después, ya crecidito y porteñamente acentuado, desembarqué en España, cuna de nuestro idioma... pero de eso, si no les molesta, me ocuparé en el próximo capítulo.
Ilustra: foto promocional de Doris Day, sin guardapolvo.

Posdata: ¿Qué será, será? Gracias a Poli, recuerdo que hoy, 11 de septiembre, es el Día del Maestro en Argentina. Colgué este post sin pensar en ello, pero resulta que mi inconsciente trabaja, como suele hacerlo siempre, por su cuenta. Pues gracias, felicidades y recuerdos para los, mis, maestros. A su manera, con acierto y equivocaciones, todos me enseñaron algo sobre esta carrera sin diplomatura que resultó ser la vida.

sábado, septiembre 05, 2009

imágenes sucias


¡El calor no amaina, aparcero!
Vuelvo fatigado de roturar los campos, sombrero de fieltro en la cabeza y alpargatas desflecadas en los pies. Si bien el cuerpo está molido por la dura labor, el corazón permanece contento y el espíritu en paz, ya que como todo el mundo sabe y los sabios aconsejan, sólo el trabajo nos otorga la tan ansiada felicidad.

Pido perdón. Creo que el bochorno sostenido de este agosto convertido en septiembre -sí: yo uso esta palabra con P, una bonita y contundente letra; no creo que eliminarla porque sí ayude a la modernización de nuestros trajinados espíritus-, el bochorno de estos últimos meses, decía, debe haber licuado por completo mis neuronas, o al menos ha producido en ellas un cortocircuito que me hace confundir el personaje. Cosa rara esta, ya que no suelo sentir grandes cambios entre el tipo que se afeita o se deja el bigote, y el que escribe, no siempre juiciosamente, estos mensajes con cristal pero sin botella.
Es cierto que en mi vida se han producido algunos cambios que podrían afectar mi natural cordura (!!!), sin embargo me cuesta entender la aparición intempestiva de este personaje campestre en medio mismo de mis urbanas dependencias (...están permitidas todas las interpretaciones).
Llega a tanto mi desneurización, que esta mañana creí oír, ¡fijénse qué tontería!, que las tropas alemanas habían matado un centenar de personas en su campaña de pacificación de Afganistán. No he dormido bien, seguramente. Anoche mismo, sin sueño, aunque agotado por un día de sostenida labor no especialmente campestre, decidí desconectar conectándome. Primero ví por cable un telefilm del que desconocía hasta su existencia: Dirty Pictures. Va del juicio por obscenidad que las "fuerzas vivas" -¿por qué se las llamará así cuando suelen ser precisamente lo contrario?- de Cincinatti, hicieron al director del Museo de Arte Moderno de esa ciudad, Dennis Barrie*, empeñado en exponer las "sucias" fotografías del por entonces ya desaparecido Robert Mapplethorpe. Esto no sucedió en 1909, sino en 1990. Por aquellos tiempos aquí estábamos transitivamente mejor. La ¡vaya a saber dónde se ha metido! Paloma Chamorro, había realizado bastante antes dos exhaustivos programas para la TeleVisión Española sobre la obra y la vida del conocido fotógrafo estadounidense. En ellos no sólo lo entrevistaba en su estudio, desprovista en absoluto de prejuicios o complejos, sino que además mostraba detenidamente, obviando cualquier tipo de censura y con explícitos primeros planos, la obra más controvertida de RM. En el 92, año de fastos barceloneses, Mapplethorpe aterrizaría en la Fundación Miró mediante una exposición en la que tampoco se prohibieron imágenes consideradas obscenas por más de un museo del mundo anglosajón. Por extrañas vueltas de la vida nada ajenas a un recuperado amigo de mis años ibicencos, Javier González Porta, ayudante en New York del por entonces famosísimo fotógrafo, asistí a aquella inauguración con Pablo González -hijo del entonces presidente del gobierno- de icógnito acompañante. Pero, como suelo decir cada vez que me encuentro en estas encrucijadas de la memoria, esa es otra historia que merece su propia narración.
Volviendo a la película, no puedo decir que Dirty Pictures sea una obra maestra del séptimo arte -hoy ni siquiera recuerdo qué arte era ese- pero además de contar en su elenco con James Woods, Susan Sarandon y algún otro bienintencionado luchador por los derechos civiles, cumple con lo que se había propuesto: poner en entredicho la censura, acercando al mismo tiempo a los ojos del público televisivo una obra fotográfica tan valiosa como perseguida.
Terminado el film debería haberme quedado satisfecho, apagando de inmediato el aparato. No fue así. Cansado como estaba, seguía sin poder dormirme, así que me dediqué durante un buen rato al zapping. Quizás siguiendo el ejemplo esclarecedor del telefilme estadounidense, Telecinco puso en pantalla un magnífico programa de entrevistas a diversas personalidades del mundo cultural de nuestro país. Si mis neuronas estuvieran en su sitio, cumpliendo fielmente con la labor que les ha sido encomendada, podría recordar los títulos académicos que preceden al nombre de algunos investigadores, científicos, intelectuales y creadores presentes en el programa. Para mi desgracia, y por culpa, supongo, del inesperado tsunami que acaba de afectar a mi entendimiento, nada de todo eso se ha grabado en mi memoria. Hoy en ella sólo resuenan algunos gestos excesivos que podría atribuir a alucinaciones esporádicas propias y varios nombres de los doctos invitados a tan concurrida tertulia: Belén Esteban, Lidia Delgado, Kiko, los hermanos Mata Moros, Jorge Javier Vazquez y una encantadora anciana a la que todos llamaban afectuosamente Karmele.
Es extraño. Puedo recordar hasta el título del programa, ¡Sálvame!, sin embargo en ningún momento pude entender nada de lo que en él se decía.
En un primer momento pensé que estaría auspiciado por alguna organización religiosa con sanas intenciones regeneradoras, pero ahora que lo pienso con más detenimiento me pregunto: ¿no estaré sufriendo los efectos de una invasión extraterrestre?
ilustra: retrato de Lisa Lyon por Robert Mapplethorpe

miércoles, septiembre 02, 2009

Homenajes...¿homenajes?


Hablo por teléfono con una amiga psicoanalista.
"Argentina", darán por supuesto algunos. Pues no, se equivocan. Es profunda y auténticamente catalana.
Sin que venga demasiado a cuento, me confiesa que volvió al análisis a raíz de una discusión que tuvimos durante unas vacaciones de agosto en la Costa Brava.
- ¡Contigo y con mi padre en el mismo día! ¡Un auténtico error! Me dije que no podía ser, que seguramente necesitaba revisar ciertas cosas. Gracias a eso volví al análisis, cosa que agradezco muchísimo. El entredicho contigo apareció reiteradamente durante las primeras sesiones...Fue muy positivo para mí hablar sobre aquello.
La escucho en silencio sin saber qué cara poner, pero como la conversación es telefónica puedo quedarme muy tranquilo sin poner ninguna.
Dos días después me llama J, una ex peluquera de mano precisa y cortes extremados. Me ha visto en Karakia, un programa de la televisión catalana que viene repitiéndose dos o tres veces por año desde hace más de un lustro. Cada vez que pasan el episodio donde aparezco durante unos minutos hablando de comidas y costumbres porteñas, alguien me dice que lo ha visto. Hoy mismo ha sido una camarera centroamericana del Farga de la calle Córcega, hace unos días el canoso dependiente pakistaní de un colmado-almacén del barrio gótico. Este último me sorprendió con un saludo expresivo y cálido después de ignorar los míos durante varios años. Tengo como costumbre saludar cada vez que entro y salgo de algún comercio, haya o no comprado en él, me resulte o no simpático el dependiente que está atrás del mostrador. No sé si esto es mejor o peor, sólo sé que a mí me satisface hacerlo. Fui educado con esas formas precisas, algo caducas hoy, en un tiempo y un lugar donde los pequeños gestos de sociabilidad tenían muchísima importancia, facilitaban el trato, la convivencia cotidiana.
-¡Hola...buenos días!, -me dice el pakistaní canoso.
-Hola, ¿qué tal?, -contesto yo algo sorprendido por esa inusual comunicatividad, mientras me dirijo a la estantería donde están las comidas para animales.
Cuando voy a pagar, el señor de las canas, habitualmente adusto, me dice con una gran sonrisa:
-Anoche lo vi en televisión...¡Muy bien, muy bien!
¿Qué debería decir para que el vendedor pakistaní continúe saludándome en los próximos años? Como no lo sé, sonrío también, muevo la cabeza en un gesto que ni siquiera yo mismo entiendo, pago y me voy a casa con dos latas de comida gatuna y la sensación extraña de no haber estado a la altura de las circunstancias.
¿Y si no supiera ser famoso?
Esa misma noche me reencuentro con la voz de un amigo al que no escuchaba, ni veía, hace más de veinte años. Me rastreó por la red y dió conmigo, intercambiamos teléfonos y finalmente estuvimos durante más de dos horas contándonos los años que pasamos distanciados en plan resumen de telenovela. Él vive aquí al lado, en París. Nos separan solamente unos trescientos kilómetros más de los que separan Buenos Aires de Córdoba. El problema reside en que yo no soy muy afecto a los desplazamientos y me parece que él tampoco viaja demasiado.
-Me hice diseñador gráfico por vos, -lo ha lanzado de pronto, como si hiciera mucho tiempo que deseara comunicarme aquello.
Me refugio en la técnica de no decir nada. No hay espejos cerca, así que tampoco puedo saber si esta vez he puesto alguna cara especial.
-Cuando nos presentaron y vi algunas de las cosas que hacías(*), pensé que tu trabajo me gustaba mucho. Nunca había conocido una manera mejor de ganar dinero.
No puedo asegurar que se haya hecho rico, pero sí que es un excelente diseñador-fotógrafo-grafista. Trabajamos juntos hace muchos años inventando el merchandising para el lanzamiento de un nuevo disco de Julio Iglesias en Miami, uno de los encargos más extraños de mi vida. ¡Corbatas! Tuve que diseñar e imprimir corbatas. Si bien no me hicieron famoso, pude pagar con creces todos los gastos de un largo invierno parisino.
Hoy mismo, conversando con un amigo suizo que me había visto leyendo, bastante imprecisamente por cierto, un poema mío en el Canal L, le cuento algunas de estas cosas. Es una manera como cualquier otra de hablarle de mis sentimientos.
-Me asusta un poco tanto reconocimiento, -le digo quejumbroso-. Es como si de pronto me hubiera convertido en un anciano venerable y todos sintieran la necesidad de gratificarme.
-¡Qué tontería! -dice él-. No deberías quejarte. Tus amigos tienen buena memoria y además son agradecidos. Mi mujer y yo siempre decimos que nos casamos gracias a que tú le aconsejaste que lo hiciera. Y mira, ya vamos por el tercer hijo...
Es lo que digo: me estoy haciendo muy mayor. Ha llegado el tiempo de los homenajes. Si yo tuviera que hacérselos a todos los que de una u otra manera han influído en mi vida, no podría separarme nunca más de este teclado.
Ilustra: autoRetrato de Dante Bertini.
(*):
http://www.avenidademayo.com/avenida/descargas/bac/revista_septiembre.pdf
(pag 21)

viernes, agosto 28, 2009

Ventanas Indiscretas


Junto a nuestro edificio modernista hay otro más grande de oficinas: poco destacable diseño arquitectónico de los años setenta, ocupado en los bajos por una importante caja de ahorros catalana. Compartimos con ellos un ángulo del patio de manzana, magnífica idea urbanística de Ildefonso Cerdá que la especulación del siglo pasado modificó a su antojo.
En el proyecto original se pretendía crear en estos amplios huecos de aire y luz, espacios comunes ajardinados para uso y disfrute de los vecinos de los inmuebles colindantes. Cada manzana lograría así una cómoda plaza propia provista de árboles y bancos, de civilizadas zonas de reunión y esparcimiento. Muy alejados en espíritu de esta idea moderna, socializadora, buena parte de los dueños de estos inmuebles construyeron en los terrenos vacíos naves y locales de todo tipo, acrecentando notablemente sus ya de por sí desahogadas recaudaciones mensuales.
Sin ninguna duda afortunados, en nuestra manzana se conservan algunos jardines originales y varios de esos bajos se han recuperado a medias. Escenografía espléndida para una versión actualizada de La ventana indiscreta -¡que a nadie se le ocurra perpetrar semejante sacrilegio!- no quiero pensar en el cotilleo bullicioso que provocaría una edificación semejante en cualquier otro lugar que no estuviera habitado por gente tan ensimismada y respetuosa como la que ocupa los pisos de nuestra manzana. En ella nunca se escuchan gritos extemporáneos, aparatos de música desaforados o televisores con el volumen a su máxima potencia, y, verdaderos ángeles sin alas, es casi imposible ver a algún vecino ocupado en espiar al prójimo más próximo. Siempre que no haya obras de rehabilitación -los antiguos pisos burgueses de ciento cincuenta metros o más se están (re)convirtiendo en dos apartamentos más "democráticos" de alrededor de setenta metros- podemos gozar de silencio suficiente como para contrapesar el ruidoso trajín del frente de la finca, muy cercana a la confluencia de Balmes con Mallorca. Como las ordenanzas municipales no permiten que los edificios superen los cinco o seis pisos de altura y en los jardines hay algunos árboles de notable envergadura, también solemos disfrutar de un buen retazo de cielo sobre el que casi todo el año se ven pájaros de diverso tipo, garabateando el aire con sus acrobacias y sus vuelos.
A la altura de nuestra galería acristalada, convertida por el uso y los años en un alargado invernadero copado casi totalmente por las plantas, están los amplios ventanales del edificio de oficinas de la esquina. No digo que alcancemos a darnos las manos de ventana a ventana, pero la cercanía es suficiente como para que, de proponérnoslo y con sólo asomar un poco el cuerpo, podamos observar claramente todo lo que sucede en el interior de los despachos. Hace algunos años habían montado allí un presunto salón de masajes atendido por jóvenes y voluptuosas señoritas a las que les gustaba descansar entre uno y otro cliente sin cubrirse ni un solo centímetro de piel. Sí, lo sé; suena algo cursi. Podría haber eludido el circunloquio, haber puesto directamente "en pelota viva", pero siempre temo que algunos censores sin rostro ni nombre superpongan a mi post una indeleble cruz en rojo.
Durante los meses en que las desprejuiciadas masajistas se paseaban en cueros por las dependencias del salón vecino, nos visitó el hijo adolescente de un amigo porteño. Alto, moreno, cariñoso, simpático, "muy bien hecho" que dirían algunos, el joven visitante descubrió a poco de instalarse en casa la presencia cercana de las relajantes nudistas. Se hacía tan difícil sacarlo de allí como fácil de encontrar cuando no podías hallarlo a simple vista. Cuando algunos años después se convirtió en cocinero erótico seudo italiano para la cadena de televisión Playboy en su versión latina, yo me pregunté si aquel desfile barcelonés de turgencias desnudas había despertado sus posteriores voracidades.
Hace ya algún tiempo que no sé nada de su vida. Las oficinas del costado izquierdo se han convertido en un centro de rehabilitación dependiente de la seguridad social. Solo se ven máquinas con resortes y contrapesos, circunspectas enfermeras de uniforme blanco y pacientes con caras de sufrido esfuerzo. Ni rastro de los antiguos esplendores físicos.
Tal vez los ángeles escenifican metáforas para despertar nuestras, en muchos momentos, aletargadas conciencias.

Ilustra: Carla Bruni fotografiada por Michel Comte

Posdata: golpea mi puerta una muy mala noticia. Ha muerto Mario Merlino, un mago.Decir que lo lamento es poco. Desearle un descanso en paz es desearle algo que él jamás deseó para sí. Chau, Mario.

martes, agosto 25, 2009

un camino de cuarenta años...


Algunas canciones también llegan a la madurez.
Ésta acaba de cumplir sus primeros cuarenta años.
El original francés ((des)amor pasión)

Comme d'habitude
Je me lève
Et je te bouscule
Tu n'te réveilles pas
Comme d'habitude
Sur toi
Je remonte le drap
J'ai peur que tu aies froid
Comme d'habitude
Ma main
Caresse tes cheveux
Presque malgré moi
Comme d'habitude
Mais toi
Tu me tournes le dos
Comme d'habitude
Alors
Je m'habille très vite
Je sors de la chambre
Comme d'habitude
Tout seul
Je bois mon café
Je suis en retard
Comme d'habitude
Sans bruit
Je quitte la maison
Tout est gris dehors
Comme d'habitude
J'ai froid
Je relève mon col
Comme d'habitude
Comme d'habitude
Toute la journée
Je vais jouer
A faire semblant
Comme d'habitude
Je vais sourire
Comme d'habitude
Je vais même rire
Comme d'habitude
Enfin je vais vivre
Comme d'habitude
Et puis
Le jour s'en ira
Moi je reviendrai
Comme d'habitude
Toi
Tu seras sortie
Pas encore rentrée
Comme d'habitude
Tout seul
J'irai me coucher
Dans ce grand lit froid
Comme d'habitude
Mes larmes
Je les cacherai
Comme d'habitude
Mais comme d'habitude
Même la nuit
Je vais jouer
A faire semblant
Comme d'habitude
Tu rentreras
Comme d'habitude
Je t'attendrai
Comme d'habitude
Tu me souriras
Comme d'habitude
Comme d'habitude
Tu te déshabilleras
Oui comme d'habitude
Tu te coucheras
Oui comme d'habitude
On s'embrassera
Comme d'habitude
Comme d'habitude
On fera semblant
Comme d'habitude
On fera l'amour
Oui comme d'habitude
On fera semblant
Comme d'habitude

Los autores de la versión inglesa (el amor propio)


¿Quién sino Él?

Robbie, el divino...y su mamá también

El Rey, melancólico, quebrado

y finalmente, el naufragio sin restos:


(para R.C., ayudante de campo, cariñosamente)
Fotografía de Elliot Erwitt

sábado, agosto 22, 2009

Delicias en el País de las Maravillas


Vivimos en él, ¿quién puede dudarlo? El Ayuntamiento de Barcelona gasta entre dos (2) y tres (3) millones de euros anuales, una bicoca, para limpiar los rastros de todos los writers y grafiteros decididos a dejar su impronta sobre cualquier superficie medianamente limpia, sea esta la fachada de piedra de una iglesia gótica, un monumento de bronce homenajeando a los caídos en no importa qué batalla, el mármol de algún edificio modernista o los enormes cristales de una boutique de lujo. No pongo en esta lista el castigado mobiliario urbano porque ya se sabe que está especialmente diseñado para el "destrúyeme y lo cambiamos, así se moviliza la economía". Ahora una empresa creada a tal efecto, ha descubierto un método "CSI-entífico" por el que puede rastrearse a los autores de los graffitis teniendo en cuenta los rasgos comunes entre unas y otras pintadas. Algo similar a esto solía llamarse en otros tiempos grafología, pero como no era costumbre hacer estos estudios sobre muros sino sobre papeles, seguramente ahora le han puesto otro nombre con muchas más equis y bastantes menos raíces etimológicas. Resulta obvio que no se trata de descubrir quién es el autor de una u otra pintada, sino cuantas realizó la misma persona. Como dijo alguna vez Jorge Luis Borges, un tipo molesto que opinaba a su manera sobre casi todo, estamos presos de las estadísticas. A partir de ahora sabremos cuántos graffitis cometió el señor equis y cuántos la señorita i griega, y, en el hipotético caso de cogerlos con el dedo en la válvula del spray, cosa harto improbable, podremos multarlos como es debido. Muchos podrán decir que a los tres millones de euros anteriores habrá que sumar a partir de ahora los que correspondan al mantenimiento de este magnífico sistema de identificación manual, pero ya sabemos que esos son daños colaterales de poca envergadura.
También en este país, aunque tirando más hacia la costa, han decidido multar a todos los señores que vayan con el torso al aire. ¡Mátate haciendo abdominales, para que luego no te permitan exhibirlos! Lo extraño es que en Barcelona se permite, y por ordenanza municipal vigente, el desnudo integral. Esta falta de entendimiento entre las diferentes alcaldías dificulta de forma notable nuestros desplazamientos veraniegos. Puedes subir desnudo a un tren en plaza Cataluña, pero deberás vestirte antes de descender de él en según qué playa hayas elegido.
A través del espejo
Aunque resulte muy fácil de creer dada la evidente pobreza de nuestras plazas y parques, esta tierra de conejos apresurados, zapateros locos y repeinadas reinas de corazones televisivos, no está particularmente arbolada, así que el gobierno de la ciudad ha decidido talar en los próximos meses el setenta y cinco (75) por ciento de los ejemplares más desarrollados de la ciudad. Parece una idea arbitraria y anti-ecológica, sin embargo deberíamos alegrarnos porque quizás de esta manera podamos conseguir un record Guinnes que nunca lograríamos con una onerosa y complicada política de forestación. Además, ciudad moderna, de vanguardia, tendremos una navidad bien servida de arbolitos navideños sostenibles. Serán de metal y plástico, es cierto, pero, ¿la alegría de la señora Inma Mayol, promotora de la idea, no es suficiente para acallar nuestras posibles discrepancias?
Después de todo, si nos resultan tan imprescindibles las naturalezas muertas con seres vivos, podremos asistir a las corridas de toros programadas por nuestro sonriente alcalde y su honorable equipo para honrar las patronales fiestas de la Mercé. A pesar de las protestas y las firmas, nuestro democrático gobierno ha decidido doblar el número de eventos taurinos, por lo cual tenemos asegurada tortura y sangre fresca al menos en cuatro ocasiones. Si bien las corridas no son un producto catalán, como todos los que se anuncian abanderada y explícitamente en los supermercados barriales, es de máxima importancia darle al pueblo un poco de jolgorio, no sea cosa de que se ponga a pensar en lo que realmente necesita.
Podrán pensar que estoy de mal humor. Supongo que es cierto. Como en estos días no he perdido ningún partido de cricket, es probable que se deba a que ayer mismo he regresado a la maravillosa Barcelona City y su eterno, polvoriento, ruidoso work in progress.

ilustra: el Sombrerero Loco según los directores artísticos de la última película de Tim Burton.

martes, agosto 18, 2009

ma mère l'oye y mi amiga la oca


Compuesta de cinco pequeñas piezas para piano sobre temas infantiles, Maurice Ravel escribió Ma mère l'oye para que la ejecutaran dos niños a los que profesaba admiración y afecto: Mimi y Jean Godebski, de seis y siete años.
Los que siguen este blog saben de mis vacaciones en el Motseny y de mi encuentro allí con la oca, o gansa, Sisí, llamada también Ven -Ven, gansa-, y a la que finalmente, motivado por su dulzura y comunicativa musicalidad, he rebautizado como Ocarina, el nombre de un pequeño instrumento de viento con remoto origen sudamericano.
¡Oh, carina!
Todo tiene un final, todo se acaba. Mi relación con Ocarina, a partir de hoy, dejará de ser cotidiana. Serán otros quienes le acerquen sus frescas hojas de lechuga y, supongo, será a esos otros a quienes ella dedique sus aleteos de felicidad, sus acercamientos cariñosos y sus suaves parloteos. De forma por demás inesperada, como suceden muchas de las cosas más importantes de nuestra vida, Ocarina ha llenado de alegre y cariñoso divertimento estos quince días de un pesado, tórrido agosto vacacional. Pensaré en mi amiga la oca más de una vez, estoy seguro, pero ahora, aún desde la cercanía física y afectiva, me pregunto:
¿Cómo podemos hacer daño a estos animales? (pulsar)
¿Cómo podemos hacer daño a los animales? (pulsar)
Después de tanto horror, si pulsáis aquí:
OCARINA
encontraréis un auténtico regalo.

Foto de B-Ch.

domingo, agosto 16, 2009

¿erotismo o pornografía?


-¿Cuál sería para usted la diferencia entre erotismo y pornografía?

En muchas ocasiones la pregunta estuvo dirigida a mí, un tipo sin antecedentes literarios que había ganado de forma absolutamente inesperada el Premio de Novela Erótica La Sonrisa Vertical de editorial Tusquets. Debo decir que el primer sorprendido por aquel premio fuí yo, aunque enseguida se unieron a esa primera sorpresa personal una larga lista de escritores "profesionales", todos ellos algo heridos en vaya a saber qué lugar de su geografía por mi incalificable intrusismo.
Un compatriota tan antipático como pedante llegó a decirme: "Todos nos preguntamos de dónde habías salido".
"¿De mi casa?", dije yo, sin preguntarle a qué colectivo estaba él representando. Si todo esto hubiera sucedido entre dentistas, seguramente yo estaría empastando muelas a los leones de algún zológico africano. Como no fue así, durante varios meses me convertí en un objetivo periodístico de relativo interés. A medio camino entre la cultura y el escándalo, mi libro y yo cubríamos por igual las necesidades de los suplementos culturales ilustrados y no resultábamos desdeñables para las revistas de tirada masiva con chicas semivestidas ilustrando la cubierta. Tal vez porque muchos de los periodistas profesionales que me entrevistaban habían leído de la novela poco más que el título, la que inicia este post fue la pregunta que más veces me han hecho durante mi particular, bastante extendido, reinado literario. En este sentido tuve más suerte que muchas misses. El año siguiente al de mi premio la editorial decidió dejarlo desierto aduciendo falta de calidad en los originales presentados y yo continué siendo Mr. Novela Erótica durante 365 días más. A través de muchas entrevistas he llegado a comprobar que los que se interesan por las diferencias entre erotismo y pornografía dan siempre por seguro que estas diferencias existen y nunca dejan en buena posición a la segunda nominada.
La cuestión ya no era demasiado original en los noventa, pero aunque pasaron más de quince años, cada vez que acudo a alguna cita con los medios en la que sale a relucir mi pasado sonriente y verticalista, la preguntita surge nuevamente, como si del acierto de mi respuesta dependiera el futuro sexual de toda la humanidad. Contesté alguna vez que la pornografía era el erotismo sobre un jergón de paja, y no había en mi respuesta ningún doble sentido. Ahora que he tenido tiempo suficiente para pensarlo con más distancia y menos acaloramiento, diría que se llama pornográfico a aquello que muchos desearían hacer si tuvieran las posibibilidades y las proporciones necesarias para hacerlo.
El sexo es siempre una representación; de no serlo es, o sería, un completo aburrimiento. Aterradora posibilidad, máxime cuando se trata de presentarlo en público y cobrando por ello. ¿O acaso es divertido ver aparearse a una pareja cualquiera de animales, repitiendo una y otra vez la misma, o muy similar, ceremonia procreativa? ¿Quién puede dudar que la mayor o menor satisfacción de un encuentro sexual depende en gran medida de la imaginación, inteligencia y entrega de los participantes? Doy por sentado que no hablamos de amor, sino del sexo como un deporte divertido entre dos -o más- personas que desean practicarlo. Entonces, ¿por qué todos aquellos que encuentran la pornografía menospreciable no encuentran también menospreciable un partido de fútbol, una carrera de obstáculos, un concurso de halterofilia o una maratón multitudinaria? La gente no suele pelearse por la posesión de una pelota ni corre de manera desaforada y pasándose testigos en su, ya bastante trajinada, vida cotidiana. Tampoco, salvo que se trate de un muchachote vasco, levanta semejantes pesos por el simple placer de levantarlos, ¿por qué asombra entonces la representación pública del sexo si no deja de ser algo más de lo que todos hacemos, o deseamos hacer, en los ámbitos privados de nuestra vida cotidiana? Tal vez sólo se trate de envidia, un pecado tan capital como el de la lujuria. Deberíamos tomarlo con mayor sabiduría: muchos de nosotros tampoco podemos correr como un campeón olímpico para alcanzar el autobús que se nos escapa, ni tenemos la gracia, la elegancia y la precisión que le sobra a un as de la natación cuando nos arrojamos, escondiendo la panza y sacando pecho, a la piscina climatizada de nuestro club.

(Dedicado a Lokita, que ha cumplido tres años durante este tórrido verano.)